Sí, soy fotógrafa.

Cuento

Quienes seriamos nosotros los fotógrafos y fotógrafas si no llevamos consigo la mochila de “Ahí viene el fotógrafo, corre", “Sonríe al de la cámara” “La cámara de la fotógrafa hace magia” “Una foto más, en la otra salí horrible” o “Son solo fotos, cualquiera puede hacerlo” entre otras frases que escuchamos a diario. 

Qué estamos dispuestos hacer? no sé si de todo. O quizás por la paga, podemos pensar en subirnos al edificio más alto y escalar por afuera o llegar a la terraza y subirnos a la punta del filo. Todo es posible, dependiendo el estado emocional y económico que atravesamos.  Así que imaginemos.

Inicio. Me han contratado para una empresa de experimentos sociales. Experimentan con animales y humanos. Es lunes, y llego con mi mochila cargada al lugar. Hasta ahora solo me pidieron registrar el cambio en la piel de las ratas. Así que estoy sentada por cinco horas delante de una jaula. No me acuerdo tener todas las vacunas, así que no le he dicho a mi mamá sobre este trabajo. Según ella, ningún trabajo es imposible. Asi que aqui estoy, frente a una rata que tiene los ojos rojos y me mira como si quisiera comerme. 

Foto de sus ojos, zoom, fotos de su piel, fotos de sus patas, fotos de la jaula, fotos con plano detalle y fotos generales. Suspiro y apago la cámara para no quedarme sin bateria. 

Giro sobre la silla, la radio está encendida y puedo escuchar al notero:  ofrecen recompensa por fotografiar al misterioso hombre que trepa por las paredes, se esconde detrás de los edificios y salva a las personas. Algunos dicen que solo los niños pueden verlo, otros piensan que es un adolescente con problemas que sabe utilizar la tecnología. Yo, no creo en eso. No creo que haya alguien con la capacidad para preocuparse por si hay algún robo o si el mundo está a punto de romperse por la injusticia o falta de criterio de las personas. 

En fin. Prendo la cámara de nuevo y disparó hacia las ratas, algunas ya se escondieron. 

Los días continúan pasando. La recompensa aumenta. Parece que los medios periodísticos tienen algo con encontrar la cara de este misterioso superhéroe. 

En otro día de trabajo, me entero que un nuevo experimento ingresó. Era un joven, no menos de veinticinco años. Contextura mediana. Alto. Con la piel un poco violácea. Manchas. Y extrañamente lleva una vestimenta apretada. Pero no lleva máscara. Nunca me mira. Tiene la cabeza gacha. Los del laboratorio me piden que les saque algunas fotos. Lo hago. Saco detalles de su traje, detalles de las marcas en su cuello, detalles de su rostro, aunque no me vea. Hago mi trabajo ya que para eso me pagan. Termino de sacar las fotos. Los del laboratorio me piden confidencialidad. Acepto. 

Vuelvo a mi casa y descargo las fotos. Mientras observo, me doy cuenta que este chico es el superhéroe del que todos hablan, pero en las fotos se ve vulnerable y roto. Busco el anuncio de recompensa, si bien, no está en acción, son de él las fotos. Antes de enviar el mensaje a la empresa de diario, pienso, pienso en lo fácil que fue. Pienso que no me costo llegar a nada a él, no hubo ninguna adrenalina y me siento mal. Quizás no todos tenemos que hacer tantos sacrificios por conseguir una foto o si? me pregunto a mi misma. Cierro el chat con la empresa y no envio nada. 

Yo no soy la clase de fotógrafa que se hunde en las profundidades para sacar una foto a una ave o se pinta y ensucia con barro para estar en plena amazonas intentando capturar un yaguareté. Yo trabajo en suelos sencillos, eventos de cumpleños, partidos de futbol, certamenes de baile y ratas en sus jaulas. No tendría por que sentirme mal si no me subo a un ochentavo piso. o si? 

Bueno. Eso no paso… pero ahora estoy en un avión. A no sé cuántos pies de altura. Tengo la garganta seca, mis oidos estan tapados. Y me siento una tonta. El laboratorio tuvo la gran idea de probar cuánto oxígeno y agilidad puede mantener este superhéroe. Y me pidió que capture el momento, cada momento de la bajada. Acepte, por que soy muy tonta y necesito el dinero. Hablamos de millones. Acepte con la condición de que este seria mi ultimo trabajo… si es que no muero. 

El avión llegó a una distancia de prueba. El corazón me latía a mil por segundos. Tenía mi paracaídas, las piernas me temblaban, en que momento acepte poner mi vida en riesgo, me pregunté en mi cabeza. El superhéroe no tenía un paracaídas. Lo miro pero él nunca me mira. Nos lanzamos.

Tiempo después.

-¿Eres fotógrafa? 

-Si, lo soy. 

-¿Y qué estas dispuesta hacer por sacar fotos a este artista? te muestran la foto de un cantante. 

Te quedaste observando la foto, estabas en una entrevista de trabajo. Un trabajo nuevo. Tú último trabajo paso por tu cabeza como un rayo de luz. 

-Creo que estaría dispuesta a… mejor dicho… ya no tengo límites. Usted me puede decir que lo enamore, me esconda en su casa o lo espere dentro de un auto por dos días y lo haré. Le aseguro que no existe limites para mi. 

- Perfecto, señorita. Entonces estaremos en contacto con usted. Gracias. 

FIN. 

 

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