Hollywood volvió a resucitar a Frankenstein... y dos veces
Reseñas generalesEn el último tiempo, Hollywood ha acuñado un revival del clásico de ciencia ficción de Mary Shelley, Frankenstein o el Moderno Prometeo. Guillermo del Toro hizo su versión romántica y fiel a su estilo de la mano de Netflix, en Frankenstein (2025), mientras que Maggie Gyllenhaal hizo ¡La Novia! (2026), en formato IMAX reflexionando sobre lo que no dicho en la escasa participación de la pareja de la criatura en La Novia de Frankenstein (1935).
Las adaptaciones y reinterpretaciones literarias llevadas al cine siempre fueron polémicas. La última “Cumbres Borrascosas” (2026) dirigida por Emerald Fennell, basada en la novela de Emily Brontë, es el caso más reciente que revivió el debate sobre qué tantas libertades se pueden tomar para adaptar un libro a la pantalla sin que éste pierda su esencia.
Entonces, dada la simultaneidad de su temática y tiempos de estreno, cabe aquí la pregunta: ¿Se pueden ver como una secuela o continuación, una detrás de la otra? En mi opinión, ni. Es mezclar peras con manzanas. Las dos son frutas, pero son completamente distintas.

En el caso de Del Toro, se trató de una interpretación más "fiel", en la que Victor Frankenstein es un doctor obsesionado que crea a un ser vivo con retazos de cadáveres. Este ser, a quien comúnmente se lo denomina con el nombre de su creador de forma errónea, cobra vida y experimenta una soledad que, hacia el final del film, lo vuelve deseoso de una compañera con quien atravesar la eternidad juntos.
¡La Novia!, por su parte, nace a partir de la necesidad de darle voz a un personaje que siempre estuvo relegado; de la curiosidad por escuchar qué es lo que ella tenía para decir. Es un “qué hubiera pasado si”, que toma como base la historia de Shelley para crear una propia.
Mientras que Frankenstein es romántica, íntima y gótica, ¡La Novia! es más bien errática, hipnótica y grandilocuente. Si hubiera que representarlas de alguna manera, la primera película está escrita en cursiva, y la segunda, en imprenta mayúscula ―si eso hace sentido―. Las dos se empeñaron y lograron construir mundos coherentes, pensados y bien cuidados; ya sea el frío crudo y polar del ártico en 1857 o en las principales ciudades de los Estados Unidos en 1930.
El uso de los colores no pasa desapercibido ni tiene un rol menor en las películas. En Frankenstein, el color rojo está presente a lo largo de toda la cinta, particularmente a través de la ropa y accesorios que acompañan al protagonista desde el primer momento para representar la obsesión por su madre; mientras que otros personajes, con quienes Víctor choca, visten en azul y verde. Del Toro, y los actores Oscar Isaac y Mia Goth ahondaron en ese y en otros detalles de la película en esta entrevista. Cuánta más atención se preste, más simbolismos y referencias son posibles de encontrar.

En ¡La Novia! el color negro es el protagonista que mancha la boca, comisura y cachete de Jessie Buckley ―la actriz del momento, próxima a ganar el Oscar por su papel en Hamnet (2025)― y que se transforma en un ícono identitario de su persona y de todo un movimiento social de mujeres ―sobre el que no se profundiza mucho― que surge a raíz de sus apariciones públicas.

El estilo fantasioso y las historias del aclamado director mexicano ya son una marca registrada: personajes no humanos incomprendidos con un gran corazón. Espeluznantes por fuera, pero cargados de sentimentalidad por dentro. El monstruo de Frankenstein, interpretado por Jacob Elordi, es uno muy humano; uno cuya personalidad contrasta con la de su propio creador, que pese a su aspecto físico humano, pareciera encajar mejor con la descripción de un monstruo.
La bestia conocía muy bien la violencia que el mundo y su propio inventor le habían enseñado; sin embargo, pudiendo optar por seguir ese camino, su curiosidad lo lleva a conocer a una familia y, particularmente, a un hombre ciego, que lo hace descubrir la amistad y el sentido de pertenencia por primera vez. Ahí es donde entendió que su vida no tenía por qué ser una desgracia, y que, acompañado, se está mejor, se vive mejor.
Es por eso que la película acaba con el pedido, casi súplica, de la criatura para que Víctor le fabrique “a una como él”. Dado que está privado del privilegio de morir, el único sentido que ahora le encuentra a su vida es la posibilidad de vivirla en compañía de alguien más. El monstruo necesita a quien lo rescate de esa soledad que lo mata en vida y que tanto lo tortura, de la que Frankie (la misma criatura) tanto se queja explícitamente en ¡La Novia!.

Esta otra criatura de Christian Bale es también una muy humana, cuya consternación principal pasa por la urgencia de terminar de una vez por todas con la agonía que le provoca la eterna espera de una compañera. Pero además, es un Frankie que realiza un salto temporal respecto del anterior: vive hace décadas escondido entre la gente ocultando su aspecto físico, yendo al cine a ver a su actor favorito cantar y bailar, y hasta incluso padeciendo ataques de ansiedad. Por lo tanto, se trata de uno mucho más civilizado, consciente de sí mismo. Pasó mucho tiempo desde que su creador murió.
Ambos monstruos son profundamente humanos a su manera: sensibles y obsesionados con mujeres, ya sea con su madre, en el caso de la versión de Del Toro, o con su pareja, en la de Gyllenhaal. Sin embargo, hay más diferencias que paralelismos entre ellas.
La historia de ¡La Novia!, a diferencia de Frankenstein, no tiene un rumbo claramente definido, y sus personajes, tampoco. Se dedican a sobrevivir: La Novia vaga por las calles en busca de volver a conocer el mundo previo al supuesto accidente que la mató, y Frankie intenta seguirle el ritmo y protegerla de los peligros con los que se topa. Para compensar esa imprecisión y evitar que la película se vuelva aburrida, hay una seguidilla de escenas de acción que a través de disparos y persecuciones mantienen al espectador atento.

De no ser por ellas, el film se reduciría al mero intento de darle voz y un lugar destacado a las mujeres, asunto que no es de menor importancia en la película. No son sutilezas; Gyllenhaal tomó decisiones bien marcadas que se alinean con un mensaje explícitamente feminista, en el que los personajes que verdaderamente encarnan la trama y la hacen funcionar son la protagonista, la doctora que la crea, su asistente y la detective que la investiga: todas mujeres. El mismo Frankie se asombra cuando la Doctora Euphronious no es un hombre. Es decir, el mensaje no pasa desapercibido.
La cuestión pasa dentro de la misma película e interpela a los propios personajes, sobre todo a una protagonista que es poseída por la mismísima Mary Shelley y que se pregunta de forma constante por su nombre y por su identidad. Es Ida, es Penélope, y es La Novia a la vez, pero no es La Novia de Frankenstein en ningún momento, claro está.

Sin dudas, ¡La Novia! es una propuesta disruptiva que se destaca por las interpretaciones de sus actores y por su ambientación, no por la redundancia de su mensaje o su carencia de conflicto dramático. Frankenstein, por su parte, supone cierto conocimiento previo del espectador para recolectar todos sus guiños y obtener la experiencia completa. Ambas películas se permiten jugar con elementos fantásticos y ofrecer una mirada renovada y personal de uno de los mayores clásicos literarios de la historia.
Juana Bruno
@juaa.bruno













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