Verity. La sombra de un engaño — O cómo salí del cine necesitando un abrazo y una copa de vino
Reseñas generalesVale. A ver. Siéntate, porque necesito hablar de esto y no sé muy bien por dónde empezar.
Llevaba semanas viendo el tráiler en bucle, como una persona normal, eh, y cada vez que salía esa música y Dakota Johnson ponía esa cara de "yo no he roto un plato en mi vida" mientras Anne Hathaway la miraba como si supiera exactamente cuántos platos había roto y dónde estaban enterrados los trozos... se me ponía la piel de gallina. Literal. Y yo pensaba: "bueno, será el hype, será el hype, luego vas al cine y sales diciendo 'meh, estaba bien'".
Pues no.
No, no, no.
Salí del cine el jueves en el pase de prensa y me quedé en el parking como diez minutos mirando al vacío. Mi amigo me mandó un WhatsApp que decía "¿y?" y le respondí: "tío, no puedo hablar ahora, necesito procesar que Anne Hathaway acaba de destruir mi sistema nervioso".

A ver, de qué va esto (sin spoilers, lo juro por mi madre)
Lowen (Dakota Johnson) es una escritora que está pasando por el peor momento de su vida. De esas que te sientas a escribir y el cursor parpadea y tú parpadeas y el cursor sigue parpadeando y llevas tres horas así y has pedido comida a domicilio dos veces. ¿Te suena? A mí me sonó mucho, y no soy escritora, pero entiendo la energía de "mi vida profesional es un desastre y me estoy agarrando a cualquier cosa".
Total, que le ofrecen un trabajo que parece un regalo del cielo:
terminar la saga de libros de Verity Crawford (Anne Hathaway), una autora famosísima que tuvo un accidente horrible y está... bueno, incapacitada.
Lowen se muda a la casa de Verity para trabajar con sus notas y con sus manuscritos, y ahí es donde empieza todo a irse a la mierda, pero de la forma más elegante y más perturbadora posible.
Porque encuentra una autobiografía. Una autobiografía que Verity escribió y que NUNCA pensó que nadie leería. Y lo que pone ahí dentro...
Dios.
Lo que necesito decir sobre Anne Hathaway
Escúchame bien: yo quiero a Anne Hathaway. La quiero desde El diario de la princesa. La quise en Los miserables aunque me hiciera llorar en el metro un martes por la mañana con "I Dreamed a Dream" en los auriculares. Pero esto... esto es otra cosa.
Hathaway hace algo en esta película que no sé cómo describir sin sonar como una loca. Verity está en esa cama, y hay momentos en los que NO SABES. No sabes si está consciente. No sabes si te está mirando. No sabes si ese movimiento del dedo fue real o te lo imaginaste porque llevas una hora con los nervios a flor de piel. Y hay una escena — no voy a decir cuál — donde Hathaway hace algo con la mirada que me hizo agarrar el brazo de la persona que tenía al lado. Una desconocida. Le agarré el brazo a una señora desconocida y ella no se quejó porque creo que estaba igual de tensa.
Es de esas actuaciones que te hacen pensar:
"¿esta mujer está bien? ¿Alguien ha hablado con ella? ¿Necesita terapia después de rodar esto?"
Y lo digo como el mayor cumplido posible.
Dakota Johnson me sorprendió y no me lo esperaba
Voy a ser honesto porque esto es un tono humano y aquí no venimos a fingir: yo a Dakota Johnson la tengo catalogada en mi cabeza como "la chica de Cincuenta Sombras que luego hizo cosas indie interesantes pero que a veces me cuesta tomarme en serio en thrillers". Lo sé, es injusto, es mi problema, estoy trabajando en ello.
Pero aquí... tío. Aquí está increíble. Lowen es un personaje que tiene que cargar con una vulnerabilidad constante, con esa sensación de "no debería estar aquí, esto me viene grande, pero necesito este trabajo porque si no me desahucian", y al mismo tiempo tiene que ser lo suficientemente inteligente y curiosa como para tirar del hilo aunque todo su cuerpo le grite que salga corriendo. Y Johnson lo clava. Hay una escena en la que está leyendo la autobiografía y la cámara se queda en su cara y ves cómo se le va descomponiendo la expresión, como si cada párrafo le quitara una capa de seguridad, y yo estaba ahí en la butaca pensando "para, para, deja de leer, SAL DE ESA CASA, LOWEN, POR LO QUE MÁS QUIERAS".
Pero no para. Y tú tampoco puedes dejar de mirar.
Josh Hartnett está ahí y es Josh Hartnett y eso es suficiente
¿Os acordáis de cuando Josh Hartnett era EL chico de Hollywood y luego desapareció un poco y ahora vuelve de vez en cuando y cada vez que vuelve tú dices "ay, Josh, qué guapo sigues siendo, qué injusta es la vida"? Bueno, pues aquí hace de Jeremy, el marido de Verity, y es... es perfecto en ese papel de tío que es encantador y atento y te hace sentir especial y tú estás ahí pensando "¿esto es real o es parte del juego?" porque ya no te fías de NADIE. La película te ha roto la confianza en la humanidad y lleva solo 40 minutos.
Hay una tensión entre Lowen y Jeremy que es de esas que te hacen morder el labio sin darte cuenta. No es la típica tensión sexual de peli, es más como... dos personas que están rodeadas de oscuridad y encuentran un momentito de luz y tú quieres que funcione pero al mismo tiempo estás pensando "esto va a salir mal, esto va a salir MUY mal, pero porfa que se besen aunque sea una vez antes de que todo explote".
Michael Showalter, ¿tú qué has hecho?
Esto es lo que más me flipa. Michael Showalter dirigió The Big Sick y The Eyes of Tammy Faye. O sea, un tío que viene de la comedia romántica y del drama biográfico. ¿Y de repente se saca ESTO? Un thriller psicológico que te deja con el corazón a mil y las manos sudorosas y ganas de llamar a tu madre para decirle que la quieres?
La dirección es súper contenida, y creo que eso es lo que la hace tan efectiva. No hay sustos baratos. No hay música estridente que te diga "¡AHORA ASÚSTATE!". Es todo silencios, miradas, planos que se quedan un segundo más de lo cómodo en una habitación vacía y tú empiezas a escanear cada rincón de la pantalla pensando que vas a ver algo horrible. Y a veces lo ves. Y a veces no, y eso es peor, porque tu imaginación es mucho más sádica que cualquier cosa que te pueda enseñar una pantalla.
La casa de los Crawford es un personaje más. Es de esas casas que son bonitas pero que huelen a secreto. Ya sabes a lo que me refiero. Esa casa que tiene demasiadas habitaciones cerradas y demasiada luz natural que de alguna manera no consigue que te sientas a gusto.

Lo que me tocó la fibra (y aquí me pongo un poco intenso)
Más allá del thriller, que es brutal y funciona como un reloj suizo, hay algo en el fondo de esta película que me tocó de una forma que no me esperaba.
Va sobre la maternidad. Sobre los límites de la maternidad. Sobre esas cosas que las madres piensan y nunca dicen en voz alta porque la sociedad las crucificaría. Sobre el resentimiento, el agotamiento, la sensación de haber perdido tu identidad. Y sobre hasta dónde puede llegar una persona cuando siente que está atrapada en una vida que ya no reconoce como suya.
Y no te voy a mentir, hay un momento en la película donde Verity escribe algo en esa autobiografía sobre sus hijos y yo... tuve que tragar saliva muy fuerte. Y mirar al techo. Y pensar en mi madre. Y pensar en todas las madres que conozco. Y sentir que esta película estaba diciendo en voz alta algo que todo el mundo piensa pero nadie se atreve a verbalizar, y eso es incómodo, y es valiente, y es necesario, y me cabreó un poco que me hiciera sentir así un jueves por la tarde cuando solo quería ver un thriller entretenido con Anne Hathaway.
¿Es perfecta? No. Y me da igual.
¿Hay cosas que podrían estar mejor? Supongo. El tercer acto acelera un poco y hay un giro que, si has leído el libro, ya te ves venir, y si no lo has leído, quizás te pille un poco desprevenido o quizás lo intuyas porque la película te ha estado entrenando para desconfiar de todo. Y hay un par de momentos donde pensé "esto en el libro seguro que funciona mejor porque tienes más tiempo para meterte en la cabeza de Lowen".
Pero ¿sabes qué? Me da exactamente igual. Porque cuando una película me agarra así, cuando me hace agarrar el brazo de una desconocida, cuando me deja en el parking mirando al vacío, cuando me hace llamar a mi mejor amiga a las once de la noche para decirle "tienes que ver esto, TIENES que ver esto, no te puedo contar nada pero tienes que ir", los defectillos me importan un pimiento.
En resumen
"Verity. La sombra de un engaño" es de esas películas que te recuerdan por qué te gusta el cine. No es solo un thriller. Es una experiencia. Es sentarte a oscuras con un montón de desconocidos y sentir que todos estáis conteniendo la respiración al mismo tiempo. Es salir y no poder dejar de pensar en ella. Es discutir con tus amigos sobre el final durante tres días. Es releer la sinopsis y darte cuenta de que no te habían contado ni la mitad.
Anne Hathaway debería estar recibiendo premios o al menos una disculpa pública de todos los que dudamos de ella alguna vez. Dakota Johnson me ha hecho comerme mis prejuicios con patatas. Josh Hartnett sigue siendo Josh Hartnett y eso es un regalo para la humanidad. Y Michael Showalter ha demostrado que puede hacer lo que le dé la gana.
Vayan a verla. El 2 de octubre. En cine, por favor, en cine, que esto en el sofá con el móvil en la mano no es lo mismo. Lleven a alguien a quien puedas agarrar del brazo. Y luego vayan a tomar algo, porque van a necesitar hablar de ello.
Yo sigo pensando en esa escena. Ya sabes cuál. La de la mirada.
No voy a superarlo.
Nota personal e intransferible: Un 8,5 que sabe a 9 porque me tocó cosas que no sabía que tenía tocables.
















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