De imprudencias y golpizas

No ficción

Me acababan de dar de baja de la secundaria del Franco Inglés, mi meta era estudiar una carrera universitaria, necesitaba la preparatoria, logré encontrar una preparatoria cerca, se llamaba (ya no existe) Instituto Universitario León Felipe (IULF), allí hice la preparatoria, esa preparatoria quedaba en la Colonia Escandón, en la Cerrada de la Paz, para llegar allá tenía que caminar desde mi casa y pasar enfrente de la Universidad La Salle, en aquel tiempo la Universidad La Salle era para gente muy pudiente por llamarle de alguna manera, ahora ya no tanto.

Como les comenté anteriormente pasaba enfrente de la Universidad La Salle diariamente entresemana para llegar al IULF, en aquellos ayeres yo tendría 15-16 años, en una de tantas idas al IULF vi una chava, supongo que estudiaba en la Facultad de Arquitectura de La Salle por su regla T y las maquetas que ocasionalmente traía consigo, bien guapa la chava, nunca supe su nombre ¿edad? Calculo que tendría unos 21 años, curvilínea, se ponía vestidos ajustados al alto vacío (bien apretados) generalmente negros de una sola pieza, su estatura tal vez sería de 1.65 m, cabellera negra tampoco voy a pretender que se parecía a Scarlett Johansson en Bajo la Piel, pero la chava estaba guapa eso era innegable, imposible no voltear a mirarla,  el caso es que yo volteaba a verla con insistencia, inclusive ya sabía a qué hora iba a poder pasar por ahí para tener la posibilidad de admirarla, lo malo es que siempre estaba rodeada de un montonal de supongo compañeros de clase que iban tras ella como moscas tras la miel. La chava comenzaba a caminar y estaba hirviendo como colmena de tantas abejas alrededor, uno le cargaba la regla T, el otro los libros, el de más allá las maquetas (cuando llevaba maquetas). La competencia estaba muy dura, así que solo me quedaba admirar de lejitos y ya.

En un arrebato de locura se me ocurrió comprarle una rosa roja y entregársela.  Ya sabía a qué hora la chava iba a salir, al día siguiente esperaba haciendo guardia ansiosamente a que saliese, deseaba que no estuviese como siempre rodeada de sus compañeros, sin embargo, mis deseos no se hicieron realidad, ella salió como todos los días rodeada de pretendientes, en el colmo de la imprudencia fui a entregarle la rosa roja personalmente aun cuando estaba rodeada de sus admiradores de su misma edad (más o menos) y yo era menor.

Me escabullí entre la multitud que la rodeaba y le entregué la rosa roja, ella me guiñó un ojo y me dijo “gracias”, mientras se despedía de mí, yo no daba crédito a lo que me sucedía, pero pronto uno de sus admiradores me devolvió a la realidad de un empujón, mientras otros dos me veían con caras de muy pocos amigos, evaluando la situación rápidamente me retiré y seguí mi camino al IULF, al llegar a la preparatoria fue notoria mi alegría, pero los acontecimientos del día siguiente no serían precisamente agradables.

Ya estaba envalentonado, me dije “si me aceptó la rosa, pues ya le puedo hablar”, así que me vestí bien y monté guardia desde temprano enfrente de la Universidad La Salle al día siguiente. Súbitamente sentí un golpe en el costado, no supe si sería con el puño, patada u objeto contundente, lo cierto es que me doblé del dolor y oí:

  • ¿Este es el cabroncito?
  • El mismo escuincle que se quiere hacer el chistosito, vamos a darle un paseo.

Dijeron algo más, pero entre que estaba más ocupado cubriéndome de los golpes y que estaba bien confundido, solo escuché eso, después de certeros golpes me noquearon, abrieron la cajuela de un coche y me dejaron caer como costal.

Me sacaron de la cajuela y al salir me paré todo tambaleante y entonces me di cuenta de que una de las patas de mis lentes estaba rota, me enfurecí y me lancé al que tenía enfrente ¡error garrafal!, me pusieron una paliza, seguramente la mas fuerte que me han puesto en mi vida, la primera vez que caí alcancé a oír “mira lo que hago con tus lentes cuatro-ojos”, mientras uno de los que había visto el día anterior los pisaba con sus botas, otro más mientras se reía me dijo “mira donde quedó tu camisa”, mientras la agitaba toda rota frente a mí, en ese momento me percaté que no traía la camisa puesta, un tercero dijo “traes Levi’s descarado, vamos a enseñarte”, me sujetaron y concienzudamente dejaron hechos jirones mis pantalones de la rodilla para abajo, después me siguieron golpeando una y otra vez hasta dejarme  inconsciente.

Revisé bien donde estaba, había hierba y eso ¿Qué era? Después supe que estaba cerca del Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria, por las afueras de la ciudad, era la tarde-noche, vi restos de tela humeante de lo que seguramente fue mi camisa, estaba descalzo pero solo habían aventado mis tenis, los alcancé y me los puse, recogí el pedazo más grande de lo que quedaba de mis lentes y lo utilicé como monóculo para ver algo, no tenía dinero para regresar a mi casa, me regresé caminando a mi casa, todas las personas con las que me atravesé se me quedaban viendo, incluso varios me preguntaron si me habían atropellado o asaltado. Pasé enfrente de un restaurante y uno de los meseros me dijo que pasara al baño a limpiarme la cara, me vi en el espejo y estaba lleno de lodo, con los ojos de chinito de tan hinchados que tenía los pómulos, los labios obviamente inflamados y sangre por todos lados, me lavé, le agradecí y seguí mi camino, llegué a mi casa, lo primero que hice fue bañarme y cambiarme, en el hospital me dijeron que “solo” tenía un diente menos, moretones, laceraciones y contusiones en la cara y el cuerpo, pero ningún hueso roto, me prescribieron reposo por tres días, todo ese fin de semana estuve en recuperación.

A partir de ese día para llegar al IULF decidí rodear la Universidad La Salle y no ir directo a la preparatoria, aunque tardaba mas.

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