Crítica de "Evil Dead Burn" (2026): La Raimineta
Reseñas generalesEvil Dead nació en los años 80 de la mano de Sam Raimi en la dirección y Bruce Campbell como el rostro principal de la trilogía original. Más allá de la expansión de este universo hacia otros formatos, en las salas de cine tuvimos que esperar desde 1992 hasta 2013 para presenciar una nueva entrega cinematográfica. Esta llegó bajo la mirada de un realizador entonces emergente: el uruguayo Fede Álvarez. Raimi, en su rol de productor, suele tener un ojo clínico para ceder las llaves de su franquicia a directores en pleno crecimiento, permitiéndoles pilotar a su propio estilo esa genial maquinaria del horror llamada Evil Dead.
Aquella versión de 2013 -la cual, dicho sea de paso, me gustaría revisar pronto- es un excelente ejemplo de un remake que respeta el material de origen sin depender formalmente de él. Por su parte, la película de 2023 (Evil Dead Rise), comandada una vez más por un cineasta en ascenso, se convirtió en una de mis películas favoritas de ese año y en mi entrega predilecta de la saga en lo que va del siglo.
Tres años más tarde, emerge un nuevo capítulo que, si bien puede considerarse una secuela directa, "baila con su propio pañuelo" con notable autonomía. La narrativa vuelve a apostar por una protagonista femenina: Alice, una joven francesa repudiada por la acomodada familia de su exesposo. El relato nos la presenta inicialmente con matices grises; fuma, bebe y discute constantemente con su novio, quien aparenta ser el elemento calmo de la relación frente a la alteración de ella. Incluso, tras un grave accidente en el local que ambos manejan, su aparente frialdad sugiere un desapego emocional profundo. Sin embargo, Alice resulta ser la única que no evade ni enmascara lo que siente; posee un control real sobre sus emociones en lugar de ser esclava de ellas. La confrontación con el resto de los familiares confirma esta dualidad, pues cada integrante ha contribuido, a su manera, a la desintegración del núcleo familiar.
Este accidente no solo fractura su realidad, sino que desvela una oscura conexión entre la familia del novio y las entidades ancestrales invocadas por el célebre Libro de los Muertos. Alice posee un arco de personaje disruptivo respecto a los cánones de la franquicia; no obstante, lo que jamás se negocia es el respeto litúrgico hacia las obras precedentes. Se preserva el tono característico, los códigos visuales y la icónica locación de la cabaña en el bosque. En esta ocasión, el espacio físico opera como una perfecta metáfora visual: la casa ya se encuentra deteriorada desde el inicio y, a medida que avanza el metraje, se desmorona en paralelo a la destrucción moral y física de la familia.
En el plano estrictamente formal, la cinta se percibe legítimamente como parte del ADN de la saga. La puesta en escena de las posesiones demoníacas, el uso desenfrenado del gore, las coreografías de combate y la ejecución de los jump scares denotan una gran maestría técnica. Asimismo, destaca el aprovechamiento del diseño de producción y los espacios de la casa, convirtiendo diversos objetos cotidianos -introducidos sutilmente desde el primer acto mediante la técnica del plantado y recompensa- en herramientas clave para el clímax.
Si bien sostengo que Scream se mantiene como la mejor franquicia de la historia del terror, el resurgir de Evil Dead en las salas comerciales desde 2013 la consolida firmemente como la mejor saga del género en la actualidad. Sin duda alguna: en Sam Raimi confiamos.









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