"Nuremberg": Contemplarás esos ojos vacíos de bondad
Reseñas generalesMayo de 1945. La Segunda Guerra Mundial está por finalizar. Los Aliados están firmemente apostados para evitar cualquier reyerta de último minuto. Un viejo coche surge en el llano. De él desciende Hermann Göring, quien fuera el segundo en comando de Adolf Hitler. El hombre decide rendirse y es apresado. Interín, el noble juez Robert Jackson propone realizar un juicio para juzgar a los jerarcas nazis restantes, incluyendo al susodicho. Pero primero en la prisión deberán ser analizados psiquiátricamente, tarea para que se contrata al profesional Douglas Kelley. El sujeto se enfoca principalmente en Göring, una personalidad cuanto menos compleja, y entabla una relación que podría superar ciertos limites preestablecidos.
El film de James Vanderblit, escrito por él y basado en el libro “The Nazi and The Psychiatrist” del autor Jack El-Hai, es un raconto de un fuerte hecho histórico, en este caso enfocado más en el estudio de la “humanidad” y personalidad de los enjuiciados, y un poco menos en el juicio en sí , como ocurre en la genial “Judgement at Nuremberg” de 1961.
Göring es presentado como un sujeto inteligente, calculativo, metódico. tal vez un poco frío. Esconde una tensa calma que puede traducirse en amabilidad, a sabiendas de que su gran vanidad y un cierto delirio de grandeza según sus parámetros, lo pueden llegar a condenar. El enfocado tiene una familia afuera de la cárcel, de la que exhibe preocupación, como lo haría cualquier hijo de Cristo.

Usando sus armas profesionales y tratando sin demasiado éxito de mantener la distancia, Kelley comienza a conocer más a su paciente. La palabra “amistad” puede resonar fuerte en esas cuatro duras paredes metálicas, pero surge un ápice de afecto, obviamente sin olvidar a quien tiene enfrente y su arduo deber. Aquí es entonces en donde se implica la temible pero tenaz pregunta ¿Cómo llega alguien a cometer o tolerar actos y crímenes de tan grado de crueldad hacia sus pares, queriendo exterminarlos sin rastro?

La respuesta, que notoriamente es mucho más compleja, suele arrancar en una infancia traumática, en donde en este caso una serie de atrocidades perpetuadas por una persona de origen judío, pudo haber sido el puntapié para el crecimiento de una furia incesante. De todas formas, y viéndolo de la forma más abarcativa posible, ningún cúmulo de situaciones debería originar tamaña necesidad de masacre, por lo que el dictamen conclusivo quizá nunca esté resuelto del todo. Por supuesto que, observándolo desde el lado inverso, es innegable que EE.UU tuvo su horrible cuota asesina para terminar la contienda, y eso también se pone en tela de juicio. Al final del día, lejos estamos de creer que hay puramente “buenos” en la historia.
El ritmo, -si se permite un vocablo básico-, del largometraje es frénetico, recordardo con un atisbo a la galardonada “Oppenheimer”, otra película conectada con la Segunda Guerra Mundial. Acá emerge esa sensación ímplicita de sucesión de hechos que no le permite distraerse al espectador ni un segundo. Dicho esto, y no en modo de crítica, visto y considerando lo profundo y reflexivo que puede ser el análisis de estas torturadas personalidades, hubiera sido interesante un enfoque todavía un poco más concienzudo, para tratar de seguir contestando esas preguntas que siempre pululan en el aire.

Rami Malek realiza una buena actuación como Douglas Kelley, un hombre que debe hacer equilibrio entre lo profesional y lo personal, ante las circunstancias presentadas. El gran Russell Crowe es Hermann Göring, a quien interpreta notablemente, mezclando el inglés con un buen alemán, mientras que con su mirada, sus silencios y sus eventuales palabras impone un temible respeto. El siempre atinado Michael Shannon es el juez Jackson, en un elenco que incluye nombres conocidos como Richard E. Grant, Leo Woodall, Colin Hanks, John Slaterry, Wrenn Schimdt, Lotee Verbeek, entre otros. “Nuremberg” tampoco tuvo la temporada de premios que hubiera merecido, pero ya sabemos como corren los criterios.
En un momento, el principal acusado musita, casi como un susurro, palabras más, palabras menos: “¿Crees que seremos reconocidos como humanos”? La respuesta, que objetivamente debería ser afirmativa, tiene tantos matices en estos casos, que la duda aflorará una eventual respuesta que jamás llegará o que quedará perdida en los ecos de las tinieblas de esas almas tan corrompidas.
Puntaje: 7,5 de 10
Guillermo Bruno











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