American Hunger

Narrativa

Alan estaba sentado en la incómoda silla metálica, con las manos esposadas colocadas sobre la mesa de interrogatorios en la comisaria del pequeño condado de Sierra. Tenía la misma ropa de ayer; los jeans de trabajo, la camiseta con el nombre de su estación de servicio "Turpin's y las botas de seguridad que usaba para trabajar normalmente.  

No había nada llamativo en él, parecía un hombre blanco común en sus cuarentas, quizás solo por las canas grises que invadían su cabello castaño y algunos dientes rotos que no había reparado. Media 1.82 mts. de altura y su peso ligeramente alto estaba en los 98 kilos. 

Alan se consideraba un tipo normal y sabía que los demás así lo veían también. Solo un hombre de 47 años, padre de 3 hijos, casado con una extraordinaria compañera de vida, dueño de una estación de servicio muy frecuentada a las afueras del tranquilo condado de “Sierra”. A un tipo normal como el, la policía no lo podía retener mucho tiempo con preguntas extrañas, no a alguien como Alan, pero a "el Comegente”, un horrible monstruo que se decía que acechaba a las personas que iban al pantano cerca del lago o que caminaban solas en la noche por la carretera, para matarlas y luego comerse toda su carne hasta solo dejar los huesos, a alguien así la policía podía preguntarle muchas cosas.

 Era “el Comegente” a quien debían retener esos policías, no a él buen vecino Alan Turpin, pero para su mala suerte, no podía levantarse e irse dejando a los azules hablando con él, lo deseaba hacer con todas sus fuerzas, pero desafortunadamente era imposible, ya que Alan se había convertido en “el Comegente”.

                                                                         °°°

En la estación de policía, afuera del cuarto donde retenían a Alan, el oficial Diaz, un hombre joven de piel morena, cabello negro y complexión atlética, junto al oficial Bertz, un hombre igual de joven, piel clara, corpulento y de cabello castaño, tomaban café caliente mientras esperaban al hombre que iba a meterse a la guarida del monstruo, aunque este ya estaba fuera de combate. No hablaban, estaban cansados, pálidos y ojerosos. Cada uno tenía mucho en que pensar. 

Finalmente, cuando el reloj pasaba cinco minutos después de las siete de la mañana, la puerta del pasillo se abrió y entro el sheriff Logan, un hombre esbelto de cuarenta y cinco años, cabello castaño debidamente recortado, mirada fría y ojos verdes, vestido con el uniforme azul impecable. Traía un portafolios.

El sheriff saludo a los oficiales:

 - Buenos días, chicos, ¿cómo van las cosas? -

Los oficiales se miraron entre sí por un instante, luego Bertz respondió:

- Bienvenido jefe, ¿cómo estuvieron sus vacaciones? -

- Muy cortas y bastante calurosas, pase más tiempo atorado en el tráfico que descansando. Supongo que la próxima me ira mejor. Bueno, ya estoy aquí, pónganme al tanto de la situación. - dijo el sheriff mientras se quitaba la chaqueta y la colocaba en un perchero. 

Diaz respondió con tono sombrío

 - Jesucristo, no sé ni por donde empezar. -

El sheriff lo miro mientras abría el portafolio y sacaba sus lentes, su libreta, unos bolígrafos de varios colores y un frasco de analgésicos. 

-Tómalo con calma, poco a poco. -

Bertz trago saliva y se froto la palma de la mano en la cara. Finalmente dijo:

- Señor, creo que nos encontramos el infierno en la tierra. - 

                                                                           °°°

- No me pueden dejar aquí tanto tiempo, es ilegal. Si tan solo hubiera tenido más tiempo, habría arreglado todo el desastre que causo Roy. -

"El Comegente” se lamentaba de su captura mientras seguía esperando en la sala de interrogatorios. Estaba muy ansioso, sabía que a pesar de todo, aún podía arreglar las cosas. Pensaba en eso cuando escucho el ruido de la puerta abriéndose.

El sheriff entro, traía sus cosas en la mano. Sin decir nada, se sentó en una de las sillas vacías, al otro extremo de donde estaba Alan. Acomodo sus cosas con calma en la mesa, mientras el hombre frente a él, lo miraba sin parpadear, calmado. 

-Bueno, creo que nos conocemos, soy el sheriff Logan. Si no estoy equivocado usted es Alan Turpin, no es así? -

Alan se recargo en la silla y adopto una postura más derecha. Miro al sheriff con detenimiento. 

- No creo recordar haberlo visto antes señor Logan. Mmmm, ah ya recuerdo, ¿no nos conocimos en Miami? - 

- Señor Turpin, yo nunca he ido a Florida. - 

-Bueno, yo tampoco. Debieron ser otros dos tipos, jajaja. - dijo Alan con una risa.  

El sheriff se limitó a una breve sonrisa. - Jeje. ¿Podemos pasar a las preguntas señor Turpin? -

Alan seguía sonriendo - Por favor, solo una bromita para romper el hielo Sheriff Logan, se que lleva en el cargo once años, y yo llegue a Sierra hace veinticinco. Mis chicos y yo lo hemos visto en el desfile del cuatro de julio. Se que usted es el jefe. -

- Bueno me alegra que sepa quién soy. Ahora vamos al asunto que nos trae por aquí. Mis oficiales me dijeron que lo detuvieron hace doce horas aproximadamente, ¿es cierto señor Turpin? .-

- Si, bueno. Quizás. Hace mucho que ya no uso mi reloj. - respondió Turpin levantando ligeramente la mano derecha.

El sheriff empezó a anotar en su libreta 

- ¿Sabe porque se le detuvo señor Turpin?-

- Por una travesura que hizo mi perro viejo Chips, según entendí.  -

El sheriff lo miro con severidad. 

- Señor Turpin, se recibió el reporte de que su mascota llevaba en el hocico un… lo que parecía un brazo humano en descomposición. Se le acusa de mantener restos humanos en su propiedad, Alan. -

- Que tonterías. Lo que traía masticando el estúpido perro no era un brazo, era la muñeca. Se acostumbro a dejar las partes más grandes a sus cachorros, ¿pero es normal no?, los padres hacemos lo que sea por los hijos, ¿no es así sheriff? - 

El sheriff mantuvo la calma, pero una inquietud le recorrió el cuerpo. Siguió preguntando.

 - ¿A quede refiere con las partes más grandes señor Turpin? -

- Usted sabe. -

Por unos segundos se miraron. Alan no parecía en absoluto nervioso, el sheriff sabía que debía mantener la compostura. Siguió con el interrogatorio.

 - Bueno, en realidad no lo sé señor Turpin. ¿Podría decirme si sabe a quién le pertenece el brazo… la extremidad que estaba… consumiendo su mascota? -

-De un inútil vago, creo que se llamaba Frank. Un motociclista que llegó a la estación anteanoche. Había tenido un choque y huida, tenía muy poco dinero, pero aun así quería que reparara su feo cacharro. Cuando le dije lo que le costaría, me empezó a gritar y le juro sheriff que me mareé con el olor a hierba que escupía el muy patán. Mi mujer lo escucho desde la cocina de la casa y mando a mi muchacho Roy a ayudarme. Pero las cosas se pusieron muy feas sheriff, tuve que actuar rápido cuando vi que el tipo quería golpear al chico. El pobre es un cobarde, no hubiera podido con él. Tres golpes en la cabeza con la palanca y el infeliz cayó al suelo y ya no se levantó. 

- ¿De manera que su esposa e hijo estuvieron presentes al momento de la agresión? -

-Solo Roy, mi mujer se quedó en la cocina. - 

-Okey y después, ¿que hizo con el cuerpo de Frank? -

-Lo que normalmente hago, sheriff. - 

- ¿Y qué es lo que normalmente hace, Alan? - 

 

- Bueno, bueno. Creo que ya fue mucha charla, ¿no cree?, llevo aquí desde ayer, me perdí la cena con mi familia y esos oficiales ni siquiera me han dejado llamar a casa. Nunca me pierdo una cena familiar sheriff, y usted sabe lo importante que es comer para nosotros los hombres trabajadores, ni siquiera un poco de agua, y eso que hablar seca mucho la boca señor sheriff.  -

 - Entiendo. Deme un momento, veré qué puedo hacer. -

El sheriff se levantó y salió. Afuera del cuarto el oficial Bertz lo esperaba. 

 - Bertz, necesito que traigas agua para mí y para Turpin, también trae algo de café y unas donas de la cafetería por favor. Ah y también intenta averiguar que ha sido de la familia de Turpin. 

 - Sheriff, ese tipo estaba cortando un cuerpo en filetes cuando lo detuvimos. No tuvimos que preguntarle, el nos lo dijo. Comía personas como si fueran vacas, maldita sea jefe. ¿y usted quiere que le traiga el postre?. -

El sheriff lo miro, era normal su reacción, después de todo él había sido el primero en ver el taller sangriento de Turpin. 

- Escucha, sé que lo que has visto va más allá de lo inimaginable, pero mientras el este bajo nuestra custodia, debemos actuar bajo las reglas. Solo así tendremos una oportunidad de saber qué es lo que este hombre ha hecho, ¿me entiendes? - 

 - Usted es el jefe Sheriff. -

 Dijo Bertz y posteriormente salió por el pasillo.

Él se quedó unos instantes afuera, saco un analgésico del frasco en su bolsillo y lo llevo a su boca. Hizo tres respiraciones profundas y entro al cuarto nuevamente. 

Adentro del cuarto, Alan seguía en la silla, tranquilo. 

-Bueno ya hablé con mis chicos le traerán algo enseguida. ¿Podemos proseguir mientras tanto? - 

dijo el Sheriff mientras se sentaba. 

- ¿Por qué tiene tantas ganas de hablar conmigo sheriff?, las personas nunca se han interesado por tipos como yo. Solo soy un mecánico sin estudios universitarios, jeje.

- Creo que es mucho más que eso Alan, ¿no es cierto? -

Alan lo miro y no dijo nada. Solo levanto las cejas y sonrió. 

 - Bueno, porque no empieza diciéndome, ¿que hizo con el cuerpo de el motociclista Frank? -

- Mmmm, déjeme recordar. Roy se asustó cuando vio que no se movía, así que le dije que fuera a la cocina y le dijera a su madre que el tipo se había marchado. Después lo mandé a cerrar la estación y a llevar la motocicleta con la demás chatarra. Yo lleve al tipo a mi otro taller y lo prepare. - 

El sheriff sintió un escalofrió

 - ¿Lo preparo para qué? -

-Para mi cena por supuesto. Su ropa era horrible, ni siquiera la hubieran aceptado en la iglesia del padre John como donativo, así que la incinere. Después saqué mis cuchillos y me puse manos a la obra, es que no me gusta cenar muy tarde, es malo para la digestión y últimamente he tenido ulceras. -

El sheriff temía la respuesta que Alan pudiera darle a su siguiente pregunta, pero tenía que seguir.

 - ¿Mutilo el cuerpo? -

- Si, pero no puedo dar detalles, es que desde hace mucho padezco de… ¿Cómo era?, ah ya recordé, lagunas mentales. Mi hija Shiv lo investigo, no puedo recordar algunos momentos específicos, solo lo que hice antes o después. Me paso en esta ocasión, recuerdo hasta cuando saque mis cuchillos y después ya solo recuerdo cuando estaba frente a la T.V. viendo el partido y comiendo una hamburguesa con papas, deliciosa y recién hecha. -

El sheriff por un momento sintió que Alan mentía. Pero si era verdad o no, solo lo sabría con el tiempo y con el avance de las investigaciones. Por ahora tenia que conformarse con escuchar. Iba a seguir con las preguntas cuando noto que la puerta del cuarto estaba ligeramente abierta y Bertz se asomaba. El joven oficial miraba a Alan con horror. 

El sheriff se maldijo por no haber escuchado la puerta. 

- Bertz entra. Deja las cosas por favor. -

 Dijo al oficial, quien tardo unos segundos en obedecer. Bertz dejo en la mesa dos botellas de agua, dos vasos de café, sobres de crema, azúcar y una caja con croissants y donas. Sus manos temblaban, las botellas de agua se le cayeron y las levanto con torpeza. Luego se fue con prisa. 

- Podemos tomar un receso. - 

- Puedo seguir hablando con usted mientras desayuno, no tengo inconveniente. Es como una charla entre amigos sheriff. - 

 

 Alan tomo la botella de agua con las manos esposadas y se la acerco al sheriff, el la miró un instante y luego se acercó para abrir la botella y poner la tapa en la mesa. Alan bebió un largo trago.  El sheriff por su parte tomo uno de los vasos de café y le dio un par de sorbos. 

- Bueno, si es así, sigamos. Ahora necesito que me diga si hubo alguien más aparte de Frank a quien usted le hubiera hecho lo mismo. - 

 

¿Que? ¿Hamburguesas?, oh no, normalmente preparo cosas mejores, pero esta vez estaba muy cansado para hacerlo. -

 Dijo Alan mientras tomaba una dona de maple de la caja.

El sheriff sintió que el sabor a café en su boca se convertía en bilis amarga. Tomo la otra botella de agua y la abrió para beber. Sabía que debía mantener la compostura en todo momento, no podía permitir que aquel hombre pensara que lo estaba intimidando. 

 - Señor Turpin, me refiero a si ha asesinado a alguna otra persona además de Frank. -

Por primera vez en toda la conversación, Alan se puso serio. El sheriff se mantuvo firme. Alan arqueo las cejas. 

- Asesinar, quitar otra vida para sobrevivir nosotros mismos. Que son los humanos sino depredadores inconscientes, sheriff. Yo soy un depredador desde que nací, pero no me di cuenta si no hasta muchos años después. - 

El sheriff lo miro con atención, si hacia las preguntas correctas, Alan le diría todo, así que siguió. 

- Entonces lleva años haciendo esto, matar y comer. Su vida debe ser muy interesante Alan. -

-Nunca le he contado a nadie mi vida, ni siquiera a mi familia. - 

Dijo Alan con un trozo de dona en la boca. El sheriff sonrió ligeramente. 

-Ahora tiene una audiencia. -

-Bueno, creo que puedo tener una charla amistosa con usted. - 

 -Agradezco la confianza. Veamos, usted nació aquí en Sierra, ¿no es así? - 

 -Es correcto, hace cuarenta y cinco años, el día de San José ni más ni menos. -

 - ¿Quiénes fueron sus padres? -

-Ewan y Sarita. - 

 - Imagino que no debieron haber sido muy buenos, ¿o me equivoco? -

-Usted debe ver padres horribles todo el tiempo sheriff. Los míos eran estúpidos, pobres y adictos, no malvados. Y yo había nacido con un tipo de retraso también, cuando iba a la escuela me decían que era como un animal con cuerpo de toro, cabeza de asno y cerebro de pollo, jeje. - 

- ¿Y cuantos años vivió aquí en Sierra la primera vez? -

-Hasta los once, después nos mudamos por qué mi padre no podía pagar sus deudas, ahora que lo pienso, fue más una huida que una mudanza. - 

-Okey, ¿y después que hizo su familia? - 

-Maldita sea sheriff, que no hicimos. Al principio íbamos en una camioneta tan vieja que pasábamos un largo rato tratando de encenderla. -

 Dijo Alan mientras abría un sobre de azúcar, el sheriff noto que sus manos temblaban.

-Teníamos muy poco dinero, mis padres no comían, se la pasaban fumando y bebiendo cerveza barata. A mí me dieron una caja de cereal y me dijeron que debía durar al menos hasta que encontraran un trabajo. Viajamos por una carretera desierta por dos días hasta que llegamos a una ciudad grande, era Detroit. -

 

Alan había derramado azúcar en la mesa. El sheriff recordó los temblores provocados por el Parkinson.

-El caso es que mi padre tenía un primo ahí que podía ayudarnos, se llamaba Roman. Nos estacionamos en un lugar público y me dijeron que esperara ahí, mientras ellos iban a buscar a su amigo. Estuve esperando mucho tiempo. Llegue a pensar que ya no iban a volver por mi. Me quedé ahí de todos modos, me daba miedo salir porque no conocía el lugar. Todavía tenía cereal, comía de hojuela en hojuela para calmar un poco mi hambre. En la noche ellos regresaron y nos fuimos a la casa de Roman. - 

El sheriff espero un momento antes de volver a preguntar. Pero Alan se adelantó.

-Roman era el dueño de una casa de adictos al crack. Tenía otra casa limpia a un lado donde él vivía. Mi padre iba a trabajar con él mientras nos quedábamos en su casa. 

 

 - ¿Y cuánto tiempo vivieron ahí? -

-En la casa de Roman, como un mes. En la casa del crack vivimos cinco años, había habitaciones en el piso de arriba para nosotros. Sabe, es curioso, estaba intentando dejar el café, pero ya no importa. - 

Alan se detuvo para tomar café, el sheriff ya no volvió a probar el suyo, sentía un leve dolor en el estómago.

-Esto se siente muy bien. Es como sacar algo que siempre tuve dentro de mí, esperando el momento oportuno para salir. Mi hija dice que se llama terapia. - 

- Bueno, no soy terapeuta. Pero se lo que ocultar secretos le hace a la salud de las personas. Sigamos entonces, ¿que hizo usted en ese tiempo en Detroit? -

-Todo lo que mis padres me decían. Limpiar, ir de compras arreglar las cosas rotas, enviar recados. Cuando me hice mayor, de catorce o quince años, empecé a acompañar a mi padre al trabajo. - 

- ¿Cuál era ese trabajo? -

-Se deshacía de los malos clientes y los rivales de negocios. Les daba un tiro, les quitaba todo lo que tuvieran de valor y luego los desaparecía. Los cortaba en pedazos para que fuera más fácil. -

El sheriff empezó a atar cabos mentalmente.

 - ¿Usted vio como lo hacía? -

- Si, pero a escondidas. Normalmente solo era el chofer, ya había podido sacar mi licencia. - 

-Y su madre? -

-Era cocinera, de crack. Un día tuvo un accidente con los ingredientes. Los gases la marearon y se desmayó. No volvió a levantarse. Mi padre se encargó de su cuerpo. -

- ¿Como es que nunca lo ayudo Protección a Menores, o la policía? -

- Jeje, eso es muy fácil de adivinar. Éramos invisibles, basura humana nada más. Al gobierno le servíamos más muertos que vivos, la zona entera era causa perdida. Nunca mire una patrulla por ese vecindario. -

- ¿Y después como se libró de eso? -

- Por pura suerte. El primo Román y su gente tuvieron problemas con otro grupo y después fue cuando ocurrió la masacre. -

Alan recargo los brazos en la mesa y miro hacia el piso. Estaba recordando.

 -Escuché los disparos, los gritos y luego nada. Yo estaba arreglando algo en el sótano y ahí me quedé por un largo rato. Luego la sangre de arriba empezó a escurrirse por el piso hasta caer abajo. -

Se quedó en silencio unos segundos, mirando a la nada, luego continuo.

- Subí a buscar nuestra camioneta, afuera había un par de perros olfateando un cuerpo que había quedado entre la calle y la acera, quizás era el de mi padre o el de alguien más. Cuando pisé el acelerador, ya se lo habían empezado a comer. -

- Qué situación. En este trabajo sabemos muy bien como han arruinado las drogas al país. Usted era libre, ¿Que hizo después? -

Alan cambio su postura, volvió a mostrar su rostro tranquilo.

- Conduje por la carretera estatal sin rumbo, pensé en volver aquí, era el único lugar que recordaba. Pero recordé las deudas de mi padre y me retracte. Me fui por otro camino. Ya no me importaba a donde me llevará. - 

Alan hizo una pausa para beber y luego continuo.

-Terminé en un lugar de Tennessee. Para entonces ya era invierno y yo apenas tenía unos dólares en la bolsa. Encontré un almacen abandonado y me estacione cerca, luego me dormi por horas. Cuando me desperté habia empezado a caer nieve. Tenía frio a pesar de estar dentro de la camioneta, pero además de eso, tenia mucha hambre. Luego de unos minutos en los que pensaba que hacer, vi que cerca del almacén salía humo. Me acerque y estaba un par de hombres ahí con una fogata, estaban asando algo y se me hizo agua la boca. 

El sheriff sintió una punzada de dolor en el estómago.

-Cuando me les acerque, intente ser lo más amable posible. Solo les dije “Hola caballeros, estoy perdido, perdónenme por molestarlos, pero el frio me está matando.” Me preguntaron quién era, y yo les dije que habían asesinado a mi padre y no tenía a donde ir. Creo que les di lastima, me dejaron acercarme y los conocí. -

Alan parecía feliz de recordar esa parte.

- Eran dos viejos vagabundos, adictos y más locos que cuerdos. Pero por varios días, ellos fueron mis únicos amigos. Uno se llamaba Axel y el otro Sal, tenían los brazos llenos de costras por las agujas y las narices quemadas por las pipas de vidrio. - 

Dijo mientras señalaba sus propios brazos y nariz. 

- Hablamos un rato, contaron muchas historias, pero no pude entender bien ninguna. Creo que los dos estuvieron en el ejército, lo mencionaban mucho. Aunque también pudieron haber sido policías, jeje. -

Alan hizo una “L” con los dedos de la mano derecha y simulando un arma, le apunto al sheriff y después con una sonrisa hizo como que disparaba. El sheriff sonrió muy poco.

- Luego de un rato, la carne se terminó de asar. Parecían trozos de briskit. Sal me ofreció un poco, yo le pregunte que carne era y el solo me respondió “comerás mejor si no sabes que es.” Ellos empezaron a comer sus trozos, yo por mi parte, lo pensé unos segundos y finalmente, también empecé a comer. Luego de terminar el primer trozo, acepte otro más grande. - 

-Supongo que ahí comenzó su costumbre.

- Quizás, yo solo quería comer algo que no hubiera sacado de la basura. Los primeros días me puse a vagar por el lugar. Había muchas tiendas y en algunas solicitaban personal. Pregunte en todas las que pude, pero al final, solo en una me dijeron que podian entrevistarme. Era una carnicería, los dueños eran dos ancianos italianos que ya no tenian mucha fuerza para el trabajo. El salario era muy malo, pero era en efectivo, yo les dije que me parecía bien y me contrataron. Las primeras semanas me decía a mí mismo que solo estaría ahí hasta juntar suficiente dinero para irme a otra parte, pero al final, me quede ahí más de cinco años. -

-Supongo que aprendió mucho ahí. -

-Con el tiempo lo hice, ese par de genoveses hijos de puta eran muy buenos cortando. Yo no podía pagar una renta y no quería hacerlo. Dormía en mi camioneta o pasaba el rato con Sal y Axel. Fue una buena época. -

- ¿Y cómo se terminó?

 Alan volvió a ponerse en su postura reflexiva, con los brazos en la mesa y la mirada perdida.

-A unos meses de haberlos conocido, cayo una tormenta de nieve horrible, se podría decir que apocalíptica. Cuando termino, fui corriendo al refugio cerca del almacén. Axel estaba ahí, agachado, viendo algo entre la basura, era Sal, se había quedado solo en el refugio, Axel paso la tormenta en una iglesia cercana. Estaba cubierto con periódico, pero, de todas maneras, murió de hipotermia. -

El sheriff noto que Alan sudaba.

-Le pregunte a Axel que debíamos hacer, y el solo me dijo que lo ayudara a llevarlo dentro del almacén. Lo cargamos entre los dos y entramos por una valla rota al interior. Estaba oscuro, pero había una ventana abierta que dejaba pasar la luz. Me condujo a una habitación muy al interior. -

- ¿No tuvo miedo?

-Los vapores del crack en la casa del primo me habían arruinado la nariz, desde entonces casi no podía oler, supongo que no podía olfatear el peligro y cosas así. En fin, en ese lugar había muchas moscas y en medio de la habitación había una mesa ensangrentada, ahí colocamos a Sal. Mire el lugar por un rato, me resultaba parecido a mi nuevo trabajo. -

- ¿Porque obedeció a Axel? - 

-Bueno sheriff, no se usted, pero a mí siempre me enseñaron en casa que debía obedecer a mis mayores, sobre todo si eran los que ponían el pan en la mesa. -

-De acuerdo, siga por favor.

-Tengo lagunas respecto a ese momento. Creo que Axel empezó a desvestir a Sal, o quizás fuimos los dos, el me mostro un par de viejos cuchillos de guerra que tenía ocultos en la habitación y un mandil muy sucio, también recuerdo que el sostenía una linterna, parecía un maldito minero, jeje. -

- ¿Qué más puede recordar de esa ocasión? -

- Recuerdo que esa noche teníamos una hermosa y cálida hoguera frente a nosotros, con grandes trozos de carne asándose. Como solo éramos dos, nos tocó mucha carne a cada uno. - 

- Imagino que así fue. ¿Y que más hizo con Axel? -

- No mucho, a los italianos les gustaba la forma en que trabajaba, así que me pagaban más horas. Trabajaba mucho en el día y por las noches guardaba algunos trozos buenos de res o cerdo para cocinarlos con Axel en el refugio. Pero una noche en que fui como de costumbre, no lo encontré. Me fui para donde tenía oculta mi camioneta y al pasar por un callejón lo vi, tirado en el suelo, inmóvil, con el cráneo reventado por un ladrillo. -

- ¿Y aviso a la policía? -

- No sheriff, él era mi amigo, así que me puse muy triste, pero yo sabía lo que debía hacer. Lo envolví en su viejo abrigo y lo cargue, yo siempre he sido un chico fuerte así que no me costó trabajo llevarlo al almacén y luego hasta la habitación de la mesa, ahí lo puse. Yo ya sabía en que parte ocultaba Axel los viejos cuchillos. -

- Supongo que esa noche usted ceno muy bien, ¿o no Alan? -

-T engo otra laguna durante ese momento. Recuerdo que encontré los cuchillos y el mandil de Axel, y después ya solo me acuerdo de que yo estaba frente a la fogata. La carne ya se había asado, pero antes de comer, a manera de funeral, queme las cosas de Axel en el fuego. Luego comí hasta llenarme. -

- ¿Y se acabó toda la carne? -

- No, todavía había mucha, entonces vi que se habían acercado unos perros olfateando la comida, los deje terminar el resto. -

-Alan, espere un momento, creo que le sangra la nariz. -

 Dijo el sheriff señalándolo con la mano. Alan se palpo la cara, le salía un hilillo de sangre de la fosa izquierda. El aspiro, y movió la cabeza sin ninguna señal de preocupación. 

- No es nada, me pasa muy seguido, es porque trabajo mucho con escapes de autos, jeje. 

El sheriff se puso de pie, saco un pañuelo y se acercó a Alan para dárselo.

- ¿Seguro que quiere continuar? - 

-Si por supuesto, pero necesito ir al baño un momento, ¿está bien sheriff? -

-Si no hay problema, llamare a mis chicos. Espere un momento. -  

El sheriff salió del cuarto, afuera estaban Bertz y Diaz. El sheriff se dirigió a este último.

 - Necesito que acompañes a Turpin al sanitario. No te descuides y no dejes que intente asustarte, ¿Okey? -

- Si señor, enseguida. - 

Dijo el oficial y luego entro a la habitación. El sheriff se llevó a Bertz aparte, cuando estuvieron solos le pregunto en tono amable:

- ¿Cómo estás? - 

-Estoy bien señor. -

-Hay alguna novedad? -

- Señor el servicio forense se retrasó bastante para comenzar y ahora nos dicen que todavía tardaran horas, podría haber restos debajo de toda la propiedad. Acordonamos el area pero la gente esta muy agitada, quieren verlo con sus propios ojos. El apoyo ya llego, pero también llegaron muchos reporteros, esto será noticia nacional. -

- Era cuestión de tiempo, y la familia de Turpin?-

- Interrogaron a su esposa Marcia y al chico Roy, los más jóvenes no pueden declararan por su edad. Al parecer ninguno sabia nada. Dicen que nunca entraban a su taller y que el siempre cocinaba aparte para el mismo. Ahora siguen en su casa junto a la estación, están siendo resguardados. -

- Muy bien, ahora necesito tu ayuda para algo más. Averigua el historial médico de Turpin y revisa en los archivos todas las desapariciones y homicidios sin resolver en los últimos veinticinco años y pide la misma información a los condados vecinos. Que los demás te ayuden, este caso es nuestra mayor prioridad por el momento, ¿está claro?  -

- Si señor. -

- Ah y algo más. Necesito que averigües si Turpin participa en las colectas de ropa que organiza el padre John. -

-De acuerdo. -

El joven oficial se fue. Cuando se quedó solo, el sheriff tomo el frasco de analgésicos de su bolsillo y sacó varias pastillas. Se quedó mirándolas en su mano. 

                                                                         °°°

Alan estaba otra vez en el cuarto de interrogación sentado y esposado. El sheriff entro y se sentó otra vez.

 - Bueno, supongo que podemos continuar, le parece bien señor Turpin?-

Él le sonrió y respondió 

- Usted es el jefe. -

El sheriff reviso su libreta de notas.

-Nos quedamos en que … su amigo Axel murió. -

- Sí, estaba solo. Solo me quedaba el trabajo. Fue en esa época cuando conocí a mi Marcia. Ella y su madre eran clientes frecuentes de la carnicería. -

Alan parecía feliz al recordar.

- Su madre era una gorda mandona y paranoica. Era viuda, su marido había muerto hace poco. Se refugió de su soledad en la comida, el whisky y las series de Fox. Compraban comida para cinco personas, pero solo vivía con Marcia, y ella era muy delgada, un ángel. - 

El sheriff sonrió.

 -Empezaron a salir, supongo. -

-Jeje, primero solo charlábamos. Pero cuando su madre dejo de salir y ella salía sola, empezamos a vernos con más frecuencia. Yo le regalaba flores y dulces, ella a mi cartas y besos. Fue Marcia quien me mostró lo bello del mundo sheriff, hasta entonces yo solo había conocido el lado más podrido. -

El sheriff se fijó en su anillo matrimonial.

 -Y cuando se casaron-?

- Jeje, salimos por casi cuatro años. Pensaba en que sería muy difícil proponérselo ya que su madre la tenía como su sirvienta personal. Pensé que talvez podríamos escapar. -

- ¿Lo hicieron? -

- No fue necesario, una noche yo estaba en mi camioneta cuando ella llegó a buscarme muy asustada, dijo que al salir de ducharse encontró a su madre sentada frente a la mesa con la cara en el plato de la cena, no se movía. Cuando la movió, tenía los ojos en blanco, no respiraba y en su boca todavía tenía la comida masticada. -

- ¿Y que hicieron con ella? -

-No lo que usted imagina sheriff, jeje. Ella llamo a una ambulancia y después llegó el forense. Se la llevaron, fue una lástima, eran como 100 kilos de carne, aquella vez yo había llevado mi cuchillo por si acaso. -

- ¿Y qué paso después?, los dos eran libres. ¿se casaron? -

-Éramos libres, es cierto. Ambos queríamos empezar una nueva vida, yo le mencioné mi antiguo hogar, no Detroit, sino Sierra. El clima, la gente, la tranquilidad. Ella se conmovió de que existiera un lugar tan apacible, así que nos casamos y nuestra luna de miel fue el viaje de Memphis hasta acá. -

- Llegaron a Sierra para empezar de nuevo.

 

-Así es, hace veinticinco años, el tiempo pasa volando cuando eres feliz, ¿no cree?, en fin, yo tenía mucho dinero ahorrado, compramos una casita y pude encontrar trabajo como cocinero en la cafetería de Joe, era muy popular en esa época, ¿la recuerda sheriff? - 

-Claro, era un lugar muy popular, el dueño de la cafetería y el viejo dueño de la estación eran hermanos. Los conocí hace mucho tiempo. -

-Bueno, yo era el cocinero y también era muy bueno. -

El sheriff pensó en lo que iba a preguntar a continuación, estaba indeciso.

-Poco después supe que Marcia estaba embarazada. -

-De Roy, ¿no es así? -

-Si, mi primogénito. -

-Y en ese tiempo, ¿no volvió a sentir la necesidad de comer carne humana? -

-Claro, pero es algo que tuve que aprender a controlar, no quería que mi Marcia se enterara. Solo en una ocasión hice algo parecido, vera sheriff, con lo del embarazo me puse muy ansioso, usted sabe, nuestra vida entera cambia cuando nos convertimos en padres y yo me la pasaba dándole vueltas a esto. -

-¿Entonces volvió a cazar para calmar su ansiedad? -

-Oh no, yo no mate en esa ocasión. Fue un tiempo después de que me contrataran, un chico se cortó la mano lavando los cuchillos al final del turno, sangro mucho y dejo un charco en la mesa a un lado del fregadero. -

 Mientras hablaba, Alan gesticulaba con las manos esposadas. 

-Lo llevaron al hospital, yo me quedé para terminar de cerrar. Desde que ví la sangre, mi cuerpo se inquieto. Entonces cuando me quedé solo, tome unos bollos que habían sobrado, un frasco de mayonesa y una pala. Hice unos bocadillos muy buenos con la sangre del chico, los comí con una cerveza mientras veía el partido en la T.V. -

El sheriff sintió nauseas de imaginarlo, pero no dio muestras de ello y siguió interrogando.

 -Okey, ¿entonces también tiene impulsos vampíricos Alan? - 

- No sheriff, siempre prefiero la carne bien preparada, pero en momentos de necesidad consumía lo que encontraba. -

- ¿Hizo algo parecido en otras ocasiones? -

- Si, está la vez que mi hijo Roy nació. Usted se imagina lo mal que nos ponemos cuando nos enteramos de que es hora del parto. -

- ¿Que paso en aquella ocasión? -

-Yo estaba comprando ingredientes para la cafetería lejos de Sierra cuando me avisaron que Marcia había roto la fuente y una vecina la había llevado al hospital. Regrese tan rápido como pude, para cuando llegue al cuarto del hospital, Marcia me estaba esperando, junto con nuestro hijo. -

Los ojos de Alan brillaban mientras hablaba.

-Debió ser un gran momento para usted, ¿y que hizo después con su hambre, ahora que ya tenía un bebe? -

-Aquella noche en el hospital, yo esperé que Marcia y el bebé se durmieran, luego salí y me puse a caminar por los pasillos vacíos. Es normal que los primerizos se sientan muy ansiosos, hay tanto en la cabeza, usted sabe sheriff. -

-Si, lo sé muy bien. Es completamente entendible. -

- El dinero para pagar el hospital, los juguetes que el bebé va a necesitar, las cosas de la casa que tenemos que desechar porque no queremos que se lastime, etc. Yo pensaba en mil cosas mientras caminaba y cuando volví al presente, me encontraba a pocos metros de la morgue. -

- ¿No encontró a nadie vigilando el lugar? -

-Había un guardia y nada más. Era de noche y casi todos se habían ido. Yo iba a regresar al cuarto con Marcia, pero en el camino ví que habían dejado una bata y un gafete en una camilla. -

-Supongo que lo devolvió. -

-Claro que lo hice, pero primero lo tomé prestado un momento. También un cubrebocas y un cubre pelo que encontré cerca. Me quedaban muy bien esas cosas, el guardia ni siquiera me preguntó nada cuando pase a un lado de el.-

-Creo que en la morgue usted se sintió muy feliz. -

-Lo fui, traía en mi bolsillo la navaja que todavía guardaba de los tiempos con mi padre y un pequeño contenedor que encontré en el lugar. Entre al área de las cámaras frigoríficas, abrí las puertas y después… otra laguna. Recuerdo que al día siguiente tuve un gran desayuno para celebrar mi paternidad. -

El sheriff anotaba en su libreta cuando un detalle salía a la luz. Llevaba muchos. 

-Creo que después no le debió de resultar fácil regresar a la morgue, ¿o me equivoco? -

-No, tiene razón. No podía regresar. Criar a Roy me tomo todo el tiempo que tenía afuera del trabajo. Después de un tiempo, Marcia y yo sabíamos que necesitaba conseguir un mejor empleo, los dólares iban a necesitarse más y más en el futuro. Así que pensamos en todas las opciones que teníamos. -

-Fue cuando entro al negocio del servicio para autos, ¿no es así?

-Jeje, creo que usted debería contar la historia en lugar de mí, sheriff. -

-Lo siento, por favor continue. -

-Bueno usted tiene razón. El dueño de la estación me ofreció un trabajo. Él y yo nos conocíamos porque siempre preparaba su almuerzo en la cafetería. Además, yo tenía fama de ser un chico fuerte y el necesitaba eso en su estación. Empecé a ganar más dinero. -

El sheriff sintió que su teléfono vibraba. Lo reviso y vio que Diaz le mandó un mensaje que decía “Llámeme en cuanto pueda”. El sheriff tenía un mal presentimiento.

-Trabajé ahí como empleado por años, no sabía mucho de autos, pero aprendí con el tiempo. Y después fue cuando ocurrió el accidente en el lago con los chicos de la preparatoria. ¿Lo recuerda sheriff? -

- Por supuesto que sí, yo ya era oficial en ese entonces. Una lancha con varios chicos de la preparatoria de Sierra se accidento contra otra que llevaba a unos turistas texanos borrachos. Incluso recuerdo el saldo, catorce heridos, un muerto y un turista desaparecido.  ¿Porque lo menciona?, ¿tuvo algo que ver con ese accidente? -

- Con el accidente no sheriff. Pero digamos que yo encontré al turista que ustedes no pudieron localizar, y ni siquiera tuve que meterme al agua, jeje. -

El sheriff se puso helado, ese caso se había cerrado hace años, se declaró oficialmente que el tipo murió ahogado y nunca encontraron su cuerpo posiblemente por la presencia de caimanes en la zona. Solo se pudieron encontrar unas pertenencias ensangrentadas flotando.

-Necesito que me cuente todo Alan, con todos los detalles que pueda. - 

-Jeje, creo que no tiene más nada importante que hacer hoy sheriff. ¿Tiene tiempo para todo lo que tengo que contar todavía?

-No hay ningún otro lugar donde deba estar más que aquí mismo. - 

- Muy bien, entonces seguiré. Mire, al día siguiente del accidente yo iba con mi Roy al lago para pescar por primera vez, era su regalo de cumpleaños. Ya en la orilla, por la parte norte, nos instalamos. Saque las cañas recién compradas, la carnada, la hielera con las cosas que Marcia nos preparó, en fin, todo para que tuviéramos una hermosa tarde juntos, padre e hijo. -

El sheriff escuchaba con mucha atención, ni siquiera podía parpadear.

- En un momento tuve que ir aparte a orinar. Le dije a Roy que no se acercara a la orilla hasta que regresara. Caminé pocos metros hasta los árboles y entonces ahí lo vi. Era el tipo que buscaban, lo sabía por que vi su foto en el noticiero. Estaba tirado en el suelo, no se movía, yo me acerque con cuidado y busque su pulso, ya no tenía. -

- Qué piensa usted que ocurrió? -

-Era obvio, el tipo no apestaba entonces llevaba poco tiempo de haber muerto. Supongo que nado bastante y quedo demasiado cansado como para levantarse, note que tenía unas protuberancias en la cabeza, debió golpearse mucho en el choque de lanchas, tal vez tuvo un derrame. -

- ¿Esta seguro que él ya estaba muerto? -

-Claro que sí, va a tener que creerme sheriff. Llevaba unas horas de haber muerto sin duda, entonces pensé en lo que debía hacer, Roy seguía esperándome en la orilla, no quería dejarlo solo mucho tiempo, así que regresé. Lo encontré en el pasto, dormido, lo metí con cuidado en la camioneta para que no despertara, luego tome algunas herramientas que guardo ahí. Regrese a donde estaba el texano con un martillo, un cuchillo de cocina y la hielera, a y mi navaja por supuesto. 

-El sheriff sintió que su celular volvía a vibrar, pero no lo reviso.

-Me temo que aquí también tengo otra laguna sheriff, solo puedo recordar cuando iba camino a casa, Roy seguía dormido en el asiento de atrás y en la cajuela iba la hielera, estaba llena esa vez sheriff. - 

- ¿Como es que se lo oculto a su esposa?

- Guarde la carne en un congelador en el sótano de nuestra casa. Cuando estaba solo, bajaba y tomaba lo que necesitaba para mi comida de ese día. Tengo un gran apetito sheriff, vacié el congelador en una semana. Los restos los queme en el incinerador del taller cuando no había nadie. -

-Alan, creo que necesitamos otro receso.

- ¿Por qué sheriff?, ¿se cansó de hablar conmigo?

- Oh no, podría escucharlo todo el día, pero me doy cuenta de que mojo sus pantalones. -

Alan se miró la entrepierna con confusión, había una mancha húmeda.

- Oh, parece que sí, lo siento sheriff, últimamente tengo estos accidentes. ¿Puedo ir al baño otra vez? -

-Claro, iré por mis oficiales. -

El sheriff salió, afuera estaba Bertz. 

-Hola, ¿cómo va todo? -

-Señor, encontraron más partes humanas en un congelador de su taller personal, los forenses dicen que hay restos de al menos tres personas. -

El sheriff suspiro. Tres personas tan solo en los últimos días. Debía continuar hablando con el hasta sacarle todo. Se dirigió a Bertz:

- ¿Sabes algo de Diaz? - 

-Si, envió por correo los expedientes médicos de Turpin, al parecer cuando nació tuvo complicaciones, le falto oxígeno, nada realmente grave. Pero en la primaria tenía muy bajas notas y era de lento aprendizaje, no era retrasado, tenía un tipo de autismo leve, los maestros recomendaron terapia educativa pero nunca sucedió. -

El sheriff sabía que Turpin dejo la escuela a los once años.

-También dicen que se atendía en el hospital con regularidad, todo por lesiones menores, dientes con caries, torceduras de espalda, quemaduras con aceite de motor, nada muy relevante, pero desde hace dos años ya no hay nada en su expediente médico. Lo último que hay es un examen de sangre que se realizó, al parecer sus niveles de colesterol y triglicéridos estaban altos, y probablemente tenía alguna infección en hígado y riñones. No regreso para recibir tratamiento. -

-Muy buen trabajo Bertz, ¿averiguaste algo de los crímenes sin resolver? -

-Sigo en eso señor-

-Por ahora necesito que acompañes a Turpin al sanitario, ¿puedes hacerlo? -

Bertz palideció. 

-Si, sí señor. - 

-Eres un buen oficial, también necesito que le proporciones un cambio de ropa limpia, deja la de el bajo resguardo, que nadie la toque y no te descuides ni un segundo, ¿entendiste?. -

-Si sheriff. - 

Respondió y se acercó a la puerta del cuarto, iba a abrirla cuando volteo hacia el sheriff.

-Señor, olvide decirle, llame al padre John para preguntarle por la participación de Turpin en las colectas. Dijo que le preguntaría a su asistente. -

-Muy bien, buen trabajo. -

Después de que Bertz entro al cuarto, el sheriff vio que Lucy, la joven recepcionista de poco mas de 1.50 mts., cabello largo rubio y gafas enormes llegaba.

-Sheriff lamento interrumpirlo, pero alguien insiste en hablar con usted, dice que tiene algo importante que mostrarnos en privado. -

- Voy para allá. -

El sheriff sintió dolor en los hombros. Caminaron al pasillo, ahí estaba una mujer de más o menos cincuenta años, usaba pañuelo en la cabeza y en su cabello había canas. El sheriff la reconoció, era Gretel, la asistente del padre John, ella se encargaba de manejar las colectas de la iglesia. Aun lado de ella, en el piso, había una bolsa negra.

- Señora Gretel, ¿Como esta? -

La mujer extendió su mano, el sheriff se dio cuenta de que estaba fría y temblaba.

-Sheriff, estoy conmocionada como todos. Supe lo que encontraron en el taller de Turpin y en el suelo debajo de su casa, Dios mío, nunca imaginé que alguien fuera capaz de hacer algo así en estos días. -

-Lo sé, es casi increíble, perdóneme, pero tenemos mucho trabajo que hacer al respecto, solo dígame que necesita. -

-Su oficial llamo al padre John preguntando si ese hombre participaba en las colectas, y tiene razón, él nos donaba ropa con frecuencia. Una o dos bolsas al año desde hace más de una década. Todo era normal, la ropa estaba limpia y en buen estado. La última vez que nos dio un donativo fue el mes pasado, no lo había abierto antes porque se quedó en una parte de la bodega que habíamos olvidado revisar. -

Gretel le señalo la bolsa negra en el piso.

-Es esa, sheriff, lo sé porque tengo la costumbre de ponerles etiquetas a las cosas que nos dan, con el nombre y la fecha del día de la donación. La abrí después de que la encontré esta mañana. -

El tono de voz de Gretel se fue agudizando. 

- Antes llame al 911 pero me dijeron que las unidades estaban ocupadas, luego espere veinte minutos, pero me desespere, entonces la subí a la camioneta de la iglesia y conduje hasta acá. - 

Gretel empezó a llorar, Lucy intento consolarla.

- Perdóneme sheriff, pero no podía dejarla en la iglesia, eso es obra del mismísimo Satán - 

Lucy se acercó para abrir la bolsa, pero el sheriff la detuvo. En su lugar se colocó un guante quirúrgico que tenía en su bolsillo, abrió la bolsa con cuidado y revolvió el interior, luego se detuvo y su mirada se quedó fija en el contenido frente a el.

-Tiene razón Gretel, esto es obra del diablo. - 

Lucy se acercó, Gretel seguía llorando. La recepcionista palideció y se cubrió la boca al ver el contenido; era ropa, de varias tallas y colores, pantalones, camisetas y suéteres. Todos arrugados, con agujeros y roturas, también casi todas las prendas tenían manchas viejas de sangre, el olor a podredumbre invadió la estancia.

                                                                             °°°

Cuando el sheriff regreso con Alan, él ya tenía puesto ropa limpia. Era una camiseta blanca y un pantalón deportivo. La mesa había sido recogida, encima solo había dos botellas de agua nuevas. 

El sheriff se sentó decidido a continuar.

-Bueno Alan, ahora que estamos más cómodos, siga con su historia. ¿Qué paso después de que se comió al turista? -

-Seguí con mi vida sheriff, jeje. Mi hambre se calmó por un tiempo. Años después, Marcia otra vez estaba embarazada. El estrés de la paternidad me volvió a pegar con fuerza. El dinero, el tiempo, los cuartos, etc. Tanto en que pensar hizo que empezara a beber más de lo normal. -

- ¿Nunca busco ayuda médica? -

-Lo pensé, pero dudo que hubieran hecho algo más aparte de ponerme una camisa de fuerza y un bozal para luego encerrarme el resto de mi vida en un cuartucho. -

Alan ladeo la cabeza. 

-No, no. Yo tenía una familia a quien alimentar sheriff. Aunque Marcia y yo a veces peleábamos. Y una ocasión fue peor que las demás. Su embarazo ya estaba muy avanzado y por eso siempre andaba muy irritable. Nos gritamos muchas cosas horribles. Me salí de casa para que se calmara, conduje por la carretera y me detuve a un lado del camino, afuera de la escuela abandonada del kilómetro once. Sali a fumar un cigarrillo, empecé a caminar por el lugar, era de noche. Luego vi que había humo saliendo de uno de los viejos salones, me acerqué y vi que había una fogata y aun lado estaba un hombre dormido. Había botellas de licor vacías en el piso. 

- Supongo que recordó a Axel y a Sal.-

- Jeje, si así fue. Recordé los viejos tiempos, las fogatas, la ciudad, la carnicería, el almacén, la habitación de las moscas. Mi estomago rugio, no habia comido en horas. Sali de casa sin que Marcia me hubiera servido la cena. El tipo estaba bien dormido, me acerque en silencio y saque de mi bolsillo la navaja, siempre la mantengo bien afilada. -

La mirada de Alan volvió a perderse, no dijo nada por un par de segundos.

-Luego viene otra laguna, cuando pude recordar, ya estaba satisfecho, la fogata se estaba apagando y todavía era de noche. Fui por una pala a mi camioneta, cave un agujero y deje ahí todos los restos. Marcia y yo nos reconciliamos al día siguiente. -

-¿Su segundo hijo cuando nació? -

-Un par de meses después. Era un chico muy inquieto, lo llamamos Connor. Ese año fue cuando compramos la estacion de servicio con el dinero que habiamos recibido de la herencia de Marcia. Costo trabajo hacerla funcionar al principio, pero lo logre. Con las primeras ganancias, mande construir la nueva casa junto a la estación. -

-Nada mal para un hombre que empezó desde cero. -

-Usted lo ha dicho sheriff, jeje. 

-Hay algo que sigo preguntándome. ¿Que tuvo usted que ver en la leyenda urbana de el “Comegente” ?, la que se contaban los niños de la escuela para asustarse y que después se empezaron a creer también los padres. -

- Se había tardado en preguntar sheriff, jeje. Aunque no lo crea, yo no empecé el rumor. Supe por mi hijo Roy que en la escuela un chico dijo que vio a un hombre entre los arboles cerca del lago comiendose la pierna entera recien arrancada de una persona, el chico dijo que corrio de vuelta a su casa y cuando regreso, solo quedaba el hueso. Jeje, dijo que lo había conservado, pero cuando sus amigos fueron a verlo era solo un hueso de vaca que sobró de una parrillada-

-Una historia muy parecida a la realidad para haber sido inventada, ¿no cree? -

-Por favor sheriff, nunca he comido la carne cruda. Además, después decían que era un loco que escapo de un psiquiátrico, y luego cambiaron al loco por un caimán del lago. El "Comegente era solo el nombre de un cuento de terror de los niños de Sierra. -

- Quizás al inicio, pero ese es el nombre que usted le dio a los oficiales cuando le preguntaron quién era el dueño de los cuchillos de carnicero que encontraron en su patio. ¿No lo recuerda? -

- Por supuesto que sí, fue lo primero que me vino a la mente, supe que, a partir de ahí, la gente sabría quién era yo y no quería ser solo Alan Turpin el caníbal. -

- ¿Cuál fue la siguiente víctima de el “Comegente” ?, un vago, un adicto, un cliente?

Alan sonrió, después de unos instantes de mirar al sheriff finalmente respondió:

-Le diré sheriff, pero no olvide que dijo que me escucharía todo el día. -

                                                                     °°°

En algún momento de la noche, Bertz y Díaz estaban afuera del cuarto de interrogación. El sheriff salió, mirando hacia el piso, callado. Le pregunto a los oficiales sin mirarlos:

- ¿Hay novedades? -

Díaz respondió:

 - Si señor, un par de agentes del FBI llegarán en cualquier momento, los forenses terminaron por hoy, pero regresarán mañana a primera hora. La … envidencia que la señora Gretel nos trajo está siendo examinada todavía. La zona está muy bien resguardada para que nadie interfiera con la investigación. -

- ¿La familia Turpin?-

-Están bajo vigilancia. 

- ¿Dijeron algo más? -

-No señor, la esposa tuvo una crisis nerviosa, pero se le administro un calmante. Los niños no han salido de su casa, solo Roy el mayor, no deja de mirar a los forenses mientras trabajan, tal vez está en shock. Por cierto, me han preguntado algunos reporteros si habrá pronto una rueda de prensa con la información del caso. -

El sheriff lo pensó un momento.

-Si, diles que habrá una después de que hablemos con el FBI y después de que escribamos el primer informe oficial. Espero que sea mañana a primera hora. -

Diaz y Bertz se miraron entre ellos.

Bertz pregunto:

 - Señor, con la información de los forenses de hoy, se estima que han encontrado los restos de al menos siete personas, ¿compartiremos ese dato mañana? -

 

-Si, y después con los días tendremos que buscar la forma de anunciarle a la gente de Sierra que el hombre con el que vivieron por décadas era uno de los asesinos seriales más prolíficos de los últimos tiempos y también uno de los más sádicos. -

Diaz le pregunto confundido:

- Pero señor, Turpin dijo que canibalizó a gente ya muerta, entonces la mayoría de los restos encontrados podrían …

-Lean esto y úsenlo para redactar el informe, después dime lo que piensas de los restos en su casa. -

El sheriff les mostro la libreta que uso en el interrogatorio. Estaba casi llena de información, había nombres de personas y fechas resaltadas con tinta roja. Eran muchos nombres los que se podían leer al pasar las páginas. 

Bertz pregunto mientras daba vuelta a las páginas:

- Señor, ¿el recordó el nombre de todas las victimas? -

-De algunas si, de otras él no recuerda el nombre, pero yo sí, y es porque investigue sus casos en la época en que ocurrieron. La mayoría se consideraban cerrados por falta de sospechosos. Actuó frente a nosotros todo el tiempo. -

El sheriff camino erráticamente por el pasillo, se notaba que estaba profundamente consternado. Se llevo la mano a la cabeza. Dijo con tono de decepción:

- Si él no hubiera empezado a perder la razón, no lo hubiéramos atrapado. Prácticamente nos guio hacia el mismo con el ultimo asesinato, si no hubiera sido asi, de seguro seguiría asesinando gente en la carretera para servírsela en la cena. -

Los oficiales miraron al sheriff, no sabían que decirle. Diaz fue el que hablo finalmente:

 - Señor, usted se sentó horas con Turpin para escuchar todo el horrible camino que recorrió hasta convertirse en el "Comegente", usted hizo las preguntas que considero correctas para que el soltara la información de las víctimas, señor, si no fuera por usted, muchas se hubieran quedado en el anonimato para siempre. -

El sheriff se tranquilizó, miro a los oficiales y sonrió brevemente. 

- Gracias Diaz, gracias a los dos. Yo sé que esto apenas empezó y falta mucho aún peor por ver todavía, pero pase lo que pase, sé que harán un buen trabajo. Y aunque sé que nosotros no fuimos los que abrimos las puertas del Infierno, si somos los que las vamos a cerrar. -

Los oficiales Bertz y Diaz asintieron con la cabeza, luego vio por el pasillo que la recepcionista Lucy se acercaba hacia ellos. Los tres hombres voltearon a verla, ella dijo en tono serio cuando estuvo frente a ellos:

- Señores lamento interrumpirlos, pero en la recepción hay dos hombres de traje preguntando por el sheriff Logan. Son los… agentes. -

 - Muchas gracias, iré en seguida. -

Lucy se retiró, el sheriff se acomodó un poco el uniforme y el cabello.

 - Sera mejor que no los haga esperar. Muy bien escúchenme con atención, lleven a Turpin a una celda aislada, y asegúrense de que en la celda no haya ningún objeto que él pueda usar para atacar a alguien o a sí mismo, ni siquiera un clip. Díganle a Thompson que no lo pierda de vista en ningún momento y que lo deje comer también, y después de que lo dejen instalado vayan a la oficina a empezar a redactar el informe. ¿Está claro? -

-Si señor-

 Dijeron ambos al mismo tiempo. Luego entraron al cuarto donde estaba Alan. El sheriff camino por el pasillo hacia la recepción. 

                                                                              °°°

Marcia estaba sentada en el comedor, con los codos sobre la mesa y las manos juntas levantado su rostro. Estaba sumida en sus pensamientos. Roy la vio desde la puerta que conectaba a la sala, se acercó con cautela, tenía su teléfono en la mano, le estaba cubriendo el auricular. 

-Mamá-

Marcia salió de sus pensamientos y miro a su hijo. 

- ¿Que pasa Roy?

-Es papá, al teléfono. Lo dejaron comunicarse, dice que el sheriff está al pendiente de la conversación, quizás sea una trampa, no deberías decir mucho, ¿okey? -

Marcia lo medito unos instantes y extendió la mano hacia Roy.

-Ya no importa Roy, solo déjame escucharlo. -

Él le paso el auricular y después se quedó frente a ella mientras hablaba con su padre. Marcia puso el teléfono al oído y hablo.

- ¿Hola? ¿Alan? -

-Si, soy yo. -

Marcia empezó a llorar.

-Por Dios Alan, ¿qué van a hacer contigo? -

-Lo que deben hacer Marcia. Eso no es lo importante, sino lo que vas a hacer tu con los chicos. ¿Adónde van a ir después de que te lo permitan los policías? -

-No tengo idea-

 Dijo sollozando. Roy la miraba con pesar.

- Claro que debes tener una idea, ¿recuerdas que mencionaste hace poco que querías ir de vacaciones a San Antonio? -

-Si, pero …

- Ve allá todo el tiempo que necesites. Para siempre si es posible. El dinero de la cuenta es todo tuyo, úsalo. -

-Alan, no puedo, tú sabes. Si me voy ellos van a …

-Ya saben toda la verdad Marcia. -

Ella se puso pálida y volteo a ver a Roy que estaba confundido.

- ¿La verdad? -

-Si, les dije todo. Desde lo que paso en Detroit hasta lo que hice con el motociclista. -

Marcia se quedó sin palabras por unos segundos.

-Alan, si les dijiste todo entonces voy a …

-Irte lejos como te dije, ellos van a dejarte viajar pronto. -

-Alan, ¿qué fue lo que les dijiste?

-Solo les dije la verdad Marcia. Fui yo quien se comió al turista del lago, y a los vagabundos que se quedaba dormidos en la escuela abandonada. Fui yo quien secuestro por años a los viajeros que caminaban por la carretera pidiendo aventón, no los traficantes de personas como todos en Sierra pensaban. Fui yo quien dejo los restos de esa familia en el pantano, no fueron atacados por caimanes como dijeron en el noticiero, fueron atacados por mí. -

-Alan, no sigas, por favor. Voy a ir a la jefatura ahora mismo y les diré que…

-Tienes que quedarte con los chicos Marcia. No hay nada que puedas hacer por mí. Ellos ya no tendrán a su padre, pero si a su madre y a su hermano mayor. Vayanse lejos y empiecen de nuevo cuando esto termine, olvídense de mí, del criminal, del monstruo, del “Comegente". Solo háganlo maldita sea. -

Marcia seguía llorando.

-Alan, espera.

- ¿Que?

- ¿Entonces tu hiciste todo eso…solo? -

-Si Marcia, la policía ya lo sabe, les di todos los detalles que pude recordar. Lo veras en el noticiero mañana temprano. -

-Entonces, creo que debes quedarte ahí, no pueden dejarte salir Alan. -

-No, no lo harán. -

-Alan, si lo hubiera sabido antes… juro que…

-Tengo que colgar, mi tiempo se termina, solo cuídate y cuida a los chicos, ¿okey?

-Si, lo hare. Tu también… cuídate Alan. -

El colgó inmediatamente, Marcia se quedó escuchando el sonido unos instantes. Luego dejo caer el teléfono al suelo y cerro los ojos. A pesar de su tristeza, se notaba en ella cierto alivio. Roy se acercó para recoger el teléfono y cuando se levantó, le pregunto a Marcia con el rostro lleno de dudas.

- ¿Que dijo? -

Marcia abrió los ojos lentamente y respondió sin mirar a su hijo.

-La verdad, Roy. La verdad de que el siempre fue el "Comegente”.

                                                                         °°°

El sheriff estaba sentado en el porche de su casa, era una tarde fresca. Tenía puesta su ropa de civil, tomaba una cerveza con tranquilidad, mirando el paisaje. Poco después, entro un hombre con ropa negra y lazo blanco en el cuello, era el padre John, estaba entrado en años, pero se veía jovial. Se acerco al sheriff, él lo miro y no dijo nada, cuando estuvo a un lado de el, el padre lo saludo.

-Hola sheriff, decidí venir por ese trago que me invito en la mañana. -

-Bueno, pensé que no vendría después de todo. -

 Dijo el sheriff sin ánimo. Luego se agacho y tomo una cerveza de la mini-hielera que estaba a sus pies, la abrió y se la dio.

-Gracias. ¿Como estas? -

El sheriff se encogió de hombros, no respondió. El padre tomo un trago y volvió a hablar.

-Supe que pronto se darán a conocer los resultados médicos de Turpin. -

-Si, muy pronto. -

-Supongo que… sabremos si esta tan enfermo como dice su abogado. -

- SI, bueno, yo ya sé lo que dirán los resultados. Creo que pudo confiar en usted padre, él está muy mal, y me refiero a su cuerpo. Sus temblores aumentaron mucho estos días, moja sus pantalones todo el tiempo, vomita casi todo lo que come y cuando lo hace, le sale un líquido negro viscoso, y huele horrible, yo lo vi mientras estuvo en custodia. Alan Turpin quizás no sobreviva mucho tiempo más aquí en la Tierra padre. -

El padre medito unos instantes, bebió un trago y después hablo.

- ¿Crees que declaren demencia? -

-No puedo tener la certeza, supongo que sí, ¿qué más da? -

- Sheriff, hay protestas en las calles de todo el país pidiendo que lo condenen a la pena de muerte, los análisis médicos son lo único que pueden evitar que lo hagan.  

-Se lo merece, sé que incluso usted lo piensa así. -

 

-Pienso que, Alan es el tipo de persona que Dios pone en la Tierra para recordarnos hasta donde es capaz la maldad del ser humano. Si somos capaces de horrorizarnos por lo que él hizo, entonces somos capaces de diferenciar entre el bien y el mal, y por lo tanto, podemos elegir. -

- ¿Elegir qué?, a final de cuentas. 

-El bien o el mal, la vida o la muerte, la verdad o la mentira. -

El sheriff bebió otro trago. 

-Esa cuestión, es la que me tiene pensando en las noches. -

-¿Cual? -

El sheriff miro al padre John.

- Alan eligió el mal, y también eligió la muerte padre, durante casi toda su vida. Entonces, ¿porque al final eligió la verdad?, eligió decirme la verdad solo a mí y luego finalmente enloqueció y no volvió a hablar en los demás interrogatorios con el FBI, ¿por qué?, pudo mentirme para no revelar la mayoría de los crímenes, pero no lo hizo. Cada día me pregunto porque me eligió solo a mí. -

El padre lo miro pensativo unos instantes, luego respondió.

-Bueno, no lo sé sheriff. Quizás a Alan Turpin le quede suficiente tiempo en la Tierra para decirnos la razón. -

El sheriff Logan lo miro y el padre John le sonrió. Los dos se quedaron viendo el paisaje de Sierra frente a ellos.

                                                                   °°°

Marcia estaba afuera de un pequeño motel de paso junto a la carretera, era de noche, solo había otro vehículo en el estacionamiento aparte de su camioneta, había muy poca iluminación y la carretera estaba desierta. Ella sostenía un cigarrillo con la boca, estaba recargada junto a su camioneta familiar, tenía una pequeña maleta vieja en las manos y estaba buscando algo adentro cuando su hijo Roy llego y la tomo por sorpresa.

-Mama, ¿qué haces con eso? - 

Marcia escupió el cigarrillo.

-Roy… no puedes dejar solos a los niños carajo. 

-Están dormidos, no te preocupes por ellos. ¿Qué ibas a hacer con eso? -

Marcia no dijo nada, sujeto la maleta contra su pecho, empezó a llorar. Roy se acercó con cuidado.

-Dámelos, por favor.

Marcia extendió la maleta hacia su hijo, el la iba a tomar, pero Marcia retrocedió, entonces forcejearon y el contenido de la maleta cayó al suelo. Eran varios cuchillos de carnicero envueltos en pañuelos de tela. Roy se agacho para recogerlos. Marcia seguía de pie, sollozando.

-Perdóname hijo, pensé que si los tiraba en algún lugar ya no quedaría nada que nos pudiera relacionar más con él. -

Roy se levantó, miro a su madre con lastima. 

-Mamá, sé que tienes miedo, yo también lo tengo. Se que tenerlos cerca hace que pienses en todo lo que tú y papa hicieron. -

-Roy, a veces deseo tanto ir con la policía y decirles la verdad. Si así puedo hacer que tu padre no sea llevado al pabellón …

- Cállate, no lo llevaran. Recuerda que él ya estaba demasiado enfermo mucho antes de que lo atraparan, será condenado a cadena perpetua si logra llegar vivo al juicio. A ti si podrían condenarte mamá y a mí, si papá hizo lo que hizo fue para evitar que eso ocurriera, ¿cómo es posible que quieras arruinar la única salida que había para nosotros? -

-Yo solo quiero que sepan la verdad Roy, la verdad que empezó el día que envenene a tu abuela porque la odiaba, y cuando el vino a mi casa preocupado porque no llegue a nuestra cita, me encontró comiéndome la mano de mi madre, y en lugar de horrorizarse, me dijo como cocinarla. -

Marcia miro alrededor, no había nadie. Se seco las lágrimas y luego siguió hablando.

 -Siempre fue un extraordinario esposo, cuando estaba con mis antojos de embarazada un día llego con unos bocadillos deliciosos que preparo con la sangre de un chico de su trabajo, y al día siguiente de que tu naciste, preparo un desayuno delicioso con la carne que consiguió de la morgue del hospital. -

- Lo se mama, pero la verdad no lo liberara de ninguna forma, no tiene caso que lo hagas. 

-Te equivocas, lo liberara de la mitad de la culpa Roy. Dijo que todo lo hizo solo, pero siempre fuimos los dos. Cuando encontró al turista, estábamos los tres juntos en el lago. Tú te dormiste mientras los dos lo cortábamos y enterrábamos el resto. Y la ocasión en que se fue de la casa por la pelea que tuvimos, regreso a las pocas horas con la hielera llena de carne fresca, sabía que lo iba a perdonar con eso. -

Marcia le mostro su anillo de bodas a Roy.

-Él y yo éramos cómplices hijo, y aunque te resulte ridículo, me siento muy mal de que tu padre sea el único que está siendo castigado. Juntos tuvimos la idea del taller Roy, y lo de los viajeros de la carretera también lo hicimos entre los dos. -

- ¿Y crees que yo no me siento igual? No dejo de pensar en que, si yo no hubiera matado al motociclista, papá no hubiera tenido que deshacerse del cuerpo mientras estaba enfermo. No pudo hacer todo el solo y por eso Chips y sus cachorros se llevaron las partes que el no alcanzo a preparar. -

 

-Roy, él quería protegerte también, aunque tu no has hecho mucho, el solo quería asegurarse de que no te vieras involucrado. -

-Lo sé, yo mate solo a toda la familia del pantano, y papá también tomo la culpa de eso. 

-Roy, si tu y los niños estuvieran bien sin mi, te juro que ya me hubiera entregado. Son lo único bueno que yo y Alan hicimos en toda nuestra vida. -

-Te necesitan mama, lo sabes muy bien. Necesitan que les enseñes a comer y a conseguir la comida. No puedes dejar que pasen hambre, y solo tú puedes enseñarles tan bien como lo hubiera hecho papá. -

Marcia lo miro con cariño.

-Lo se Roy, pero siento que son muy pequeños todavía. Quizás debamos…

-A mí me enseñaron cuando era más joven. Aprenderán mamá, son los hijos de el “Comegente”, yo invente ese rumor porque quería que todos mis amigos tuvieran miedo de mi papá. Disfrute mucho ver su miedo en el rostro, y sé que papá también lo disfrutaba en sus víctimas, pero no lo puede recordar, sus lagunas se lo impiden. Pero nosotros no olvidaremos mama. Te lo prometo. -

Marcia se acercó a él y le toco el rostro con la mano.

-Tu padre estaría orgulloso de ti. Volvamos con tus hermanos, mañana seguiremos nuestro camino. -

Roy le sonrió, luego regresaron a la entrada del motel. Pocos metros antes de entrar, Roy miro algo a la distancia, luego tomo del brazo a su madre, deteniéndola. 

- ¿Qué pasa? -

 

-Mira hacia allá. -

A unos metros, por la orilla del camino, iba caminando tambaleante un vagabundo, llevaba un costal en una mano y una botella de licor en la otra. Roy y Marcia lo miraron con los ojos de un depredador que acaba de localizar una presa. Roy sonrió sádicamente levantando la maleta de los cuchillos.

-Vamos. -

Marcia lo detuvo cuando había dado un paso. Roy la miro confundido.

- ¿Qué? -

Marcia seguía mirando en dirección al hombre.

-Ve por los niños. -

Roy sonrió, le dio la maleta a Marcia y camino de regreso al motel, ella se quedó afuera. Metió la mano dentro y saco un cuchillo especialmente filoso, luego camino hacia la orilla de la carretera bajo el abrigo de la oscuridad de la noche, pronto los Turpin volverían a tener una típica cena familiar.

                                                                  FIN 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios 1

M
Maolgasamoracortes513 de marzo de 2026
Una historia muy original y muy bien gracias

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