VIOLETA RAUCH: entre el minimalismo fílmico y la desmesura narrativa.
Reseñas generalesTuve la grata oportunidad de ser invitado a la primera función de preestreno de cine de Sewati Audiovisual en la sede de DAC (asociación de Directores Argentinos Cinematográficos), siendo espectador de la película “Violeta Rauch” del director Gerard Marcó de Más. El film nos narra con una escenografía teatral y minimalista el enfrentamiento litúrgico entre las teorías de conspiración de dominio global y la postura de salvación espiritual en la figura de la protagonista Violeta. Con una premisa monoescenica de planos fijos, y con extendidos contrastes entre el hecho coloreado en blanco y negro, y los dos cortes de videos de Instagram reproducidos a color, la película busca trasmitir en contraste entre el “gris” del secretismo conspirativo y el color de nuestras animadas relaciones publicas.

Las actuaciones no resultan de las más elocuentes en la personificación de los estereotipos propuestos, siendo el de una presidenta recién electa y su encuentro con un representante del uno por ciento más rico del planeta, dando principio a la premisa conspirativa que se propone el film. Las conspiraciones son el constructo mitológico del laicismo contemporáneo, mezclando hechos con interpretaciones basadas en la sospecha permanente del control sobre nuestras vidas. Como fuente narrativa es una de las más ricas, siendo potenciada su difusión por la propia audiencia que encuentra en dicha película una identificación con el mensaje.
Si bien el tono minimalista y austero de “Violeta Rauch” la distancia de convertirse en una referencia del género, más allá del concepto, también el desenvolvimiento del mismo la convierte en un monólogo panfletario, en vez de un medio narrativo de una historia. La misma se reduce al enfrentamiento entre los conspiradores, la presidenta y el metacapitalista, contra Violeta, quien se ha convertido en una incógnita para el sistema, debido a su desconexión y abandono de su figura de exitosa influencer. Su desconexión está basada en el descubrimiento e interiorización de una verdad histórica definida por la fe hacia ÉL, un misterio existencial del cosmos, que no termina por definirse por ningún credo, pero que deja exponer el enfrentamiento entre la fe y el materialismo posmoderno de nuestro tiempo.
La timidez doctrinaria sobre esta fe redentora en Violeta, es opacada por la desmesura descriptiva de los medios de dominación global llevados a cabo por los más ricos del planeta. Reducción de la población, control digital, y una “pobreza feliz” son mitos modernos que reciben un mayor tratamiento en este film, que su contracara igual de rica en su desarrollo, la significancia de la salvación eterna. Mientras que en el aspecto escenográfico, la elocuencia conceptual debe de jugar con la intriga y no con la explicitud de las intenciones, ya que la monotonía visual y cromática en blanco y negro debe de romperse por la atracción discursiva, el dilema moral y una resolución acorde a lo expuesto, que al ser desmesurada la propuesta conspirativa, vuelve insípida su resolución.
“Violeta Rauch” es una película digna de una remake, conservando su minimalismo, pero sumando la intriga y sutileza de referencias que eviten la brutalidad de lo explícito. En un presente en donde nos ahogamos con las conspiraciones con cada noticia que se difunde, la creatividad narrativa debe se fundarse en su contracara no difundida, que es la presentada por Violeta, el de la fe y la práctica espiritual entendida no desde el alarmismo de la elite por un solo individuo que se baja del sistema, sino por la expresión comunitaria y organizada del mismo.





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