La Isla Olvidada y la belleza de la memoria.
Reseñas generalesEl recuerdo es lo que construye a la persona.
Aprendemos de experiencias, gestos, situaciones, salidas, consejos, palabras y más, y todo eso se queda congelado en nuestra memoria.
Es de nuestra familia quien nos enseña desde un principio, y después, en la medida que sos afortunado y los tenés, de tus amigos.
Se habla mucho de las peleas familiares y de pareja, pero muy poco sobre qué nos pasa cuando perdemos a alguien con el que no tenés ese vínculo romantizado, sino uno que muchas veces se da por sentado.

Jo (H.E.R.) y Raissa (Liza Soberano) se conocen en la niñez, en medio de un día caótico en el colegio. Raissa ve a Jo y, fascinada por sus historias sobre una isla fantástica llamada Nakali, forman un vínculo de por vida. A través de los años, comparten la imaginación, los chistes internos y esa confianza que se genera desde las salidas, las películas compartidas, las canciones y más.
En su última noche juntas, antes de que Raissa se vaya a la universidad, el destino interviene y terminan en el colorido mundo de Nakali, un lugar donde todo parece muy lindo hasta que se dan cuenta de que, para volver, deberán entregar los recuerdos que construyeron su amistad.
¿Y qué es una amistad sin memoria?
Desde el principio tenemos esa idea. En la introducción (que tiene ese efecto Up, donde sólo la presentación puede ser un corto independiente), se muestra la relación entre Jo y su abuela a la par de la amistad de Jo y Raissa. Para Jo, su vida no sólo es su amiga: también es su abuela, quien la cría e impulsa.

El par vive el principio de su vida adulta en los 90s, donde para ellas la música es importante.
El sonido no sólo se menciona, sino que la película está llena de canciones que calzan perfecto: INXS, A-Ha, Simple Minds y más. La música no sólo llena silencios, sino que se vuelve una con las escenas y te puede llevar de la risa al llanto.
La película le da vida a esos recuerdos mediante un tipo de animación dinámica, colorida y mutante.
Así como pasó en The Mitchells vs. the Machines y Spider-Man: Into the Spider-Verse, acá se combinan estilos y la animación se vuelve un juego. El recuerdo cambia según el mood del personaje o de la situación.
Los diferentes “reinos” se pueden distinguir fácilmente y cada personaje, secundario o no, tiene un crecimiento. La villana, Manananggal, tiene la medida perfecta para que sea un poco creepy pero no llegue a ser perturbadora.

Para La isla olvidada se tomaron elementos visuales del arte filipino y el diseño gráfico de los 90s, como el color neón y las figuras geométricas, principalmente usando animación 2D, así como también elementos de otros ámbitos: estilos de anime como Dragon Ball Z, Sailor Moon y Street Fighter. Además de estilo de cómics y uno más realista cuando muestran películas live action.
Los detalles son increíbles: hay manchas en la piel, cicatrices y detalles mínimos de esos que nos gustan cuando se vuelve a ver más de una vez.
Gran parte se hizo desde el estudio Snipple Animation, en Quezon City. La idea de los directores era honrar el peso que tiene la animación filipina y su contribución a las películas de animación, tanto para hacerlo como para contarlo.
El país está muy presente en la película, desde lo religioso, la isla, el lenguaje, la comida y más. La propia película construye Nakali a partir de criaturas e historias que Jo y Raissa conocen desde chicas a través de Lola, la abuela de Jo.

Algo que me resultó hermoso fueron los créditos. Entre los títulos vemos fotos del elenco con sus mejores amigos. Es el cierre perfecto para esta película: el recordar a quienes nos acompañan.
La isla olvidada es la celebración de una de las relaciones más importantes de la vida. Es mostrarnos que no sólo la familia biológica es la que cuenta: la elegida puede ser lo mismo o más.
Es las risa a la madrugada en juntadas, el llorar en el hombro del otro y las anécdotas que seguimos contando en meriendas diez años después.












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