LA PINTURA DEL FUTURO de Alejandro Maly — Un oasis en medio de la retención mediática y el sensacionalismo

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Todos estamos en búsqueda de la verdad. Está dentro de la naturaleza humana. El misterio sobre algo más de lo visible. Superando la lógica o la ciencia humana. La posible existencia de seres superiores a la biología y el universo conocidos. En mi opinión, si antes tampoco sonaba factible, actualmente parece imposible llegar a un consenso, si se trata de consolidar una verdad única. La era contemporánea se encuentra caracterizada por la posverdad, apoyado por la descentralización de los medios y el mayor alcance a las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación). Desde una mera pantalla del celular, cualquiera puede autoproclamarse portador de la verdad. La modernidad ofrece la facultad de esconderse mediante máscaras. Motivaciones, técnicas de percepción, estímulos sensoriales a nuestro alrededor. Cada vez, el todo se vuelve más cuestionable. Las fuentes, la publicidad, la probidad detrás de los líderes de una comunidad. El matiz de gris se vuelve un fango nocivo, donde muchas veces parece ser que lo más sano es alejarse. O mínimo, darse un tiempo de baja, lejos de tal estilo de vida sobreestimulado.

¿Tenemos algún propósito divino en este plano de la existencia?

¿Será que hoy en día un sencillo intercambio de ideas se ha tornado en algo demasiado complicado? Debido a la desconfianza, un filtro subconsciente contra la desinformación o la práctica diaria para discernir entre las creaciones de inteligencia artificial. Actualmente, somos científicos. Necesitamos datos comprobables, información, un entorno de objetividad en la red. Pues, aunque en el fondo muchos podemos haber interiorizado empáticamente de que todo puede ser comercializable, o se trata de sobrevivir un poco más, o se trata de una meta demasiado personal e íntima. Tener fe genuina... Sí. Se ha vuelto demasiado complicado.

¿Existirá algún otro camino por descubrir?

Pero entonces, ¿qué tal si existiera una voz que se opone a todas estas convenciones de la era digital? Un ser humano, igual que tú y yo, con una cosmovisión particular sobre nuestra realidad. Un hombre que comunica haber encontrado su propósito de vida, gracias a visiones de seres extradimensionales que presenció desde sus primeros años de vida. A quienes plasma en cuadros de pintura. Sin monetizar. Sin generar ganancia. Sin afanes de comunicar una especie de doctrina al planeta. Sin considerarse a sí mismo “autor” de tales conocimientos. Al contrario, se ve como un conducto para aquellas eminencias. Comprendo si es difícil de creer. Pero ese es el punto. Permíteme preguntar: ¿estás dispuesto a entablar diálogo a una nueva perspectiva hacia la vida? Espero que tu respuesta sea afirmativa, porque este relato lleno de humildad, vocación y resiliencia son valores que se traducen en una conmovedora honestidad. Plasmada en un documental que oscila entre la contemplación, el arte y la espiritualidad.

“LA PINTURA DEL FUTURO” (2025) es una película documental dirigida por Alejandro Maly , de igual forma desempeñándose en la producción, guión y edición. Aquí conoceremos la vida de Edgardo Marranti, un artista plástico autodidacta que pinta cuadros desde 1978, guiado por seres de otras dimensiones. A lo largo de cuatro décadas, lleva más de 5000 pinturas acumuladas, de un estilo nada convencional, aparentemente sencillo pero complicado en la comprensión del todo. En sus palabras, unas obras “anidimensionales” de las cuales él no es dueño, porque Marranti funge como un copiador de lo que esos seres (llamados Hermanos Mayores) le muestran a través de visiones.

Edgardo Marranti, pintando un nuevo cuadro.

De hecho, asevera haber experimentado ese tipo de revelaciones desde chico. Fue en su adolescencia cuando decidió pintar aquello que veía. Sin saber nada de pintura, sino permitiendo que los Hermanos Mayores guíen su trazo y su pulso. Cuando comenzó, su familia y amigos creyeron que estaba loco, y él también. Así, en busca de respuestas, emprendió un camino de autoconocimiento que confirmó sus experiencias, cruzando caminos con la ufología. Hoy su misión es clara: pintar. Hasta ahora, continúa encaminado en ella y sigue compartiendo los frutos del trabajo. A través de este documental, conoceremos los frutos de su trabajo y cómo a través de sus cuadros propone revelar un legado místico para una humanidad futura. Sin imposición, sin sensacionalismo, sin publicidad. Sino una huella en el planeta. Accesible para todos. Una misión de vida que se aleja de lo que se puede esperar en un proyecto de vida de índole espiritual.

Edgardo Marranti (der.), platicando con su hijo Alan Marranti (izq.).

Después de su estreno mundial durante en la sección Artes y Oficios del BAFICI 2026, ha comenzado una rueda de prensa para la proyección de la cinta en Cine Gaumont (Argentina) el pasado 31 de mayo de 2026. En ella, he distinguido una frase recurrente durante las entrevistas al director respecto a su visión creativa: “las miradas que aportan colores a nuestro arcoíris”. En efecto, su filmografía comunica una fascinación por los universos singulares y un profundo interés meticuloso de los personajes que los habitan. Por ejemplo, se incluye al consenso su documental “¿Dónde estás, negro?” (2016), el cual retrata la relación ventrílocuos-muñecos a través de Chasman y Chirolita, el grupo de ventriloquía más grande de Argentina.

“¿Dónde estás, negro?", documental disponible gratuitamente en CINE AR PLAY.

“Me interesan las vidas de quienes habitan los márgenes de la cultura porque se atreven a inventar un camino propio, alejándose de los moldes de la normalidad. En ese gesto abren preguntas radicales sobre lo que aceptamos sin cuestionarlo y sobre las múltiples formas de interpretar la realidad”, comenta Alejandro Maly.

Alejandro Maly, director de “La pintura del futuro” y “¿Dónde estás, negro?".

“¿Qué es lo real y qué damos por sentado sin cuestionarlo?”. Esa es la pregunta central en su película. Abordándola desde la comprensión empática, por encima de la indagación de una respuesta universal. En lugar de un método científico que coloque al artista Edgardo Marranti en el ojo público, la dirección opta por una ambientación reservada, tanto en las entrevistas como en el montaje final. Espero que el espectador se lleve lo siguiente... Aquí estamos para escuchar, respetar y valorar. Está bien si surgen cuestiones a lo largo del viaje que nos cuentan sobre su trayectoria, su familia y las dificultades que involucran la salud. Cuando se trata la religión y las creencias de la humanidad, la comunicación de una cosmovisión siempre tendrá una recepción controvertida. ¿Adoctrinamiento? ¿Propaganda? Comprendo, son palabras que surgen al tocar aquellas cuerdas sensibles dentro de una persona. En mi humilde opinión, las dudas iniciales quedan dispersas desde el principio. Porque plantea una invitación honesta a su filosofía y te ofrece la opción de aceptar. Digas sí o no, lo importante (y más bello de todo) es que te hayas quedado a escuchar. ¿Por qué creo eso? Tengo dos razones.

Edgardo Marranti y las visiones donde aparecen los Hermanos Mayores.

El primer motivo está en el trato interpersonal para relatar la historia de nuestro protagonista. En una capa más elemental del ámbito audiovisual, esta película nos presenta tomas que relucen por la cotidianeidad, la sencillez en la fotografía y el encuentro de armonía en medio de los escenarios de la naturaleza. En cualquier producción, siempre pienso que la decisión de anteponer la autenticidad de las locaciones por encima del adorno fotográfico es un acto absolutamente honorable. Escuchamos la naturaleza. Tenemos una cámara en mano que sigue a Edgardo, su familia y amigos redescubriendo nuevamente el fruto de cuarenta años de un hombre que encontró su propósito en la vida. Conocemos de primera mano su filosofía altruista, los principios detrás de ese propósito extradimensional y la meta propuesta que nos depara como humanidad. Posiblemente, haya ciertos datos contextuales que requieran una investigación personal, más allá de lo que el título está comunicando. A pesar de ello, la emoción universal por la búsqueda de la verdad permite la conexión con la obra. Un sentimiento capaz de encender una chispa en todos nosotros, porque creo que somos capaces de oír una nueva perspectiva en nombre del diálogo y la convivencia. Somos partícipes de sus caminatas. Somos testigos de sus pinceladas. Somos unos invitados en la galería de arte que pertenece a los Hermanos Mayores. Entre la soltura de los comentarios y la narrativa sosegada, encuentro aquella humildad que anteriormente comenté como sinónimo de honestidad, tanto en su convicción como en su actuar.

El suave sonido del aire libre, en el recorrido del proyecto de vida de Marranti.

En un segundo motivo, yace una capa más profunda en el sentido audiovisual. La experimentación en el manejo de imagen con sonido en la postproducción le añade una concepción adicional a la obra, como pieza de videoarte. La filmación de los cuadros de Marranti en planos cerrados lineales, mezclado con la psicodélica banda sonora, donde contribuyó la banda argentina Reynols —amigos de Maly, con quienes conoció a este artista fuera de serie— (¿obra del destino?). Exponiendo los cuadros poco a poco, dando misterio a sus pinturas repletas de trazos, buscando que formemos la imagen completa de sus obras de arte vistas en pantalla—sin necesidad de mostrarla por completo en un tremendo plano abierto—. A primera vista, supuestamente “sencillos” en composición/técnica, pero a los pocos segundos se tornan en un esfuerzo intrincado por comprenderlos o dotarlos de una identidad acorde a la lógica de la figura humana-antropomórfica. Al final, van mucho más allá de ese nivel somero de comprensión. Considero que allí reside el juego truculento con este arte “galáctico” o “anidimensional”, en contraposición con la lógica del hombre respecto al arte humano. Ese laberinto mental, digno de haber sido encarnado en la primera secuencia del documental, propone una visión más allá de las cuatro dimensiones conocidas (la del tiempo y las tres con las que medimos el espacio tridimensional). En ese sentido, concuerdo absolutamente con las críticas afines: la inmersión con esta reinvención de nuestra realidad es un viaje alucinante, visualmente sugestivo y auditivamente etéreo.

El arte anidimensional de Marranti, guiado por seres fuera de este mundo.

Bajo esta idea, lo último podría parecer una contradicción con mi postura respecto a que esta cosmovisión es una invitación libre de aceptar. Sin embargo, eso no es verdad. Porque, además de los montajes de exposición de su arte plástico, su fortaleza de inmersión profunda también aplica a los paisajes naturalistas y domésticos en los que se ambienta el documental. Sin necesidad de una decoración que “engrandezca” o provoque sensacionalismo en su rutina diaria, encuentran la magia dentro de una representación de fragmentos de la vida real. Los paisajes hablan por sí mismos. Existe belleza. Hay misticismo. Encontramos paz. Un aura cautivante. No te está forzando a quererla, sino busca que la experimentes con la mayor cercanía posible. Los atributos que ofrece una producción audiovisual están aquí para que la vida de Edgardo Marranti se transmita de la manera más auténtica posible. Para todo aquel que observe el documental desde cualquier parte del mundo… Si no podemos estar con él en persona, el poder de la imagen y el sonido harán el esfuerzo por enviar a nosotros esa percepción de la realidad.

La primera secuencia del documental es una locura, una sobrecarga sensorial.

Es como una excursión de campo. Estamos aquí para desconectarnos del mundo. A sul lado. Junto a su familia. Pasándola bien en entornos fuera de nuestra zona de confort. Terminado el viaje, podemos volver a la vida acostumbrada. No se trata de una religión, sino de conocer personas que son como tú y yo. Marranti lo deja en claro siempre que puede. Es respetuoso con el espectador. Alejandro Maly respeta sus decisiones. El respeto guarda respeto. En mi caso, también tiene mi respeto. Más que ello, me impresiona y alegra saber que existe un ser humano que haya hecho una vida plena, encontrando un propósito claro al cual aspirar desde la adolescencia. En una sociedad que involuntariamente demanda una ruta de vida encaminada al sobrevivir, hoy parece heroico atestiguar un ejemplo de semejante humildad. Un diamante en bruto que necesita pulirse, porque ya brilla por cuenta propia.

Observación. Contemplación. Belleza en lo enigmático. Sencillo, colorido, mágico.

“La Pintura del Futuro” plasma aquel valor de humildad en la técnica sosegada de su imagen y sonido, así como en el texto de su narrativa. No se trata de un interrogatorio o una investigación científica. Es una conversación y una visita amistosa de un artista. Como bien mencionó Edgardo en innumerables ocasiones… es un copiador. Las pinturas pertenecen a los seres de sus visiones. No llevan firma. El arte resalta tanto como (e independientemente de) la biografía del artista: un concepto que he buscado replicar dentro de la portada de este mismo artículo. Por cierto, me pregunto cómo sería platicar con él. ¿Habrá tenido alguna petición especial, durante la producción de este documental? ¿Cómo desea que se lleve a cabo su difusión? En mi opinión, considero que optaría por un medio alejado de las grandes distribuidoras. Porque esta es una documentación con el objetivo de existir como un testimonio, no como un titular. La naturaleza de la cinta como cine independiente, su gira mediante festivales, lejos de un apogeo mediático masivo. Corríjanme si me equivoco, pero veo esas características como victorias del mundo real, que enaltecen y respetan el mensaje de Edgardo Marranti. Del mismo modo, nutren el propósito de Alejandro Maly con la elaboración de la película, mostrando nuevas miradas que aportan a nuestro arcoíris… Entre los misterios de lo espiritual y la fascinación por lo material… yendo de la mano.

De hecho, ante tal significado detrás, me pregunto si la mera existencia de este artículo está contribuyendo o contradiciendo la finalidad del documental. Por favor, cuéntenme su opinión en comentarios.

En palabras del director: “No hay nada mejor que salir de casa, porque siempre pasa algo mágico”. Así como habla sobre la magia de ir al cine, también habla sobre la magia de conocer al mundo salvaje más allá de nuestras paredes. Con ello en mente, me gustaría agregar mi propia interpretación, pensando en todo aquello que me dieron para platicar. Una excursión es genial, pero es verdaderamente hermosa cuando existe el silencio. Las pausas. Únicamente la compañía necesaria. Porque la naturaleza de nuestro universo se disfruta realmente en grupos pequeños, cercanos, íntimos. Lejos de las multitudes, creo que pueden acontecer momentos mágicos.

Existe magia en medio de los frutos de la vida cotidiana. Los colores. La fotografía. La composición. Nos acompañan para sentirnos parte del viaje.

Por todo ello, aprecio la invitación de Edgardo Marranti y Alejandro Maly como un profundo oasis en medio retención mediática y el sensacionalismo de la nueva era. ¿Te gustaría darle una oportunidad? Estás en la potestad de decir lo que gustes respecto al documental. Porque, incluso, con tan solo desconectarse de la rutina, puede suceder la magia. Estas han sido mis reflexiones tras haber concluido la excursión que “La pintura del futuro” ha logrado ofrecer en esta época de locura. ¿Y tú qué opinas?

 

DIRECCIÓN: Alejandro Maly; COMPAÑÍA PRODUCTORA: Lyma Film; PAÍS: Argentina; DURACIÓN: 1 h 12 min.

El afiche oficial del documental.

 

Muchas gracias de todo corazón al equipo de Film Critics Editors de Peliplat, por permitirme la oportunidad de visualizar el filme. Saludos especiales a Rocío Frías, Alejandro Maly, Edgardo Marranti y Julieta Bilik.

 

Si tienes curiosidad por conocer el arte de Edgardo Marranti, te invito a que entres a su página web para conocer su repertorio. Totalmente gratis: http://www.marranti.com.ar/ 

 


 

Artículo escrito por ESTEBAN VALLADARES ARCE

Bachiller en Comunicación Audiovisual y Cine

Redactor creativo/Creador digital sobre cine y animación

 


 

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Comentarios 1

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Lucas Friesen4 de junio de 2026
“No hay nada mejor que salir de casa, porque siempre pasa algo mágico."

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