El punto de vista de un jóven, su pueblo, su raza y su época y la lucha por la igualdad en Nickel Boys
Reseñas generalesCirculando por las redes sociales es común encontrarnos con un género de contenido conocido como POV. Acrónimo del término punto de vista (Point Of View en inglés) se trata de una técnica narrativa proveniente de la literatura, el arte y el cine, y hace referencia a la perspectiva desde la cual se narra una historia, desde la cual se observa un lugar o desde la cual se vive un suceso o se cuenta una historia. En redes sociales se ha sobreexplotado hasta el punto de perder su sentido artístico y convertirse en una etiqueta que, como explicaría el comediante español Jorge Ponce, esta más relacionada con el contexto que rodea un suceso que el punto de vista desde el cuál este se narra.
En cine, el POV regularmente hace referencia al momento en que nos ponemos en el lugar específico de alguno de los personajes y seguimos la historia a través del filtro de su mirada. Recuerdo perfectamente el momento en que viví, gracias a Trainspotting de Danny Boyle, la sobredosis de Mark Renton, interpretado por Ewan McGregor, acompañada de A Perfect Day de Lou Reed, compartiendo el sentimiento de incapacidad de un ente imposibilitado por el abuso de drogas, experiencia que también viví gracias a Requiem for a Dream de Darren Aronofsky, compartiendo la triste decadencia de Marion, la genial Ellen Burstyn, debido a su declive mental inducido por drogas para bajar de peso. También me viene a la mente la experiencia trágica del desembarco en Normandía en Rescatando al Soldado Ryan de Steven Spielberg, donde saltamos de la perspectiva de los operadores de metralletas alemanes recibiendo con ráfagas a los soldados aliados para después presenciar los estragos de la violencia desde la perspectiva del Capitán Miller, interpretado por Tom Hanks, viendo a soldados acribillados, desmembrados, enloquecidos, presa del terror, las balas y las bombas. Finalmente, recuerdo el extraordinario inicio de Halloween de John Carpenter, donde presenciamos los crímenes desde la mirada fría del asesino, para después descubrir que nos encontrábamos siguiendo las acciones de un niño. Todas estas escenas nos ponen en los pies de diferentes personajes y nos permiten comprender la realidad desde su punto de vista, ya sea para hacernos compartir su desesperación, tener una mirada realista de sucesos que parecen distantes o involucrarnos en el desarrollo de la historia para después subvertir nuestras expectativas y sorprendernos.
Otra de las posibilidades del POV es el lograr comprender la complejidad emocional del personaje y comprender su realidad al acompañarlo por su travesía, sentir sus alegrías y penas, vivir sus aciertos y errores, pero no como un tercero al que le es permitido juzgar desde su mirada omnipotente, sino como pasajeros de su consciencia. Quizá uno de los ejemplos mejor logrados es La Mariposa y la Escafandra, la trágica historia de Jean-Dominique Bauby, interpretado por Mathieu Amalric, editor de la revista ELLE, quién tras una embolia y un periodo en estado de coma, termina totalmente inmovilizado, siendo capaz de comunicarse únicamente a través del parpadeo de su ojo izquierdo. El director Julian Schnabel nos hace vivir durante casi dos horas esa trágicamente extraordinaria vida en el más severo de los aislamientos, una mente completamente funcional con una sola forma de interacción con su mundo que se esfuerza por comprenderle y no dejarlo condenado al eterno ostracismo. El director logra lo imposible al llevar a la pantalla la autobiografía del protagonista con un guion de Ronald Harwood al ponernos dentro de la celda que es su propio cuerpo, e involucrarnos en sus momentos de desesperación y frustración, pero también comprender poco a poco como emerge esa energía y deseo de vida, de superación.
En Nickel Boys, el director RaMell Ross nos muestra la esencia misma del punto de vista y lo explota al máximo para que, a través de la historia de los jóvenes Elwood Curtis, interpretado por Ethan Cole Sharp, Ethan Herisse y Daveed Diggs en sus diferentes etapas como niño, joven y adulto; y Turner, interpretado por Brandon Wilson, le sea posible narrar las desgracias de la comunidad afroamericana debido a la histórica y sistemática segregación, así como la lucha constante y valiente por el rompimiento de las cadenas opresivas de la pigmentocracia y el racismo. Entonces, Nickel Boys no solo es el punto de vista de Elwood o de Turner, sino de la comunidad negra, de las familias negras, de los luchadores y luchadoras negros ante una discriminación que les ataca en toda dimensión de sus vidas y hasta en los aspectos más íntimos.
La película comienza con un ritmo nada frenético ni acelerado, pero si constante, de sucesos que van construyendo poco a poco nuestro entendimiento de Elwood, desde que es un niño, hasta que en su juventud recibe la invitación para estudiar en una universidad para personas de color, lo cual representa en su comunidad una oportunidad única de trascendencia. Desde las primeras escenas nos damos cuenta sobre como el director usará el punto de vista de Elwood. Este punto de vista se irá transformando, desde la mirada ingenua, inocente y nublosa de un niño, que lo mismo ve partir a su madre que se distrae con el brillo de los adornos navideños, hasta la mirada juvenil que ya no puede ignorar las injusticias y no puede hacerse de la vista gorda ante la violencia de la que es constantemente presa su gente. Con esto, RaMell Ross nos muestra que la mirada no solo cambia con la edad, sino también con el conocimiento, el criterio y la experiencia. Para Elwood, son los discursos de Martin Luther King y las anécdotas relacionadas con el movimiento por los derechos civiles los que forjarán su perspectiva y le abrirán los ojos. Pero no serán solo los luchadores por la libertad sus maestros, sino también su abuela Hattie, interpretada por Aunjanue Ellis-Taylor , una mujer fuerte, sensible, cariñosa y consciente que, además de tomar el rol de madre del pequeño Elwood, permitirá, no sin preocupación, el desarrollo de los ideales de su nieto y promoverá sus capacidades.
Sin embargo la desgracia llega y es entonces cuando Elwood injustamente se vera privado de su libertad y confinado en la Florida School for Boys, también conocida como Nickel Academy, donde conocerá a Turner, otro joven que la desgracia condujo a aquel reformatorio, regido por una serie de normas de civilidad que pese a su sencillez, se vuelven inalcanzables para sus internos, debido a la rigurosa disciplina, la explotación constante y el abuso constante ejercido por sus directivos, custodios, intendentes y demás figuras de autoridad. En ese lugar, Elwood y Turner construirán una amistad que les permitirá sobrellevar la tragedia. Es a partir de su encuentro que la película migrará de tanto en tanto del punto de vista de uno al otro, brindándonos una imagen más clara de los hechos, permitiéndonos empatizar con ambos y sentir el lazo que se va forjando entre ambos.
La cinematografía de Jomo Fray y la edición de Nicholas Monsour permiten que el movimiento constante desde la perspectiva del personaje sea un deleite y no un mareo constante. Sin tomas temblorosas, sino movimientos cadenciosos y calculados que van fluyendo, demostrando los paisajes, descubriendo los personajes, mostrando los intereses del personaje o llevándolo a descubrir secretos desde los rincones. Todo ello con naturalidad y fluidez. Los colores son espectaculares. Pese a la oscura historia que se oculta detrás de las paredes de la Nickel Academy, los colores y la luz sobresalen. Es una historia que se cuenta principalmente de día, con el sol intenso de la Florida, donde los cuerpos son sudorosos, el ambiente es húmedo y los paisajes son de tonalidades verdes, amarillas, con atardeceres de un naranja y rojo incandescente. Las pieles de los protagonistas, el sudor de sus frentes, sus miradas, todo sobresale, todo resalta.
Los detalles de música orquestal con arreglos vocales se van mezclando con las imágenes sin buscar tomar protagonismo, solo matizar la experiencia, enmarcar la sensibilidad de sus personajes y resaltar en crescendos los momentos más contundentes de la trama. Esto es gracias al espectacular trabajo de Alex Somers y Scott Alario.
De manera paralela a la historia de Elwood de joven, tenemos a un adulto Elwood, uno que busca respuestas. Con ello el director nos pone otro punto de vista, el de la víctima y el de la historia de dolor de todo un pueblo, ya que de fondo se encuentra la historia real de la academia, en la cual se encontraron fosas clandestinas en su terreno, evidencia del maltrato y la violencia sistemática a la que se expusieron sus internos negros, quienes vivían apartados de los internos blancos y en condiciones de mayor marginación y abuso.

El guion de RaMell Ross junto a Joslyn Barnes, adaptando la novela del dos veces ganador del Premio Pulitzer Colson Whitehead, mezcla realidad y ficción para brindar un relato contundente sobre la realidad de la comunidad negra en Estados Unidos y brinda contexto al aún prevaleciente supremacismo blanco que ha tomado el poder y comenzado a difundir su calumniosa narrativa de victimización y discriminación.
Como nota final quiero hacer notar que Nickel Boys compartió nominación a mejor guion adaptado con Emilia Pérez, y esto hace un contraste muy interesante, ya que Nickel Boys es un ejemplo de una verdadera película atrevida y valiente, adjetivos adjudicados al bodrio de Jacques Audiard. No solo se atreve a utilizar un estilo narrativo complejo y creativo, poco convencional, sino que además se compromete con el y lo explota hasta la última gota, tanto a nivel técnico como discursivo. La relevancia de su historia no radica solo en el amarillismo y la superficialidad, sino en el involucramiento honesto en el dolor de sus protagonistas, a los cuales toma en serio y no los usa como simple motor de sucesos.
En fin, Nickel Boys es una experiencia cinematográfica dura, pero placentera, que no busca dar un mensaje de optimismo y esperanza sino de lucha y resistencia a partir no de un discurso panfletario sino de una mirada sensible y comprometida con el dolor de las víctimas.




















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