El mayor riesgo de "Proyecto fin del mundo" fue no arriesgar lo suficiente.

Reseñas generales

Hay películas que terminan definiéndose tanto por lo que son como por aquello que deciden no ser. Proyecto Fin del mundo pertenece a aquellas que deciden no ser pero sin dejar de ser una buena película.

"Proyecto Fin del mundo" era una de las películas más esperadas de este mes de marzo.

La película parte de una premisa fascinante: el fin como disparador para reflexionar sobre la existencia, el sentido de la vida y, sobre todo, sobre los vínculos humanos. Sin embargo, a medida que avanza, da la sensación de que juega constantemente entre dos mundos. Por un lado, quiere hacer preguntas profundas y existenciales; por el otro, busca mantenerse lo suficientemente amable como para no alejar al gran público. Y en ese equilibrio, para mí, pierde parte de su fuerza.

Lo que más me quedó fue su mirada sobre las relaciones. En una época donde el individualismo parece convertirse en una virtud, la película recuerda algo esencial: no somos nada sin los demás. Somos porque hay otros que nos recuerdan quiénes somos, nos aman, nos contradicen y nos sostienen. Sin esos vínculos, incluso sobrevivir pierde parte de su sentido. Nuestra identidad se construye en el encuentro con el otro.

Proyecto Fin Del Mundo

También habla de la fragilidad de la existencia y de esa costumbre tan humana de postergar la vida, de dejar para mañana aquello que realmente importa, hasta que el tiempo deja de parecer infinito. Vivimos convencidos de que siempre habrá un mañana para decir "te quiero", para pedir perdón, para cambiar de rumbo o para hacer aquello que deseamos. Y cuando la muerte deja de ser una idea abstracta y se vuelve inminente, aparece la urgencia.

Project Hail Mary

Es una película contemplativa, con momentos de ternura, humor y una melancolía que atraviesa toda la historia. Quizás se extiende un poco más de lo necesario, pero nunca deja de ser agradable de ver.

Ryan Gosling sostiene gran parte del relato desde la contención, mientras Sandra Hüller aporta una presencia magnética y construye un personaje tan inquietante como creíble.

Me gustó. Pero también me quedó la sensación de que podía haber sido mucho más. No creo que le falten ideas; creo que le falta coraje para llevarlas hasta las últimas consecuencias. Insinúa mucho más de lo que desarrolla. Por eso termina siendo una película correcta, sensible e inteligente, pero no una experiencia transformadora.

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