Y un día Godzilla defendió a la humanidad | San Daikaijū: Chikyū Saidai no Kessen (Ishirō Honda, 1964)

Dirección

Una de las películas más significativas de la era clásica de la serie Godzilla es San Daikaijū: Chikyū Saidai no Kessen, de 1964, conocida en los países hispanohablantes como Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas. Es la quinta entrega de la serie que se había iniciado diez años antes, con la emblemática Godzilla, que fue dirigida y producida por el mismo director y el mismo estudio que realizó toda esta fundacional Era Showa: el director Ishirō Honda y los estudios Toho. Y es la segunda película de Godzilla producida ese año, luego de Mosura tai Gojira (Mothra vs. Godzilla).

 

 

La particularidad central de Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas es que se trata de la primera película en que el gigantesco reptil atómico no representa una amenaza contra la ciudadanía japonesa y mundial, sino que actúa en defensa de la humanidad. Esta rotación argumental de Godzilla contra Ghidorah marcó un hito en la serie y en el perfil del monstruo, que comenzó a erigir su amable ferocidad actual: Godzilla como un habitante atormentado de este planeta, que siembra el terror siempre que lo acosen en su hábitat, pero que en el fondo de su corazón salvaje e iracundo guarda cierta empatía por los diminutos humanos.

 

Esta idea pop de Godzilla, que hoy está generalizada en el público occidental como en el oriental, nació en las lejanas décadas de los ‘50 y ‘60. Y en especial con la miniserie que se abre con Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas, sigue en la extravagancia de Destruir todos los monstruos (Kaijū Sōshingeki), de 1968, donde el equipo original que creó a Godzilla en 1954 llega a la exuberancia de ¡11! monstruos en la misma película, y termina en Todos los monstruos atacan (Gojira Minira Gabara Ōru Kaijū Dai-shingeki), de 1969.

 

 

La segunda particularidad de Godzilla contra Ghidorah es, justamente, la aparición de Ghidorah: un monstruo alienígena de tres cabezas que llega a la Tierra en un meteorito. Como han advertido los estudiosos de Godzilla, Ghidorah tiene en realidad un origen anclado en la mitología antigua del Japón. Más precisamente, en Yamata no Orochi, el mito de una serpiente con características de dragón de cuya existencia se da cuenta, por primera vez hasta donde es posible saber, en textos del siglo VI a.d.C. A partir de la película de 1964, Ghidorah se convertirá en el archienemigo de Godzilla (se volverán a enfrentar al año siguiente, en Kaijū Dai-sensō, aka Invasion of Astro-Monster) y establecerá el clivaje entre el origen terrícola representando por Godzilla y el alienígena de Ghidorah.

 

Estas dos particularidades de Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas deben entenderse en un marco más amplio, que la película ayudó a definir. A diferencias de otras películas que la  antecedieron (y que hoy llamaríamos de monstruos, ciencia ficción o cine catástrofe, aunque ninguno de esos géneros existía como tal a mediados de los ‘50), los films de la Era Showa de Godzilla abrieron la posibilidad de una interpretación humanista de la existencia monstruosa. 

 

 

Cabe recordar que la principal inspiración de Godzilla fue King Kong (Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack, 1933), que en Japón tuvo su estreno recién en 1952, cuando el archipiélago estaba bajo ocupación estadounidense; hasta entonces, la cerrazón cultural del Imperio había impedido el ingreso masivo de películas de Hollywood. King Kong mostraba los peligros que se escondían detrás del exotismo de feria de un Occidente cegado por el avance positivista. Alentada por las ideas de evolución y el auge del discurso científico, la Humanidad se sentía al tope de sus posibilidades de control y explotación de los demás habitantes del planeta, fueran bestias o pueblos indígenas (que para la mirada de la época, en poco se diferenciaban). Esa superioridad moral y cultural se vería quebrada con los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, los crímenes de los fascismos y la bomba atómica, que mostraron que la humanidad también podía ser inhumana. 

 

Como Kong, Godzilla apareció como una amenaza para la civilización. A diferencia de él, su origen no era puramente salvaje: el metabolismo de Godzilla había sido dramáticamente alterado por los ensayos atómicos en el oceáno Pacífico, por lo cual, en realidad, Godzilla es producto de la acción humana sobre el planeta. Un monstruo del Antropoceno, diríamos hoy: la retribución, en forma monstruosa, que el planeta nos devuelve por la destrucción que hemos promovido como especie. Esta moraleja solapada que Godzilla trae desde su primera aparición en pantalla se ve modificada en Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas, aunque solo en parte. En esta película de 1964, Godzilla termina por unir fuerzas con Rodan y Mothra (otros dos monstruos de origen terrestre) para combatir a Ghidorah. Pero lo hace luego de una discusión con ellos dos que podríamos catalogar de filosófica: ¿merece la Humanidad ser salvada?

 

 

Por último, hay que mencionar una última particularidad de Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas. Y esta es del todo terrenal: la película se hizo de apuro, y fue una especie de reciclaje y proyección de la franquicia de Godzilla. Toho pidió a Ishiro Honda que filmara la película en apenas un mes, en agosto de 1964, dado que Akira Kurosawa no había logrado terminar Barbarroja, su última película junto al actor Toshiro Mifune (que se estrenaría finalmente en 1965). Para lograrlo, Honda debió reutilizar los trajes de monstruo de Godzilla, Mothra y Rodan que ya se habían usado en Mothra vs. Godzilla (1964) y King King vs. Godzilla (1963) y construir, de apuro, a Ghidorah. La tarea recayó, por supuesto, en el genial Eiji Tsuburaya, maestro de los efectos especiales que dio un paso más en la historia del kaiju film: Ghidorah fue el primer monstruo que combinaba movimientos mecánicos realizados por un actor que estaba dentro del traje con otros realizados mediante un circuito eléctrico. 

 

 

Sin saberlo, el tándem de Ishiro Honda y Eiji Tsuburaya estaban creando el kaiju film (literalmente traducible como “cine de monstruos japonés”). Comenzaron trabajando juntos en los ‘50 y lo siguieron haciendo por dos décadas. Honda fue el único director de los estudios Toho en aceptar la idea de Godzilla como un tema serio que filmar; para muchos de sus colegas, entre los que se encontraba su amigo y compañero de estudios Akira Kurosawa, la historia de un monstruo que invadiera Japón no era arte serio. Con el impulso del productor Tomoyuki Tanaka, Honda -que ya había filmado 8 películas y participado como asistente o técnico en tantas otras, aunque ninguna sobre monstruos- tomó la idea y la desarrolló, escribiendo y proyectando las historia. Es interesante recordar que, al principio del proyecto, Eiji Tsuburaya propuso un monstruo inspirado en las extendidas leyendas de pulpos gigantes que hay en Japón. Finalmente, claro, se volcaron por un monstruo inspirado estéticamente en los dinosaurios. 

 

 

El género que crearon Honda y Tsuburaya se apoya, podríamos decir, en un trípode: la suitmotion (la combinación de actores en trajes, con los cuales interpretaban a los monstruos, y escenarios en miniatura para trabajar visualmente las escalas), la catástrofe (la mencionada técnica les permitió filmar memorables secuencias de destrucción “real”, con ciudades enteras colapsando ante cámara) y el humor (más allá de lo bizarras que pueden parecer estas películas a los espectadores de hoy, ya entonces las producciones contemplaban cierto sentido de la parodia y la ridiculez como elementos de la narración, más allá de la acción y el drama). 

 

 

Godzilla se convirtió en una serie y una influencia insoslayable para el cine de monstruos y desastres. Y también fue una forma pop de alertar sobre el avance de la guerra tecnológica y la depredación del planeta. Tsuburaya y Honda trabajaron juntos desde fines de los 40’ en dramas bélicos que incluían escenas de acción y destrucción, como la exitosa Águila del Pacífico (1953), sobre el ataque de Pearl Harbor, y colaboraron en películas de ciencia ficción ajenas al mundo Godzilla, como Los misteriosos (1957) y The H-Man (1958). A partir de los ‘60, y pese a sentirse en encasillado, Honda desestimó sus otros rasgos como realizador y se concentró en el género kaiju eiga hasta el final de su carrera. Y aunque no gozó en vida del prestigio de su amigo Kurosawa, sus películas sobre monstruos fueron muy populares y taquilleras tanto en Japón como en Occidente. En 1970, murió Eiji Tsuburaya, lo que significó el golpe final para la lenta decandencia del kaiju eiga a manos de las producciones baratas para televisión. Honda había hecho un año antes Destruye a todos los monstruos (1969), una de sus mejores películas, y en 1975 se retiró. Solo regresó a instancias de Kurosawa, que lo llamó para trabajar en Kagemusha (1980). Honda trabajó literalmente hasta su muerte, en 1993, cuando seguía formando parte del equipo de su amigo.  

Comentarios 3

A
Acaso1mporta16 de octubre de 2024
¡Qué maravilla de texto! No he podido quitarle los ojos de encima ni por un segundo. "Godzilla" (tanto serie como protagonista) es quizás uno de los acontecimientos más emocionantes en la historia del cine del siglo XX -¿y por qué no? XXI- pero que tristemente ha sido pasado por alto por la mayoría de los fundamentalistas; al menos todavía quedan un par de iconoclastas como vos.

A mi forma de verlo, es una experiencia completamente posestructuralista y la forma más acaba de esas sátrapas que Edward Said denomino como "orientalismos". En occidente tendemos a parodiar, atomizar y/o exagerar a oriente (posiblemente por la ignorancia engendrada por varias décadas de colonialismo); solemos describir el mundo oriental (cercano, medio y lejano) con base a clichés, lugares comunes y "sabiduría popular". Un ejemplo sería la inexactitud con la que los occidentales entendemos el acto del hara-kiri o seppuku de los bushis.

La genialidad de "Godzilla", sin embargo, es que al llegar a occidente en medio de una situación de contingencia para el Japón (según recuerdo todavía se mantenía la ocupación norteamericana) se transformó en un parangón de resistencia y superación, proyectándose a lo loco en los autocinemas y fungiendo como embajador del país del Sol Naciente en una época donde su imagen geopolítica no era la mejor. Eventualmente, los mismos japoneses se percataron de este cambio en el marco académico y epistémico: Godzilla había pasado de ser la simbolización de sus mayores temores (no en balde Japón sigue siendo el único país donde se han lanzado cabezas atómicas con propósitos bélicos) a una especie de superhéroe. Se pasó de describir (literariamente) a oriente como violento e inferior a los occidentales a sensible, humanista y amado por todos. Los estudios Tōhō, la industria cinemática japonesa y todos los amantes de oriente (amén de los monstruos) le debemos todo a Godzilla y a Honda. ¡Larga vida al Rey!

Un abrazote, flaco. Por favor: sigue como vas.
B
ByeHollywood2 de agosto de 2024
Me gusta Godzilla, pero la reciente película japonesa no tanto, aunque fue bien recibida por la crítica. Creo que la historia es demasiado seria, el ritmo muy lento y el diseño de los personajes está demasiado acartonado.
L
Lutheau7 de agosto de 2024
En respuesta a ByeHollywood: ¡A mí me gustó! Escribí sobre ella acá La amenaza fantasma | Godzilla: Minus One (Takashi Yamazaki, 2023)

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