Todos del mismo lado
Reseñas generalesPerfidia significa traición. En el nombre de la protagonista, Paul Thomas Anderson, escritor y director de One Battle after another, ya nos da pistas. Y da luz sobre uno de sus temas característicos: los límites de la moral.
Este director, con una filmografía lo suficientemente amplia que nos permite analizar sus preocupaciones temáticas e intereses como realizador, toca algunos de ellos en este thriller. Un largometraje que utiliza la crítica de la realidad actual —las luchas de poder, los extremos y la violencia de la resistencia— para hablar de la moral y de cómo quizá los buenos y los malos, todos, están del mismo lado, o son lo mismo. Por más que tengan motivos ideológicos que aparentemente los enfrentan. Uno de esos motivos está representado en Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor).
Este personaje es un vértice que funciona de punto equidistante entre otros dos puntos, los personajes masculinos. Como ese juego de cuando éramos niños en el que con la mano sostenemos un palito con dos cuerdas que nacen del mismo punto, y en su extremo opuesto cada una tiene una bola que choca con la otra. El choque existe porque existe ese vértice. Esa es la relación que se establece entre los tres protagonistas, planteada desde la presentación de cada uno: ambos personajes masculinos son presentados narrativamente a partir de ella. Ella los introduce; y a través del montaje paralelo se desarrollan ellos y su vínculo de disputa; y cuando ella ya no está, este vínculo continúa con la hija (otro personaje femenino, interpretado por la revelación del año: Chase Infiniti).
Los dos protagonistas masculinos son dos hombres que representan polos opuestos.
Uno es Ghetto Pat (Leonardo DiCaprio), guerrillero como ella. Que la excita con su capacidad de hacer explosivos y con quien sostiene una relación sexual que la dejaría embarazada. Una vez que se convierte en padre, deja de ser tan atractivo. Su vínculo cambia. Su rol como guerrillera, no.
El otro es el Coronel Steve Lockjaw (Sean Penn), un soldado supremacista que se enamora cuando ella lo amenaza con su arma y lo toma de rehén. Él tiene un objetivo: ser miembro del Christmas Adventurers Club, un club de hombres blancos que quieren preservar la raza y le rinden culto a Saint Nick (San Nicolás, básicamente a Papá Noel). Para esto, no puede haber tenido relaciones con mujeres de otra raza, ni mucho menos tener hijos mixtos. Si hay algún indicio de esto, no califica para este selecto y exclusivo grupo.
La violencia que pone de manifiesto cada uno —uno con la autoridad para hacerlo, el otro por rebeldía— es lo que atrae a Perfidia, aunque parezca contradictorio, porque uno de ellos representa todo lo que ella detesta. Y es sobre esta misma idea que transita el eje del tema moral que plantea Paul Thomas Anderson.
Estos dos personajes masculinos sirven no sólo para establecer este triángulo, y cuestionar esta supuesta distancia entre ambos; sino también, y principalmente, para hablarnos de quién es Perfidia Beverly Hills. Su vínculo con cada uno nos muestra una cara de ella y lo egoísta que puede ser en la persecución de su ideal. Tan así que no importa qué deja atrás.
El centro de la crisis de este personaje es el mismo que le da nombre: la traición. Lo que hace Thomas Anderson es poner en jaque este concepto: puede considerarse traición o no dependiendo desde qué personaje se lo mire. Con este dilema, construye una nueva arista de uno sus temas principales que mencionábamos: los difusos límites de la moral. Perfidia necesita seguir con sus ideales; si no, sería traicionarse a sí misma. Pero al hacerlo, traiciona a los demás.
A través de este personaje, y sus crisis de la maternidad y su sexualidad, también incorpora un tema actual. Ser madre no es lo que quiere para ella; pero tiene una hija. Tiene deseo sexual, pero su pareja está cansada por atender a la bebé. Quiere sentirse deseada, pero se siente desplazada. Esto confirma cuál es su misión: seguir luchando por sus ideales. Sin importar la panza, sin importar la niña nacida, sin importar a quien debería cuidar, ella sigue disparando armas y "luchando por la revolución".
Perfidia es la protagonista de esta historia, aunque no tenga escenas a lo largo de toda la película. Pero sigue estando, representada narrativamente en alguien más: su hija.
Con ella, ahora adolescente —esto es unos 16 años después del abandono—, la narrativa se sigue estableciendo en forma de triángulo entre el rol femenino (Perfidia ahora representada en Willa) y los dos masculinos. Años han pasado. Nadie más ha sabido de la vida de Perfidia; sin embargo, Pat (ahora Bill) y el Coronel siguen enfrentados porque existe Willa. Una chica que tiene sangre rebelde y combativa desde el primer plano en que es presentada (otra de las pistas que dan cuenta de quién es hija).
Willa creció sin madre y bajo custodia de su padre, un ex guerrillero que ahora parece solamente servir para drogarse y obligar a su hija a que se cuide y mantenga las normas de protección. Sin saber mucho de su pasado en general y sin entender mucho sobre las cosas de las que le advierte su padre, y con información falsa sobre quién fue su madre, lleva su adolescencia como puede, muchas veces incluso cuidando de su padre.
Lo que su madre hizo y no hizo, y quien fue, es lo que volvió disfuncional a su familia.
Con este segundo personaje femenino y su relación con estos dos hombres rústicos de capacidades emocionales y mentales limitadas, se establece otro de los temas de la filmografía de Anderson: las familias disfuncionales y los conflictos entre sus miembros. Introduce las nuevas formas de familias, configuradas a partir de lo que sucede en la vida. Como lo hizo desde su primera película, Hard eight.
Entonces es claro: lo que sucedió antes marca el presente. Los antecedentes siempre son claves en las biografías de los personajes de Paul Thomas Anderson.
Y ellos son los que suelen poner en jaque los límites entre el bien y el mal, porque justifican el hacer. Sus personajes cruzan estos límites de una forma tan sencilla que parecen ser inexistentes.
Si miramos detenidamente estos personajes todos persiguen lo que consideran está bien: la pureza de la raza, la liberación del sistema que funciona mal, la revolución. Y al poner la lupa allí, el director opta por recursos como la sátira o el absurdo, no solo para introducir la comedia y disipar el tono dramático, sino también para mostrar lo patético que son cualquiera de estos lados.
Es una batalla en la que se suele dejar de lado lo más importante, una y otra vez. Los personajes suelen darle prioridad a sus propios objetivos, y cuando lo hacen, nada sale bien. Perfidia decidió seguir su ideal, para eso traicionó a lo más importante: su familia.











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