¿ALGUNA VEZ HAS SOÑADO CON HACER UNA PELÍCULA?

Fantasía

Hace unos meses participé en un concurso que sacó una plataforma para promover suscripciones a su sitio de educación artística en línea, en fin, el concurso fue sobre reimaginar la portada de una película, la que fuera. Mandaron tantas buenas propuestas, que mientras veía el proceso de la mía, me desanimaba, me tiraba al piso y abrazaba mis rodillas -lo que pudiera alcanzar por mi vientre abultado-, después de hablar con el suelo tantas veces como las patadas que mi pareja me daba, me animaba a avanzar en una «reiinterpretación de cartel de alguna película».

°w°  MI PROPUESTA DE CARTEL FUE DE LIFE ACUATIC PARA EL CONCURSO “REIMAGINA LA PELÍCULA” 23/enero/2026.  °w°

Con el cartel intenté que se pudiera ver, que respeto el arte del estadounidense natural de Houston, Wes Anderson, quien yo creo, es un vampiro -¡no luce como alguien de 57 años!-. Y, respecto a las obras del director de cine, no creo que en mi top personal pueda haber una mejor película que esa, “Life acuatic”. Tiene de todo, incluyendo mis más primigenias ideas de hacer cine. Que, les voy a pedir un favor, permítanme platicar sobre cómo fue aquella, mi primera vez a los 6 años…

En el cine sin ningún familiar, con la sala completamente nuestra para echar desmadre de primarios, me sentía libre, dichoso, premiado pues; pero todo se jodió cuando disfruté como mejor no pudo haber sido el estreno de “La historia interminable”, o "historia sin fin", dependiendo de la zona donde la viste. Tenía la boca seca por el bolillo sin aderezo de la torta que se me puso, para lonchear -creo que esa palabra no existe, n'me importa, me vale- durante la película, pero lo que mi memoria mantiene presente, y en su momento fue de lo más frustrante: es el terminar la película con el refresco sin poder haber sido abierto y la boca taaaan seca, que tuve que concentrarme en otra cosa. Así que no se me pida hablar más de ese momento, porque no puedo evitar tener un sentimiento de tristeza que me recorre el interior, y se ve en la lagrimita que me corre la mejilla. Ya perdoné ese evento en alguna de mis sesiones de terapia.

Pero ese hecho de ver una película, que más tarde se volvería acreedora de un cierto cariño melancólico por parte del público; ni se me ocurría, por no poder concentrarme en lo que no fuera el hocico seco y el dolor en la mano por insistir en girar esa taparrosca  imposible… ¡PUTA TAPARROSCA! TE ODIOOO… inhala paz… exhala mocos… ¿o cómo era? Bueno, en fin, la película me encantó, no fue la primer película que veía, pero sí fue la primera que me causó la pregunta, que continuamente me ha perseguido, aun hoy en día, “¿cómo hicieron esa peli?”. No era tan tonto yo,  como para pagar, por la que uno de mis compañeritos de la misma etapa primaria afirmaba, ese niño creía que los personajes de Dragon ball eran personas con cables… personas reales… Sin generar juicios intelectuales de mí y mis prójimos, y a diferencia de las caricaturas, contrastadas con la película que mi boca sopesaba a pesar de la sequedad […], se sobreentendía que la criatura de piedra en triciclo, era una persona con botarga, las criaturas aderidas a montañas podrían ser animatrones, al igual que Falkor… pero el caballo hundiéndose en "las arenas de la desesperación", o algo así se llaman, es inquietante. Porque veíamos la desesperación real del caballito. Traición a los buenos pensamientos que el caballito tenía de esas personas, no quiero imaginarme lo que debió platicar a sus compañeros de granja, ni lo que habrá soñado después de esa experiencia.

“Bueno y -dirán algun@s de uds- ¿y qué tienen que ver las chichis con la navidad?”. Si bien no me he atrevido a realizar mi cortometraje, o más aun, algún largometraje, ha sido por conservar esa postura de niño, en ese cine, con esa película: tan pequeño frente a una historia que no va de una simple acción/aventura de héroe; logra lo que su misma historia hace, saca una mano de entre las hojas, te toma del pecho (del cocoro) y te jala a ella. Creo que esa es la magia de la fantasía, que a pesar de no existir, ni tener una entidad fijada, se alimenta, se nutre de las almas y mentes que se les acercan. No sé, creo que estoy divagando. pero si querían que aclarara porqué doy muchos brincos, mucho me temo, estimado lector, que no lograré ese cometido en este artículo, quien sabe, quizás si me acompañas en éstos textos que iré compartiendo, tal vez me atrapes entre tanto salto.

Regreso al punto de haber hecho un cartel para una película que me parece motivadora e inspiradora a hacer la mía. Si bien, cuando ya tienes una historia sobre la que deseas trabajar, necesitas la puerta, que llame a esa audiencia que está predestinada para verla  -jejejeje nos pusimos místicos-, la publicidad sabe bien de eso. Ahora bueno, no puedes saturar el cartel, si acaso no lo requiere tu historia, o no es de ese público al que le pueda interesar tu historia. Me explico. Hay historias explosivas, e historias apreciativas. Quizás me esté dejando algunas de lado, pero aquí y ahora deseo tomar solo esas. Que haya historias explosivas que también merecen apreciarse, porque tienen sus detalles que ameritan, sí. Pero hay cine que, está hecho precisamente para una finalidad apreciativa, sin embargo, en el interior de la audiencia pueden ocurrir explosiones emocionales. ¿En qué se diferencían entonces? En el segundo punto que mencioné antes, respecto a saturar un cartel, por el público al que va dirigida tu historia. Es decir, las historias explosivas, suelen buscar vender; mientras que las apreciativas, buscan tener un público que busque la experiencia del cine y/o de ese metraje.

… Cosas de intelectos. Pero para no meterme en «camisa de once varas», como dicen acá… y, confieso que también disfruto el cine explosivo, en fin, dejo el tema hasta aquí. No sin desearles que dejen algún comentario, compartan este artículo y entren a ver los demás -sobre todo los míos Xp- que suben a la plataforma, todo es sobre cine. 

Saludos, desde Iztapalapa, CdMx. Diviértanse hagan lo que hagan. Y reciban un abrazo de camaradería

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