CALLE MALAGA. Y la reivindicación de la dignidad de los ancianos.
RecomendacionesEl viernes 27 de febrero tuve la grata oportunidad de ser invitado para el preestreno de la película española “Calle Málaga”, ópera prima de la guionista y actriz marroquí Maryam Touzani y coescrita por Touzani y Nabil Ayouch. La película tuvo su estreno mundial en la sección Venice Spotlight del 82º Festival Internacional de Cine de Venecia el 29 de agosto de 2025, donde ganó el Premio del Público de la sección. Los protagonistas de la historia son María Ángeles, interpretada por Carmen Maura, su hija Clara, interpretada por Marta Etura y el dueño del anticuario Abslam, interpretado por Ahmed Boulane.

La historia nos traslada a la ciudad de Tánger, al norte de Marruecos, caracterizada por haber sido refugio de españoles republicanos que huían de la dictadura de Franco, caracterizando a la ciudad como integradora de ambas culturas, la española y la marroquí. Con esta introducción nos presentan a la protagonista Maria Angeles, una española de 79 años que vive sola en Tánger desde el fallecimiento de su marido hace más de veinte años. Sin embargo su condición no refleja ni victimismo, ni abandono, sino el empoderamiento de la vida en el jubileo de la ancianidad. Y es que Maria Angeles recorre las calles de su barrio con la seguridad y simpatía de su comunidad.
La maestría con que la directora Maryam Touzani logra transmitir una Tánger espontánea y amable logra romper al espectador los arcaicos prejuicios que son construidos por el cine comercial sobre el extranjero norafricano, y superando en la calidad espontánea del mensaje a aquellas producciones que se jactan de ser inclusivas. Y es que “calle Málaga” nos presenta una España islamizada o un Marruecos hispanizado en el imaginario ideológico de los reaccionarios, mientras que la amabilidad de la comunidad y su solidaridad se sobrepone a cualquier relevancia sobre el origen cultural. Esta ambientación cultural logra transmitir Touzani al mostrar la integración sin distinción y los valores de las personas sin ningún orgullo tribal.

Otro elemento destacable es el lugar de la narración, siendo desde el punto de vida de Maria Angeles. En ningún momento se genera una transición hacia otro punto de vista, acompañando a la protagonista a lo largo de toda su historia, y estableciendo con ello una verosimilitud biográfica en la narración. Junto a ello, nos encontramos con la ausencia de grandes conflictos, siendo transmitidos en forma de breves desafíos resueltos con el carácter y la inteligencia de Maria Angeles. Este detalle evita saturar la atención con momentos superficiales en la historia, ya que resultan atractivos en la inmediatez, ayudando a construir y definir la moral del personaje y la materialización de sus valores, pero le quitan relevancia al problema central y la columna principal de la película, nuestro por venir en la vida.
Maria Angeles resolvía su vida con total autosuficiencia, cocinaba, hacía las compras y visitaba a sus difuntas amigas. Hasta ahí, la película sería una proyección biográfica de quien vive en el amor de sus recuerdos y la paz de su hogar. Sin embargo, esta vida es desafiada con la incertidumbre de su futuro impuesto por su hija Clara, quien en una espontánea y antipática visita le pide que venda su casa para que ella pueda salvarse de sus deudas en Madrid. Al nunca cambiar el punto narrativo hacia la perspectiva de Clara, desde Angeles solo podemos percibir como espectadores la crueldad e ingratitud de una hija que se presenta con excusas en su ausencia y un oportunismo carroñero.

Aunque Angeles termina accediendo al pedido de su hija, ya que la propiedad se encuentra a su nombre, su indiferencia se convierte en el lenguaje de la inteligencia, para quien no busca contraatacar en la ofensa, sino luchar por su propia soberanía existencial. Esta se encuentra desafiada primero, despojándole del valor sentimental de sus muebles, y luego del lugar desde donde contemplaba a Tanger con sus recuerdos y amistades, y terminar siendo humillada en la residencia de ancianos en donde la deja Clara. Allí su vida no es independiente, sino programada y asistida, haciéndonos cuestionar qué valor le damos a la ancianidad, si desde nuestra comodidad al deshacernos de ella, ocultándola en un zoológico humano o desde su empoderamiento. Si bien esto último depende de la propia vitalidad, siempre en decaida, no debería de ser un infortunio al contar con el apoyo de tu familia y de la comunidad.
Por lo que Angeles huye y de a poco va recuperando los muebles de su hogar, que se encontraban en posesión del anticuario Abslam. El pasara a convertirse de la proyección oportunista de su hija a la proyección de todo lo que hubiera deseado que fuera, viviendo sin ninguna idealización ni rencor, sino en el amor presente de disfrutar el momento. Esta parte de la historia nos transmite un romance del que el cine comercial fosiliza en el aburrimiento de un matrimonio, o lo congela en el analfabetismo de la sátira picaresca. Sin embargo, la vejez será un destino inevitable, y merecemos en nuestro vital futuro idealizar el amor mas allá del sexo y la aventura, reivindicando la ternura y la atención en los pequeños gestos.

Calle Málaga la agrego a mi listado fílmico en la categoría de “caricias al corazón”, por lograr sacarme una breve lágrima de emoción, con la austeridad que Maryam Touzani logra transmitir el drama y el romance en la ancianidad.









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