GIFF 2026: La rebelión comienza con el pan. Palestina 36 y el salto de la ocupación al despojo
Aspectos socioculturalesPara hacer esta reseña, como es mi estilo personal, decidí buscar en las plataformas más películas relacionadas con el tema de Palestina, y los resultados fueron sorprendentes. Los títulos que arrojaba la búsqueda pasaban de lo absurdo a lo ofensivo. Por ejemplo, de manera muy extraña entre las recomendaciones encontré múltiples obras que exploran o documentaban la realidad de otras masacres y genocidios, desde la Guerra de Ucrania, la represión en Bielorrusia, el genocidio armenio y el yemení. Este tipo de resultados me parecieron interesantes ya que me hacen pensar que el algoritmo reconoce claramente que lo que sucede en Gaza en este momento es un genocidio, solo que no tiene suficiente información y contenido para mostrar. Otro tipo de resultados es claramente racista y consta de documentales y películas de ficción sobre el terrorismo y los crímenes de los gobiernos autoritarios principalmente de Irán y Siria, menos amistosos con occidente que el árabe, el qatarí o el de Omán. Sin embargo, lo más frecuente en las recomendaciones fueron películas sobre el holocausto e incluso la biopic sobre Golda Meir y la epopeya sionista Éxodo, de Otto Preminger, donde se replica el mensaje de la búsqueda de una convivencia pacífica entre judíos y árabes, ignorando por supuesto la criminal expulsión de los palestinos y el robo descarado de sus tierras para cubrir las deudas morales de los países europeos. Finalmente, la mayor ofensa, recomendarme películas de Gal Gadot.
Y es esta una diapositiva clara de lo que ha sido la exploración de la historia del pueblo palestino, ignorada por completo o apenas abordada desde una visión cobarde, escondiéndose detrás de frases como que se trata de un tema muy complejo o que se necesita escuchar a ambas partes.
Por ello, es tan poderosa Palestina 36 de Annemarie Jacir y, al mismo tiempo, tan censurada. Annemarie hace un relato glorioso acerca de los esfuerzos de autodeterminación árabe frente a la ocupación británica, el desplazamiento de su gente y el despojo de sus tierras para entregárselas a los colonos judío-europeos expulsados por la expansión nazi. Un relato profundo y majestuosamente narrado y filmado, que resulta imprescindible para entender el actual genocidio en Gaza, el despojo de tierras en Cisjordania y el avance de la ultraderecha nacionalista en Israel, y que funciona perfectamente para abrir un festival de cine tan relevante como lo es el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, anteponiendo el compromiso del cine por mostrar las realidades a veces innaccesibles, y que ahora me es posible reseñarles gracias a Peliplat.
La historia
Arrebatada del desaparecido Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial por los británicos y mantenida bajo su dominio por el periodo entre guerras, Palestina formaba parte de una de las opciones que el movimiento sionista barajaba para la instauración de un estado judío, entre otras, como lo eran Argentina o el áfrica Oriental, lugares con fuertes asentamientos de judíos que huían de la persecución. Sin embargo, tras múltiples migraciones masivas huyendo principalmente del antisemitismo ruso del siglo XIX y principios del XX, los sionistas, inspirados por el nacionalismo alemán y el imperialismo británico, apoyados por fundamentalistas cristianos y guiados por una lectura profundamente ortodoxa de la Biblia, decidieron que era Palestina la tierra no solo indicada, sino destinada para asentarse definitivamente.
Es así como con el apoyo del gobierno británico lograron incrementar su presencia en la región y consolidar su dominio político, económico y social, logrando la instauración del Estado de Israel en 1948, tras el holocausto a manos del nazismo, en un acto inconcebible de despojo de tierras y derechos avalado por las Nacions Unidas, quienes delimitaron las fronteras de los dos nuevos estados, las cuales jamás serían respetadas y siguen transgrediéndose hoy en día.
Más de 80 años de confrontación, durante los cuales han habido sanguinarias guerras, ataques terroristas, espionaje y el recrudecimiento del control israelí en un lugar que múltiples políticos, académicos, activistas y diplomáticos han descrito como una prisión al aire libre. Todo eso tiene un inicio y a ese inicio se remonta Annemarie.

La película
Annemarie Jacir, multigalardonada directora palestina, la primera de esa nación en dirigir un largometraje, ha sido jurado y curadora de festivales de cine a nivel internacional y una incansable promotora de la cultura de su tierra y del cine creado por su gente. Poeta y activista, su cine sirve para dar voz a su pueblo y erradicar los mitos que son utilizados para justificar su extinción. En Palestina 36 confronta el más importante de ellos, el de la tierra sin pueblo, utilizado para validar la invasión y expulsión ralizada para asgurar el etno-estado israelí.
Con un guión escrito por ella misma junto a Selma Dabbagh, la película aborda la realidad de la región antes del conflicto y la gradual intromisión imperialista de los británicos que encuentran en la posibilidad de instaurar un estado dirigido por judíos europeos la oportunidad para controlar a un pueblo que consideran incivilizado e incapaz de la autodeterminación. A lo largo de la película podremos ver como detrás del proyecto operaban las mentes maestras que participaron en las iniciativas coloniales británicas en la India y en África.
Annemarie se centra en este aspecto de manera muy clara, siendo contundente el mensaje: la ocupación de esa tierra fue un proyecto colonizador y europeizante desde el inicio. Por ello encontramos retratados a personajes como el General Sir Arthur Grenfell Wauchope, interpretado por Jeremy Irons, quién durante su administración incrementó de manera exponencial la migración y entrega de tierras a la población judía, la expulsión de población árabe y cristiana y su concentración como refugiados exiliados, por lo cual se incrementaron las tensiones y las revueltas, llevándole a tomar medidas de castigo masivo a la población palestina, permitiéndo la persecución indiscriminada, las revisión de las propiedades sin ninguna orden previa, y la apropiación de propiedad privada sin compensación, medidas ya implementadas con anterioridad pero extendidas y exacerbadas a su llegada. También conocemos al oficial Charles Orde Wingate, interpretado por Robert Aramayo, un cristiano sionista fanático que organizo grupos armados de judíos y británicos para la persecución de los rebeldes árabes, aplicando métodos de tortura, de castigo masivo y asedio de poblaciones civiles, actos que fueron reconocidos y condecorados por el gobierno británico. Y que decir de Charles Tegart, interpretado por Liam Cunningham, quien debido a su éxito suprimiendo nacionalistas en la India y, por supuesto, en Irlanda, resultó ser clave para suprimir las protestas y actos revolucionarios de los palestinos.
En claro contraste, de la mano de la cinematografía de Hélène Louvart, Tim Fleming y Sarah Blum, la directora retrata una sociedad viva y colorida, nos lleva al interior de sus casas, nos comparte sus preocupaciones frente al cada vez más claro y contundente despojo de lo que es suyo. Campesinos, pescadores, criadores de pequeño ganado, los habitantes de esas casas de arenisca, barro o adobe expresan su arraigo a su estilo de vida, a su tierra, a sus antepasados, a su historia. Conocemos a la Palestina previa al despojo también en bellas imágenes de archivo recuperadas y restauradas. Visualmente la película es sobresaliente en su manejo de color y su aprovechamiento de las locaciones en Jordania y Jerusalem, mostrándonos bellos paisajes, resaltados por el sol vespertino y el bello color de las telas de vestidos y decoraciones.
Las interpretaciones de todos y todas en Palestina 36 son excepcionales, quizá por el compromiso que les genera el contar esta historia. A partir de esa exploración de la vida bucólica, conocemos a diferentes personajes, como Yusef, interpretado por Karim Daoud Anaya, un jóven que comienza a hacer una carrera como ayudante de un acaudalado palestino, Amir, interpretado por Dhafer L'Abidine, y que se mueve entre el mundo de la ciudad, donde los interess económicos priman aún por encima de los ideales y las luchas, y su pueblo, dónde la resistencia resulta inevitable ante la avanzada de asentamientos en sus tierras y el arrebato de sus derechos. También vemos la lucha de Khuloud, interpretada por Yasmine Al Massri, desde la trinchera del periodismo, donde, con un pseudónimo masculino, mantiene actualizada a la comunidad de las decisiones del poder, gracias al acceso que le da el ser pareja de Amir y escuchar las conversaciones de políticos y empresarios. Otra perspectiva es la de los hombres como es Khalid, interpretado por Saleh Bakri, quién al ser víctima cada vez de más injusticias, no encuentra otra salida que unirse a la lucha, y de Rabab, interpretada por Yafa Bakri una joven viuda que tiene que velar por sus padres, interpretados por Hiam Abbass y Kamel El Basha, y su hija, interpretada por Wardi Eilabouni. Por su parte, conoceremos también el impacto que estas medidas tienen en los cristianos palestinos al seguir al padre Boulos, interpretado por Jalal Altawil, y su hijo Kareem, interpretado por Ward Helou, quienes vivirán las acciones represivas del gobierno desde una perspectiva distinta, en una sociedad donde todos se ven forzados a tomar parte de algún bando.

Lo más extraordinario del talento de Annemarie es la manera en que logra que un tema tan complejo y vasto, con tantas voces y rostros por presentar, se integre de manera tan orgánica y atrapante. Sin grandes sermones ni sensiblerías, la directora nos conecta con los personajes y su situación a partir del retrato de su vida y su tierra, lo cual nos permite entender que no existe ninguna manera como interpretar la división arbitraria de una nación como un acto de justicia.

El diseño de producción es también notable. Con un presupuesto de alrededor de 12 millones, y con una lista de 46 productores y 20 compañías productoras asociadas, es el proyecto cinematográfico más grande en la historia de Palestina, y al ver el detrás de cámaras descubres que la magia que se muestra en la pantalla es el resultado de un equipo que apostó por la eficiencia frente a las condiciones adversas para la producción, que incluyeron el violento ataque de Hamas el 7 de octubre del 2023 y la subsecuente inestabilidad política debido a la crisis de rehenes y el inicio del bombardeo indiscriminado y criminal del Estado de Israel en Gaza. Ante esta inestabilidad, con grandes esfuerzos buscaron brindar una experiencia cinematográfica de altura y el resultado es incríble, lo cual te muestra que se puede crear cine de calidad a pesar de la ausencia de grandes nombres que se coman el presupuesto. Explosiones, confrontaciones entre militares y guerrilleros, tomas abiertas de locaciones adaptadas para revivir el pasado, todo ello acompañado de excelentes vestuarios, rara vez diseñados tan adecuadamente, sin estereotipos como suele ser en el cine occidental, y una banda sonora compuesta por Ben Frost e interpretada por la Orquesta Filarmónica de Qatar que emana un orientalismo respetuoso y apasionante.
Recuperando la memoria
Annemarie logra en Palestina 36 retratar un movimiento complejo lleno de desacuerdos e incluso contradicciones. Las diferentes perspectivas en las diferentes clases sociales de la comunidad palestina, caracterizada por el acaparamiento de tierras y la concentración del capital en manos de unos cuantos empresarios, dueños y terratenientes; la desorganización y desarticulación del movimiento rebelde árabe; las complicidades de las clases dominantes; el peso de la lucha armada sobre la población común, que sin embargo, ve como pierde su tierra y forma de sobrevivir impunemente.
Hoy, tras décadas de una historia sesgada y unilateral, contamos con un relato alternativo que nos abre los ojos a otra perspectiva sobre la historia de medio oriente. Una en donde no hay seres primitivos incapaces de vivir en paz, sino seres humanos que reaccionaron ante la opresión en busca de evitar su extinción. Y esto es cada día más claro para más personas. Esta es la razón por la cual esta película no ha encontrado distribución fuera de festivales, y por lo cual es tan relevante su presentación en un foro legítimo como lo es el GIFF.

Si con algo pudo cerrar esa reseña cargada de reflexiones y datos, es expresando que si algo tenemos que identificar al ver Palestina 36, es que esta no es una historia sobre un conflicto de judíos contra árabes, como siempre nos han contado y como la propaganda sionista pretende que lo entendamos. Se trata de un posicionamiento político específico que no representa a toda la población judía fuera de Israel y que no esta formado tampoco exclusivamente por personas judías, sino por un complejo entramado de cristianos fundamentalistas, empresarios seculares con intereses económicos, fanáticos religiosos, supremacistas , fascistas, entre otros, que lucran con la destrucción masiva y la erradicación de toda una civilización. Y solo nos queda esperar que en algún momento se hagan responsables de sus crímenes.
No puedo hacer otra cosa mas que dejar una imagen de lo que hoy queda de lo que en otra época fuera una región vibrante y poderosa y hoy esta reducido a escombros. Que la justicia llegue pronto.



















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