La Odisea de Christopher Nolan: el precio de regresar
Reseñas generalesHay historias que sobreviven porque cuentan una aventura, y hay historias que sobreviven porque contienen una pregunta que cada generación vuelve a formular. La Odisea pertenece a la segunda categoría. Durante casi tres milenios, el viaje de Odiseo ha sido interpretado como una historia de aventuras, una epopeya heroica, una reflexión sobre la astucia y una alegoría del regreso. Christopher Nolan retoma este relato, pero lo contempla desde una sensibilidad profundamente contemporánea: la de un mundo que conoce demasiado bien las consecuencias de la guerra, la tecnología y el poder.

En la versión de Nolan, el viaje de Odiseo no debe entenderse únicamente como el recorrido de un héroe que intenta regresar a Ítaca. Es el viaje de un hombre que intenta regresar después de haberse convertido en otra persona. Troya ha terminado, pero la guerra continúa dentro de él. La victoria ha sido alcanzada, pero su precio todavía debe pagarse.
Esta diferencia es fundamental. En una epopeya tradicional, el héroe parte, enfrenta obstáculos, vence y finalmente regresa. En Nolan, la estructura es más trágica: el héroe vence y precisamente por haber vencido debe enfrentarse a las consecuencias de aquello que hizo.
La verdadera pregunta de la película, por tanto, no es simplemente cómo regresará Odiseo, sino qué quedará de Odiseo cuando finalmente regrese.
Desde esta perspectiva, La Odisea puede leerse simultáneamente como una obra histórica, filosófica, psicológica y cinematográfica. Es una reflexión sobre la guerra y sus consecuencias, sobre la inteligencia convertida en instrumento de destrucción, sobre la familia como lugar de pertenencia, sobre la hospitalidad como principio moral y sobre el problema más antiguo y más moderno de todos: qué debe hacer el ser humano con el poder que posee.
1. Ítaca: mucho más que un lugar

Para comprender la película es necesario comenzar por Ítaca.
Ítaca no es simplemente el destino geográfico de Odiseo. Es la representación de aquello que da sentido a su existencia: Penélope, Telémaco, su casa, su reino y la identidad que poseía antes de la guerra.
Aquí resulta pertinente Aristóteles cuando afirma que "el hombre es por naturaleza un animal político" (Política, I, 2, 1253a). El ser humano, para Aristóteles, no se realiza completamente aislado, sino dentro de una comunidad.
Por eso el viaje de Odiseo es también un viaje hacia su propia pertenencia.
Él no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere volver a ser esposo.
Quiere volver a ser padre.
Quiere volver a ser rey.
Pero existe un problema: el tiempo no puede retroceder.
Penélope ha cambiado.
Telémaco ha cambiado.
Ítaca ha cambiado.
Y Odiseo ha cambiado.
Por eso el regreso perfecto es imposible.
El nostos, el regreso, no consiste en recuperar el pasado, sino en aceptar que el pasado ya no puede recuperarse.
Esta es una de las ideas más profundamente humanas de la película.
Todos tenemos una Ítaca: una persona, una familia, una época, una versión de nosotros mismos a la que alguna vez quisimos regresar. Pero la vida posee una crueldad particular: incluso cuando conseguimos regresar, aquello a lo que volvemos ya no es exactamente aquello que dejamos.
2. Troya y la fabricación del héroe
La guerra de Troya es el acontecimiento que transforma a Odiseo.
Antes de la guerra existe un hombre.
Después de ella existe un héroe.
Pero Nolan introduce una pregunta que las sociedades suelen olvidar:

¿qué ocurre con el hombre cuando la sociedad necesita convertirlo en héroe?
La guerra recompensa determinadas características: obediencia, resistencia, agresividad, estrategia, capacidad de matar y capacidad de soportar la muerte de otros.
Estas cualidades pueden ser necesarias para sobrevivir en una guerra, pero no necesariamente son las mismas que permiten construir una vida pacífica.
Aquí la reflexión de Hobbes resulta pertinente. En el Leviatán, describe la guerra mediante una condición dominada por el miedo y el peligro de muerte violenta. En ese mundo, la supervivencia se convierte en la prioridad.
Odiseo aprende precisamente esa lógica.
Para sobrevivir debe desconfiar.
Debe engañar.
Debe anticiparse.
Debe utilizar a otros.
Debe matar.
El problema aparece cuando la guerra termina.
El guerrero debe abandonar una mentalidad que durante años fue indispensable.
La espada puede guardarse.
La guerra interior no necesariamente.
3. Agamenón: cuando la victoria se convierte en condena
Agamenón representa la dimensión política de la guerra.
Si Odiseo es la inteligencia que ejecuta la estrategia, Agamenón es el poder que moviliza hombres, ejércitos y recursos.

Su presencia recuerda que las guerras no son simplemente enfrentamientos entre individuos. Son estructuras políticas.
Aquí puede utilizarse la distinción de Hannah Arendt entre poder y violencia. El poder depende de la capacidad de actuar colectivamente; la violencia, en cambio, posee un carácter instrumental.
La guerra convierte a los seres humanos en instrumentos.
El soldado se transforma en instrumento del ejército.
El ejército se transforma en instrumento del Estado.
La violencia se convierte en instrumento de la política.
Agamenón encarna esta lógica.
Pero existe una ironía trágica: quien utiliza el poder para conquistar puede terminar siendo destruido por aquello mismo que conquistó.
La victoria no garantiza la felicidad.
La gloria no garantiza la paz.
Y el regreso no garantiza la redención.
Agamenón demuestra que puede conquistarse una ciudad y perderse una vida.
4. Menelao y la política de las pasiones
Menelao permite observar otro aspecto de la guerra: la transformación de una pasión privada en una catástrofe colectiva.

La historia de Troya está profundamente relacionada con Helena, pero el conflicto demuestra cómo una situación personal puede adquirir dimensiones políticas.
La humanidad tiene una tendencia peligrosa: convertir sus emociones en causas colectivas.
La venganza puede transformarse en justicia.
El orgullo puede transformarse en patriotismo.
La ambición puede transformarse en destino.
Y el deseo de poder puede presentarse como deber.
Menelao pertenece a esta dimensión del relato.
La película permite preguntarse cuántas guerras han comenzado porque hombres poderosos fueron capaces de convertir sus deseos personales en causas aparentemente nobles.
5. Odiseo: el héroe que descubre el precio de su inteligencia
Odiseo es quizás el personaje más filosóficamente complejo porque su principal virtud es también su principal peligro.

Su metis —su astucia, inteligencia estratégica y capacidad para engañar— le permite sobrevivir.
Pero la inteligencia es moralmente neutral.
Una mente brillante puede construir una solución admirable.
También puede construir una destrucción perfecta.
El caballo de Troya representa exactamente esta paradoja.
Odiseo no destruye Troya porque sea más fuerte.
La destruye porque comprende cómo piensan los troyanos.
Su inteligencia convierte la confianza del enemigo en un arma.
Aquí aparece el gran dilema moral de su personaje:
¿cuándo deja la inteligencia de ser una virtud y comienza a convertirse en una forma de dominación?
Kant ofrece una respuesta especialmente poderosa cuando sostiene que debemos tratar a la humanidad "siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio".
Odiseo, sin embargo, vive constantemente en el territorio de los medios y los fines.
Para ganar, utiliza personas.
Para sobrevivir, engaña.
Para regresar, mata.
Y la pregunta que Nolan parece colocar detrás de todas estas acciones es inquietante:
¿cuánto puede sacrificar un hombre antes de que su victoria deje de pertenecerle moralmente?
6. El caballo de Troya: la primera gran arma de la inteligencia
El caballo de Troya puede considerarse el símbolo central de toda la película.
No es simplemente un caballo de madera.

Es una idea.
Y una idea puede ser más poderosa que un ejército.
Su verdadero poder no está en la madera, sino en la capacidad de manipular la percepción del enemigo.
Los troyanos no son derrotados porque no tengan armas.
Son derrotados porque creen.
Creen que el caballo es una ofrenda.
Creen que los griegos se han marchado.
Creen que están seguros.
La tragedia comienza precisamente cuando la confianza es utilizada contra quien confía.
Esto conecta nuevamente la Odisea con la xenia, la antigua institución de la hospitalidad.
La civilización necesita confianza.
Pero la confianza también puede convertirse en vulnerabilidad.
Por eso el caballo de Troya posee una dimensión filosófica mucho más profunda:
la inteligencia de Odiseo vence precisamente porque comprende las reglas de la civilización y sabe cómo romperlas.
7. Odiseo y Oppenheimer: dos hombres frente a su creación
Aquí aparece una de las comparaciones más poderosas que permite la película.

Odiseo y Oppenheimer pertenecen a épocas completamente diferentes, pero pueden ser interpretados como dos versiones de una misma figura: el creador intelectual que descubre que su creación tiene consecuencias que superan su intención inicial.
Odiseo crea el caballo.

Oppenheimer participa en la creación de la bomba atómica.
Uno destruye una ciudad mediante una estrategia.
El otro ayuda a crear un arma capaz de destruir ciudades mediante la física.
No son equivalentes histórica ni moralmente.
Pero la estructura filosófica es semejante:
conocimiento → poder → destrucción → responsabilidad.
Oppenheimer recordó el Bhagavad Gita después de la primera explosión nuclear: "Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos".
La frase resulta estremecedora porque convierte al científico en espectador de su propia creación.
El hombre descubre que su inteligencia ha producido algo que puede destruir aquello mismo que pretendía proteger.
Odiseo experimenta una versión mítica de ese problema.
Su inteligencia consigue la victoria.
Pero la victoria lo persigue.
Aquí Heidegger resulta especialmente útil cuando afirma que "la esencia de la técnica no es en absoluto nada técnico".
El problema de una herramienta no se encuentra únicamente en su funcionamiento.
Se encuentra en la relación que establecemos con el poder que nos proporciona.
El caballo de Troya y la bomba atómica pertenecen a escalas incomparables, pero ambos pueden simbolizar una misma transformación:
la humanidad ya no necesita ser físicamente más fuerte que su enemigo; necesita ser intelectualmente capaz de encontrar una forma de destruirlo.
Y esto produce una pregunta todavía más peligrosa:
si podemos hacerlo, ¿significa que debemos hacerlo?
8. Oppenheimer y la tragedia del conocimiento
Oppenheimer introduce una dimensión que vuelve a la película sorprendentemente contemporánea.

La tragedia no está en saber.
Está en saber algo que puede cambiar el mundo y descubrir después que no existe una manera sencilla de controlar sus consecuencias.
La ciencia puede decirnos cómo construir una bomba.
No puede decidir por nosotros cuándo utilizarla.
La tecnología puede ampliar nuestro poder.
No puede garantizar nuestra sabiduría.
Aquí aparece una diferencia fundamental entre inteligencia y prudencia.
Odiseo posee inteligencia.

Oppenheimer posee inteligencia.
Pero la pregunta ética exige algo más:
sabiduría.
La tragedia del ser humano moderno consiste precisamente en que su poder tecnológico puede crecer mucho más rápido que su madurez moral.
El mito de Odiseo anticipa simbólicamente ese problema.
9. La ley de Zeus: el extranjero como prueba de civilización
La llamada "ley de Zeus" adquiere una importancia especial en la película.

Históricamente, puede relacionarse con Zeus Xenios y con la xenia, la obligación de proteger y respetar al extranjero y al huésped.
La hospitalidad no era una simple cortesía.
Era una institución moral.
El extranjero que entraba en una casa debía ser recibido, alimentado y protegido.
Esto revela algo profundo sobre las sociedades antiguas:
la civilización se medía también por la manera en que trataba al desconocido.
El extranjero representa lo que no conocemos.
Protegerlo significa aceptar una obligación incluso cuando no sabemos exactamente quién es.
Pero el caballo de Troya convierte esa virtud en una vulnerabilidad.
Odiseo entiende que para destruir una sociedad civilizada debe manipular precisamente aquello que la hace civilizada.
La hospitalidad se convierte en una puerta.
Y detrás de esa puerta entra la destrucción.
10. Lot y Sodoma: cuando una virtud se convierte en dilema
La comparación con Lot resulta todavía más inquietante.

En Génesis 19, Lot recibe a dos extranjeros y se niega a entregarlos a una multitud que quiere violentarlos. En una de las escenas moralmente más perturbadoras de la Biblia, llega a ofrecer a sus propias hijas para proteger a los visitantes.
El episodio no debería ser interpretado como una aprobación moral de esa decisión.
Su importancia está precisamente en su carácter trágico.
Lot intenta cumplir una obligación moral —proteger al extranjero— pero termina enfrentando otra obligación igualmente fundamental: proteger la dignidad de sus hijas.
Aquí aparece un conflicto entre deberes.

¿Puede protegerse a una persona sacrificando a otra?
Kant respondería negativamente desde el principio fundamental de tratar a la humanidad como fin y nunca simplemente como medio.
Esto ilumina también el problema de Odiseo.
El héroe griego utiliza personas para alcanzar un objetivo.
Lot está dispuesto a sacrificar personas para cumplir otro objetivo.
En ambos casos aparece la misma pregunta:
¿existe algún fin suficientemente importante para justificar cualquier medio?
La respuesta de la película parece ser cada vez más negativa.
11. Penélope: la heroína que no necesita una espada
Uno de los grandes aciertos interpretativos de la historia es que Penélope permite redefinir el concepto de heroísmo.

Odiseo enfrenta monstruos.
Penélope enfrenta el tiempo.
Odiseo atraviesa mares.
Penélope permanece en un lugar donde cada día puede significar la pérdida definitiva de su esposo.
Odiseo combate físicamente.
Penélope combate social y psicológicamente.
Su resistencia no produce grandes batallas, pero mantiene vivo aquello por lo que Odiseo lucha.
Ítaca no existe solamente porque Odiseo quiere regresar.
Existe porque Penélope ha conseguido conservarla.
Por eso Penélope representa una idea de heroísmo diferente:
la capacidad de permanecer cuando todos los demás se han marchado.
Su espera no es vacío.
Es resistencia.
12. Telémaco: ser hijo de un mito
Telémaco posee otro tipo de tragedia.

No tuvo la oportunidad de conocer plenamente a su padre.
En su lugar, heredó una leyenda.
Odiseo es para él simultáneamente padre y mito.
Esto genera un conflicto de identidad.
¿Cómo puede un hijo superar la sombra de un padre legendario?
Telémaco debe aprender que convertirse en hombre no significa convertirse en Odiseo.
Significa convertirse en Telémaco.
Aquí Sartre puede ser útil: el ser humano está condenado a ser libre porque no puede escapar completamente de la responsabilidad de construir su propia existencia.
Telémaco no eligió ser hijo de Odiseo.
Pero sí puede elegir qué hacer con esa herencia.
Su viaje representa la transformación de una identidad heredada en una identidad elegida.
13. Circe: cuando el héroe descubre que no puede controlarlo todo
Circe representa una forma de poder diferente.

Odiseo está acostumbrado a resolver problemas mediante estrategia.
Pero Circe introduce un mundo en el que el conocimiento no consiste solamente en controlar.
También consiste en transformarse.
Ella representa el límite de la racionalidad guerrera.
Odiseo descubre que no todo puede ser conquistado mediante fuerza o astucia.
Hay experiencias que deben ser comprendidas.
Hay personas que no pueden ser reducidas a piezas de una estrategia.
Circe funciona así como una prueba de humildad.
El hombre que consiguió engañar a Troya descubre que existen misterios que no pueden ser derrotados mediante inteligencia militar.
14. Calipso: la tentación de no regresar
Calipso representa una tentación mucho más profunda que cualquier monstruo.

Ella no ofrece muerte.
Ofrece comodidad.
No le dice a Odiseo: "muere".
Le ofrece algo más peligroso:
"quédate".
Su isla puede interpretarse como una prisión construida con placer.
Odiseo podría abandonar la guerra, el dolor, la responsabilidad y la incertidumbre.
Pero entonces abandonaría también Ítaca.
Calipso representa la tentación de olvidar.
Y aquí la película plantea una pregunta existencial:
¿es mejor vivir sin dolor o vivir una vida que tenga sentido aunque implique dolor?
Odiseo elige regresar.
No porque Ítaca sea perfecta.
Sino porque pertenece allí.
La libertad no consiste en evitar todo sufrimiento.
Consiste en elegir aquello que merece nuestro sufrimiento.
15. Zeus: destino contra libertad
La presencia de Zeus introduce otro problema clásico: ¿somos realmente libres?

En el mundo homérico, los dioses intervienen en la existencia humana.
Pero Nolan transforma esta cuestión en algo más ambiguo.
El destino existe, pero las decisiones también.
Odiseo puede ser perseguido por fuerzas superiores, pero sigue tomando decisiones.
Esta tensión es esencial porque la tragedia necesita responsabilidad.
Si todo estuviera completamente determinado, Odiseo no sería responsable.
Pero si todo dependiera exclusivamente de él, los dioses perderían sentido.
La película permanece en esa zona intermedia.
El ser humano está limitado.
Pero dentro de esos límites todavía decide.
Y precisamente porque decide, puede ser juzgado.
16. Nietzsche: el héroe y el monstruo
La famosa advertencia de Nietzsche —"quien con monstruos lucha debe cuidar de no convertirse a su vez en monstruo"— parece escrita para interpretar a Odiseo.

El héroe combate monstruos, pero también utiliza métodos monstruosos.
Engaña.
Mata.
Manipula.
Destruye.
La pregunta final es incómoda:
¿cuánto puede parecerse un héroe a aquello que combate antes de dejar de ser héroe?
Esta es quizá la gran tragedia moral de Odiseo.
No tiene que convertirse literalmente en un monstruo.
Puede convertirse en algo más peligroso:
un hombre que ha olvidado por qué comenzó a luchar.
17. La psicología del regreso
La verdadera batalla de Odiseo comienza cuando termina la guerra.
Su cuerpo quiere volver.
Pero su mente continúa en Troya.

La película puede interpretarse desde la psicología del trauma: los acontecimientos del pasado continúan afectando la percepción del presente.
Por eso el viaje adquiere una estructura casi onírica.
El mar funciona como memoria.
Las islas funcionan como recuerdos.
Los monstruos funcionan como miedos.
El inframundo funciona como confrontación con la muerte.
Calipso funciona como olvido.
Ítaca funciona como identidad.
La estructura completa del viaje puede interpretarse entonces como un proceso de reconstrucción psicológica.
Odiseo no está buscando únicamente un lugar.
Está intentando reconstruir una identidad rota.
18. El montaje: el tiempo como memoria
Aquí aparece una de las mayores posibilidades cinematográficas de Nolan.
El tiempo no necesita ser presentado únicamente de forma lineal.
Puede funcionar como memoria.

El pasado puede aparecer dentro del presente.
Los acontecimientos pueden adquirir significado únicamente después de que han ocurrido.
Esto corresponde perfectamente con la psicología del trauma.
El pasado no desaparece porque haya terminado cronológicamente.
Continúa existiendo en la memoria.
Por ello, la estructura temporal de la película puede convertirse en una representación visual de la mente de Odiseo.
El espectador experimenta la historia como él experimenta su pasado:
fragmentada, repetitiva y emocionalmente presente.
19. La fotografía: el hombre frente al infinito
La fotografía de la película utiliza la escala para producir una sensación de pequeñez.

El mar es gigantesco.
Las tormentas son gigantescas.
Las criaturas son gigantescas.
Los ejércitos son gigantescos.
Y Odiseo es pequeño.
Esto posee una dimensión filosófica.
La película recuerda constantemente que el ser humano puede conquistar ciudades, construir armas y desarrollar estrategias brillantes, pero continúa siendo vulnerable frente al universo.
El héroe no domina completamente el mundo.
Solo aprende a sobrevivir dentro de él.
La grandeza visual de Nolan tiene así una función filosófica:
mostrar la grandeza del ser humano y, simultáneamente, su insignificancia.
20. La música: memoria, amenaza y hogar
La música de Ludwig Göransson completa esta experiencia.

La combinación de sonoridades antiguas con elementos contemporáneos evita que el mundo parezca simplemente histórico.
Es un mundo antiguo visto desde la sensibilidad del siglo XXI.
La música puede representar aquello que las palabras no consiguen expresar.
La guerra posee una música.
El mar posee otra.
Los monstruos poseen otra.
Ítaca posee otra.
Penélope y Telémaco representan aquello que Odiseo recuerda.
La música se convierte así en memoria.
No solamente acompaña la imagen.
Recuerda por el personaje.
Y esta es una de las funciones más poderosas que puede tener una banda sonora.
21. La película como crítica del heroísmo
La película también puede interpretarse como una crítica del concepto tradicional de héroe.

El héroe clásico es aquel que vence.
Pero Nolan parece preguntar:
¿y si vencer no fuera suficiente?
El héroe puede ganar una guerra y perder a su familia.
Puede conquistar una ciudad y perder su paz.
Puede sobrevivir y perder una parte de sí mismo.
Puede convertirse en leyenda y dejar de saber quién es.
Por eso la película transforma el significado del heroísmo.
El verdadero héroe no es necesariamente quien mata al monstruo.
Puede ser quien consigue regresar sin convertirse completamente en aquello que combatió.
22. La grandeza y las limitaciones de Nolan
La mayor virtud de Nolan es precisamente haber entendido que adaptar a Homero no significa reproducirlo literalmente.

Significa interpretarlo.
Nolan utiliza la Odisea para hablar de cuestiones modernas: trauma, tecnología, guerra, memoria, identidad y responsabilidad.
Sin embargo, esta modernización también tiene un precio.
Cuanto más psicológica se vuelve la historia, más se reduce su dimensión religiosa.
En Homero, los dioses no son simplemente símbolos psicológicos.
Son parte de la estructura misma del universo.
Al disminuir esa dimensión, Nolan obtiene una historia más cercana al espectador contemporáneo, pero puede perder algo de la extrañeza religiosa que hacía único al mundo homérico.
También existe el riesgo de que el espectáculo visual domine la tragedia.
Una película tan monumental puede convertir el mito en entretenimiento.
Pero la Odisea es mucho más que aventura.
Es una tragedia sobre el tiempo.
Sobre la pérdida.
Sobre la identidad.
Sobre aquello que hacemos para sobrevivir.
Regresar no significa volver a ser el mismo
La Odisea de Christopher Nolan puede interpretarse finalmente como una reflexión sobre el precio del poder humano.

Odiseo representa la inteligencia.
Agamenón representa el poder.
Menelao representa la pasión convertida en política.
Penélope representa la resistencia.
Telémaco representa la identidad.
Circe representa la transformación.
Calipso representa el olvido.
Zeus representa el destino.
Los monstruos representan aquello que amenaza nuestra humanidad.
Y Troya representa el mundo que destruimos para conseguir aquello que creemos necesitar.
El caballo de Troya resume toda esta filosofía.
Es una obra de inteligencia extraordinaria.
Y precisamente por eso resulta peligrosa.
Odiseo descubre que una mente brillante puede ganar una guerra.
Oppenheimer demuestra que una mente brillante puede cambiar la historia.
Pero Kant recuerda que ninguna victoria permite convertir al ser humano simplemente en un medio.
Nietzsche recuerda que quien combate monstruos corre el riesgo de convertirse en uno.
Heidegger recuerda que la técnica no es simplemente una herramienta, sino una forma de relacionarnos con el mundo.
Arendt recuerda que la violencia es instrumental.
Sartre recuerda que la libertad implica responsabilidad.
Aristóteles recuerda que necesitamos una comunidad para ser plenamente humanos.
Todos estos pensamientos convergen en una misma pregunta.
¿Qué sucede cuando nuestra capacidad para hacer algo crece más rápidamente que nuestra capacidad para comprender si debemos hacerlo?
Esta es la pregunta que conecta a Odiseo con Oppenheimer.
El caballo de Troya y la bomba atómica pertenecen a mundos diferentes, pero representan simbólicamente la misma advertencia: la inteligencia puede multiplicar el poder humano hasta dimensiones que la moral todavía no sabe controlar.
Y el episodio de Lot introduce una advertencia paralela: incluso una virtud como la hospitalidad puede convertirse en tragedia cuando un ser humano comienza a ser tratado como instrumento.
Por eso la película no trata únicamente sobre el viaje de un hombre.
Trata sobre la civilización.
Sobre lo que ocurre cuando una sociedad transforma la inteligencia en poder.
Sobre lo que ocurre cuando la guerra convierte personas en instrumentos.
Sobre lo que ocurre cuando la tecnología permite destruir más rápidamente de lo que somos capaces de reflexionar.
Y sobre lo que ocurre cuando un hombre regresa de una guerra y descubre que su verdadero enemigo ya no está fuera de él.
Está dentro.
Odiseo consigue finalmente llegar a Ítaca.
Pero esa no es la verdadera victoria.
La verdadera victoria consiste en descubrir si todavía puede amar a Penélope, reconocer a Telémaco, habitar su propia casa y aceptar aquello que hizo.
Porque regresar no significa recuperar el pasado.
Regresar significa aceptar que el pasado nos ha cambiado y decidir qué haremos con aquello en lo que nos hemos convertido.
Por eso la mayor tragedia de La Odisea no es que Odiseo tarde años en llegar a casa.
Es que cuando finalmente llega, comprende que Ítaca no puede devolverle al hombre que partió hacia Troya.
Y quizá esa sea la idea más profunda de toda la película:
La guerra termina cuando dejan de disparar las armas; la verdadera paz comienza cuando el ser humano consigue dejar de disparar dentro de sí mismo.
Referencias bibliográficas
Arendt, H. (2006). Sobre la violencia. Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1970).
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Hobbes, T. (2017). Leviatán. Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1651).
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Kant, I. (2012). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (R. R. Aramayo, Trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1785).
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Sartre, J.-P. (2007). El existencialismo es un humanismo. Edhasa. (Trabajo original publicado en 1946).
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Jungk, R. (1958). Brighter than a thousand suns: A personal history of the atomic scientists. Harcourt, Brace.




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