LA CAPTURA: DETENER AL HOMBRE EQUIVOCADO SE PUEDE CONVERTIR EN TU PEOR PESADILLA
Reseñas generalesHay días malos en el trabajo. Se descompone el coche, el jefe está insoportable, aparece trabajo cinco minutos antes de salir… y luego está el nivel de mala suerte de Carmona y Rosales: estar terminando su jornada, detener un vehículo robado y descubrir que uno de sus ocupantes es nada menos que Joaquín “El Chapo” Guzmán.
La captura toma esa premisa y construye alrededor de ella una película sorprendentemente sencilla. No intenta reinventar el thriller policial ni convertir cada cinco minutos en una explosión. Su principal virtud está precisamente en otro lugar: hacer que el espectador sienta que está metido en la patrulla junto a sus protagonistas.
La película, dirigida por Chava Cartas, sigue a dos agentes federales durante las últimas horas de un turno que pasa rápidamente de rutinario a absolutamente infernal. Alfonso Herrera interpreta a Carmona y Noé Hernández a Rosales, mientras Héctor Kotsifakis encarna a Guzmán. La historia está inspirada en hechos reales y parte de una crónica de Héctor de Mauleón.
Pero aquí El Chapo es casi la excusa.
La película realmente pertenece a los policías.
Dos patrulleros, un problema gigantesco
Uno de los mayores aciertos de La captura es entender que conocemos el desenlace histórico. No existe demasiado misterio alrededor de quién es el detenido ni necesitamos otra producción empeñada en explicarnos durante dos horas quién fue Joaquín Guzmán.
Lo interesante es preguntarse algo mucho más sencillo:
¿Qué demonios haces cuando eres un policía común y descubres que acabas de detener a uno de los criminales más poderosos del país?
Ahí funciona la película.

Carmona y Rosales no son presentados como superpolicías cinematográficos capaces de disparar mientras saltan de un edificio y aterrizan sin despeinarse. Son dos hombres conscientes de la magnitud del problema que acaba de caerles encima.
Y eso permite que Alfonso Herrera y Noé Hernández carguen prácticamente con toda la película.
La tensión nace del miedo, las dudas, las amenazas, las decisiones y de esa incómoda sensación de que cualquier cosa puede salir terriblemente mal.
El espectador no contempla los acontecimientos desde lejos: los acompaña.
Está con ellos dentro de la patrulla. Espera con ellos. Escucha las amenazas. Percibe su incertidumbre y comparte esa paranoia creciente de no saber exactamente en quién pueden confiar.
Esa cercanía termina siendo mucho más efectiva que llenar la pantalla de balazos.
También vale la pena detenerse en Alfonso Herrera.

Porque sí, inevitablemente una generación completa todavía puede escuchar el nombre de “Poncho Herrera” y pensar en RBD. Pero reducirlo actualmente a aquella etapa sería ignorar una trayectoria actoral que lleva años intentando y consiguiendo alejarse de ella.
Herrera ha sabido involucrarse en proyectos que le permitan pulir sus cualidades como actor, y uno de los ejemplos más claros fue Ozark, donde apareció durante su cuarta temporada como Javier “Javi” Elizondro.
Aquí vuelve a moverse dentro de un universo criminal, pero desde una posición completamente diferente.
Su Carmona funciona porque Herrera evita convertirlo en el típico policía heroico e indestructible. Hay vulnerabilidad, nerviosismo y humanidad. Y junto a un estupendo Noé Hernández, construye una dupla creíble.
La química entre ambos sostiene buena parte del relato.
Son policías, sí, pero antes que eso son dos tipos metidos en un problema monumental tratando de averiguar cómo salir vivos de él.
Una película que sabe lo que quiere ser
La captura tampoco necesita aparentar más de lo que es.
Es una película relativamente pequeña, directa y concentrada en sus personajes. No posee una puesta en escena espectacular ni secuencias destinadas a convertirse en referentes del cine policial. Quien llegue esperando una especie de Sicario a la mexicana probablemente tendrá que bajar un par de velocidades sus expectativas.
Pero tampoco las necesita.
Su escala reducida termina beneficiándola porque deja espacio para las interpretaciones.
La cámara permanece cerca de los protagonistas y permite observar cómo la seguridad inicial va desapareciendo conforme comprenden exactamente a quién tienen bajo custodia y las posibles consecuencias de haber hecho correctamente su trabajo.
Porque ahí existe una ironía bastante amarga: detener al delincuente es apenas el principio del problema.
La verdadera tensión comienza después.
Sencilla, efectiva y con muy buen sabor de boca
¿Es La captura espectacular?
No.
¿Necesita serlo?
Tampoco.
Y quizá esa sea una de las razones por las que funciona.

Es una producción sencilla que encuentra su fortaleza en colocar a sus protagonistas en una situación extraordinaria y permitirles actuar. Alfonso Herrera y Noé Hernández aprovechan perfectamente esa oportunidad.
No pretende impartir una clase definitiva sobre el narcotráfico mexicano ni construir una gigantesca epopeya alrededor de Joaquín Guzmán. Cuenta una historia concreta desde el punto de vista de dos hombres que tuvieron la pésima fortuna o extraordinaria suerte, dependiendo de cómo quiera verse de estar trabajando en el lugar y momento indicados.
Cuando aparecen los créditos quizá no tengas la sensación de haber visto una obra maestra del cine mexicano.
Pero sí queda un muy buen sabor de boca.
Y en tiempos donde algunas películas necesitan dos horas y media, siete giros argumentales y presupuesto suficiente para financiar un municipio con tal de mantener nuestra atención, que La captura consiga hacerlo apoyándose principalmente en dos actores, una patrulla y una situación extraordinaria tiene bastante mérito.
PUNTUACIÓN: 8.5/10
Una película sencilla, tensa y efectiva, sostenida por sus protagonistas y por una narración que consigue algo fundamental: durante poco más de hora y media, no observamos a Carmona y Rosales desde afuera.
-Danny Varekai-






Comentarios 0
Todavía no hay comentarios.