Lo que queda cuando se encienden las luces: Mis nuevos comienzos

Reseñas generales

Siempre he pensado que el cine tiene algo de ritual religioso. Entras siendo uno y sales siendo otro, o al menos con una astilla clavada en la cabeza que no te deja volver a ser el de antes. Ahora que arranca el año y todo el mundo se llena la boca con el hashtag #NuevosComienzos, me he puesto a pensar en qué películas fueron realmente las que me "resetearon". Porque seamos sinceros: hay un cine que entretiene y hay un cine que te cambia el ADN.

Para mí, un nuevo comienzo no es necesariamente una película con final feliz. Es esa historia que te obliga a mirar hacia adelante cuando creías que ya no había camino. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi "Eternal Sunshine of the Spotless Mind" (¡Olvídate de mí!). Me voló la cabeza, pero no por la ciencia ficción, sino por esa idea tan cruda de que, aunque borres los recuerdos para no sufrir, estás condenado a repetir tus pasos si no aprendes de ellos. Me enseñó que empezar de cero no sirve de nada si no abrazas primero tus cicatrices. Fue el inicio de una etapa en la que dejé de huir de mis errores para empezar a usarlos como combustible.

Luego están esas películas que te cambian la mirada sobre el mundo, las que te quitan las vendas. Me pasó con el cine de Greta Gerwig o incluso con joyas más oscuras como "Parasite". Son historias que marcan un antes y un después en tu forma de juzgar al vecino, a tu familia o a ti mismo. Te das cuenta de que el cine es el único lugar donde puedes vivir mil vidas y, por lo tanto, tener mil oportunidades de empezar de nuevo.

A veces el "nuevo comienzo" es simplemente una cuestión de perspectiva cinematográfica. Hay un antes y un después de descubrir que el cine no tiene por qué ser explosiones y guiones lineales. Cuando descubrí a Wong Kar-wai y esa forma tan melancólica de filmar el paso del tiempo en "In the Mood for Love", mi forma de ver la vida se volvió más pausada, más atenta a los detalles, a los silencios. Aprendí que incluso en la pérdida hay una belleza que merece ser filmada.

Este año quiero mirar hacia adelante, pero con la mochila llena de esas lecciones. No quiero ver películas solo por pasar el rato; quiero historias que me incomoden, que me hagan querer mudarme de ciudad, llamar a alguien a quien no hablo o, simplemente, cambiar mi forma de caminar por la calle. Porque al final, el cine es ese empujón que a veces necesitamos cuando nos quedamos bloqueados en el guion de nuestra propia vida.

Si estás leyendo esto en Peliplat, seguro que sabes de lo que hablo. Esa sensación de vacío cuando aparecen los créditos, que no es tristeza, sino el peso de saber que acabas de presenciar algo importante. Brindo por esos "The End" que en realidad son un "Continuará" en nuestra propia realidad. Que este año nuestras vidas tengan la fotografía de Lubezki, la fuerza de una banda sonora de Zimmer y, sobre todo, la valentía de un protagonista que se atreve a cambiar de rumbo en el minuto noventa.

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