Eyes Wide Shut: El amor sin sexo de los casados
Reseñas generalesA finales de la década de los noventa, no había pareja ni remotamente tan mediática como la que forjaron Nicole Kidman y Tom Cruise. Eran guapos, talentosos y carismáticos, por lo que todo el mundo quería ser como ellos, fantasear con tener una vida semejante a la de ellos… Nicole Kidman y Tom Cruise se conocieron por primera vez durante el rodaje de Días de Trueno (1989), donde Cruise ya era el niño preferido de Hollywood después de haber triunfado con películas como Risky Business (1983) o Top Gun (Ídolos del aire) (1986). En lo que se refiere a Kidman, la actriz empezaba su andadura en Hollywood tras destacar en muchas producciones australianas. Es ahí donde ambos se enamoran perdidamente el uno del otro, casándose en cuestión de un año tras el rodaje de Días de Trueno (1989).
Tráiler de Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick
Seis años después de haberse convertido en marido y mujer, la pareja se embarca en un proyecto que marcaría para siempre sus respectivas carreras y su matrimonio, que iba a tener como director de la cinta a uno de los cineastas más legendarios de la historia del cine. Kubrick llevaba años queriendo adaptar la novela “Relato soñado” de Arthur Schnitzler, que acabaría por ser su última película. Eyes Wide Shut (1999) nos presenta a un matrimonio de mediana edad en declive, en donde los silencios y las máscaras destapan anhelos sombríos entre ellos. El deseo y la obsesión son los que atraviesan esta historia tan misteriosa e inquietante, en la que sin duda fue la obra más arriesgada de toda la carrera de Kubrick.
La visión controladora y perfeccionista de Kubrick estuvo más presente que nunca a la hora de concebir este proyecto, con un rodaje que duró alrededor de 15 meses. Pese a que la película transcurriera en Nueva York durante la época de Navidad, se rodó casi en su totalidad en Inglaterra, como venía ya haciendo en sus anteriores trabajos desde principios de la década de los sesenta, que es cuando él decide mudarse al Reino Unido. Aunque hay algunas teorías que sostienen que Kubrick murió antes de acabar la película, lo cierto es que concluyó el montaje final de la misma el 1 de marzo de 1999, solo seis días antes de su muerte. Evidentemente no alcanzó a ver estrenada la película, ni pudo encargarse de detalles menores de su exhibición como él siempre hacía, pero sí que parece que pudo dar a la Warner Bros el montaje final que él deseaba.
Aparte de contar con Nicole Kidman y Tom Cruise como protagonistas, el resto del reparto está conformado por Sydney Pollack, Todd Field, Madison Eginton o Alan Cumming; curioso lo de Pollack y Field, siendo el primero uno de los mejores directores de Hollywood de la década de los ochenta y el segundo uno de los directores más consagrados de los últimos años. Eyes Wide Shut (1999) se estrenó en los cines de Estados Unidos el 16 de julio de 1999, con un presupuesto estimado de 65 millones de dólares y una recaudación en taquilla de alrededor de 150 millones de dólares. Se puede encontrar disponible para su visionado en España, a través de las plataformas de streaming de “Movistar +”, “Filmin” y “HBO Max”.
La represión conyugal
Kubrick desde un primer momento quiere ahondar en algo que suele ser la base de la mayoría de los matrimonios y de las relaciones monógamas en realidad, que es la idea de la fidelidad que hay que preservar, ante todo. ¿Qué es lo que lleva a estos dos seres a no sucumbir a sus deseos más profundos, después de tantos años y tanto desgaste en su núcleo familiar? Lo que erige Kubrick es un gran viaje al interior de esta pareja, en la que su aparente estabilidad se ve amenazada tras una noche a la que ambos asisten a una fiesta. La noción de distanciamiento se nota desde el principio, cuando presenciamos uno de los arranques más icónicos de la carrera del director al son del Vals Nr. 2 de Shostakovich. “fuck” es lo primero y lo último con lo que se acaba la cinta, jugando con los dobles significados de una manera permanente. Lo que debemos ser para el otro y lo que nos gustaría ser. Kubrick hace un uso muy preciso del encuadre y la iluminación con planos bellamente estilizados, pero que generan esa sensación de irrealidad e incomodidad.

Nicole Kidman en Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick
El momento más significativo del primer acto que sirve como detonante de toda la acción que veremos a posteriori, es la icónica discusión que tienen los personajes de Nicole Kidman y Tom Cruise al volver a su domicilio tras la fiesta a la que han asistido. Todo se dinamita tras una confesión del personaje de Kidman, en la que de una forma muy explícita comparte una fantasía sexual recurrente que había tenido con un hombre; una fantasía que retrata los anhelos y la desesperación del personaje por salir de ese rol de esposa y madre que se le ha dado, sin titubear en el posible escenario de que esa fantasía pudiese convertirse en algo real y así dejar atrás esa vida que tajantemente confiesa estarla consumiendo.
Es ahí donde la trama avanza a través del personaje de Tom Cruise, que se embarca en un viaje a lo largo de la noche neoyorkina intentando procesar lo que su esposa acaba de confesarle. Kubrick consigue como en pocas de sus películas manejar el ritmo narrativo, haciendo que el espectador viva de primera mano esa mente totalmente aturdida del personaje de Tom Cruise por algo que en el fondo es irreal. Es ahí donde el director se permite ser lo más imaginativo posible, jugando con los límites de lo real y de lo irreal, del peso de todo aquello que presencia el personaje de Tom Cruise y que le lleva a un estado límite del que no podrá dar marcha atrás.
Ningún sueño es solo un sueño
En su momento y aún a día de hoy después de que hayan pasado casi 30 años desde su estreno, la crítica malinterpretó las intenciones de Kubrick en esta película, alegando que era una exploración del deseo sexual que navegaba sin rumbo. Obviamente y como suele pasar con la crítica, habían hecho una aproximación simple y vaga de lo que el cineasta norteamericano pretendía hacer. Eyes Wide Shut (1999) sigue más vigente que nunca en estos tiempos donde las redes sociales ocupan gran parte de nuestros días a la hora de comunicarnos con el resto, ya sea para compartir una opinión política o si es con el ánimo de buscar el amor. Esa dualidad de lo real y lo perteneciente a lo onírico que se trata en esta cinta es extrapolable a estos tiempos, y a lo que implica ser fiel o no a una pareja sentimental.

Nicole Kidman y Tom Cruise en Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick
Quizás el momento de la fiesta sexual que vemos en un momento dado asistir al personaje de Tom Cruise, sea lo que haya perdurado en el imaginario colectivo de la gente a la hora de hablar de la última obra de Kubrick, dejando ese poso de algo imbuido de una perversidad sexual que peca de cierta pretenciosidad. Sin embargo, esas ínfulas narcisistas no es lo que motiva a grandes directores como Kubrick y sus ambiciones eran mucho más altas y complejas. Si hay dos cosas que obsesionaron a Kubrick a lo largo de décadas fueron la vinculación entre el sexo y la violencia; ya sea en películas como La chaqueta metálica (1987) o Lolita (1962). Porque Kubrick a través de este matrimonio en horas bajas, nos muestra cómo la represión sexual no puede lograr que se desvanezcan todas las problemáticas que viven instauradas en el seno de un matrimonio, por mucho que de cara a la galería se dé una imagen de pura felicidad; por mucho que ellos se autoengañen, saben que están bien jodidos. ¿Y qué les queda llegados a este punto? Pues abrazar sus deseos más carnales o reconocer sus debilidades el uno al otro para que así, el amor que siguen sintiendo el uno al otro pueda salvar aquello que han erigido juntos. Y, como dice el personaje de Nicole Kidman al final de la película: “Es importante que follemos cuanto antes”.










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