Mujeres al borde de un ataque de nervios. La identidad en lo performativo, y la necesidad de re-territorializar
Aspectos socioculturalesHace tiempo que quería escribir sobre esta película, la excusa me viene perfecta.
Canchera, descontracturada, fascinante, personalísima, irreverente, poco solemne, autoconsiente, tan cargada como esos vestidos con lunares que todo el tiempo busca homenajear: Mujeres al borde de un ataque de nervios.

La identidad y lo performativo
Según Judith Butler, el género se constituye a partir de la repetición de actos y gestos que, a fuerza de reiteración, generan la ilusión de una identidad estable. En toda la película, los personajes femeninos encarnan esta noción de la identidad como acto performativo hasta las consecuencias más radicales.
La gran aliada que Almodóvar encuentra para construir esta idea de lo performativo, es la utilización deliberada de estereotipos, junto con una exageración casi absurda de ciertos comportamientos, que a menudo rozan el melodrama, y ponen en evidencia lo artificial y ficticio de las normas de género. Estos comportamientos, más que revelar una esencia profunda -algo así como una naturaleza esencial de lo femenino-, demuestran cómo las expectativas sociales sobre lo femenino se reproducen a través de actos performativos.
La exageración y la parodia logran que los estereotipos asumidos por la película peguen la vuelta, y se cuestionen como mirándose a un espejo dentro de nuestras propias expectativas y prejuicios. Los personajes no se limitan a un rol único; en varias escenas se observa cómo transitan entre diferentes modos de expresión emocional, lo que sugiere una identidad que es fluida y mutable, en lugar de algo fijo o preestablecido.

El lenguaje, tanto en sus expresiones verbales como no verbales, juega un rol central en la construcción de lo que podríamos pensar como la identidad de género en la película. Los diálogos están cargados de dobles sentidos, ironías y matices que consiguen reproducir, al mismo tiempo que cuestionar los códigos de género. Los gestos, la forma de vestir y la actitud de los personajes son, en sí mismos, una reiteración de lo que socialmente se espera de lo-femenino.
La película se vale del humor y la exageración para desestabilizar estos códigos esperables. Visibilizando y exponiendo las contradicciones que habitan en la teatralidad propuesta como representación de la feminidad, Almodóvar discute la naturalidad de estos roles, alineándose con la idea de Butler de que el género es una construcción discursiva.
Mujeres al borde de un ataque de nervios no se conforma con representar a sus personajes femeninos dentro de un molde tradicional; por el contrario, expone las tensiones y los conflictos que surgen al intentar vivir conforme a expectativas rígidas.
La película presenta personajes que, aunque se rijan de algún modo por estos estereotipos, encuentran en esos mismos la posibilidad de subvertirlos. Los momentos de crisis, la intensidad emocional y las situaciones absurdas evidencian que lo que se considera normal es en realidad un conjunto de actos performativos susceptibles de ser reinterpretados, subvertidos y transformados.

Si bien, como dijimos, la película pretende hacer uso deliberado de los estereotipos existentes, escoge exponerlos con mujeres que escapan de la lógica estereotipada de los roles de género: Pepa, asumiendo paródicamente todo un combo de clichés del comportamiento esperable de lo femenino, no es una ama de casa, ni una esposa, ni sumisa de ningún varón. Es fuerte, empoderada, vive de una actividad artística, se mantiene sola, se sobrepone a los tabúes y los escrúpulos de la sexualidad.
Se identifica en la tensión casi dialéctica de ser una amante -enamorada, asumiendo otras muchas contradicciones binarias como tener el corazón roto - superar su desamor, dramatizar - tomarse las cosas a la ligera, vulnerabilidad - capacidad de resolución y fortaleza, etc. Su personaje se explica siempre en la vivencia de las contradicciones en las que habita.
Es de notar que así como vemos la decisión deliberada de mostrar a los personajes femeninos bien estereotipados, muy por el contrario los hombres que conocemos en la historia brillan precisamente por la ausencia de las características de roles históricamente vinculadas a lo masculino. Carlos, Iván y el taxista podrían entenderse como un compendio de atribuciones alejadas a lo que los roles de género esperan de su masculinidad.

Respecto de la reconfiguración que pretendemos notar en la identidad femenina, debemos decir que al poner en escena la vulnerabilidad, la fortaleza y la complejidad emocional de sus personajes, Almodóvar contribuye a una visión en la que esta identidad no puede traducirse a lo inmutable, sino que resulta un proyecto en constante construcción y resignificación. Esto sigue a la postura de Butler que traemos al caso, para quien la identidad es el resultado de una serie de actos reiterados y negociados socialmente.
La teatralidad de la película, y su tono exagerado subrayan notablemente el concepto de lo performativo con el que pretendemos leer la construcción de las identidades siguiendo a la autora. Incluso el azar, prácticamente omnipresente en cada avance de la trama, junto con un deus ex machina que opera constantemente en la resolución de los conflictos, no hacen más que darle un aura de cuento a la historia, contribuyendo a la idea de que construimos nuestra identidad actuando de determinadas maneras en distintos escenarios.
La actualidad de quienes somos, radica en la teatralidad de nuestra existencia que compone según el contexto.
Desde la óptica de la teoría de la performatividad de género de Judith Butler, Mujeres al borde de un ataque de nervios se erige como una obra que sin dudas expone la artificialidad en la construcción de los roles de género. La película, a través de la exageración, la ironía y la representación fragmentada de la feminidad, cuestiona esa idea de que el género se trata de una esencia fija, proponiendo entonces que resulta de una serie de actos performativos siempre susceptibles de ser subvertidos y resignificados.

Narrativa rizomática y necesidad de re-territorializar
Deleuze toma prestado de la botánica el término de rizoma como metáfora para describir una forma de organización y pensamiento que se aleja de las estructuras jerárquicas y lineales (como la de un árbol) para imaginar una red descentralizada y abierta. En un rizoma, cualquier punto puede conectarse con cualquier otro, sin un centro fijo ni una dirección predeterminada. Esta imagen simboliza la multiplicidad, la interconexión y la capacidad de generar nuevos caminos y significados de manera no lineal.
Podemos hacer una lectura rizomática, en términos de Deleuze, para pensar la narrativa de la película. Mujeres al borde de un ataque de nervios, se caracteriza por una narrativa fragmentada y descentrada, en la que múltiples hilos argumentales se entrelazan sin seguir un orden jerárquico. Cada personaje y situación se conecta con otros de forma lateral, generando un entramado que se asemeja a un rizoma. Así, y siempre de manera azarosa y absurda, se constituye el grupo extrañísimo que se encuentra sobre el final en la casa de Pepa, en la increíble escena del interrogatorio. Del mismo modo, todos se conectan con todos en una línea imposible de seguir de manera lógica entre los chiitas, la abogada feminista y el vuelo de Iván.
Esta estructura rizomática, por su parte, permite que la película abra variopintas interpretaciones con múltiples significados y que los personajes, especialmente los femeninos como vimos, se presenten como sujetos en constante devenir, sin limitarse a un rol predefinido.

Otro de los aportes centrales en la obra de Deleuze es la idea de de-territorialización, proceso por el cual se rompen las estructuras establecidas; se trata del desprendimiento de un marco o territorio definido o conceptual que permite que elementos como ideas, prácticas, o identidades, se liberen de sus formas tradicionales o fijas.
Como segundo momento, el autor habla de la re-territorialización, que implica la reconfiguración de las estructuras rotas en nuevas formas. Allí se establecen nuevas configuraciones, ordenamientos o normas. Podemos decir que es la forma en que se reconfigura un nuevo territorio o estructura, adaptándose a las transformaciones surgidas en el proceso anterior. Ambos procesos mencionados son movimientos dinámicos y describen cómo se transforman las estructuras, identidades y significados.
Pensando con estas categorías, podemos comprender mejor la obra que nos convoca como la propuesta de una identidad en constante movimiento. Los personajes de Almodóvar experimentan crisis y transformaciones que ponen en jaque las identidades tradicionales. La crisis emocional de las protagonistas y la exageración de sus actitudes evidencian cómo las normas sociales y los roles de género son susceptibles de ser desestabilizados y subvertidos, permitiendo la emergencia de identidades fluidas y en constante reconstrucción.
La película además se aproxima a la noción deleuziana de un deseo productivo desbordante, que no se ajusta a patrones preestablecidos, sino que se manifiesta en formas caóticas y creativas. Los personajes atraviesan procesos de de-territorialización al romper con las expectativas tradicionales y se re-territorializan en nuevas configuraciones que desafían la lógica convencional.

Deleuze acuña también junto con Guattari el concepto de cuerpo sin órganos (CsO), que se refiere a una manera de experimentar el cuerpo y la subjetividad liberada de las estructuras impuestas. Mujeres al borde de un ataque de nervios esgrime una lanza en favor de la subversión de la imagen corporal. En la película, los personajes femeninos, a través de sus gestos, vestuarios y comportamientos exagerados, representan una ruptura con la imagen tradicional del cuerpo como ente definido y regulado por normas sociales.
Esta representación corporal se entiende como una manifestación del deseo que fluye sin las limitaciones de una organización preestablecida. Así, las crisis y los excesos emocionales se transforman en una forma de resistencia ante la conformidad, abriendo un espacio para nuevas formas de expresión y subjetividad.
En Cinema 2: La imagen-tiempo, Deleuze analiza cómo el cine puede captar formas de temporalidad que difieren de la narrativa clásica. Almodóvar emplea una estética vibrante, con una edición ágil y una puesta en escena que se despoja de la linealidad tradicional del relato. La película presenta saltos temporales, escenas caóticas y una mezcla de géneros que crean lo que Deleuze denominaría una “imagen-tiempo” en la que el tiempo se vive de forma no lineal y fragmentada.

Este tratamiento del tiempo y la imagen potencia una experiencia afectiva intensa, en la que el espectador se ve inmerso en un torrente de emociones y estímulos visuales que, lejos de ordenar la experiencia, celebran su complejidad y pluralidad.
No hace falta decirlo, pero el manejo que Almodóvar tiene del plano es absoluto y superlativo. Cada color, cada textura, cada profundidad, cada detalle, cada asimetría, está puesta exactamente donde el maestro quiere, y con el objetivo de que nosotros mismos terminemos al borde del ataque de nervios. Compone una armonía caótica híper cargada que celebran una España que desde el lente de Almodóvar adquiere todas las riquezas que una pantalla pueda transmitir.
Las mujeres al borde del ataque de nervios, a pesar del dolor y la locura emocional que crece sin escalas, terminan mostrando una actitud de empoderamiento y resistencia. Podemos pensar que Almodóvar nos muestra la “naturaleza” de lo femenino justamente en la reafirmación de todo lo que rompe con el estereotipo de lo femenino; invitándonos a construir la identidad desde el desconcierto, el cambio y la contradicción, en lugar de la esencia, lo fijo y lo establecido.
Filosofía puchito.

Porque sí,
































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