3 clásicos que hablaron de amor sáfico y desafiaron a la censura

Reseñas generales

Antes de que el político republicano William H. Hays propusiera el reglamento de autocensura más conocido de la historia del cine, las películas solían ser más atrevidas en cuanto a su contenido.

Algunas cintas como Morocco (1930) o Queen Christina (1933) mostraron besos entre mujeres, mientras que sus personajes también sugerían que no eran heterosexuales.

Queen Christina (1933)

Las tramas, aunque no tan explícitas como lo sería una película moderna, insinuaban a menudo que había tensiones emocionales y preferencias diferentes a lo bien visto por entonces.

Pero a la que se le considera la primera cinta en abordar el tema del amor entre mujeres de forma auténtica y directa es alemana, y fue realizada por una directora, Leontine Sagan.

Mädchen in Uniform (1931) está basada en una obra de teatro escrita por la dramaturga Christa Winsloe y aborda la historia de una jovencita recién llegada a un internado que más tarde expresará una fuerte admiración por su profesora, la señorita von Bernburg.

Compone su reparto enteramente por mujeres. En el elenco se encuentra un variado grupo de adolescentes, de las cuales destacan varios de sus personajes; y luego está la propia profesora y el severo equipo de docentes que fungen como antagonistas.

Desde los primeros minutos, el espectador será capaz de notar que las estudiantes comparten cierta devoción por la profesora von Bernburg. Incluso a Manuela, la protagonista, se le advierte sobre enamorarse de ella.

En su caso, Manuela acaba de perder a su madre y se ve en una situación vulnerable. Está necesitada de afecto, y su melancolía no pasa por alto a la señorita von Bernburg, quien le extiende la mano y le dedica más atención que al resto de las alumnas.

Tal acercamiento hace que Manuela desarrolle un encaprichamiento por ella, y eso hará que más tarde se convierta en algo más que admiración.

La señorita von Bernburg, a pesar de su apariencia casta y estricta, suele tener un trato muy afectuoso hacia sus alumnas, pues las consiente y hasta da besos de buenas noches en la frente.

Durante una escena, y de las más polémicas, Manuela espera a que la señorita von Bernburg le dé su ansiado beso para dormir, pero la profesora se lo da en la boca. Al instante, la joven se lanza a sus brazos.

La polémica escena del beso

Aquí es donde destaca la dirección de Sagan, porque la relación entre las adolescentes, la manera en que se comportan y sus diálogos destilan autenticidad por doquier.

La mirada de todo el internado, así como los dilemas que comienzan a coexistir de la mano del conflicto —el encaprichamiento de Manuela trasciende—, se sienten muy orgánicos y reales.

Sin embargo, pese a que Sagan crea un retrato auténtico del amor adolescente y la feminidad, detalles por fuera delatan que hubo ciertos límites en la producción, como que no pudieran usarse de lleno algunas palabras o que el mensaje debía condenar la homosexualidad.

La cinta abordaba los valores prusianos y criticaba abiertamente la carestía y el militarismo previo al ascenso de Hitler. De modo que Sagan no solo se enfrentaba al qué dirían sobre la representación de la homosexualidad, sino a un sistema que no permitía críticas.

Aun así, con todo y la censura, Mädchen in Uniform (1931) resistió los embates de la desaprobación prusiana y parece ser hoy, más bien, una protesta contra la represión del amor.

Sagan mostraba interacciones de afecto más atrevidas

Sagan eludió con mucha inteligencia reglas que debía respetar. Por ejemplo, hizo que después de nuestro visionado no acabáramos pensando que Manuela tuviera una enfermedad mental, sino que sintiéramos empatía por ella.

Tampoco pintó a la profesora como una persona fría o esquiva que no solo no correspondería el amor de su alumna más dedicada; nos mostró a una mujer comprensiva y dispuesta a ayudarla.

En 1931, que una película humanizara a las personas homosexuales, en lugar de mostrarlas como desequilibrados mentales, era muy raro, y este detalle es el que hace especial al trabajo de Sagan, así como perdurable.

La censura que enfrentó

Cuando en 1933 Hitler llegó al poder, la película de Leontine Sagan sufrió una persecusión. Los nazis buscaron las copias de la cinta con el fin de erradicarla, pero como ya había sido estrenada dos años antes en todo el mundo, les resultó imposible.

Los nazis quemando cosas

Los judíos involucrados en la filmación debieron huir. La propia directora tuvo que abandonar Alemania e irse a Inglaterra en 1933. Walter Supper, un jefe de producción, se suicidó en Berlín antes de que los nazis lo capturaran en 1943.

Un año después, Christa Winsloe, la escritora original de la obra de teatro, se encontraba refugiada al sur de Francia. Pero un agente de la Gestapo la asesinó. Antes de su muerte, Winsloe pudo publicar al menos una novelización de su propia obra.

En cuanto a la actriz que da vida a Manuela, Hertha Thiele, se negó a cooperar con el régimen y se exilió a Suiza en 1937, tras haber sido puesta en la lista negra. Aun así, fanáticas de la película que se identificaban con los personajes incluso le enviaron cartas de apoyo.

Hertha Thiele como Manuela

En su estreno en Estados Unidos no corrió con mejor suerte, porque allí casi se prohibió su proyección. Había en su mensaje de sororidad y antifascismo un sentimiento que incomodaba hasta en tierras autoproclamadas libres.

Mädchen in Uniform encontró, un año más tarde, a una aliada inesperada en el gobierno estadounidense, la por entonces Primera Dama Eleanor Roosevelt de Nueva York, quien defendió la película e hizo lo posible para que llegara al público en 1932.

Es increíble ver cómo se mantiene hoy vigente su mensaje. No solo fue la historia de un amor imposible. En su tiempo representó también un grito de rabia en contra del autoritarismo en todas sus formas.

El ‘remake’ mexicano

Veinte años después es difícil creer que una cinta tan polémica, censurada y perseguida por diferentes tipos de regímenes haya podido reversionarse en otra parte del mundo.

Pues en México tuvo un renacimiento de la mano de la reconocida estrella Marga López. Junto a la actriz brasileña de ascendencia polaca, Eva Irasema Warschalowska, menor conocida como Irasema Dilián, ambas interpretan a la profesora y estudiante respectivamente.

Marga López e Irasema Dilián como Lucila y Manuela

El aire es diferente en Muchachas de uniforme (1951). Ahora transcurre en un internado administrado por monjas y se adapta al entorno católico de la época. Por lo tanto, mantiene la crítica al status quo que la original tenía.

Al terminar los créditos iniciales, aparece la famosa frase bíblica pronunciada por Jesús: «Aquel que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra». Con ella, se puede intuir que esta vez el mensaje podría estar orientado más como denuncia hacia la hipocresía religiosa que imperaba en México.

La premisa de la versión mexicana

Entre 1930 y 1960, la sociedad mexicana estuvo muy influenciada por la Iglesia Católica. Había una organización de pacatos influyentes conocidos como ‘La Legión de la Decencia’, quienes, al igual que Hays, influían en qué temas podían y cuáles no utilizarse en el cine nacional.

Y, debido a este contexto, las diferencias con su homónima alemana son más que notorias. Las monjas, que ostentan el poder del colegio, han empleado a la señorita Lucila, una profesora pragmática y nada religiosa.

En el caso de la protagonista, Manuela, su origen étnico cambia por el de una joven de origen europeo que no sabe ni leer ni escribir. De forma que entre sus compañeras sentirá que no podrá encajar.

Alfredo B. Crevenna, el director de esta nueva versión, recupera el detalle de que Manuela ha sufrido la muerte de su madre, y antes de convertirlo en el motor sentimental, al igual que en la cinta original, Crevenna utiliza el rasgo para separar aún más a Manuela de las demás.

Manuela ya tiene una psicología más marcada. Ahora es muy introvertida, tímida y soñadora. Cuando desarrolla su amor platónico por la señorita Lucila, se puede ver a una Manuela más idealista.

Como es natural, al transcurrir en otro lugar y al carecer de la mirada de Sagan y Winsloe, el trabajo de Crevenna se distancia de la feminidad y nos presenta a un elenco mucho más tradicional, aunque no por ello menos auténtico.

Crevenna introduce, por ejemplo, una serie de subtramas —tal vez más como para aplacar a los censores católicos— que giran en torno a romances heterosexuales: una de las estudiantes tiene un amorío en secreto, otra se ve cortejada por un muchacho y la señorita Lucila tiene a su prometido.

Pero los personajes masculinos siguen en segundo plano. Si bien, tanto en esta como en la original hay una celebridad masculina que adora uno de los personajes, aquí los hombres se ven fuera de toma o son simples sombras.

La señorita Lucila hablando con su prometido fuera de cuadro

Al parecer, Crevenna respeta lo más que puede el entorno femenino y no se interesa en profundizar a ningún personaje masculino, así como tampoco permite que estos opaquen las interacciones entre las mujeres.

Lejos de solo evadir la censura o evitar inquietar a los sectores conservadores, Crevenna parece también representar todos los tipos de amor, y que, al final, ninguno es diferente ni mucho menos meritorio.

De igual manera, antes de creer que el romance heterosexual de la señorita Lucila tiene algún propósito narrativo o que busque darle justificación al ‘crush’ de Manuela ante la mirada conservadora, la comparación destaca la pureza con la que la protagonista idolatra a su maestra.

Manuela es una chica tierna e ingenua. Debido a su origen precario, ella aún no comprende la sexualidad, no como lo hacen las demás. Crevenna ilustra los sentimientos de Manuela como una fuerza inmaculada incapaz de pecar, pese a que, de hecho, represente un pecado en el contexto religioso. Allí está la conexión con la frase del principio y el verdadero núcleo.

A través de primerísimos primeros planos, Crevenna también enfoca en varias ocasiones la cara de la actriz Irasema Dilián, quien interpreta con maestría la dulzura e inocencia de la joven Manuela. Y vale la pena mencionar que la actriz brasileña ya tenía alrededor de veintiseis años.

La mayor virtud de la versión mexicana radica en la construcción de los personajes y en cómo se relacionan sus atributos con la película; ya al final —que no pretendo revelar—, estos cobran más sentido y se adecúan bien a lo que Crevenna quiso contar con respecto a la obra de Winsloe.

Algunos peros que se le podrían reprochar hoy es que quedan matices, productos de su tiempo. Muchachas de uniforme (1951) no luce tan subversiva como su antecesora y tampoco parece atacar de lleno al dominio religioso que México padecía a principios de los cincuenta.

Al contrario, Crevenna construye sobre el cierre una vibra ambivalente que tanto empodera a Manuela como la supedita a la narrativa del pecado y el infierno. En este aspecto, la película de Sagan sigue siendo más audaz.

La película de Hollywood que derrotó al Código Hays

Después de 1934 las representaciones ‘queer’ desaparecieron por completo, y esas actuaciones ambiguas que nos hicieron soñar con lesbianas y gays en la gran pantalla del blanco y negro perdieron relevancia.

No es sino hasta 1961, en plena decadencia del Código Hays, que viene quizás la película más importante del cine ‘queer’ en su historia, The Children’s Hour. Al igual que con la película de Marga López, esta contó con la actuación de una estrella de la época, la talentosa Audrey Hepburn.

En The Children’s Hour vuelve la temática de las institutrices, la educación y los internados femeninos. Solo que ahora no se trata de una jovencita enamorada de su profesora, sino de dos maestras que son víctimas de los rumores y el escarnio.

Audrey Hepburn interpreta a Karen Wright, una profesora que dirige junto a Martha Dobie, su mejor amiga de toda la vida, un instituto para señoritas. Como Karen está por contraer matrimonio con el doctor del colegio, se da cuenta de que Martha está consternada por la noticia, en lugar de alegre.

Audrey Hepburn y Shirley MacLaine como Karen y Martha

Al inicio hay discusiones y ambiguedades que le advierten al espectador —del momento— que Martha podría estar molesta por ver a su amiga abandonar su empleo para irse a la vida matrimonial. Pero hay ciertos personajes que desenmascaran la realidad poco a poco.

Alrededor de ellas se hallan una niña mentirosa con problemas de actitud y una actriz despreocupada que critica todo el tiempo a su sobrina. Martha discute con su tía cuando ella lo hace, y no repara en sugerirle que se largue.

Hasta cierto punto, Mary Tilford, la pequeña malcriada, oye algo que malinterpreta y también ve a medias una escena entre sus profesoras. Con el deseo de hacer daño, a guisa de revancha por los constantes castigos que le imponen, Mary difunde el rumor de que sus maestras son amantes.

La cinta de William Wyler usa con discreción datos que la obra literaria enfatizó en su tiempo para moldear la lógica de los hechos, como que la niña sabe sobre la homosexualidad a través de un libro erótico.

Asimismo, Wyler utiliza otros detalles con más hincapié y que obligan a sentir rechazo por la tía de Martha y Mary, como que la primera es una mujer vulgar y tonta, o que Mary es una niña alevosa que chantajea a una compañera con tal de sostener su calumnia.

Mary chantajea a otra alumna con un dije robado

En su tiempo, la homosexualidad de Martha Dobie fue un giro inesperado y dramático, pues el objetivo era mostrarla como alguien atormentada que había escondido por años el amor que sentía por Karen. Pero como hoy resulta anticuado ocultar un detalle así, la película es muy conocida por ser la primera representación seria de una joven lesbiana.

Incluso la propia película demuestra que Martha estaba enamorada desde un principio de Karen. Durante uno de los primeros diálogos, Martha le comenta con ensueño a Karen que cuando la conoció en la escuela no evitó pensar en que «era la niña más bonita que había visto en su vida».

Además, en varios gestos previos a la fastuosa revelación, Martha demuestra que el deseo por su mejor amiga es auténtico. Llega a tomarle la mano, o la forma en la que la mira es muy evidente.

No obstante, la película nunca pretende utilizar a Martha Dobie como alguna clase de monstruo que estuvo del lado de Karen todo este tiempo, así como tampoco trata de darle un aura sombrío o terrorífico a su revelación.

Martha contándole a Karen lo preciosa que le parecía de niña

Al igual que en la obra de Christa Winsloe, The Children’s Hour humaniza del todo a Martha y nos invita a empatizar con su situación. Y allí se encuentra otra virtud, pues el conflicto de la trama nunca fue su homosexualidad, sino el cómo un rumor irresponsable puede destruir la vida de la gente.

The Children’s Hour podría ser una cinta que reivindique el amor sáfico, pero no lo hace. En su lugar, critica la falta de criterio. Denuncia el linchamiento que recibe una persona por una condición o atributo, ya sea reales o no, válidos o no, y cuestiona el exceso de salvajismo al que las masas recurren.

En dicho aspecto podría tener mucho en común con Mädchen in Uniform, y ese es otro motivo por el que este artículo habla de ellas juntas. Porque en las tres, y sobre todo en la mexicana, hay una crítica feroz al comportamiento gregario que surge cuando se trata de señalar el ‘pecado’ de los otros.

El origen de The Children’s Hour

Otra casualidad que une a estos tres clásicos —¿o dos?— es que ambos nacen del talento de dos dramaturgas. Así es, The Children’s Hour, publicada en 1934, también es una obra teatral escrita por una mujer.

Y según su autora, Lillian Hellman, The Children’s Hour surgió de un caso real ocurrido en Escocia durante el siglo XIX. En Edimuburgo, Jane Pirie y Marianne Woods, dos maestras a cargo de un colegio sufrieron las duras consecuencias del rumor de una de sus alumnas.

Lillian Hellman

A diferencia de la obra, no se sabe si aquella niña mentía. Lo que sí es verídico es que las maestras lo perdieron todo: sus empleos, sus vidas, e incluso el tribunal las condenó por faltas a la ‘decencia pública’ cuando no pudieron demostrar que se trataba de difamación.

Lillian Hellman supo de este caso por medio de su entonces esposo, Dashiell Hammett, célebre autor de novela negra y conocido por libros como El halcón maltés o La llave de cristal.

William Wyler contra el Código Hays

William Wyler llevó al cine la primera versión cinematográfica de The Children’s Hour en 1936. La tituló These Three. Sin embargo, ya que el Código Hays se había impuesto apenas dos años antes, se vio obligado a extirpar todos los detalles sáficos y cambiarlos por un triángulo amoroso heterosexual.

Martha dejó de sentir celos por el doctor y pasó a envidiar a Karen por el amor de un hombre. El chisme solo involucraba un hecho de infidelidad y despojó al trabajo de Hellman de todo lo que la hacía revolucionario.

These Three, la versión censurada por Hays en 1936

Wyler no se dio por vencido hasta filmar la verdadera adaptación de la obra original, así que unos años después de la muerte de Hays decidió comenzar el ‘remake’ que haría justicia a la historia de Martha.

Aunque Wyler soportó durante veinticinco años la censura de Hays, hasta que por fin nos legó un parteaguas en la representación ‘queer’, Lillian Hellman se vio envuelta de controversia hasta su muerte.

Hellman, polémica desde el principio hasta el fin

En entrevistas, Hellman ha dejado clara su postura —incluso para defender a The Children’s Hour de la desaprobación que sufrió desde que perdió el Pulitzer en 1935— sobre el tema de la trama: que solo utilizó el lesbianismo como eje para reflejar la tendencia de la sociedad a linchar, la cual irónicamente persiguió a su obra hasta que se estrenó la cinta de Hepburn.

Hellman, por si fuera poco, siempre mantuvo posturas políticas que no eran del agrado de nadie. Se consideraba de izquierda y se indentificó con el realismo social como parte de una filosofía artística. Estuvo presente en determinadas luchas sociales por las libertades civiles y se declaró en repetidas ocasiones en contra del fascismo.

Hellman y su marido Hammett

A finales de los años 30, además, estuvo afiliada al Partido Comunista de los Estados Unidos y frecuentó muy poco sus reuniones, lo que le valió durante el macartismo una serie de cuestionamientos. En 1947 llegaron a citarla por parte del Comité de Actividades Antiamericanas para que delatara a otros afiliados a ese partido, pero se negó.

Hellman acabó en la lista negra de Hollywood por ello, y se dice que congeniaba con el gobierno de Stalin, pues llegó a apoyar campañas del dictador georgiano como la llamada Conspiración de los Médicos, que consistió en acusar a numerosos doctores, en su mayoría judíos, de querer asesinar a altos mandos soviéticos.

Artistas que desafiaron al sistema y al tiempo

En fin, independientemente de las ideas y contradicciones que haya tenido Hellman en vida, es reconocible la osadía que tenía para escribir sobre lo que creía y defenderlo con implacable garra de los censores mojigatos.

Al igual que Christa Winsloe, ambas creían que con sus historias podían dejar huella al desafiar el poder de los hombres. Ya fueran Prusia, la Alemania Nazi, el Estados Unidos paranoico de la Guerra Fría o el México católico de los años 50, su trabajo trascendió, derrotó a la censura y se colocó como referente de la literatura y el cine ‘queer’.

No se mencionó antes, pero Winsloe fue activista y se declaró lesbiana en una época donde hacerlo casi equivalía a suicidarse. Pasó por un internado y padeció la dura educación prusiana que criaba a las mujeres como madres y esposas de soldados. Por otro lado, la cineasta Leontine Sagan, su colega —y amiga incluso—, se consideraba de sexualidad ambigua.

La forma de ver la vida de estas mujeres sobrevivió en el tiempo y se consolidó a través de la literatura y el cine. Gracias a su valentía, numerosas generaciones a lo largo de las décadas encontraron comprensión y validación en películas que nadie más se hubiera atrevido a hacer.

Comentarios 3

U
Un Alien3 de julio de 2026
Ni bien comenzaba a leer tu texto sobre Muchachas en uniforme (gracias por la recomendación) pensaba que tenía que aparecer Children's hour o La Calumnia, como se la conoce en nuestro idioma.</br></br>¡Que gran película de la inmortal Audrey Hepburn!</br>Hay grandes películas sobre esta temática del que dirán, una es La duda con Meryl Streep, otra La cacería de Vinterberg y la iraní Nader & Simin. Pero sin dudas Children's hour es la mejor por ser la pionera.
L
Lucas Friesen30 de junio de 2026
Este es un artículo realmente fascinante.
L
Luisa C Moreno29 de junio de 2026
Muy chévere. Ayer vi una parte Un tranvía llamado deseo y había tensión entre el persona de Viviane Leigh y la otra muchacha, casi al punto de besarse y me preguntaba cómo habría sido de controvertida en su época.

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