The Fall

Reseñas generales

¿Qué se hace cuando un desempleado termina de almorzar? 

Si, la respuesta es: “Buscar trabajo”.

Te diría que en parte, pero por mi lado: Me siento en mi sofá y mi corazón entra en depresión… 

Aunque, si te soy sincero: ¡yo soy Artista! Y me encanta hacerle el amor al arte.

Toda la parafernalia para hablar de la película que robó mi corazón hace unos meses y, unas lagrimitas. 

Después de almorzar, me senté de espaldas al sol, que se asomaba tímidamente por mi ventanal.

Abrí Letterboxd y, entre tantas películas, noté que ahí estaba THE FALL: una película donde la imaginación no es solamente esencial, sino una forma de escapar, de crear y de sobrevivir a la realidad.

Sí, aquí está el corazón del texto. Hay una idea muy potente: hacerle el amor al arte como una forma de intimidad con la propia creatividad. Te lo puliría respetando bastante tu voz, pero haciendo que el cierre tenga más fuerza:

Y pensé: quizá por eso estaba ahí. En mi top destacado.

Y sí, es una Joya Oculta. Porque más allá de ser una película de principios de siglo, mantiene intactas su voz, su color y esos personajes que terminan marcados en el corazón del espectador.

Además, su ritmo frenético desborda con autenticidad, firmeza y creatividad la narrativa.

Y, carajo: te entiendo, Roy.

Sentirse así. Que el destino no te deje en paz. Que insista en mantenerte vivo, incluso cuando parece no haber reparación.

Y es justo en ese momento cuando reafirmo eso de hacerle el amor al arte.

Mucho se habla del celibato, de no tener sexo complaciente, de aprender a estar solo. Pero, ¿te imaginas no tener intimidad con tu propio talento para crear?  Porque quizá crear también sea una forma de tocar aquello que todavía nos mantiene vivos.

Y yo, por ahora, prefiero seguir haciéndole el amor al arte.

Porque cuando uno se pierde en su pasión, el resto llega como añadidura. Y quizá por eso me encanta The Fall: El sueño de Alexandria.

Roy creaba, enseñaba e ideaba para cumplir su sueño, pero también lo hacía mientras estaba convaleciente, intentando regalarle una pequeña sonrisa a la ingenua y curiosa Alexandria.

Aunque, bueno… quienes hayan visto la película sabrán que no fue lo único que hizo.

Y, retomemos como me gusta a mí. Con preguntas existenciales al son de un tintico:

¿Nos cansamos de crear en nuestra cabeza?

Y, tal vez, sí. Porque a veces dejo mis libretas archivadas, llenas de polvo, sin mis ideas puestas sobre ellas…

Y a veces me cuestiono si, en medio de mi creatividad, vendrá alguna Alexandria para salvarme de mi infortunado descenso por el desierto, mientras mi espíritu de héroe desfallece y alguien me diga, con una voz dulce:

“Pero también es mi historia”.

A lo mejor por eso esta película es una joya oculta que todo creativo debería ver.

Y es que no importa si creas desde cosas cuestionables para la sociedad o por un factor de supervivencia. Creemos nuestro mundo y que al mundo le importe un pito nuestras ideas, porque, al fin y al cabo, son ellas las que nos ayudan a sobrevivir en nuestro propio caos mental.

Y quizá nuestro propio ser sea esa Alexandria que necesitamos para reconocernos mientras vivimos.

Finalmente, solo digo: “Qué lindo es crear, pero más rico es hacerle el amor todo el tiempo al arte”. Y que no sea un celibato voluntario o involuntario.

 

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