"De las mansiones al banquillo: El horror de los 'hijos de papá' en los 70"

Reseñas generales

"Si te gustaron series como 'Dahmer' o películas que exploran la corrupción como 'Relatos Salvajes', la historia de Nino Vegas es un 'must-read'. Es el ejemplo perfecto de un thriller de la vida real que supera cualquier ficción de Netflix."

 

Si te pones a hablar con alguien que haya caminado la Caracas de los años 70, esa ciudad de petrodólares, carros de ocho cilindros y quintas con nombres de mujer en las Mercedes, tarde o temprano va a salir a relucir el libro Cuatro crímenes, cuatro poderes de Fermín Mármol León. Y es que ese libro no es solo un manual de criminología; es la radiografía de un país que se dio cuenta, a punta de golpes, de que la ley no medía a todo el mundo con la misma vara.

De todos los casos que narra el comisario, el de Nino Vegas es el que más duele, porque mezcla la inocencia de un niño de siete años con la arrogancia podrida de unos "hijos de papá" que se creían dueños del mundo.

Un secuestro que nació torcido

La historia empieza con un plan que parecía sacado de una película mala de delincuentes novatos. Un grupo de jóvenes de la "crema y nata" caraqueña, muchachos que vivían en las mejores urbanizaciones y que tenían el futuro asegurado, terminaron metidos hasta el cuello en el consumo de drogas. Necesitaban plata fácil para mantener el vicio y el ritmo de vida, y no se les ocurrió mejor idea que secuestrar a un niño de su propio círculo social: el pequeño Nino Vegas.

Aquí no había delincuentes de barrio curtidos en la calle. Eran muchachos que conocían a la familia, que sabían los movimientos de la víctima. Lo que buscaban era un rescate millonario, pero desde el segundo uno, la "operación" fue un desastre monumental de torpeza y crueldad.

El horror en la maleta: La muerte por asfixia

A diferencia de lo que mucha gente cree o de otros casos de sicariato de la época, aquí no hubo disparos. Lo que hubo fue una negligencia criminal que da escalofríos. Para que el niño no gritara y para poder sacarlo de su entorno sin levantar sospechas, estos tipos lo metieron en la maleta de un carro. Pero no solo eso: lo envolvieron y amordazaron con tal falta de cuidado que el pequeño no pudo respirar.

Cuando los secuestradores llegaron a su destino y abrieron la maleta, se encontraron con el horror que ellos mismos habían provocado. Nino Vegas había muerto por asfixia mecánica. En lugar de parar la locura, el pánico los llevó a deshacerse del cuerpo en un barranco por los lados de El Hatillo, como si fuera desperdicio, y aun así tuvieron el tupé de seguir intentando cobrar el rescate a una familia que ya estaba destrozada.

La PTJ contra el muro de cristal

Aquí es donde entra la tesis principal de Mármol León: el Poder Social. Cuando el comisario y sus sabuesos de la PTJ empezaron a atar cabos, se dieron cuenta de que las pistas no llevaban a los barrios, sino a las mansiones del este. Y ahí fue cuando la puerca torció el rabo.

Imagínate la escena: detectives curtidos tratando de interrogar a jóvenes cuyos padres eran amigos de ministros, dueños de bancos o figuras con línea directa a Miraflores. Mármol León relata con una frustración que todavía se siente en las páginas cómo la investigación se convirtió en una carrera de obstáculos:

El teléfono que no dejaba de sonar: Llamadas desde las "altas esferas" sugiriendo que la policía estaba "equivocada".

La limpieza de pruebas: Carros que fueron lavados a fondo o desaparecidos convenientemente.

La fuga de cerebros (y de culpables): Sospechosos que, de la noche a la mañana, "se iban a estudiar a Europa" justo cuando la justicia les soplaba en la nuca.

La impunidad con sello de seda

El caso Vegas terminó siendo el símbolo de una justicia que se arrodillaba ante el apellido. A pesar de que la PTJ hizo un trabajo científico impecable, demostrando cómo había muerto el niño y quiénes lo habían hecho, el sistema judicial se encargó de diluir las culpas. Las sentencias fueron ridículas para la magnitud del crimen, y muchos de los involucrados terminaron rehaciendo sus vidas como si nada hubiera pasado, protegidos por ese escudo invisible que da el dinero en una sociedad de castas.

Mármol León escribió este capítulo para que no olvidáramos que el "Poder Social" fue capaz de asfixiar no solo a un niño inocente, sino a la misma esperanza de que en Venezuela todos fuéramos iguales ante la ley. Al final, lo que quedó fue el nombre de un niño en una placa y un libro que nos recuerda que, a veces, los monstruos más peligrosos no son los que están en la oscuridad, sino los que brillan bajo las luces de las fiestas más elegantes de la ciudad.

 

"¿Conocías este caso o habías leído el libro de Mármol León? ¿Crees que la justicia hoy en día ha cambiado realmente?"

 

Comentarios 0

Todavía no hay comentarios.

De este autor