Breve recorrido por la obra enorme de Luis Buñuel

Dirección
Luis Buñuel - Wikipedia, la enciclopedia libre

Más que en la mayoría de los cineastas, el cine de Buñuel persiste no solo como un hito cinematográfico, sino también como un corpus visionario que interpreta la condición humana. Su obra se extiende desde 1929 hasta 1977, pero hoy se siente más vigente que nunca, en esta era de gestos surrealistas y de la cultura como un manicomio. Buñuel tenía una conciencia aguda de que las personas están guiadas por el deseo, el tribalismo y el poder de la imaginación. Cuando estos tres elementos se mezclan en su cine, hasta sus películas menos trascendentes conservan una corriente subterránea de peligro latente.

Buñuel, Un perro andaluz (1929) – Aula de Filosofía de Eugenio Sánchez  Bravo.

Un perro andaluz (1929)

Su gran debut fue el cortometraje Un perro andaluz (1929), escrito junto a Salvador Dalí, que arranca con un joven (interpretado por el propio Buñuel) afilando una navaja antes de usarla para rajar el ojo de una mujer. Esa imagen mordaz y atemporal sigue siendo tan impactante hoy como cuando iluminó por primera vez las pantallas de París. Lo que sigue es una sucesión de imágenes caóticas: una mujer encuentra una mano cercenada en la calle, otra es perseguida por un agresor dominado por la lujuria, hormigas emergen de palmas de las manos, armas se materializan, un hombre arrastra un piano con burros muertos y curas echados sobre él.

 

Fue esta película la que llevó a Buñuel a la órbita de los surrealistas en París, liderados por el visionario André Breton. Herederos del dadaísmo, los surrealistas eran intérpretes anárquicos del inconsciente a través de la pintura, la poesía, la literatura, la fotografía y el cine. Eran terroristas artísticos, dispuestos a atacar la sociedad convencional con expresiones espontáneas y provocadoras. Esta era la generación que aún emergía de los escombros de la Primera Guerra Mundial, tras ver a la civilización europea sumergida en un baño de sangre de acero y gases tóxicos. Para los surrealistas, el conformismo, el nacionalismo y los valores de la élite no eran más que máscaras para sociedades completamente desquiciadas. 

La edad de oro (1930) - Filmaffinity

La edad de oro (1930)

El cine de Buñuel pertenece al siglo XX porque, una vez más, el progreso no logró liberarnos de los venenos del nacionalismo, la explotación capitalista y la amenaza de la guerra. Su segunda gran película es una encarnación esencial de esta realidad. La edad de oro (1930) es un ataque alucinógeno y sensual contra la sociedad burguesa y la tradición. Se centra en dos amantes que arden de deseo hasta devorarse mutuamente, pero son separados una y otra vez por las normas sociales y el protocolo. La película ridiculiza los pilares del mundo europeo de principios del siglo XX. En una escena, vagabundos en una costa rocosa encuentran los esqueletos de obispos católicos, con sus ornamentos todavía decorando los huesos. En otra, un hombre patea un violín por la calle, mientras que en un lujoso banquete animales deambulan sin que nadie los note, los sirvientes mueren entre llamas y los elegantes comensales siguen cenando con indiferencia.

L'Age d'Or

La etapa mexicana de Buñuel: supervivencia y arte

Su período en México es un equilibrio entre la necesidad de subsistir y el impulso artístico, siempre presente, aunque a veces oculto. Dirigió melodramas, comedias e incluso un musical. Pero en todas sus películas, de una u otra manera, latía su humor cínico y su mirada radical, tan vigente como siempre.

 

En 1950, Buñuel descendió al corazón oscuro de la Ciudad de México con Los olvidados, una obra brutal de desesperanza y violencia. En ella, un grupo de chicos marginales sobrevive como puede, recurriendo a la violencia cuando es necesario. Los adultos son víctimas de un sistema ferozmente desigual. Pedro, el protagonista, tiene buen corazón, pero es tragado por un mundo dominado por el depredador Jaibo. Su propia madre, atrapada en un orden patriarcal despiadado, cría a sus hijos con una dureza disfrazada de autoridad.

Los olvidados (1950) - IMDb

Una de las secuencias más impactantes de la película muestra a Pedro soñando con su madre ofreciéndole un trozo de carne que él y Jaibo pelean por devorar. En Los olvidados, la pobreza no es solo un contexto: es un producto de fuerzas sociales que, a su vez, generan violencia y, en el caso de Jaibo, crimen.

 

La película fue atacada ferozmente por la élite nacionalista mexicana, que en ese momento alimentaba la industria con telenovelas recicladas, pistoleros machistas, cantantes de rancheras con aires de Casanova y mujeres de faldas largas que se desmayaban ante su encanto. Al mejor estilo surrealista, Buñuel hizo estallar ese escenario como si hubiera colocado dinamita. Ninguna sociedad tolera mirarse al espejo cuando el reflejo que devuelve es insoportable.

 

El ángel exterminador (1962) - Filmaffinity

El ángel exterminador (1962)

Buñuel no tenía miedo de apuntar contra las clases dominantes. En El ángel exterminador, la historia transcurre en una mansión de la Ciudad de México, donde un grupo de aristócratas se reúne para una cena. Mientras intercambian las cortesías de rigor y esas amabilidades envenenadas que tanto gustan en ciertos círculos, los sirvientes de la casa desaparecen misteriosamente. En un momento, los invitados se trasladan a un pequeño salón para presenciar un recital, pero pronto descubren que una fuerza invisible los retiene y les impide salir de la mansión. Abandonados a su suerte, pasan de ser privilegiados a estar completamente desamparados. Y ahí nomás todo el protocolo se derrumba: se caldean los ánimos, se desatan los deseos y emergen los instintos más primitivos.

 

La película funciona como una sátira brutal porque usa el surrealismo para exponer lo poco que nos separa de la barbarie. Buñuel lo retrata con un humor ácido y anárquico. Esos oligarcas que solo se atrevían a la violencia en forma de chismes y comentarios maliciosos, en cuanto se ven acorralados se convierten en bestias desesperadas. Siguen vestidos con sus elegantes trajes y vestidos de gala, pero se ven obligados a romper caños para beber agua y a masticar papel para no morirse de hambre. En un momento, un invitado apela al delirio y lanza un llamado masónico de auxilio.

Bella de día (Belle de jour) (1967) - Filmaffinity

Belle de jour (1967)

Cuando Buñuel regresó a Europa con Belle de jour en 1967, su filo surrealista estaba intacto. En este clásico del cine francés, Catherine Deneuve encarna a una elegante pero aburrida ama de casa parisina que decide trabajar en un burdel, movida por un deseo secreto y sadomasoquista. En sus fantasías, la atan, la flagelan y la cubren de barro. Pero Buñuel, como el gran surrealista que era, sabía que el erotismo es más potente en la imaginación que en la exposición gráfica.

 

Esta película está llena de insinuaciones ricas en significado, pero en la superficie no es más que otro comentario sobre la nebulosa de la sociedad capitalista. Deneuve es puro estilo y etiqueta impecable, pero debajo de su sonrisa deslumbrante se esconden impulsos más primitivos. Buñuel nunca es moralista; simplemente observa, como un antropólogo. Sabe que somos hipócritas, pero no cree que eso vaya a cambiar. Si alguna vez llega la revolución, estallará por las condiciones sociales y las fuerzas que la impulsan, pero nuestra naturaleza seguirá intacta. Tal vez no estemos perdidos, pero seguimos siendo terriblemente humanos. Al ver esta película, uno se pregunta qué soñará Melania Trump por las noches, en la soledad imperial de la Casa Blanca.

Ese oscuro objeto del deseo (1977) - Filmaffinity

Ese oscuro objeto del deseo (1977)

La última película de Buñuel, Ese oscuro objeto del deseo (1977), es un romance surrealista en el que un hombre mayor se obsesiona con una mujer más joven, interpretada por dos actrices distintas. Ella lo seduce y lo rechaza una y otra vez, y él se enamora cada vez más, rozando la locura. ¿Es amor de verdad o solo un deseo absurdo y desenfrenado? Pero hay otra corriente subterránea en la película: la violencia política. Grupos guerrilleros urbanos secuestran y hacen explotar bombas con nombres delirantes, como “El ejército del Niño Jesús”. En la última escena, las llamas envuelven el encuadre. Ese es el mundo de hoy. Amamos, sufrimos, nos obsesionamos, lloramos y nos quejamos, incluso cuando la amenaza de la violencia acecha en cada esquina.

 

Si Buñuel hoy es gran ópera, es porque su cine ya contenía esas fuerzas humanas descomunales que generan drama, humor y una mirada incisiva sobre el mundo. Vivimos en tiempos donde todos los deseos y prejuicios se lanzan sin filtro, como explosivos, a la televisión o a los feeds de las redes. Incluso nuestros gobernantes vomitan cada pensamiento que les cruza por la cabeza. Pero Buñuel y los surrealistas nos recuerdan que el nacionalismo y las banderas no son más que fronteras artificiales, porque en el fondo seguimos siendo simplemente humanos. Nuestros corazones son siempre así: tan deseantes, tan violentos, tan esperanzados y, al mismo tiempo, tan oscuros.

Ese oscuro objeto del deseo (1977) - Historia Hoy

 

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