“One battle after another” - distopía y revolución

Reseñas generales

Entre muchas otras cualidades, Paul Thomas Anderson (PTA) tiene una habilidad extraordinaria para titular sus películas. Magnolia (1999), Punch-drunk love (2002) y There will we blood (2007) son algunos ejemplos. En estos títulos, a veces de manera simbólica y otras veces literal, podemos sentir toda la película. One battle after another (Una batalla detrás de otra, 2025) no solamente es un gran título, uno destinado a perdurar en nuestra memoria, sino también una síntesis concreta de lo que vamos a ver. De lo que PTA quiere contarnos, en imágenes y en canciones. Una sucesión de conflictos, grandes y pequeños, en los que los personajes se juegan enteros, enmarcados en un conflicto central explícito: la resistencia contra el ascenso del fascismo en los Estados Unidos.

One battle after another tal vez no sea la mejor película de Hollywood del 2025, pero sin dudas es la más poderosa, la más importante. Es la ficción no realista más política que produjo Hollywood en muchos años. Una película de gran escala, protagonizada por superestrellas, y con una contundencia desaparecida hace rato en el cine mainstream.

Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio).

La película comienza con la preparación y ejecución de un atentado terrorista en territorio norteamericano. O quizás un acto de revolución, el cual revela un profundo sentido de la justicia social. Los “French 75”, liderados por Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), toman por asalto un campo de detención de inmigrantes ilegales, con el objetivo de poner a hombres, mujeres y niños en libertad. El grupo de activistas está formado por jóvenes de distintas etnias, entre ellos Ghetto Pat Calhoun (Leonardo DiCaprio), especialista en explosivos y pareja de Perfidia.

Esta primera secuencia marca el tono de la película, la velocidad y la intensidad con que se suceden los hechos; también el peligro y el marco de ilegalidad en el que se manejan los French 75. De esta manera es que, como espectadores, rápidamente entendemos que esto no es un retrato realista de la oposición anti establishment de la izquierda norteamericana. Desde ya que no estamos viendo un documental de Michael Moore, pero tampoco se trata de una película como How to blow up a pipeline (Daniel Goldhaber, 2022), o A house of dynamite (Kathryn Bigelow, 2025). La propuesta de PTA es otra, reconocible y con una tradición relevante: One battle after another es una distopía. Un relato en el que los hechos son reconocibles porque ya están sucediendo en el mundo actual. Lo que propone la película entonces, es empujar el relato un poquito más allá. Sugerir qué puede suceder si los eventos de la realidad –la inhumana política anti inmigratoria del gobierno de Donald Trump– se profundizan, se aceptan y se normalizan por parte de la población norteamericana. Y lo que PTA cree que puede suceder es, lisa y llanamente, una revolución. No una guerra civil, como propuso Alex Garland en la brillante Civil war (2024). Es decir, no una oposición entre dos facciones del ejército del país, sino el surgimiento de un movimiento clandestino organizado y diseminado por el territorio nacional. Pero, ¿cuál es la visión de la película respecto a la idea misma de la revolución?

Perfidia, Charlene y Pat.

A riesgo de pecar de viejo comunista –algo que no soy, ni viejo ni comunista–, creo que la respuesta es obvia: One battle after another se burla una y otra vez del concepto de revolución, y lo hace principalmente mediante la caracterización de los revolucionarios. Perfidia Beverly Hills, una de las heroínas del movimiento, es una ególatra y una adicta a la adrenalina. La revolución le sirve para vivir al límite, y cuando ya no le sirve, no tiene ningún problema en desecharla. Perfidia, como su nombre lo indica, es una traidora. La revolución es un juego para ella, y su forma de encarnarla recuerda al de las protagonistas de Say nothing (2024), la miniserie sobre los conflictos políticos que sucedieron en Irlanda del Norte entre los años sesenta y los ochenta. Por otro lado, Ghetto Pat es una especie de Jeffrey Lebowski, pero con un poco más de fuerza de voluntad –aunque más ingenuo y mucho menos inteligente que el Dude–; un cuarentón que pasa sus noches tirado en el sillón del living, fumando marihuana y viendo en la tele La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1966). Esta ridiculización de los revolucionarios produce risa, y pone de relieve la inspiración de PTA en la obra de Thomas Pynchon –según IMDB, One battle after another está basada en “Vineland”, novela publicada por Pynchon en 1990–.

Sensei Sergio St. Carlos (Benicio Del Toro)

Pero, si bien es cierto que la película no articula una visión interesante respecto a la revolución –algo que hizo de manera magistral, y muy crítica, Children of men (Alfonso Cuarón) hace ya veinte años–, sí se propone denunciar sin eufemismos al complejo militar estadounidense, al representarlo como una aceitada máquina de apoyo al fascismo. La escena en que los militares se infiltran entre los manifestantes latinos para tirar molotovs con el objetivo de desatar así la acción represiva del ejército, genera un reconocimiento inmediato en todos aquellos países acostumbrados a sufrir el accionar de servicios de inteligencia estatales que utilizan prácticas ilegales asociadas a la guerra sucia. Además, la caracterización de los supremacistas blancos, nazis y esclavistas, que desde las sombras –literalmente bajo tierra– detentan el poder real en la sociedad americana, si bien produce risa no deja de ilustrar el terror real que en cierta parte de la ciudadanía genera la “mezcla de razas”. Por estos y otros motivos, catalogar a One battle after another de “contrarrevolucionaria”, y desestimarla por eso, no solo sería un gesto anacrónico, y equivocado, sino principalmente un atentado contra el cine.

Como muchas otras películas actuales, One battle after another es larga, pero en ningún momento se vuelve repetitiva ni cae en digresiones poco interesantes. El tono que PTA establece en el largo teaser inicial previo a la aparición del título se sostiene hasta la última escena de la película. Tal vez lo único que se podría dejar afuera es el epílogo respecto al personaje del Coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), ya que una vez que el personaje queda fuera de combate –en una de las secuencias más espectaculares que tiene la película, con un efecto de “montaña rusa” generado a partir de un juego óptico del todo simple– se vuelve innecesario sacarlo de la tumba para volver a enterrarlo pocos minutos después. Uno siente que el guionista no quiere soltar a un personaje siniestro, y ridículo, del que se ha enamorado durante el proceso de escritura.

Paul Thomas Anderson dirigiendo.

Paul Thomas Anderson hace en One battle after another lo mejor que sabe hacer: cine. Lo hace a partir del diseño dinámico de secuencias en constante movimiento, apuntaladas por una sucesión de canciones que se enganchan de manera orgánica a pesar de sus estilos disonantes. Y el elemento en el que deposita la responsabilidad narrativa central, como suele hacerlo habitualmente, son los personajes. Estos están interpretados por una serie de actores de primera línea: Leonardo DiCaprio, Sean Penn y Benicio Del Toro. Los tres se prestan de forma completa a la historia, y la ejecución de su arte –el dominio de la gestualidad corporal, el manejo de las miradas, la imposición de la voz, etc– es la verdadera fiesta de la película. PTA lo sabe y lo explota al máximo. Para él, como para otros grandes cineastas, dirigir es dirigir actores. El resto viene muy por detrás. 

Comentarios 2

A
Ale Merkier15 de enero de 2026
Impecable. Ví "Una batalla detras de otra" y tu crítica es completamente acertada, resumiendo sus cualidades de una manera justa 🙏 Y además, me dan ganas de ver las otras películas que mencionas. Gracias
L
Lautaro Sarsotti15 de enero de 2026
Excelente. Muy acertadas las referencias a Guerra Civil y a Niños del hombre. Me da la sensación que el autor me está leyendo la mente.

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