Lucrecia Martel, Doctora Honoris Causa.

Reseñas generales

 

La Universidad Nacional de Córdoba reconoció esta tarde a la cineasta salteña en una ceremonia repleta de un público agradecido hacia su arte. Tras la presentación de su obra por parte de las autoridades y la entrega del título y medalla, la directora brindó una conferencia titulada: “Dónde empiezan y terminan las cosas”. (14-08-2026)

                            (foto U.N.C.)

 

Ella destacó la presentación del coro "que por una vez no viste de luto”. Es una observación que se extiende al clima que reina en la sala: alegría; es un momento solemne, pero también emotivo, y de celebración. Siguiendo esta consigna, el coro interpretó una pieza brasileña, un candombe y “un muchacho de barrio”, clásico del cuarteto, dándole  el sello cordobés a un recital que representa el marco latinoamericano y la mixtura de culturas que nos caracteriza. El coro que se mueve en relación al ritmo, que incluye también  al cuerpo, está musicalizado por una excelente banda  percusiva. Los tambores evocan la presencia africana en “Baile para los morenos”, hacia el final se hacen más fuertes, más vehementes, exigentes. Señala también lo indígena y las fiestas populares que fusionan esas identidades, que como señala después Lucrecia, estaban fuera del mito fundacional de la nación.

Las élites que gobernaron siempre miraron hacia afuera y el cine muchas veces lo justificó. Esta es una de las ideas fuertes que desarrolla sin dejar de lado su mirada poética del mundo, sobre las cosas que disparan su reflexión a partir de la observación, los miriápodos (ciempiés), un par de zapatos, la idea de par, el disenso, el consenso, el conflicto.

Lucrecia plantea hacerse cargo “de a poquito,” pero ya mismo de nuestra situación como país. Su manera, fue hacer películas como su documental más reciente: “Nuestra tierra” (2025) en el que se indaga sobre el asesinato de Javier Chocobar, un líder indígena en Tucumán.

Lucrecia nos convoca más allá de la sala de proyección, con su tono afable y esa calidez  orgullosamente provinciana. Hace un llamado a “tomar las riendas del guión”, a dejar el rol de espectador en la vida.

La conferencia transcurre de una forma intimista, hay muchas personas, el recinto está colmado pero se siente familiar. Sentada con su libreta manuscrita sobre la mesa, conversa con un discurso que envuelve. Todo es muy natural, se percibe la pertenencia como un estado de ánimo.  Un micrófono  de pie inclinado acorde a su postura, porta una bandera que Lucrecia instaló allí, el pañuelo azul con el  logo y la inscripción que proclama una existencia: Universidad pública y gratuita.

La suya es una voz que amerita la escucha desde lo ficcional, documental, tanto como desde la oratoria. Voz que desafía los mandatos de la industria cinematográfica, desde su contenido y su condición de mujer argentina “del interior”. Lucrecia se desempeñó en la dirección, guión y producción en diversos filmes. Algunas de sus películas son: La ciénaga (2001), La niña santa (2004), La mujer sin cabeza (2008) y Zama (2017). La invitación está hecha.

 

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