Sueños tontos
Reseñas generales—¡Qué sueño más raro! —dijo Jacinto al despertar, aún en su cama lo recuerda con nitidez y el olor del lugar a hojas marchitas, abandono y suciedad—, ojalá la vida fuera así, yo a mis cortos dieciséis encontrará esa fortuna —Jacinto está emocionado por el sueño, se levanta a asearse y a bañarse—, «ojalá yo me encontrará esa fortuna», repite su mente como una grabadora. Desayunando ve a su mamá que no para de trabajar en la cocina, a su padre desayunando a su lado para irse al trabajo y a su hermanita que necesita ayuda en todo; por problemas en sus piernas sentándose en la mesa con dificultad, el padre la ayuda a sentarse para que pueda desayunar—, «si yo me encontrará esa fortuna mi familia dejaría de sufrir tanto, tendrían todo: mi mamá no trabajaría tanto en la casa; mi padre ya no trabajaría o sería dueño de su propia empresa y mi hermana sería operada de sus piernitas. Si yo me encontrará esa fortuna», su mente no ¡calla! Repite y repite el mismo pensamiento.
En su bicicleta va como un bólido veloz; llegará tarde al IES y no quiere más reclamos. Busca pasar por un atajo y frena en seco la bicicleta, ve la casa abandonada del sueño y recordando cada parte de este y la “fortuna” tira la bicicleta y entra dónde todo es monte y escombros, pero la casa aún es fuerte y todavía está en pie, recordando el sueño busca bajo unos escombros.


Intenta quitar una enorme base que cayó anteriormente en el piso justo donde está el tesoro. No puede mover semejante peso, necesita ayuda, pero no quiere dar explicaciones y mucho menos compartir su fortuna. Necesita información de como quitar esa base pesada del suelo y se dirige al IES (Instituto de Educación Secundaria) y va al salón de computación entrando busca información: dinamitar el sitio, taladrar el sitio, mover con una grúa, por último después de haber rechazado tantas opciones martillar con un cincel hasta fracturar la base.
Aceptando esa recomendación de internet, empieza su dura tarea de cincelar esa base hasta fracturar, después de dos semanas largas de trabajo y dedicación sin dejar de ir al IES para evitar que la profesora o la directora llamen a su casa.
Logra la fractura de esa base, sentado en el suelo sucio llenó de montes, hojas, partes de escombros, logra con sus piernas mover parte de esa base, por fin el espacio está abierto y toca el piso ¡toc!, ¡toc!, escucha un vacío, busca abrir y no abre y con las últimas fuerzas de su cuerpo cansado, dio un fuerte martillazo, y zas se abre un hueco sacando cada pedazo de escombros, encuentra joyas con esmeraldas, rubíes, oro, diamantes, incrustaciones delicadas en cada pendiente, collares, brazalete, extrae todo—. Mi sueño decía la verdad —dice todo emocionado y siente que está viviendo el sueño.
Guardando todo en la mochila y siendo sábado se dirige directo a su casa.
—Siempre vienes cansado y sudando. ¿Estás seguro que esa bicicleta no te agota?
—¡No mamá!, ¡todo está bien!, ¡¡muy bien!! —responde con una cara pícara llena de felicidad, se dirige a su cuarto y se sienta en su cama y tira todas las joyas—. ¡Gracias sueño, gracias por decirme esto!, ¡qué feliz soy! ¿Cuánto valdrá todo esto? ¡Soy rico! ¡Soy rico! —baja la voz después de tanta algarabía—, ¿¡no podré vender esto!?, soy menor de edad y no conozco su valor, “podrían estafarme” —pensando silenciosamente decide solicitar ayuda—, «le diré a mi mamá». —La busca en la cocina, siempre está ahí cocinando—. ¡Mamá quiero contarte algo!
—¿Es algo malo verdad?
—¡No!, ¡es bueno!, ¡ven conmigo!, ¡quiero enseñarte algo! ¡Mejor es que lo veas! —Abriendo la puerta, encima de la cama están las joyas antiguas, de exquisito diseño y cuantioso valor.
—¿Qué hiciste?, ¿de dónde la sacaste?
—Tuve un sueño que me decía donde estaban las joyas. Tuve dos semanas rompiendo una base de la casa abandonada que estaba en el suelo tapando el hueco donde estaban las joyas. ¡Son costosas mamá!, ¡no puedo venderlas yo solo!, para pagar la cirugía de mi hermanita y comprar una empresa para mi papá y comprarte una casa nueva con ayudantes del hogar para que no trabajes más para nosotros.
—¡Hijo!, ¡mi hijo! —Abrazando el adolescente, le salen las lágrimas de felicidad, viendo la bondad de su hijo y la mejor vida que les espera. Ahora esperan la llegada del padre, porque la madre no puede vender sola esas joyas, ignora su verdadero valor ¿y sí la estafan? El padre llega y no termina de entrar por la puerta que la madre feliz se le abalanza—. ¡Gerald, debo contarte algo!
—¿Es malo?, ¿verdad?, ¿qué hizo Jacinto? ¿Dónde está ese bueno para nada?, la directora me llamó hoy sábado al celular cuando estaba en la cola de la gasolina para decirme que llega tarde al IES, perdiendo varias asignaturas, castellano y biología.
—¡No, Gerald!, ¡no!, nuestro hijo es excelente, buen muchacho y amoroso. ¡Ven para que veas esto!
El padre al ver las joyas encima del comedor, casi le da un infarto, un mareo extraño le vino recuperando rápido su estabilidad.
—¿Qué hizo ese...?, ¿¡qué hizo!?, yo aún soy muy joven para estar en la cárcel.
—¡No hizo nada malo!, ¡¡no te pongas así!!, tuvo un sueño y en ese sueño vio una casa abandonada y unas joyas y duró tres semanas intentando apartar una base que tapaba el agujero donde estaba escondida las joyas. La puse aquí sobre la mesa para verlas mejor.
Aún faltaban tres horas para el anochecer y fueron a ver con Jacinto dónde era esa casa abandonada y de dónde sacó esas joyas. El padre viendo que no mintió sintió alivio y culpa por pensar mal de su hijo. Jacinto revisa bien que no haya más joyas escondidas, regresando a su casa la familia completa está muy feliz, esperando a que llegue el lunes. El padre decide faltar al trabajo y hacer una carta de renuncia, que entregaría el martes. Busca pronto vender unas joyas pequeñas dónde compran oro y plata y al revisarla el comprador dijo:
—No es oro, no son piedras preciosas, son una muy buena imitación antigua, pero no valen nada.
Sus emociones se fueron al suelo, pero visito a varios compradores de oro por no creer en las palabras del primero y le dijeron lo mismo y mostró las más grandes y hermosas y le dijeron lo mismo:
—Bisutería barata antigua, bien hecha, pero sin valor excepto para los coleccionistas.
Con pesadumbre retorna al hogar y la mujer toda feliz lo recibe, pero al ver su cara, la de ella también cambia.
—¿Por qué esa cara?, ¿qué pasó?…
—¡Es una bisutería barata antigua, bien hecha, con valor solo para los coleccionistas! —Con sus sueños rotos fue a la cocina a tomar un vaso de agua para ahogar sus penas así le enseño su madre—. «Ahoga todas tus penas en un vaso de leche, no en una lata de cerveza». Los recuerdos de su madre lo inundan.
—¿Gerald, todos nuestros sueños se fueron a pique entonces?
—¡Todos, Nadia, todos! ¿Dónde está Jacinto?
—¡Salió!
—Hay que decirle que hay que venderlas por internet a algún coleccionista. Mañana debo ir al trabajo, buenos mal que la carta nunca la envié por correo electrónico o estaría sin trabajo por un “sueño tonto”.
Capitulo II
Jacinto duerme profundamente y tiene un sueño donde la hermanita juega en el jardín bajo un cálido sol y con una gran felicidad de poder correr y jugar detrás las mariposas la pelota e ir detrás de una hoja que el viento se lleva. Un sueño muy realista muy vivo de colores claros y fuertes y el padre viene sonriendo cargándola y dando vueltas sobre sí mismo con ella abrazada y acercándose a Jacinto con una enorme sonrisa, acariciando su cabeza y diciendo:
—¿Cómo estás hijo mío? —Jacinto despierta de ese sueño tan feliz que alegro su alma triste.
—¿Por qué ahora sueño con eso?, no hay plata para hacerla feliz e independiente —hablando consigo mismo y mirando el techo absorto en sus pensamientos.
Pasan las horas y la mañana se va. Jacinto en su cuarto estudia en la computadora biología, hay un exámen y debe salir bien, había perdido dos semanas de castellano y biología por estar con el asunto del tesoro. Entra la hermana con sus muletas y sus piernas enfermas que no la ayudan a sostenerse bien.
—¡Berenice, no me gusta que entres a mi cuarto y menos con esas muletas!
—¿Y cómo quieres que entre?, ¡mis piernas no me soportan!, las tuyas son buenas, las mías ¡no!
Jacinto da una media sonrisa, siente que dijo algo estúpido y la mira con amor y le dice:
—¡Quise plata para ti hermanita, pero no se dio!
—¿Por qué papá no vende esas joyas falsas por internet?
—Papá piensa que será pérdida de tiempo y él tiene que trabajar, ¿sabes?, ¡el supermercado no regala la comida!
—¡No, no la regala! ¿Y por qué no la vendes tú por internet?
—¡No!, ¡sería desperdiciar mi tiempo!, ¡tengo exámenes y desperdicié mi tiempo en un sueño tonto!
—¿Dónde están las joyas?
—¡Ese basurero!, están ahí en esa gaveta de arriba. ¡No me molestes más hermanita!
—¿Puedo quedarme con ellas? —Él la mira con sus ojos buenos llenó de dulzura para con su hermana y asiente con la cabeza, ella toma la bolsa y se las lleva, sale por la puerta de madera blanca y él la ve con esas muletas y esas piernas casi rígidas que son inútiles para sostenerla y una tristeza se le ve en el rostro de Jacinto y él baja la mirada hacia el piso como pensando en algo y en todo.
La hermanita curiosa con una lupa logra ver unas letras en el fondo de la imitación, pero no logra leer lo qué dice. Manda un mensaje al hermano por el celular así se ahorra el penoso esfuerzo de caminar hasta su cuarto, Jacinto aparece por la puerta.
—¿Cómo que encontraste unas letras y qué hacemos con eso? —pregunta Jacinto sentado en la cama de la hermana con los codos puestos encima de cada pierna y la mira un poco serio, ella le hace ver las letras, él las observa y le dice:
—¡Ya las veo!, ¡no sé qué significa!, pero te aseguro que esas letras no me darán plata, ¡Berenice no me sigas molestando con esas joyas de fantasía!
Jacinto regresa a su cuarto, amplio lumínico, de bonita cama y una sola ventana grande, un solo cuadro sobre la cabeza de la cama con un carro marca MWW. su mesa de estudios, su computadora, libros y cuadernos, el baño al fondo al lado de la mesa de estudios y el closet en la parte izquierda de la cama, todo de paredes y techos blancos.
Jacinto piensa el asunto de los coleccionistas y las letras y busca en internet y encuentra que hace unos meses subastaron unas joyas parecidas a esas. Su valor es por las letras que fueron hechas por un tal William Benjamin (desconocido personaje de los bajos fondos de la era victoriana).
Jacinto le llega a la mente la posibilidad de poder vender esas joyas y busca en internet anticuarios y descubre varios en la misma ciudad y decide visitar personalmente una casa de antigüedades y habla con alguien encargado de revisar minuciosamente las joyas de fantasía y va con su madre y Berenice que aún no domina bien las muletas y choca con todo lo que más pueda y la madre intentando mantener a Berenice en un solo lugar y que nada en ese sitio se caiga o se rompa. Jacinto le enseña al viejo anticuario sus fantasias y él las analiza viendo la fabricación delicada de fino acabado, estilo y las letras que indican una ortografía.
—¿Una ortografía? —pregunta Jacinto.
—Sí, una ortografía de algún difunto. Fue hecho a mano en los años mil ochocientos sesenta y cinco de la era victoriana; aquí tienes joyas fúnebres hechas con cabellos humanos y le quitaron el oro que era el adorno; este es un anillo hecho con un diente humano era la manera de los victorianos de retener algo de un ser querido muerto. Parte de esa moda macabra se la deben a la reina Victoria, el consorte Alberto de Sajonia murió y ella le guardo luto toda su vida y sus joyas eran fúnebres y oscuras —El viejo anticuario busca en una gaveta una lupa de 30x-21MM para ver mejor el acabado de las joyas—. Como les contaba, a causa de sus 40 años de luto, la reina vestía de negro y usaba joyas negras, es así que comenzaron a fabricarse en azabache (una especie de carbón fósil) adornos con cadenas de oro. Aquí vemos una reproducción de un par de aros, realmente magníficos. Hubo un falsificador muy bueno por cierto que falsificaba joyas y las vendía. Su arte era tan perfecto que parecía real y cuando sabía que había desaparecido una joya real él hacia la imitación de esta, sin haber participado o tenido algo que ver con el robo, solo le bastaba un dibujo minucioso de la joya para replicarla, era ingenioso e inteligente, sabía manejar a la gente y muy ladino para hablar. Debieron haber traído estás finas fantasías para este país y las guardaron como joyas, tiene su valor por lo fino y delicado diseño imitando las originales, pero su valor es más por lo antiguo y su historia, aunque no se van hacer ricos con ellas, servirá para resolver algunos problemas. Si la venden en una subasta sacarán más que venderlo a los anticuarios como yo, claro uno compra para revender.
—¿Y nunca descubrieron al que hacia las falsificaciones? —pregunta interesado Jacinto oyendo la historia de las joyas.
—¡Sí, muerto debajo de un puente de londres!, no se sabe el por qué, pero se cree que alguien de los bajos fondos sintiéndose engañado fue él que lo mató —respondió el anciano muy conocedor de su trabajo.
—¡Qué historia tienen esas joyitas! —dice la madre asombrada.
—Todas las antigüedades tienen su historia dependiendo de sus orígenes y quién las tuvo —dijo el anticuario—. Las personas morían de enfermedades, era una época muy difícil y buscaban tener algo de su ser querido junto a ellos.
—¿Enfermedades?, ¿se podrán pegar aún por ahí? —pregunta la madre.
—¡No señora, le aseguro que ha pasado mucho tiempo para que algo pueda sobrevivir ahí!…
En la casa la familia se reúne y hablan sobre la nueva información de las fantasías finas antiguas.
—Hay que buscar en internet como vender las joyas o una subasta según el consejo del viejito —dijo la madre al padre—. Necesitamos dinero para la operación de Berenice.
Jacinto se recordó del sueño donde
Berenice corría feliz bajo un hermoso sol cálido y dijo:
—Intentemos hacer un último esfuerzo porque yo tuve un sueño donde Berenice corría en el jardín feliz.
—Jacinto buscá por internet ¿quién y dónde hacen subasta?, yo en mis tiempos libres en el trabajo también lo haré —dijo más animado el padre.
Toda la familia ahora iba con otro cambio de mente, si se lograba se lograba, pero no se iban a hacer ilusiones.
Por internet Jacinto encontró un sitio donde hacían subasta en otro estado, deberían llevar las joyas, era un viaje extenuante, la niña debido a su condición fue la que más sufrió. Necesitaba toda la parte trasera del carro para estar acostada y estirar las piernas, él hermano prácticamente llevo su cabeza en sus piernas. Llegaron a un hotel para descansar y al día siguiente fueron para la revisión de las joyas y su historia. Fueron subastadas y vendidas.

Al corto tiempo Berenice fue operada y al año se contemplaba la niña jugando en el jardín corriendo detrás de las hojas de los árboles y de las mariposas, riendo feliz y Jacinto sentado en el escalón de su casa feliz viendo a su hermana correr bajo ese cálido sol y sonriendo igual que en el sueño.




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