Versión del Aleph

Fantasía

El señor Castelman posee cierto control sobre un sueño recurrente. Es decir, puede soñarlo cada vez que lo desee. Para ello le basta solo con cerrar los ojos y pensar en un pez payaso dentro de una pecera, nadando desde un extremo hasta el otro. 

Entonces, el señor Castelman sueña con dos estaciones distanciadas una de otra por una eternidad. Sueña que esas dos estaciones y el tren son todo el Universo. 

La administración del sistema ferroviario, creen los pasajeros, que son todos los seres que habitan aquel Universo, es deficiente, y el tren jamás se pone en marcha. Por consiguiente, el nacimiento y la muerte son acontecimientos que suceden siempre en espera de la partida del tren. 

Lo que no saben (pero sí lo sabe Castelman por ser un visitante ocasional y por lo tanto estar fuera de aquel entramado cósmico) es que el tren ya partió a la hora señalada cada vez, y ha llegado en horario a su destino. Ser un observador absoluto de aquel absoluto espectáculo le permite a Castelman comprender que el tamaño del tren también es eterno, y abarca la distancia entre estaciones. Se compadece, entonces, de los personajes de su propio sueño, que creen percibir el tiempo y no perciben más que el cúmulo de situaciones sucediendo de manera contemporánea. En la totalidad de la existencia, la imposibilidad del tiempo es necesaria. 

Hasta aquí, la recurrencia del sueño no suele variar. Pero cuando comienza a observar dentro del tren, el señor Castelman se somete a las leyes del más común soñador y pierde cualquier control sobre lo que vaya a soñar. Y sueña que ve. 

Ve en un asiento junto al baño a un payaso con una herida de daga mortal en el pecho. Ve un pan enmohecido. Ve a un cura predicar que el tren se mueve. Ve un monstruo con dientes de sal devorar la locomotora y ve a Goya pintando al monstruo. Ve un hilo de baba cayendo desde la comisura del labio de un viejo, pero no ve al viejo, sino a la madre del viejo pariéndolo sin dolor. Ve luz. Ve a un rey vetando la ley de gravedad y a otro rey sentenciando a morir a los que osaron volar. Ve las huellas de un fantasma, las sombras, los ecos y un cartel de prohibido estacionar. Ve a un chino con un carrito que pasa vendiendo café y es emperador. Ve, bajo la pollera de una mujer, a un niño que se saca un moco de la nariz. Ve el moco y una rosa. Ve la lluvia que cae en presente perfecto. Ve un suicidio y una madre. Ve a Hoddle, Reid, Sansom, Butcher y Fenwick con ochenta años tomando una cerveza en los suburbios de Manchester y contando una historia. Ve a Prometeo trabajando para la Ford. Ve a un alumno que logra abrir una ventana del tren y mirar hacia afuera, ve al profesor que lo reta y continúa explicando la Historia Universal. Ve un camino de huesos y corazones que desemboca en Lanús. Ve una familia de patos cruzando un desierto y las hormigas detrás. Ve a Cortázar llorando. Ve una estampida de plumas derrocando un gobierno. Ve un tenedor. Ve los signos de los signos. Ve el centro. Ve un punto que se destruye. Ve los bordes y las diagonales. 

Nunca soñó que se veía en su sueño soñando que se ve. Tal vez sea imposible, piensa Castelman, por no pertenecer al mundo ficcional de los sueños. Como el pez que no comprende la existencia fuera de la pecera. 

Temo que el señor Castelman madure su razonamiento.

 

Comentarios 5

M
Mariluz Franco6 de marzo de 2025
Me gusta la literatura de Borges. Va mi like. Lo seguiré leyendo, tiene usted un gran talento.
C
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R.D.M.11 de febrero de 2025
El señor Castelman me suena como que a un programa de ciencias que a veces pasan en la televisión, pero no se si me equivoco. Pero tienes sueños extraños ahora hay que preguntarle al señor Castelman si ha tenido sueños en blanco y negro?
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Federico De Gennaro11 de febrero de 2025
En respuesta a R.D.M.: jajajajajaj! Algo de eso hay! Suelo escribir estos relatos después de leer algo de divulgación científica o de ver algún video en ese sentido! Y si sueña en blanco y negro, no sabría decirte... Me parece que eso le pertenece a él y no lo va a revelar!
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R.D.M.11 de febrero de 2025
En respuesta a Federico De Gennaro: Que bien lo sospechaba !

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