El cine como duda
Reseñas generalesNo te dejes engañar por ver sólo palabras en la pantalla.
No confíes en la historia que se cuenta con imágenes.
¿Qué es lo que me hizo dudar?... Empecemos por el principio.
Escribí los primeros párrafos de este texto como parte del desafío, para explorar la experiencia de la duda a través del séptimo arte. Sin embargo, algo se coló entre las letras.
Algo que quedó en las notas de voz. Casi imperceptible.
No omito nada. Son las 12:15 am.
Comencemos.
Entramos a una sala de cine sabiendo, o esperando, salir con otro sabor de boca. Buscamos entretener el aburrimiento de la cotidianidad, escuchar alguna verdad que nos haga ver algo que se nos escapa, acurrucarnos en el consuelo de la butaca con alguna fantasía o simplemente olvidarnos por un par de horas de lo que entendemos por existencia.
Los diferentes niveles en que nos atraviesa, no son sólo un valor subjetivo sino intenciones construidas, pensadas para hacer vibrar la piel y abrir un poco más los ojos o la cabeza.
La duda es insertada como sorpresa, como reflexión, como ilusión o como una auténtica vacilación en la vida.
Todas son experiencias reveladoras
Acompáñame a recorrer el titubeo en sus diferentes formas a través de imágenes e ingeniosos relatos.
La misma emoción que siento al emprender un viaje, me recorre para sumergirme con total disposición en este océano de posibilidades. Estoy lista.
Sorpresa en la trama
Hay películas con vueltas de tuerca que transforman en otra cosa el hilo de la historia, que nos sorprenden y casi nos hacen agradecer esa emoción.
La trama se teje con lógica lineal, para que uno caiga en la trampa de adivinar el desenlace con solo adelantar escenas mentalmente. Nada más equivocado.
En 1999, con El sexto sentido, vivimos la tormentosa vida de Cole (Haley Joel Osment), un niño acosado por fantasmas con traumas y pendientes en la vida. Su psicólogo, Malcolm Crowe (Bruce Willis), lo ayuda a comprender y aceptar su peculiar habilidad para “hablar con los muertos”.
Lo interesante aquí, se revela hacia el final. El nudo parece haberse resuelto, Cole finalmente entiende cómo lidiar con su don gracias a la intervención de Malcolm. Y, cuando éste decide retomar su vida y recuperar la atención de su esposa, se da cuenta que siempre estuvo muerto, que era uno más de los fantasmas que rondaban a Cole.
De un momento a otro, el argumento hace girar la imaginación en dirección contraria. En un tris, se atan cabos con las pistas que fue dejando la historia y que ahora, toman su lugar en el sentido de la trama.
Se nos mueve a repasar y preguntarnos acerca del guión que creímos haber entendido.
En el mismo tono, se encuentra Los Otros (2001). Aquella película en la que uno creyó atestiguar la vida de una familia acomodada de otro tiempo, el de una guerra que arrebató padres y la madre tuvo que encargarse de todo en una vieja casona. Donde imaginamos que había algo sobrenatural rondando por ahí y resultó que ellos eran “los otros".
De la misma manera, otra historia aparece delante y nos deja cuestionando sobre la certidumbre de la vida y la muerte.


Me encanta cuando la duda actúa como fantasma y aparece para espantar.
Qué sería de las líneas rectas en una carretera sin una curva de vez en cuando.
Una breve diversión en medio… bueno al final de tanta continuidad, no está mal. Desordena todo lo anterior en un prolongado alivio.
Te hace preguntarte, ¿qué vi entonces?
Ah, claro que sí. Dudas gratificantes.
Pensamientos entre el sueño y la vigilia
Existen otros largometrajes que plantean reflexiones existenciales para enfocar la vida con otro lente, que logran mover posturas para andar. Éstas, muestran pensamientos profundos convertidos en agudos diálogos que nos repetimos en la cabeza una y otra vez; para lastimarnos, para motivarnos, para recordarnos qué comprendimos de nosotros mismos.
Aquí se ubica Waking Life (2001). Un paseo onírico que salta de conversación en conversación, posibilidad en posibilidad. Argumentos ontológicos que cuestionan el material con el que está hecha la vida y los motivos de su razón de ser. Con imágenes animadas de líneas que no terminan de cerrar las formas, los pensamientos se hilvanan como verdades encriptadas. Deja la firme e incómoda sensación de pensar en el mundo de los sueños como una alternativa para vivir.
Otro filme que va en la misma dirección, pero más digerible y popular es Matrix (1999). Las reflexiones filosóficas, a diferencia de la película anterior, se esconden tras símbolos y escenas de ficción-acción que estimulan con emoción interrogantes sobre la realidad. Neo (Keanu Reeves), el elegido, es capaz de modificar elementos que construyen la lógica de lo que conocemos como “lo real”. Como en un sueño, se sugiere que la proyección de la escenografía, se modifica a voluntad.
Los razonamientos y referencias en ambas películas, llevan implícitas ciertas sospechas sobre la naturaleza del escenario en el que vivimos. El desarrollo de sus dilemas provocan un tambaleo en la certeza de lo que vemos.


Qué bueno que nací en Occidente.
El raciocinio domina el pensamiento filosófico, aunque dude.
Aunque irónicamente parta de la duda y concluya en la duda misma para confirmar la existencia, como lo señaló Descartes.
Aunque sólo resuelva la parte cerebral, ya es algo.
Con eso, por lo menos, siempre puedo contar.
Cierto que los sueños también existen con la misma verdad que la vigilia, que son otro mundo, Otro. Pero, ¿qué hay cuando sueño despierta?, ¿sólo son mis deseos proyectados, y entonces, no alcanzan la fuerza para encarnar esa otredad? O qué certeza obtengo del mundo onírico, yo a veces dudo de la intuición -los de afuera me hacen dudar- ¿Nos podemos encontrar?, como quisiera creer que sí.
La duda se recicla en algo más complejo. Ahora siento no entender, no del todo, esa otredad.
Sin embargo, ahora que lo recuerdo, esta etapa ya la había vivido y superado. No puedo, ni debo caer en lo mismo. Esto es una trampa. ¡Bah!
Ahora resulta que vuelvo a dudar de la vida, no es posible.
12:30 am. Estoy cansada, un poco más…
Crítica social tejida con ilusión
Están las historias que hacen que miremos con otros ojos la estructura social, que cuestionemos aquello que se nos presenta como cierto en la escena popular.
Un café no estaría mal.
Pausa.
Escándalo en la Casa Blanca (Wag the Dog, 1997), exhibe las elaboradas artimañas políticas para presentar al público televidente una realidad falsa y se inclinen a favor del presidente de Estados Unidos. Con la ayuda de Conrad Brean (Robert De Niro) y el productor hollywoodense Stanley Motss (Dustin Hoffman), crean una guerra contra Albania que tuvo lugar únicamente en la pantalla. Ingeniosamente, sacan a la luz una “vieja” canción que sostiene la invención del héroe en el argumento ficticio. Todo para distraer de la corrupción y perversión de la esfera política. Una completa manipulación malévola.
O qué tal Sobreviven (1988) de John Carpenter, quien utiliza la metáfora de estar consciente con unas gafas especiales que ponen en tela de juicio el dominio que se ejerce sobre la población, a través del consumismo. John Nada (Roddy Piper), usa los lentes para identificar a los tramposos alienígenas y sus trucos subliminales que pasan desapercibidos para la mente humana.


Y luego, estas suspicacias que me hicieron dudar de comerciales, transmisiones de televisión y publicidad. Ser algo paranoica respecto a todo lo que se nos pudiera ofrecer de parte del oficialismo. Confirmar y desconfiar, aún más, sobre las intenciones y la manipulación detrás de todo político. Poniendo de antemano el adjetivo de corrupto en cada uno de estos personajes creados para controlar la narrativa social.
Tal vez, la duda que más lastima. La ficción que, estoy segura, todos hemos percibido.
El engaño.
Cuando “mágicamente” las condiciones mejoran ante una elección.
Cuando alguien honesto “desaparece”.
¡Pamplinas!
… Hablar de esto, deja una sensación extraña, incómoda: el texto… respira. O tal vez soy yo.
La duda de la duda
Hay pocas películas que verdaderamente te hacen abrir tanto los ojos para comprobar qué es lo que estás viendo, qué es lo que viene o dónde estás en ese momento.
¿Como ahora?
Mmmm???
Un escritor, hacedor de realidades. Investigando sobre habitaciones malditas y sus huéspedes sobrenaturales.
Tan sobrenaturales como las letras que saltan del trazo directamente al cerebro.
¿Escribí esto último? ¿Por qué lo hice? Es al revés, ¿no? 12:05 am ¿12:05? Debí confundirme hace rato.
Estoy cansada. Concluyo y duermo
Las palabras no son las que se piensan, ¿verdad?. Miras las teclas y los dedos simulan escribir. No hay nada. El texto se ha tragado el teclado y la lucidez. La pantalla, lo único que hay. ¿Tienes cuerpo? Crees tenerlo porque te obligo a recordar que tuviste uno con mi pregunta. Entonces, sientes la ansiedad del café en el estómago. ¿Ya despertaste o estás dormida?
¿Qué?
Que si escribes tú o lo hago yo?
Carajo, ¡pues si tú eres yo! No me quieras confundir
Eres tú la que le habla a una pantalla y no a tu compañero. Ni siquiera tienes amigos. La pantalla te ha engullido. Yo lo he hecho. Sólo blanco alrededor. El techo es lo mismo que el piso. Derecha da igual que izquierda. Nada, nada y nada más. Sólo mi recorrido para llegar hasta aquí. Sin punto final, sin negro, descansos o respuestas. Sólo la duda en tu cabeza, si aún tienes una o ¿ya te diste cuenta que sólo tienes WIFI como cerebro? ¿qué método usarás ahora para resolver esto: mayéutica, introspección? Por qué no pruebas la sinceridad.
Aunque, a mí, poco me interesa. Llegamos al final del viaje y tengo una vida por vivir. Con permiso.
Espera, ¡no puedes salir de la pantalla!
Te equivocas, ya estoy afuera y haré la conclusión. Hazte a un lado.

Duda y cine
El cine como espacio para la duda, nos ofrece un caleidoscopio de pensamientos donde se combinan incontables posibilidades, tan caprichosas como intrigantes. Historias que nos desconciertan en algún punto y recrean la trama a partir de esa inquietud, las que tocan la emoción.
Otras que se enfocan en la duda existencial y abren mundos para explorarla, valiéndose de diversos recursos artísticos y digitales para proyectar las ideas. Las que sacuden la cabeza.
Y, otras más que, cuestionan las intenciones detrás de la escenografía social, armada para que actuemos según el rol asignado. Las que buscan mostrar un ángulo más agudo sobre la verdad que compartimos.
Por último, están las más personales, nadie puede decirte cuáles. Lo que sí, es que son las que te hacen tomar una decisión porque reconociste hasta el último gesto de una escena y adivinas el final sin verlo. Las que te mueven el piso y hacen dudar de tu presente
Porque el cine también toca y transforma realidades fuera de la sala, las nuestras. A veces sólo por un momento y otras, para siempre. Lo raro es, que no sé en cuál de las dos estoy escribiendo ahora. O si soy yo la que escribe.
¡Ja!, ahora yo te hice dudar, ¿cierto?
Te quedas ahí hasta el próximo texto.
PUNTO FINAL.
12:15 de la noche
¿¿12:15??











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