La vida es cruda, no mágica
Reseñas generalesYo estaba enfrentando problemas económicos en el 2016; mi mundo tambaleaba cuando quería ver una comida decente en mi mesa y solo podía poner frijoles sazonados con sal y yuca y el acompañante café negro sin azúcar dos veces al día, ya parecía un ritual, y el desayuno era solo café sin nada más.
Trabajaba en lo que me saliera, pero tenía que pagar también el alquiler del cuarto en donde vivía, y eso me jalaba todo lo que ganaba. No estaba haciendo nada por mí, excepto agotarme, dormir, y despertar como una autómata sin un futuro. Veía que algunos vecinos míos que estaban en las mismas condiciones que yo, dentro de la misma casa de cuartos de alquiler comían mejor que yo y podían comprar cosas y yo no, habían comprado una tv y yo pensaba: ¿cómo compraron esa tv inteligente?
No sé los sacrificios que hayan pasado, cómo ahorraron, o a quién mataron por esa TV. Eso me impulso a tomar una decisión, tenía que hacer algo por mí, irme del país; si la estaba pasando mal adentro, entonces pasarla igual de mal en otro país me iba a dar igual, pero trabajando y viendo cómo evolucionar en un sitio lejano a este lugar sin salida.
Lo hice a lo duro, a lo difícil; no tenía para pagar un avión y llegar al norte como una princesa, pero llegué, no importa como llegué, si como una mugrosa o no, solo importa que llegué. Si no te puedes bañar siguiendo una marejada de personas que están dando todo por el todo por un sueño o por una última opción de vida, ¿cómo ibas a llegar al país del sueño americano sino te puedes bañar por el camino? Cómo despojos humanos, solo con el alma en pie por un sueño, así es como se llega, a lo duro y a lo difícil.
Ese sueño que nos vendieron por décadas y nos metieron en la cabeza como un mensaje subliminal de que en su país norteño todo es mejor, yo quería un pedacito de ese sueño americano, una “ñinguita", una palabra obsoleta y antigua que leí en un libro de literatura, yo me conformaba con las migajas porque mi mente ya trabajaba con migajas.
Cuando estaba dentro de ese país que olía a verde, que todo lo veía verde y me hacía sentir feliz, dentro de esa tristeza tan poderosa que sentía que me hacía sentir como Droopy —una caricatura vieja que me gustaba ver y lo repetían mucho en un canal público—, el muñequito cuando estaba feliz decía "estoy feliz," y no se le notaba la felicidad por ningún lado ni en la voz, y me daba mucha risa cuando era pequeña.

Lo que no sabía es que yo iba a ser una Droopy, tener una felicidad por dentro, y que no se me reflejará por ningún lado. Empecé a trabajar, ya estaba acostumbrada, y no me iba a pesar. Recibía órdenes y pagaba igual un cuarto cercano y económico para hispanos. Todas las razas estábamos ahí, todos los acentos, y se agregó una familia hindú.
No eran de los nuestros, pero fueron acogidos igual. La vida era una rutina de adaptarse al clima, a la cultura fría y seca, y a las mezclas de acentos y países, y cuando me hablaban en el idioma natal de ese país y yo quería responder lo que entendía, tenía que comunicarme como Tarzán: "tunga tunga." No era fácil mi vida, pero cuando veía mi paga y lo que podía comer y lo que podía mandar a mi familia a mi país de origen, sonreía con felicidad. Mi rostro ya dibujaba una sonrisa de felicidad.

En el 2017 salió una película de Sean Baker The Florida Project. Una película que me hizo poner los pies sobre la tierra y ver que el sueño americano no era para muchos; sus propios compatriotas vivían en la pobreza extrema, solo que podían llevar mejor comida a su mesa.

Despertó mi conciencia por una película que parecía un documental donde mostraba la tristeza, el sacrificio, la protección y la desprotección de los más desvalidos, haciendo un contraste con los ricos y el maravilloso mundo de Walt Disney. Ahí me di cuenta de que los mismos americanos vivían en pobreza y que no todo era color de oro.

La tierra de leche y miel que yo pisaba tenía su lado oscuro por la historia de personas que tenían un sueño y vivían aplastadas en la pobreza más crítica y triste. Ésta película me hizo abrir los ojos, pero no me quito los sueños, seguí adelante, por mí, por mi familia. Esa película me hizo ver una realidad: los niños pobres no entran a Disney World; ellos huelen a pobre, y menos yo, cuyo cartera olía al día a día.

The Florida Project, esta película narra la vida de manera centrada de Moonne una niña de 6 años y su grupo de amigos que están de vacaciones de verano, pero viven en los moteles cercanos a Disney World la mayoría del día se la pasan solos porque sus padres trabajan y deben pagar un cuarto de alquiler en el motel "The Magic Castle", esos niños con todo el tiempo libre juegan y también buscan peligro, pero hay personas que los cuidan, los colchones son sacados al exterior para que el sol espante los chinches, en esos sitios de alquiler siempre los colchones tienen chinches.

La película fue hecha desde la mirada infantil e ingenua de los niños, para obtener su ángulo de observación sobre la vida y la situación en la que viven y el estar rodeados de familias que vienen de vacaciones de verdad a los parques temáticos. El contraste es notorio, y la película expone de manera cruda y realista la pobreza y ese lugar mágico y favorito por todos, Walt Disney World, pero ese mundo mágico no es para ellos ni para mí. ¿Cómo no conectar con una película que toca mi dolor, mi llaga supurante, tan de cerca?

The Florida Project, es una película incómoda porque la pobreza es incomoda. Willem Dafoe ganó múltiples premios de la crítica como mejor actor de reparto por su actuación como Bobby; fue fantástica, y la niña Moonne, interpretada por Brooklynn Prince, ganó el premio a la mejor actriz joven en los Critics' Choice Awards.

En esta película me vi reflejada cuando yo quería ir a un sitio y no se podía por el costo y solo me quedaba verlo desde lejos como si uno estuviera estigmatizado por la pobreza. Esos niños dejaron de soñar con ese sitio; eso es para ricos, para el que tiene. Yo los entiendo; así decía yo cuando no podía ir a dónde quería, y lo mejor que ellos pueden hacer es seguir viviendo en su inocencia y ver desde lejos Disney World, o ya no verlo, solo ignorarlo, porque eso es lo único que puede hacer el pobre.

La película no solo te muestra el contraste de la pobreza y la riqueza, del querer algo y no poder tenerlo, y de la inocencia desarrollándose al lado de la desigualdad económica, sino también el día a día de los padres de esos niños y de una adolescente que trabaja como stripper y pierde el trabajo por negarse a estar con clientes y debe buscar la comida de otra forma con ayuda de las personas. Esta película narra la vida y los sueños por separado de cada uno de ellos.
Me conecté con este films porque me veía reflejada en ella. Antes soñaba con ir a Disney World; mis sueños infantiles cambiaron de adulta. Ahora quiero cosas más realistas, una vida cómoda donde yo tenga todo lo que quiero y no tenga que estar contando cada centavo y dejando la mitad del pan para mañana.
En todo lo que vi de esa película no sabría cómo explicar esa sensación que me dejó, de conexión con cada niño y sobre todo con Moonne, o sentirme expuesta en esa película o será que la pobreza solo tiene una sola cara, una sola película y es compartida por muchos.
Me dejó una sensación de entendimiento de la situación de cada uno de ellos, recuerdos no gratos de querer y no poder, o comprender que el niño debe vivir su inocencia en su infancia porque la niñez es corta y cuando entren a la adultez, ellos tendrán una larga vida de preocupaciones y trabajo. Es mejor que busquen cómo pasarla bien, porque habrá tiempo de sobra para pasarla mal.

Esta película The Florida Project no busca ser entendida, solo busca exponer una verdad que siempre es oculta: el contraste de la pobreza extrema y de la riqueza. Esta película me dejó un aprendizaje desde la mirada infantil, y aunque no lo hayan dicho con estas palabras, yo lo percibí así: “Hay que seguir adelante con la vida y no dejarse decaer".







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