¿En que y por qué FALLÓ 'House of The Dragon'?
CineTech
"Francamente, odio el diálogo. El diálogo es para el teatro y
la televisión. No recuerdo las películas por una buena frase,
las recuerdo por una imagen fuerte. No me interesan los diálogos
en absoluto. Imagen y sonido puros, ése es el poder del cine.
En un mundo perfecto, haría una película convincente que no
pareciera un experimento, pero que tampoco tuviera una sola
palabra. La gente saldría del cine y diría:
Espera, ¿no había diálogo?. Pero no sentirían la falta."
Las palabras más arriba las enunció hace unos meses en el contexto del estreno de Duna: Parte Dos su realizador, Denis Villeneuve, un experto en crear universos solo con el poder de la imagen y el sonido. El siguiente artículo trata de exponer porqué la sobreexposición de diálogo en la serie mencionada en el título pueden ser un verdadero cáncer en materia audiovisual, pero también una enseñanza que tal vez muchos deban ser conscientes.
Desde el anuncio hace tres años de que íbamos a tener una serie ambientada antes de los eventos sucedidos en ‘Game of Thrones’ mis expectativas iban en aumento, no sólo porque me parecía una excelente oportunidad para adentrarse en la conquista de la dinastía Targaryen, sino también porque en ese mismo momento del anuncio había finalizado de ver las ocho temporadas de la épica travesía por ver quien se quedaba con el trono. Como buen anómalo, nunca fui alguien predilecto por seguir los rituales masivos de tener que esperar una semana para el estreno de un capítulo, no, soy de aquellos que prefieren controlarlo todo.
En el 2022 la primer temporada de la serie precuela fue estrenada con algo de escepticismo y dudas, pero muchos la vieron como una historia mucho mejor "lograda" y más fiel a los libros de George R. Martin. Tal vez lo definieron de esa manera por cómo había terminado GoT (algo que a mi no me molestó para nada y hasta podría considerarlo un “final correcto” dado todo lo que había visto), pero me resulta imposible dejar a un costado el hecho de que, desde la primera temporada, jamás pude conectar ni con la historia, ni con las actuaciones, ni con la densa dinámica, ni con los extensos diálogos, entre varios elementos.

Siento que, como una manera de seguir las reglas y sin el tiempo adecuado, oyeron los gritos desesperados de los fanáticos en las redes sociales y decidieron darle lo que querían sin pensar precisamente en “cómo” ejecutarlo. Las dos temporadas de ‘House of the Dragon’ las siento como una extensa película de dieciseis horas con grandes momentos de acción (que en realidad son muchos menos de los que esperaba, según lo que habían prometido), tensión, discurso político con buenas primeras intenciones que terminan yendo a ningún lugar, y que se podría haber resumido con más intensidad. Puede que suene y hasta se sienta la impaciencia en mis palabras, pero es que si de algo estoy cansado, es el poco respeto que se le tiene a la audiencia.
Denme más dragones, denme más fantasía, denme brutalidad, denme empatía y apatía en partes iguales, pero no me den matices repletos de gris con los que no pueda conectar. No existe personaje en ‘House of the Dragon’ con el que conecte (puede que Otto Hightower sea el único que razona) de cierta manera que me permita odiarlo o quererlo en algún punto, y si pude sentirlo de cierta manera fue forzadamente. La segunda temporada tenía todo para enmendar lo que yo consideraba “errores” en la primera, y hasta me había esperanzado en un principio de que tenía todo para ser más “shockeante” y “épica”. Pero tengo mis certezas de que, metafóricamente hablando, no se puede tapar el sol con un dedo. No puedo alivianar mis sentimientos respecto a esta serie solo porque en cierto momento tenemos “una gloriosa batalla entre dragones” o porque cierto personaje “traiciona a otro con una frialdad pocas veces vista”.
Ciertamente ese final de temporada no tendría que haber existido, no se puede tener intenciones de construir algo a fuego lento para luego apagarlo con agua helada en los minutos finales. Los personajes protagonistas se ven las caras solo dos veces en esta temporada: en la primera la Reina Alicent Hightower se ve sorprendida en su propio castillo tras la intrusión de la "Pretendiente al Trono" Rhaenyra Targaryen para tener una conversación que pueda disolver todo conflicto posible. Y en la segunda lo mismo, la nada misma termina llevando a nada. ¿Que fue lo que se perdió en el camino?

Lo reprimido es una constante en esta serie, y un mal para todo aquel que desea ver algo más. No hay expresiones más que el entrecerrar de los ojos y los labios que tiemblan, los personajes rechinan sus dientes esperando que todo salga medianamente acorde a sus “valores y principios” pero por dentro un fuego incendiario los quema intensamente. ¿Pueden tener relaciones carnales entre los mismos miembros de su familia pero no pueden propinar una trompada o tener una pelea real, algo que me demuestra el enojo o mínimamente el deseo de que todo explote?
Siento que ‘House of the Dragon’ termina siendo un épico (y falso) melodrama teñido de fantasía, donde el verdadero ruido lo ponen los dragones y el anti naturalismo lo ponen los personajes hechos de piedra. Una excusa de HBO para llamar la atención de aquellos que pretendían expandir sus conocimientos sobre la historia de la sagrada tierra de Westeros, y porque no, también saber cómo y porqué Daenerys llegó a ser lo que significó en ‘Game of Thrones’. Un derroche de palabras tras palabras recitadas que no llevan a ningún lado más que al hecho de querer (por necesidad o por morbo) ver como todo se resuelve, pero que terminan siendo el equivalente a un nulo resultado, a un sabor agridulce en la boca, y a una eterna espera de dos años para seguir en la tercera temporada. Nuestra paciencia no es gratuita: ante una enorme oferta de series y películas por ver, están aquellas que pecan de saber que hay una gran porción dispuestas a ser testigos, pero que también hay otra que se cansa y no perdona.
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 7 de AGOSTO del 2024, 16.47 PM | UTC-GMT -3
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¿DONDE LA PODÉS VER? Está disponible en MAX
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