¡Te deseo una Esquizofrénica Navidad!

Reseñas generales

Lo siniestro está en tu interior. Igual que el reino de los cielos. Las tinieblas abundan en nuestras entrañas y allí no hay voz divina que haga florecer la semilla de la luz. Tenebrosos conciliábulos se gestan en nuestras almas durante noches infectadas de pesadilla. Y, en horas de inesperado delirio, el trono y la legislación les pertenece a los íncubos y súcubos. Bajo sus influjos actúa el sonámbulo cuyo cerebro se convierte en el escenario macabro de un cementerio en el que los recuerdos muertos rompen los ataúdes que les sirven de camas y asoman a la superficie sus cabezas terrosas, gusanosas, larvadas, las cuales son, a su vez, los recintos de cucarachas y roedores cuyos ojillos disparan a diestra y siniestra rayos láser. 

Uno de esos recuerdos-zombis representa a un líder religioso despótico, manipulador, de cabellera larga, tosca, espesa, una especie de Charles Manson resucitado, pero sin el magnetismo en la mirada sombría de este asesino en serie. Una imitación, aún más caricaturesca, de David Koresh (líder de la secta de los Davidianos), o de Jim Jones el no Apocalíptico. 

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El recuerdo demacrado por el olvido es el de un líder que, al igual que muchos de los caudillos sectarios ya mencionados, se cree un mesías fidedigno o una reencarnación incuestionable de de Jesucristo. Un líder que indujo a su comunidad de siervos y fervientes a volarse los sesos con revólveres, empujándolos al suicidio luego de seducirlos por la idea de un perdón eterno, un lugar en las cumbres celestes, a la vera del Dios creador, entre el Hijo y El Espíritu Santo. 

¡Cuán hondo calaron en esta víctima las profecías pronunciadas por el falso profeta, sus injurias contra todos cuantos consideraba profanos por no promulgar su misma ley religiosa!

¡Arrepentíos!, porque el reino de los cielos se acerca… clama el vagamundos que se alimenta de miel silvestre y langostas en el desierto, conocido como Juan El bautista. La misma consigna clama este pseudo-místico poseedor del Verbo a sus súbditos para que puedan compartir la gloria del Señor. El cuerpo hizo pecar a Adán y a Eva. La carne los tentó a comer del fruto del árbol del bien y del mal. Parece que, en los tiempos del paraíso, no caían rayos, sino tentaciones. El hecho es que es la carne incita al desborde de los placeres, las pasiones, las lujurias, las maldades, a la violación ensañada de las leyes promulgadas por el Sumo Artífice; por esta razón, hay que desprenderse de la materialidad, vocifera la versión de pacotilla y desteñida de Charles Manson, a la vez que sus timbres apoteósicos provocan el erizamiento de la multitud, que enloquece y vitorea a la deidad corporizada. Hay que despojarse del cuerpo, como si este fuera una escafandra de buceo, para trascender. 

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Morir es sinónimo de montarse en un cohete espacial y abandonar la base terrenal. Una expedición ultramundana hecha por el alma. En síntesis: un peregrinaje. En la teoría, como puede observarse, lo anterior resulta excesivamente filosófico, pero en la práctica es muy diferente: implica, en primer lugar, un reguero de sangre. En segundo lugar: la putrefacción de los tejidos, la hediondez de las células y la constitución de una imagen grotesca y dantesca que inyecta el horror en las pupilas de la posteridad, que observa consternada el espectáculo trágico. 

Ahora bien, a la protagonista de La Cabaña Siniestra (2019), interpretada por Riley Keough, la única sobreviviente de una secta, la apesadumbran los fantasmas en forma de reminiscencias de la noche fatídica en que los miembros de su comunidad religiosa —en que se hallaba cautiva— se auto-infligieron la muerte, azuzados por la promesa de una compasión sobrenatural una vez adviniera el día del Juicio Final y de un edén nuevo para sus almas bondadosas y misericordiosas. 

La mujer —el por qué de esto deberá descubrirlo el espectador— no sucumbió a la tentación; sin embargo, le tocó presenciar cómo el vuelo de las balas componía un coro tétrico cuyo eco retumbaba por cada rincón de la mansión. El líder de la secta también pintó un retablo sangriento en su frente segundos después de mudar de escamas. No obstante, su voz penetró en los huesos de la sobreviviente. Se incrustó en el núcleo de su conciencia, y, con posterioridad, perforó las murallas que protegen los reinos del inconsciente y se apoltronó allí. 

En efecto, aunque la joven intenta recomenzar, borrar las oraciones y versículos que grabaron a las malas en sus lóbulos, a pesar de las pastillas psiquiátricas con que inunda su organismo para mantener a raya el desequilibrio, a pesar de las buenas intenciones, del deseo de no contemplar el mundo tras la óptica de los evangelios y de limpiar las retinas espirituales de aquel montón de imágenes sobre hecatombes, concepciones milagrosas, revelaciones proféticas, sacrificios Abrahámicos, diluvios y destrucciones babilónicas vaticinadas en el antiguo testamento; a pesar de estos esfuerzos descomunales por distanciarse de esa Sodoma y Gomorra en llamas que es su pasado, Grace (Riley Keough), al igual que la esposa del mítico Lot —convertida en estatua de sal por desobedecer el mandato de no girar la cabeza para atisbar el aniquilamiento de las ciudades malévolas—, comete el error de regresar la vista hacia los hechos catastróficos de aquella noche suicida y el castigo que le sobreviene es la perdida total de eso que en nuestra sociedad se denomina cordura. 

Gradualmente, la necrópolis que se erige en las regiones de su mente abre los párpados y comienza a reincorporarse, a respirar, a oír, a saborear, a tocar. En bandada, los cadáveres del inconsciente irrumpen en su conciencia con la misión suprema de apoderarse de ella. De un modo sutil, pero implacable, apabullan los recién construidos cimientos de su arquitectura emocional, sensorial y cognitiva, a la vez que machacan las nuevas creencias y el nuevo sistema ético-moral que ahora cuelga de su horizonte personal como una estrella de Belén rebosante de esperanza. Estrella que, no obstante, a la postre revela su verdadera faz, arrasada por la mortecina y la esquizofrenia 

 

PDTA: si tú, estimada alma lectora, deseas pasar una navidad terrorífica, esta película puede ser de tu agrado. Y si ya te la viste… no está de más que me cuentes en un comentario tu percepción al respecto. 

 ¡Hasta una próxima ocasión!

 

 

 

 

Comentarios 1

J
Jeroo Casco1 de diciembre de 2025
No tengo gratos recuerdos de ella...y no por el contexto ni la historia. Me refiero a que no me impactó en su momento.Lo que si recuerdo es que está dirigida por los mismos que hicieron la versión original de 'Goodnight, Mommy', una peli muy turbia que me gustó bastante. Será cuestión de revisitarla.

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