The Draughtsman's Contract

The Draughtsman's Contract (1982)★ 7.4/10

R · GB · 108 min · September 4, 1982

  • Comedy
  • Drama
  • Mystery

Directed by: Peter Greenaway

Written by: Peter Greenaway

An artist is hired to sketch an estate but becomes entangled in intrigue. His drawings gain new meaning after the landowner’s mysterious death.

Cast & crew

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Awards · 0 wins, 1 nominations

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Reviews

DDavid Guzmán QuinteroDecember 24, 2024
El tratamiento de este relato está lejos de esa complacencia con la que tienden a abordarse estos relatos.

Sobre el negro, suena una aria operática, lo que podría hacer creer que, de entrada, vamos a enfretarnos, nuevamente, a otro relato aristócrata costumbrista; pero entra un primer plano de un hombre con su respectiva peluca barroca, a la luz de una vela, lo que da cierta subexposición y suciedad en el color, casi al punto de parecer parte de un filme de Lars von Trier. “Uno se atraca de ciruelas hasta tener las tripas bailando y el ano irritado”, dice este hombre; “Solía orinar como un caballo… no he cambiado”, dice, entre risas, la mujer de la segunda imagen en medio de una suerte de chismorreo. De entrada, en los primeros minutos, Greenaway ha hecho conciencia del lugar común y ha ido exactamente al lado opuesto, aún utilizando los mismos trajes de alta costura, los mismos personajes británicos y la música clásica extradiegética. De hecho, aunque operática/sinfónica, la música de Michael Nyman mantiene siempre una progresión armónica menor, lo que hace que el filme avance, a pesar de los patrones rítmicos tan propios del barroco musical y usando unas modulaciones sutiles, no en la dirección “bella” de Bach, sino en un clasicismo musical inquietante de Beethoven, haciendo que haya siempre algo que no termina de ser melifluo, aunque veamos un ostentoso castillo, un verde prado o un florido jardín.

Y es que esta opulencia no se inscribe en el relato como un paisaje que Greenaway pasa por alto, todo lo contrario: hace que toda la base de la trama gire en torno a ese arribismo intrínseco a gente acaudalada que no acepta un no por respuesta, aunque eso implique poner en juego la poca dignidad que les queda camuflada bajo sus estrafalarios atuendos.

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