Artemporal
Narrativa¿Para qué escribimos, para que leemos, para qué vemos películas, para que conocemos gente, para qué nos enamoramos?
¿Para qué?
En medio de este nuevo ruido (entre tanto ruido) ruido que se ha puesto de moda y al que le llaman "dar la batalla cultural", algunos podemos analizar cuál es el sentido de esos códigos que maneja la humanidad, ese artefacto al que conocemos como lenguaje, ese que con una compleja sintaxis; bautiza y moldea las formas y maneras en que entendemos y nos relacionamos con el mundo que nos rodea, ya sea ese entorno cercano más inmediato hasta con el universo infinito.
Se dice que la materia no es inmutable ni desaparece, cambia se transforma, claro dependiendo de su naturaleza; una roca también cambia, pero los efectos de esos cambios tardarán mucho más en aparecer, mucho más rápido en las formas efímeras de una nube que no solo cambian en su aspecto pero más pronto que tarde se convierten también en agua, granizo o nieve. Por eso a veces es tan sorprendente, increíble, desepcionante y desmotivador también, el hecho de que hagamos una lectura, veamos una película, conozcamos a una persona y estas no nos cambien.
El arte que es una extensión de ese lenguaje humano, no es entretenimiento, como tampoco lo es conocer a alguien una persona no se reduce a eso, no está ahí para reforzar tu comodidad y tu forma a priori de entender el mundo, no está ahí para que le digas a tus amigos o contactos que te gustó, porque es el tipo de personas o historias a las que les das like y vas con la siguiente. No es un "plan" para hacer más divertido o menos tedioso tu domingo, no está para matar el tiempo, no está ahi; para acercarte un poquito más a tu vejez, no esta ahí para acercarte a la muerte en vida. Está para que veas o entiendas las cosas de una forma distinta, para mover tu punto de vista, para que hagas otro encuadre, para que imagines una puesta en escena distinta, para que entiendas a otros personajes que son distintos a ti.
Una soledad demasiado ruidosa.
«No bebo para divertirme, ni para pasar el rato, ni para conciliar el sueño. Bebo para penetrar en el corazón mismo de los textos.
Bebo jarras de cerveza no para emborracharme los borrachos me horririzan, sino para poder reflexionar mejor.
Bebo para que el texto me despierte para que la lectura me produzca escalofríos.
Porque comparto la visión de Hegel de que una persona noble no es necesariamente un aristócrata ni un criminal un asesino».
Bohumil Hrabal




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