Siempre a tu lado: El encuentro que no ocurrió

Reseñas generales

El amor viene en diferentes formas: de pareja, de familia, de amigos… Pero ¿qué hay de los perros? Son nuestras mascotas, nuestros amigos, nuestros cómplices, un miembro más de la familia, los que nos escuchan sin ser juzgados, los que nos dan cariño sin pedir nada a cambio, y eso, al menos para mí también es amor. Hoy les hablaré de dos historias, la primera es la de Hachi, y la segundo es la de Jack y Phyllis Potter, ejemplos de cómo el amor prospera a través de la adversidad.

Existen muchos ejemplos de perros en el cine, pero creo que, si hablamos de la representación de la lealtad, el primero que se nos viene a la mente es la de aquel Akita japonés, Hachikō. Nacido en 1923, pero cuya historia ha trascendido no solo las décadas sino, las fronteras de su país e idioma para enseñarnos el valor del amor incondicional. Un final trágico, pero con un viaje que valió cada segundo.

Existen diferentes películas sobre esta historia, aunque la que la popularizó en el resto del mundo fue la versión estadounidense de 2009, Hachi: A Dog´s Tale (Siempre a tu lado, Hachikō en hispanoamérica). La trama cuenta la historia de Parker Wilson (Richard Gere) que encuentra a un perro Akita perdido en una estación de trenes. En el cuello de aquél cachorro tenía inscrito el nombre de Hachi, por lo que el profesor decide llamarlo así. Por otro lado, el verdadero Hachikō fue encontrado por un profesor de Agricultura en Tokio llamado Hidesaburō Ueno. Este mismo decidió llamarlo Hachi (‘ocho’ en japonés) ya que notó que las patas delanteras estaban un poco curvas y que se le asemejaban al kanji que representa al ocho (八), mientras que el sufijo kō se refiere a ¨Señor¨.

A partir de aquí, la película de 2009 no difiere tanto de la historia real. En las mañanas el profesor iba al trabajo y su perro lo acompañaba de la casa a la estación, y al final del día el perro regresaba a la estación para acompañarlo de regreso a casa. Una tarde, como de costumbre, Hachi llegó emocionado a la estación esperando con ansias a que su amo regresara, pero este no lo hizo, y jamás lo iba a hacer ya que había fallecido en la universidad. No obstante, aquél fiel amigo jamás abandonó su rutina y durante casi una década, se mantuvo esperando en la estación de trenes.

El sentimiento desinteresado de esta bella criatura inspiró y se ganó el corazón de muchos que decidieron ayudarlo dándole de comer cada que pasaban por ahí, e incluso trataron de llevárselo para cuidarlo, pero este no lo aceptó. Hachi tenía la voluntad de continuar esperando hasta el final de sus días sin importar lo que sucediera.

El encuentro nunca ocurrió, y Hachi durmió eternamente en aquella estación sin volver a percibir ese olor, sin volver a oír esa voz, sin volver a sentir ese abrazo. Pero de algo estoy seguro, sé que para él cada segundo valió la pena. Hoy existe una estatua en aquel lugar donde Hachi esperaba, recordándonos que el sentimiento de amar no solo se trata de palabras, se trata de acciones, de voluntad, de hábitos.

Ahora quiero hablarles de una pareja de Reino Unido llamados Jack y Phyllis Potter. Ellos se conocieron en un baile durante la Segunda Guerra Mundial. Ese día Jack escribió en un diario ¨hoy he conocido a la mujer más maravillosa del mundo¨, y desde entonces adquirió el hábito de escribir cada anécdota que compartía con ella. Jamás se separaron, y se amaron por siempre. Al llegar a la tercera edad, Phyllis desarrolló demencia por lo que se tuvo que mudar a una residencia de ancianos para que pudieran cuidarla y tratarla. Sin embargo, Jack en ningún momento dejó de visitarla. Había ocasiones en las que Phyllis ni siquiera recordaba el nombre de su amado, pero eso no fue impedimento. Cada día él leía aquellos escritos que había hecho, y posteriormente visitaba la residencia, pasaba el día con ella conversando, se despedía y al día siguiente regresaba.

Hoy ninguno de los personajes de este relato vive, al menos no físicamente. Viven sus historias, las que nos inspiran, las que nos enseñan que el amor es seguir adelante a pesar de todo, que el amor es recordar, aunque no te puedan recordar, es esperar porque prometiste que lo harías, es honrar la memoria del otro por aquellos días que ya no volverán, aquellos días en los que te hizo tan feliz.

Comentarios 1

F
fedman28 de febrero de 2026
Se utilizaron tres perros distintos Akita.

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