Nosferatu, de Robert Eggers: Homenaje Caprichoso e Innecesario (en el Mejor de los Casos)

Reseñas generales

Escribo estas líneas apenas horas de haber terminado de ver la tercera y más reciente versión de Nosferatu, adaptación del libro Drácula de Bram Stoker. He configurado el artículo con la etiqueta de “Sin Spoilers”, puesto que no estoy muy seguro de considerar como spoilers el contar detalles de una película hecha por tercera vez, y cuya primera aproximación se dio en 1922, hace ya más de cien años y que, a su vez, relata una novela publicada en 1897. Es decir, es revelar información que ha estado disponible desde hace ya 128 años, y que inevitablemente ha nutrido nuestra cultura popular.

Saliendo de la sala, pensé que había visto la mejor película de Robert Eggers hasta la fecha. Una hora después, llegué a una conclusión casi opuesta. Conforme iba considerando diversos factores, tanto sobre las versiones anteriores de Nosferatu (imposible no compararlas) como sobre la realización de esta tercera película por sí misma, mi opinión sobre la misma se tornaba cada vez menos favorable. Considero, eso sí, valiente la decisión de intentar lo que ya habían hecho genios históricos del cine como F. W. Murnau y Werner Herzog, aunque, en última instancia, haya sido el capricho de un director de hizo una película simple y llanamente porque un estudio le dio permiso.

Nosferatu: la chatarrización de la inteligencia - Viceversa Noticias

Robbert Eggers: Sobreviviente de la Ola de Terror de Estudio Contemporáneo

 

El director de The Witch es, a opinión personal, el más sobresaliente de los directores que hace una década daba sus primeros pasos en Hollywood, al tiempo que, por ejemplo, Jordan Peele, Ari Aster y Ti West. Si bien todos ellos han tenido carreras, en espectros generales, muy aplaudidas comercialmente, Robert Eggers ha demostrado una versatilidad y creciente confianza (a excepción de su nueva cinta) con cada trabajo que presenta. The Witch es una película que ya marcaba un estilo que, incluso siendo relativamente económica (4 millones de dólares es aparentemente muy poco dinero para hacer una película en Hollywood, y también cabe mencionar que Nosferatu costó 50 millones de dólares) cautivó audiencias que la disfrutan hasta el día de hoy, y al menos en su estreno se sintió como una propuesta fresca para el cine de terror.

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The Lighthouse es mi película favorita del director; aquella que se siente más libre, y con mucha confianza ganada a partir del buen recibimiento de su film anterior. Se logra percibir un Eggers más despreocupado (en el buen sentido), dispuesto a intentar recurrir a nuevos planos, personajes y entornos, así como a entrenar aquello que había salido bien en The Witch, que hacían sentido con el estilo, muy inclinado a la creación de ambientes hostiles. La película es igualmente bien recibida y gana un premio y buenos comentarios en el Festival de Cannes. Es en esta pieza donde se distingue mejor en el director la habilidad con la fotografía, creando planos muy interesantes, y para guiar a sus actores, al grado que la relación entre los personajes de Willem Dafoe y Robert Pattinson es la más memorable de toda su filmografía.

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Si había alguna película que podría haber presentado indicios de debilidad en Robert Eggers, era The Northman. No quiero decir con esto que la película sea mala, pero es distinguible que había un, aunque sea ligero, salto en cuanto a la escala de film que estaba por hacer, y si bien no es su mejor trabajo dirigiendo actores ni es memorable su fotografía (los planos tienen en casi todo el film la única tarea de representar situaciones de manera que tengan coherencia narrativa, sin muchas mayores ambiciones estéticas), no se sintió necesariamente como una caída en la calidad de Eggers como cineasta. Asimismo, la historia no es realmente novedosa, y no hay una aproximación entrañable a los personajes ni a su relación con su entorno. Eso sí, fue un acercamiento a la violencia que era nuevo para el autor: mientras en The Witch era implícita y en The Lighthouse se cubría en escenas oníricas, en su tercera película la agresión que presenta, es siempre directa entre los personajes. En todo caso, no la considero una terrible película, pero sí la más floja del autor.

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Posteriormente, presenta un proyecto que generó mucha expectativa por lo que implicaba con películas que le precedían: una tercera versión de Nosferatu. 

Nosferatu (2024) - IMDb

Los Nosferatus Previos

 

Esta pieza, estrenada en 2024, sucede, como se ha comentado, a dos previas aproximaciones de la novela Drácula, pieza fundacional del terror de vampiros. Esto, además, sin contar otras adaptaciones como la que hizo Francis Ford Coppola en 1992. Vale la pena mencionar que la diferencia primordial entre el libro de 1897 y su primera versión cinematográfica de 1922 (y posteriores) es el nombre, que fue cambiado con la intención de evitar pagar derechos de autor (que finalmente sí tuvieron que pagarse), pero la trama y personajes son prácticamente los mismos.

 

La primera, llamada Nosferatu: una Sinfonía del Horror, fue dirigida en 1922 por el alemán Freidrich Wilhelm Murnau, representante del expresionismo cinematográfico. Es, a gusto personal, la mejor de las existentes. Una genuina película de terror, presenta a un villano de presencia siempre inquietante, y que lleva una oscura aura consigo, y que genuinamente es, en sí mismo, un portador de maldad. Es desde el comienzo que se le asigna además una capa que involucra esoterismo, de manera que, además de vampiro, Nosferatu es una especie de demonio que lleva plaga y destrucción consigo. Del mismo modo, su poder es creciente y casi absoluto: hace lo que desea, y llega a su final siendo víctima únicamente de su propia obsesión por Ellen Hutter, esposa de Thomas, un hombre que es enviado al Conde Orlok para arreglar la compra de una vivienda cercana a la de Ellen. En su camino, Nosferatu conoce su poder y quiere hacer daño, y, de no haber ignorado su única debilidad -la luz del sol-, no hubiera habido nadie que lo pudiera detener.

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Es, además, un personaje que, sea visto de cualquier manera, es desagradable e incómodo. Podría sonar evidente e innecesario el comentario, pero lo considero relevante para reflexiones posteriores sobre las representaciones que le suceden. Es preciso mencionar, además, que el trato que en 1922 se le dio a Ellen Hutter es menor que en 2024, de manera que en la primera cinta, ella es presentada casi exclusivamente como la esposa del protagonista, y el que sea el objeto de deseo del vampiro es lo que la dota de casi la totalidad de su relevancia. Es prácticamente poseída e hipnotizada para saciar la voluntad de Nosferatu, muestra adicional y muy relevante de su poderío.

 

En 1979, otro director alemán, muy diferente al primero, tiene la valentía de hacer su propia versión: el inigualable Werner Herzog, uno de los mayores íconos del Nuevo Cine Alemán, suscitado entre los años 60's y 70's. Dirigiendo a Klaus Kinski como el vampiro y a Isabelle Adjani como Ellen Hutter -aunque cabe destacar que esta es la única de las tres adaptaciones que conserva los nombres de los personajes originales de la novela de Bram Stoker: en esta, el personaje de Adjani se llama Mina Harker, y su marido Jonathan-, Herzog presenta Nosferatu, Fantasma de la Noche.

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Considerablemente similar a la primera, la versión de Werner Herzog se distingue por el estilo muy particular del director, con diálogos más reflexivos, e intentando analizar la psique del vampiro, que es físicamente muy parecido al interpretado por Max Schrek: es también un ser que a primera vista, incluso totalmente iluminado, es temible (la insistencia en su apariencia tomará sentido en breve).

 

Además, es una película grabada a color, que le dota una riqueza visual diferente a la que Murnau, por obvias razones, no pudo optar. No significa, aclaro, que la primera versión sea estéticamente inferior. Es, de hecho, probablemente la más rica. Otro indicio de la fidelidad de Herzog a la novela de Bram Stoker es que su adaptación se ambienta en el Londres Victoriano, mientras que la de 1922 sucede en Alemania.

 

Pareciera que esta versión hubiera hecho una suerte de intercambio de ventajas con su predecesora: mientras que la primera presenta la versión más directa y aterradora del vampiro y se dota de planos que hasta el día de hoy son impactantes, la segunda es más fiel al material de origen, no se queda atrás en la propuesta visual y busca una aproximación a Nosferatu genuinamente nueva, no desea replicar a su antecesora

 

Todos estos elementos, de películas que hoy son parte esencial de la historia del cine mundial, son puntos fuertes que evidencian aquellos aspectos (no pocos) en que la tercera versión, dirigida por Robert Eggers, palidece.

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Nosferatu en 2024

 

Primero, es evidentemente inevitable comparar la película de 2024 con sus predecesoras de 45 y 102 años antes, en tanto la decisión de llamarla Nosferatu (además, a secas), y no, tal vez, otra versión de Drácula, implica la fuerte influencia de las antes mencionadas (más notablemente la de 1922) y el deseo explícito de igualar las propuestas de Murnau y Herzog, en lo cual falló estrepitosamente, víctima de mandatos de recursos prototípicos usados en variedad de películas de terror, estilísticamente; y conveniencias narrativas que empobrecen irreversiblemente al personaje principal y, por ende, a la película en general. Impuestas por los estudios o decisión del director, resultan en una película que, habiéndose presentado con buenos resultados en dos ocasiones, en la tercera solo sorprende por sus debilidades.

 

Digo “sorprende” porque, vistas las versiones anteriores, era natural esperar que esta nueva cinta tuviera los mismos personajes, desarrollo y desenlace y, por ende, no se le podría recriminar que fuera “predecible”. Sería como tachar  de predecible una adaptación de Los Miserables por terminar igual que el libro o las aproximaciones previas. Tristemente, la versión de Eggers sorprende por buscar desprenderse de algunos elementos y que le llevan a construcciones de personajes muy mediocres y prácticamente arrebatar a Nosferatu de todo lo que le volvía un personaje memorable.

 

Uno que es la excepción, es el peso dado a Ellen (la similitud y admiración de esta versión a la de 1922 es evidente por sobre la de 1979, y un ejemplo es haber conservado los nombres que plantea Murnau y que en los créditos menciona como referencias al libro de Bram Stoker y al guion de Henrik Galeen), a su trasfondo y a su sentir como mujer, esposa y sobre todo, una persona independiente. Mientras en la versión de Murnau parece más un personaje que debía ser incluido por bien de la trama, en esta nueva adaptación se presenta como el eje sobre el que avanza toda la cinta. La película de Eggers es, esencialmente, un estudio del pasado, deseo y frustraciones del personaje de Lily-Rose Depp, cuya actuación es la única realmente merecedora algún buen comentario entre todo el elenco. Sin embargo, el propio guion y dirección de esta versión es también el que ocasiona que Ellen tenga momentos que, buscando crudeza, son francamente ridículos.

Lily-Rose Depp reivindica su sitio en Hollywood con su vampírico papel en  Nosferatu | Telva.com

Visualmente Rescatable

 

Considerando el Diseño de Producción y la Fotografía de la cinta, resultan estos aspectos aquellos que podrían defenderse. Y más lo segundo que lo primero, debido a que, si bien la ambientación en vestuarios es adecuada y los escenarios generalmente muy buenos, son estos últimos los que a ratos desentonan, más notablemente al presentarse una sala bien acondicionada en la Alemania de mediados de los 1800's que en el centro tiene una mesa de billar que parece recién comprada de cualquier tienda departamental. Esos detalles, tal vez no siempre detectables, y que cuyo peso se podría debatir, me alejaban de la atmósfera de la película siempre que aparecían.

 

La fotografía es probablemente lo único que realmente me atrevería a defender en la cinta, y eso tampoco siempre, pues, en la búsqueda de crear imágenes con poca iluminación, hay ratos en que todo es totalmente negro, y no estoy muy seguro de que esa haya sido la intención original. Maneja bien la dinámica de luces y sombras, y Eggers demuestra su capacidad de economizar planos, de forma que a veces logra presentar escenas enteras en uno solo, cosa que dotó de dinamismo y fluidez al film. También merece reconocimiento la planeación de dichas tomas, pues hay escenas que comienzan en un plano muy interesante, la cámara se mueve en el transcurso de las acciones y se termina posicionando en otro buen plano sin cortar la toma.

Nicholas Hoult in Nosferatu (2024)

 

Su uso de claroscuros y juegos de sombras, que durante la primera mitad de la película impresionan, conforme avanza la película se tornan tediosos, repitiendo encuadres y composición de los elementos. A ratos, parece que el plano que uno observa en pantalla ya lo hemos visto otras tres ocasiones anteriores en apenas 15 minutos. Si bien tiene algunos momentos muy buenos, como la mano del vampiro recorriendo la ciudad, son mayoría los planos progresivamente simplones.

 

Y es tanto el diseño de producción y la fotografía los elementos que me llevan a lo que he remarcado a lo largo del texto: la apariencia cruda e incómoda de Nosferatu en sus dos predecesoras. En esta cinta, el personaje se distingue de los anteriores exclusivamente por el uso de un tupido bigote. Y ya. Vale la pena reconocer el trabajo invertido en la voz inquietante del personaje, que lo envuelve en misterio durante sus primeras apariciones, casi como un espíritu, alejando inteligentemente a la audiencia de poderlo ver completamente y mostrando, a lo mucho, sus manos y ojos, que cuando se presentan hacen ver al vampiro como alguien temible. El problema llega, torpemente, cuando se vuelve completamente visible, momento en que pierde toda su imponencia y poderío. En cuanto podemos ver a Nosferatu, nos damos cuenta que no se ve distinto de cualquier personaje masculino viejo, delgado y no cuidado, pero que no es en absoluto temible. Contrario a Max Schrek y Klaus Kinski, el Nosferatu de 2024 se ve patético y enclenque, tan distante de sus predecesores imponentes, temibles y de presencia abrumadora.

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A su apariencia no le ayuda su actitud. Igual que su aura misteriosa, su fuerte voluntad se pierde conforme avanza la cinta, y el principal ejemplo es que en la versión de 2024, cuando Nosferatu llega con Ellen, con quien ha hablado durante años mediante sueños y a quien seduce y amenaza a partes iguales para poseerla y tener un encuentro sexual, termina diciéndole que no puede suceder hasta que ella voluntariamente se entregue. La temible omnipotencia que había en el villano de 1922 se convirtió en un patético perro que ladra y no muerde en 2024. Toda la película hizo desastres y, como en las versiones anteriores, llevó una plaga que devastó a la ciudad para encontrarse con la mujer que siempre ha deseado y que es su única opción de encontrar sosiego, y al tenerla frente a él, el “poderoso monstruo” se echa para atrás, dando paso así a otro evento que vuelve ridícula y prototípica la propuesta narrativa de Eggers.

 

Actuaciones y Trama: un Intento Desperdiciado

 

Toda la película está repleta de actuaciones olvidables para personajes pésimamente escritos. El ejemplo más evidente es Friedrich, quien al presentarse siente gran amistad por Ellen y a quien de un momento para otro desprecia; y que al conocer al Doctor interpretado por Willem Dafoe, siente admiración por sus conocimientos, para más tarde tildarlo de loco y luego pedir disculpas en un desarrollo de personaje vacío y exclusivamente presentado porque el personaje era necesario para que avanzara la trama. Por su parte, el personaje del Doctor es probablemente una de las interpretaciones más pobres de Dafoe. La anterior afirmación resulta complicada dada mi admiración por el actor, y la expectativa que su participación en la película generó en mí. Carece de personalidad e interés más allá, de nuevo, de su utilidad para que la historia se desarrollara.

 

Las intenciones y complejidad de Ellen también son esquivas, pues no se logra cimentar su obsesión por el vampiro, ni la relación que tiene con su actual frustración sexual con Thomas (otro personaje muy torpe), al grado que uno de los momentos más rescatables de la película, una discusión entre ellos dos, parece concluir y luego retomarse por un reclamo que en el contexto de la escena carecía de sentido y que desemboca en una relación sexual entre ellos, puesta con calzador e interrumpida por planos estáticos de jumpscares, de los cuales abusa hasta el cansancio el Director, y que parecen que buscaba algo estéticamente novedoso, pero termina siendo una necedad digna de un cineasta primerizo.

 

Y así, como mencionaba previamente, la indecisión y estúpida timidez de Nosferatu por poseer a Ellen la lleva a un sacrificio por todos, salvando heroicamente (estúpidamente) a sus seres queridos, dado que terminando de fornicar, Nosferatu recibe los rayos de sol que entran a la habitación y terminan con él, recurriendo al discurso de “la elegida, quien debe tomar la decisión consciente de ayudar a los suyos, a pesar del riesgo que implica” o, en su caso, un supuesto desagrado y repentina repulsión por el vampiro (a lo largo de toda la película tiene alucinaciones donde expresamente desea tener sexo con él), y llevando a un final igual que al de las previas versiones de la película, pero destacando esta por su mediocridad e incongruencia en el intento de diferenciarse.

 

Actuaciones, en conclusión, pobres, interpretando textos por lo general sobre-explicativos, que posiblemente tenían una ambición valiosa, pero cuya dirección los lleva a personajes y escenas mediocres y tibias.

Nicholas Hoult and Aaron Taylor-Johnson in Nosferatu (2024)

Conclusión

 

Es distinguible la admiración de Robert Eggers por la historia de Nosferatu, pero su timidez como director de actores y su búsqueda innecesaria de crear algo nuevo de algo que había funcionado perfectamente en dos ocasiones anteriores, desembocan en su película más mediocre, floja y decepcionante hasta la fecha. No se trata de decir “si ya estaba bien, no había por qué volverlo a intentar”, pero este nuevo intento, a mi gusto, fracasó.

 

Sinceramente espero su siguiente film, con auténtico deseo de que no se rinda a caprichos y al hacer una película porque se le dio el dinero necesario y que, esta vez, regrese a hacer un trabajo destacable por buenas razones.

Crítica de Nosferatu (2024) | Robert Eggers lo vuelve a hacer | El Rincón  del Espectador

Comentarios 2

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Tadeo Altamirano29 de enero de 2025
En esta casa, también odiamos Nosferatu 2024
F
Florencia Bianchi7 de enero de 2025
No la vi aún pero está entre mis pendientes. Muy interesante el artículo. Cada versión dialoga con su época, parece que ésta no es la más lograda.

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