Tres películas destacadas del 40° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata
Reseñas generalesTerminó el 40° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y el balance es muy decepcionante en términos generales. Sin embargo, dentro de una programación errática pueden extraerse algunos títulos que -por supuesto- no tienen la culpa de ser parte de una edición para el olvido, en oposición al slogan “El renacer del esplendor” con el que intentó venderse el evento.
Sirát de Oliver Laxe
A veces un puñado de películas se entrecruzan en una sola, entonces ¿Cómo conviven Sorcerer (1977), Las aventuras de Priscilla, la reina del desierto (The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert, 1994) y Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road, 2016)? La respuesta podría ser Sirát, la nueva película de Oliver Laxe, ganador en el festival por Lo que arde (2019), su realización anterior. El inicio es in medias res con un padre (Luis, interpretado por Sergi López) y su pequeño hijo Esteban, ambos en modo deambulantes entre el público de unas raves en Marruecos para entregar volantes y preguntar sobre el paradero de una joven, hija y hermana de estos infiltrados. Muchos meses pasaron y la esperanza se ve diluida en el rostro de este hombre de andar cansino, aunque sin vacilaciones en la búsqueda.
Luis y Esteban, sin pensar demasiado a partir de una necesidad, siguen a un pequeño convoy tras una intervención del ejército para sacar a los ciudadanos europeos cuando se presenta un conflicto bélico en el país, pero que más adelante escala a otras partes del mundo. En esa movida de padre y hijo comienza un viaje hacía una rave en el sur, en la frontera con Mauritania, pero lo cierto es que en realidad el destino es desconocido. A pesar de que los objetivos de Luis y Esteban son muy diferentes a los de los personajes que van en los camiones, lo que se gesta en el tránsito es una dinámica de familia: una muy deforme y variopinta por las nacionalidades, aunque también por las edades y los antecedentes que cada uno acarrea.
La representación de la rave dista mucho de ese imaginario de un mundo sofisticado donde bailan jóvenes de una alta sociedad, en Sirát ese contexto es el de una congregación de gente rota, en el carácter tanto como en lo físico. Hay personajes a los que les faltan partes del cuerpo como una mano, una pierna y hasta el cuero cabelludo. Son, en definitiva, freaks, lo que por supuesto conduce a conectar con la mítica película de Todd Browning. El mundo alrededor de esta travesía parece ser el de una catástrofe global con guerras desatadas, mientras los personajes solo ven el horizonte de un desierto interminable. Sirát es una explosión de forma y de sustancia, en lo primero desde el uso de las transiciones apoyadas en las imágenes provistas por el propio escenario del desierto y, en lo segundo, por la singularidad de la historia y el desarrollo del relato. Cuando aparecen películas inclasificables y escurridizas para los géneros y que sirven para construir atmosferas leudantes, el cine deja a entrever que todavía mantiene viva la llama de su magia.

Köln 75 de Ido Fluk
La presentación de Keith Jarrett que derivó en el disco “The Köln Concert” está elevado a carácter de mito, no solo como concierto de jazz sino, también, en términos de historias que rodean a su concepción. Desde ahí parte la película que, sin embargo, no ubica el punto de vista en el músico sino en Vera Brandes, la joven promotora de conciertos de jazz que por entonces tenía tan solo 18 años. En el año 1974 su camino en el mundo de la noche jazzera de Colonia cambia por completo cuando Ronnie James le pide que le organice un tour por Alemania, sin tener ella ninguna experiencia en el tema, porque es una adolescente que todavía asiste a clases en el secundario. El ambiente convulsionado de una Alemania que todavía se debatía entre el pasado reciente y las revueltas de las urgencias lideradas por una nueva generación, también tenía una arista particular sobre la recuperación de valores culturales marginados en sus lugares de origen. El jazz logra reinventarse en Europa y Berlín, específicamente, durante la década de 1970, se convierte en un epicentro de artistas, mientras que Estados Unidos ya era considerada una “música de museo”.
Si nos enfocamos en las historias basadas en hechos reales, podemos entender que la subjetividad reina más allá de cualquier intento de veracidad que se le intente espolvorear. Köln 75 es consciente de ello y se lo comunica al espectador al enunciar que esta historia está atravesada por la mirada de su protagonista, es decir, todo es según Vera Brandes. Su vida sufrió la rigidez de un padre conservador, el odio de un hermano resentido y la voz apagada de una madre. Al menos estos dos últimos tienen actos redentores, en especial ella, cuando finalmente la ayuda con un dinero fundamental para organizar el «Köln Concert». Precisamente, allí llegamos cuando Vera tiene una epifanía mientras ve a Keith Jarrett en Berlín, dentro de un marco de una movida jazzera efervescente, que en la película se ilustra como si se tratara de un concierto de rock cuando asiste a una sesión de Miles Davis.
Ido Fulk apuesta con ciertas decisiones límites cuando, por ejemplo, la protagonista rompe la cuarta pared en varios momentos para hablarle al espectador, o en soltar a Vera y reubicar el punto de vista en un periodista de jazz que sigue la gira de Jarrett (en la piel de un John Magaro perfecto) para tratar de entrevistarlo. Ese pasaje que remite a «Casi famosos» en clave de jazz es, probablemente, de lo más luminoso del año cinematográfico. Incluso la referencia a la película de Cameron Crowe se manifiesta cuando Jarrett le dice: “Bueno, tenemos un Lester Bang aquí”. Köln 75 agrupa, en esta gran anécdota sobre uno de los eventos más importantes de la música del Siglo XX, a un montón de películas posibles y, como resultado, ofrece un halo de optimismo para un mundo actual rebalsado de cinismo y decepción. El jazz está vivo.

The Last Viking de Anders Thomas Jensen
El director Anders Thomas Jensen es un nombre asociado al cine de género en Noruega, específicamente, su cualidad es poder articular de maneroa armoniosa géneros sin necesariamente exponer las costuras. Tras la interesante y divertida Riders of Justice (Retfærdighedens ryttere, 2020) y la épica El bastardo (Bastarden, 2023) regresa a la mezcla de comedia y acción, pero con una cuota más profunda de dramatismo. La premisa es simple: Anker (Nikolaj Lie Kass) es un ladrón de bancos, que después de un robo que sale mal, le da a su hermano Manfred (el gran Mads Mikkelsen) la llave de un armario donde escondió el botín y unas instrucciones para que lo mueva de acá para allá. El destino de Anker es inevitable: la cárcel. Después de cumplir una condena de 15 años, sale en busca del dinero, pero se encuentra con una serie de dificultades, porque Manfred ahora es John… Lennon, nada menos. Hay que aclarar que el personaje sufre de un trastorno de identidad disociativo. Ambos emprenden un viaje para dar con el paradero del botín.
A pesar de estar asociada a la acción, lo que Jensen resuelve de forma acertada es incluir a personajes secundarios muy queribles recargados de un absurdo que se contrasta con la seriedad del protagonista y del conflicto interno sufrido por los hermanos a raíz de un trauma en la niñez, producto de un padre abusivo. En el medio se presenta un viejo cómplice de Anders que lo busca exhaustivamente para recuperar el dinero robado, para complicar aún más a los dos hermanos.
Si bien no todos los intentos de cruces genéricos llegan a un blanco perfecto, The Last Viking propone una frescura para las comedias de acción, aunque la historia de los personajes con su padre invade con un dramatismo potente que podría pertenecer a otro tipo de historia.












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