Una sola noche: el problema de los hook-ups
Reseñas generalesEn un futuro no muy lejano, una facción de fanáticos religiosos controla gran parte del mundo y decide atacar a la juventud en lo que considera su núcleo más frágil: el sexo casual, al que señalan como el único responsable de la caída de la natalidad. Con la complicidad de magnates tecnológicos en busca de beneficios, se imponen microchips obligatorios en la muñeca: rojos para solteros y verdes para casados, si te encuentras en el primer grupo cada vez que vas a tener sexo casual con una persona se activa una alarma instantanea para que la policia puede arrestarte por decidir tener sexo consensuado con otra persona. Pero en una “Purga Orgásmica”, anual, una sola noche en la que se permite tener relaciones con quien quieras sin consecuencias legales.
Esa es la primicia de One Night Only (EEUU, 2026) del director Will Gluck (Easy A, Anyone But You) protagonizada por Callum Turner (Eternity y ser el marido de Dua Lipa) y Monica Barbaro (Top Gun Maverick, A Complete Unknown). La trama sigue a dos jóvenes que navegan esta jornada de desenfreno y terminan viviendo la mejor noche de sus vidas. El problema es que el film plantea una crítica feroz a la cultura del encuentro casual mientras roza la idea absurda de que, tal vez, "los fascistas tenían razón esta vez" (palabras textuales de la película).

La historia recurre al clásico esquema de "chico conoce a chica y se enamoran en una sola noche", solo que atravesado por la urgencia institucional de consumir el acto sexual antes de que venza el plazo. El guion adopta una postura tajante al asumir que todas las interacciones juveniles contemporáneas desembocan automáticamente en sexo sin conexión real. Lo cual resulta contradictorio, ya que una de las criticas hacia la Generación Z es, precisamente, la disminución de la actividad sexual en comparación con generaciones anteriores. Sin embargo, en la distopía de Gluck, el poder estatal asume lo contrario y decide normar el deseo a una sola ventana anual.
Como todas las grandes historias de amor, se ambienta en Nueva York. Un pizzero (Turner) y una cantante (Barbaro) cruzan sus caminos mientras intentan conseguir el último preservativo con sobreprecio de la ciudad para tener relaciones... con otras personas. Recurso que veremos repetir a lo largo del largometraje, incluso con estafas sexuales.
La historia se desarrolla en esa sola noche, y se aprecia el trabajo fotográfico de Yaron Orbach, retrata una Nueva York nocturna convertida en un monstruo gigante y claustrofóbico donde todos los habitantes corren desesperados por alcanzar el clímax.
Pero ni la atmósfera visual ni la innegable química entre Turner y Barbaro logran rescatar al film de sus repeticiones y de su propia indecisión ideológica. La película vacila constantemente a la hora de posicionarse sobre el tema que plantea. Por ejemplo, nunca explica cómo afecta esta prohibición a la comunidad LGBTQ+, limitando todo el panorama a parejas heterosexuales en un universo que pretendía satirizar la totalidad de las dinámicas afectivas modernas. One Night Only intenta balancearse entre la comedia romántica contemporánea y la sátira sobre la hook-up culture, pero se queda a mitad de camino.

A pesar de todo esto, me resulta llamativo que una comedia romántica de estas características consiga un estreno exclusivo en salas de cine y no quede confinada a una plataforma de streaming. Algo que viene golpeando al género desde su declive a principios de la década de 2010.









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