
A Queda 2: No Limite (2026)★ 5.5/10
Fall 2: Deadpoint
- Aventura
- Drama
- Suspense
Direção: Michael Spierig, Peter Spierig
Roteiro: Jonathan Frank, Scott Mann
As melhores amigas Grace Caroline Currey e Virginia Gardner reprisam seus papéis. Seu conhecimento de escalada e sua determinação em sobreviver são testados em situações de risco no topo de uma torre de rádio.
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Crítica | A Queda 2: No Limite
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Moderno Veneza Cinema & Cultura2 de outubro de 2026
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CRÍTICA l A Queda 2
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Cine Cult Brasil1 de outubro de 2026
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FALL 2, Punto Muerto. La pesadilla no terminó y eleva la tensión al límite.
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Florarte4 de outubro de 2026
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Septiembre 2026: La Cartelera que Nos Hará Llorar, Sudar y Revivir Nuestra Adolescencia
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Esteban Eordogh3 de setembro de 2026
0Elenco e equipe
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Harriet SlaterJax Hunter
Arsema ThomasLuce
Tom BrittneyJon Platt
Virginia GardnerShiloh Hunter
Sahajak BoonthanakitThai Barman
Korakod YensukLarge Woman
Jordan ColemanReal Luce
Maryna BennettFemale Teenager
Noen PerezMale Teenager
Nattapon SukpiamThai Climber 1
Charlie RuedpokanonThai Climber 2
Alexandra BartlettNearby Climber (uncredited)Críticas
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Moderno Veneza Cinema & Cultura2 de outubro de 2026
Moderno Veneza Cinema & Cultura2 de outubro de 2026Mesmo utilizando elementos conhecidos do gênero, 'A Queda 2: No Limite' entrega o que promete: suspense, aventura, ação e uma boa dose de agonia. O longa ainda reserva um plot twist que muda a percepção de parte da história e deixa espaço para um terceiro filme.
Não é uma história revolucionária, mas é uma experiência tensa e divertida para quem curte filmes de sobrevivência.
Por Geovanna de Paula
Não é uma história revolucionária, mas é uma experiência tensa e divertida para quem curte filmes de sobrevivência.
Por Geovanna de Paula
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Esteban Eordogh7 de setembro de 2026
Esteban Eordogh7 de setembro de 20263,5 de 5 estrellas 💫
Lo confieso: fui al cine esperando encontrarme con otro thriller inflado, lleno de pantalla verde y sustos baratos diseñados en serie por un algoritmo. Pero esta secuela me cerró la boca. Punto muerto no intenta reinventar la rueda ni competir con el vertigo visceral de la primera entrega; en su lugar, toma el vértigo y lo traslada a un plano mucho más íntimo y desgarrador: el encierro mental.
La película nos sitúa en esa sensación tan real de estar atrapado en tu propia vida, donde cada decisión parece una caída libre sin red de seguridad. El director se toma su tiempo para respirar, dejando que los silencios de los personajes pesen tanto como las escenas de tensión física. Hay una escena a mitad de la película —en un puente iluminado apenas por las luces intermitentes de un coche averiado— donde la cámara no se mueve durante casi tres minutos. Solo vemos los ojos del protagonista al borde del colapso, y ese momento solo vale la entrada.
Tiene sus baches, por supuesto. El último acto se apresura un poco para cumplir con la cuota de acción que exige la taquilla, sacrificando algo de la tensión psicológica que venía construyendo con tanto mimo. Sin embargo, se siente carne, sudor y duda en cada fotograma.
Lo mejor:
La interpretación principal transmite una vulnerabilidad desesperada que te encoge el estómago.
El uso del silencio y la iluminación natural en las escenas nocturnas.
Lo peor:
El desenlace cede ante las convenciones del cine comercial y pierde la sutileza que dominó el resto del metraje.
Una secuela imperfecta pero profundamente honesta, que demuestra que el verdadero terror no siempre es la altura, sino el momento exacto en que te das cuenta de que no puedes avanzar ni retroceder.
Lo confieso: fui al cine esperando encontrarme con otro thriller inflado, lleno de pantalla verde y sustos baratos diseñados en serie por un algoritmo. Pero esta secuela me cerró la boca. Punto muerto no intenta reinventar la rueda ni competir con el vertigo visceral de la primera entrega; en su lugar, toma el vértigo y lo traslada a un plano mucho más íntimo y desgarrador: el encierro mental.
La película nos sitúa en esa sensación tan real de estar atrapado en tu propia vida, donde cada decisión parece una caída libre sin red de seguridad. El director se toma su tiempo para respirar, dejando que los silencios de los personajes pesen tanto como las escenas de tensión física. Hay una escena a mitad de la película —en un puente iluminado apenas por las luces intermitentes de un coche averiado— donde la cámara no se mueve durante casi tres minutos. Solo vemos los ojos del protagonista al borde del colapso, y ese momento solo vale la entrada.
Tiene sus baches, por supuesto. El último acto se apresura un poco para cumplir con la cuota de acción que exige la taquilla, sacrificando algo de la tensión psicológica que venía construyendo con tanto mimo. Sin embargo, se siente carne, sudor y duda en cada fotograma.
Lo mejor:
La interpretación principal transmite una vulnerabilidad desesperada que te encoge el estómago.
El uso del silencio y la iluminación natural en las escenas nocturnas.
Lo peor:
El desenlace cede ante las convenciones del cine comercial y pierde la sutileza que dominó el resto del metraje.
Una secuela imperfecta pero profundamente honesta, que demuestra que el verdadero terror no siempre es la altura, sino el momento exacto en que te das cuenta de que no puedes avanzar ni retroceder.