HIM: El monstruo del capitalismo
Reseñas generalesPienso que algunos directores o trabajos cinematográficos le dan la vuelta o pasan de largo a la crítica social y cultural. Hay razones de sobra y son entendibles, no haz de morder la mano que te da de comer. Asimismo, mientras el público se divide entre conceptos que a menudo no entiende (ni les interesa desentrañar); también se divide ante narrativas surrealistas, habitando en el mainstream del terror convencional. Por tanto, presumo que se habrán llevado una gran sorpresa ante una de las sátiras sociales más feroces del cine reciente, me refiero a HIM. Que recien se estrena en MAX y es producida por Jordan Peele. La película utiliza la brutalidad del deporte de alto rendimiento como un escenario de tensión psicológica, mostrando una metáfora perfecta de la explotación económica actual.
A continuación, analizamos cuatro pilares que convierten a esta cinta en una crítica directa al sistema capitalista:
1. El cuerpo como activo
El protagonista, Cameron Cade interpretado por Tyriq Withers, encarna la realidad del trabajador moderno, que es la de habitar un sistema que prioriza las ganancias sobre la humanidad, el individuo no posee más capital que su propio cuerpo. Aunque no es la primera vez que una película muestra con crudeza cómo la industria deportiva y corporativa empuja al atleta a destruir su salud física y mental a cambio de la promesa del éxito, aquí, el director Justin Tipping, lo hace con un toque sectario y persuasivo.
2. La trampa del sacrificio
La trama desmitifica la idea meritocrática de que el éxito es puramente fruto del esfuerzo personal. El cuasi mantra de: si no sufres, no ganas, opera aquí como un mecanismo de adoctrinamiento psicológico. La narrativa expone cómo el sistema utiliza los sueños de superación de las personas para justificar la autoexplotación, haciendo que el individuo se culpe a sí mismo por flaquear ante una presión que es estructuralmente insostenible.
3. Deshumanización y la lógica del desecho
Una de las facetas más aterradoras de la cinta es cómo retrata la obsolescencia programada pero aplicada a los seres humanos. En el momento en que un engranaje se rompe, envejece o disminuye su rendimiento, la maquinaria corporativa lo desecha sin titubear. No hay lealtad ni humanidad; el sistema está diseñado para consumir la juventud del protagonista y reemplazarlo de inmediato por la siguiente "joven promesa".
4. La mercantilización de la identidad y el fanatismo
La devoción casi religiosa de los fanáticos y la espectacularización de la vida, reflejan cómo el capitalismo devora la identidad. Las pasiones humanas y las tragedias personales se transforman en productos de consumo masivo para entretenimiento de las masas, despojando al individuo de su privacidad y convirtiendo su existencia entera en una marca comercializable.
Conclusión:
Las malas críticas de quienes esperaban un slasher o un thriller convencional solo demuestran que la película cumplió su objetivo: incomodar. HIM no busca asustar con el recurso del body horror, sino con el horror cotidiano de un sistema económico que devora personas. Es una obra indispensable para debatir, analizar y entender que, a veces, el actual dios es el mercado.
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