'West Side Story': una cruda e inesperada lección sobre el amor
NarrativaCrecemos viendo historias de amor de fantasía. Hollywood, desafortunadamente, nos ha acostumbrado a ello; un esquema romántico totalmente predecible, repetido hasta el cansancio, del chico malo que se enamora de la chica buena, y juntos viven un amor imposible.

Sin embargo, a mediados del siglo pasado llegó a Broadway una obra que sacudió los cimentos de las historias de amor. Una obra inspirada en Romeo y Julieta, y con un impacto multicultural y transversal tan grande como ella, había llegado con un lavado de cara ideal para el Estados Unidos del momento: West Side Story.
Tan solo cuatro años después de la obra que dio muchísimo de lo que hablar, llegaría más temprano que tarde la adaptación de este Romeo y Julieta moderno y, por supuesto, quedaría en los libros de historia para siempre.
Conocida también como ‘Amor sin Barreras’, esta película cuenta la vida de María, una inmigrante portorriqueña que llegaría a una turbulenta Norteamérica en la que esperaba encontrar todo entre sus sucias calles, menos el amor verdadero.
Un musical como ningún otro
Cualquier obra quisiera tener el impacto cultural que tuvo West Side Story en su momento (y para la historia). No solo fue aclamada por el público, sino también por la crítica. En 1962 arrasó en la ceremonia de premios de la academia, convirtiéndose, para siempre, en una de las películas musicales más influyentes de todos los tiempos.
Y no es casualidad, ni se ha ganado ese título de gratis. Su puesta en escena tan detallada ha sido tomada como masterclass de ejecución y ‘screenwriting’ por décadas. Lo sorprendente es que, hasta el momento, ninguna película ha sido capaz de alcanzar ese nivel para ser tomada como referencia por todo el mundo del cine.

El mejor ejemplo es, posiblemente, la escena de ‘Mambo!’, donde los Jets y los Sharks, las dos pandillas que se enfrentan a lo largo de todo el filme, desarrollan una pelea…DE BAILE. No es nada nuevo, lo sé, pero lo destacable son todos esos pequeños detalles - micronarrativa, le llaman algunos - que hacen de esta escena única.
Uno de los detalles es, por supuesto, el más obvio: cada pandilla tiene un color y una coreografía distinta a la del otro bando. Pero hay, como mínimo, una docena más. Te dejo la escena para que la veas de principio a fin y los descubras e interpretes según tu visión.
Sin embargo, esto no es lo único que hizo a 'West Side Story' especial. Su musicalidad es única, y cada sonido que hay detrás de la película la convierten en un espectáculo audiovisual de ver. Las coreografías y canciones tienen tanto sentido que, por décadas, han sido recordadas como unas de las mejores actuaciones en un musical.
Su impacto es tal que, recientemente, Steven Spielberg ha cumplido uno de sus sueños: hacer su propia versión de West Side Story. Con una Rachel Zegler estelar como María, revivió para una nueva generación este clásico de amor, y trajo consigo una visión más moderna de la historia de amor estadounidense más influyente de todas.
Incluso, vestigios de West Side Story pueden verse en otras películas como ‘Elementos’ (2023): un amor casi imposible, negado por una sociedad aferrada al rechazo de los ‘otros’, pero que va aflorando poco a poco a pesar de las dificultades.
Las barreras detrás del amor
Pero lo mejor, sin duda alguna, es la historia de amor que logra construir. No es solo ‘María’ y ‘Tony’, sino un entramado minucioso de contextos, situaciones, relaciones y pasados que terminan conectando a través de, obviamente, María y Tony.
La relación de ellos surge en un contexto complicado. María viene de una familia migrante que ha intentado adaptarse a Estados Unidos en búsqueda de cumplir el sueño americano…o al menor morir soñándolo.
Pero ese Estados Unidos no es tan piadoso como lo imaginaron, ni brilla como lo pensaron. La adaptación a esa vida Norteamericana es difícil, especialmente en los barrios bajos. Y la cultura local no es precisamente piadosa con los migrantes de escasos recursos, por lo que salir adelante será todo un reto.

Afortunadamente, María y los suyos no tienen que enfrentarlo solos. Poco a poco, como las ramas de un árbol, se va tejiendo una red de personalidades que van enriqueciendo su historia, a la vez que su paso por la tierra de la libertad en búsqueda de oportunidades y, quizás, una vida mejor.
El gran obstáculo en su amor, sin embargo, no es solo el problema de aceptación con toques de racismo y xenofobia que, más de 60 años después, sigue siendo una realidad, sino la turbulenta vida de las calles.
Tony, en su intento de dejar la pandilla que alguna vez fundó y la violenta vida de las bandas criminales, encuentra a María como la salida de ese pasado que lo atormenta. Sin embargo, el ex-compromiso de su enamorada con el líder de la banda a la que se enfrentó por años, y su círculo social que lo persigue como fantasmas de antaño, complican un poco las cosas.
Pero justo cuando el amor parece brotar, y se abren las puertas a una resolución feliz para Tony y María…
Un final que duele, más de medio siglo después
…un disparo fulminante acaba con Tony, quien muere en los brazos de María. Asesinado a manos de la pandilla que lideraba el hermano mayor de ella.
La bala que puso fin a la vida de Tony no es, sin embargo, nada más que un pedazo de plomo de calibre .38. Es nada más que la representación física de un espiral de odio en el que se vieron envueltos en medio de unas condiciones de vida cada vez más complicadas. Tony no fue asesinado por una bala, a él lo mató el odio.
Cuando el odio puede más que el amor
Si hubo una barrera para el amor de Tony y María fue, justamente, el odio. Pero no uno que aflorase entre ellos, sino el que los rodeaba y que residía dentro de cada una de las personas que estaban a su alrededor. Después de todo lo que habían sufrido, de lo que habían aprendido y superado…era inesperado que Tony muriese de semejante forma.

Justo cuando estaban a punto de salir de ese círculo vicioso de violencia y rencor, se quedaron a las puertas del paraíso, incapaces de dejarlo atrás. Y María, injustamente, lo había perdido todo. A su hermano, su amor, y posiblemente también sus ganas de cambiar ese cruel mundo.
El amor de Tony y María no fue uno que no quisieron, ni eligieron, no vivir. Fue uno que la sociedad a su alrededor impidió y al que, paradójicamente, no paró de ponerles suficientes barreras.













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