Acusados: La verdad ensamblada

Reseñas generales

La película presentada en esta entrega es Acusados (Indictment: The McMartin Trial, 1995), no confundir con Acusados (The Accused, 1988) de Jonathan Kaplan. Para otro momento quedará hablar de esas decisiones de las editoras de video sobre los títulos locales. Acusados de 1995 plantea una historia basada en hechos reales, sobre el caso de abuso sexual y satanismo contra la familia McMartin, dueña de una guardería de Manhattan Beach en California. La acusación tomó forma a partir de una primera denuncia en la policía local de una madre contra Ray Buckey, nieto de Virginia McMartin e hijo de Peggy McMartin Buckey, dueña y administradora del lugar respectivamente. También se incluyó una acusación contra Peggy Ann Buckey, hermana de Ray quién era docente en la guardería – preescolar.

Picture of Indictment: The McMartin Trial

El caso

La primera denunciante fue Judy Johnson, una mujer diagnosticada (tiempo más tarde) como esquizofrénica y alcohólica. Después de obtener una confirmación de violación (por parte UCLA medical Center) contra su hijo de dos años decidió acudir a la policía de Manhattan Beach, una localidad costera de clase media baja, en California lindante con Los Ángeles. En 1983, el caso se extendió a más de 300 denuncias por abuso sexual contra los niños y niñas del jardín de infantes, siendo Ray el principal acusado. Un primer allanamiento a su casa encontró fotos pornográficas, muñecos y muñecas desnudos customizados, lo que resultó como complementario a las primeras declaraciones de las víctimas para encarcelarlo. La denuncia inicial se amplió a su hermana, madre y abuela con diferentes cargos, los cuales alcanzaron el número de 52 para el momento del final del juicio. Hasta aquí todos los caminos conducían a un juicio rápido, sin alteraciones y con un veredicto a favor de la fiscalía.

La fiscal Ira Reiner (Mercedes Rhuel, en la película) tenía la completa seguridad sobre la culpabilidad de todos los acusados, su único objetivo era conseguir la mayor cantidad de testimonios. Allí estuvo su perdición, porque hace la entrada, probablemente, la mayor villana de esta historia: Kee McFarlane (Lolia Davidovich). Fue la directora de Children’s Institute Internacional y creadora del concepto “anatomically correct doll”, utilizado en técnicas forenses para casos de abuso infantil. El método consistía en sustituir la parte del cuerpo de la víctima por la parte del cuerpo de un muñeco, desarrollado especialmente para indicar situaciones de vejación, sodomización y violación.

La policía envío una nota a más de 200 cartas a las madres y padres, en la que se les pedía colaboración para un interrogatorio preliminar sobre posibles abusos, pero también si habían sido testigos de situaciones en las que se incluyera, además, “sesiones fotográficas” sin ropa de los niños o de algún otro acto fuera de lo normal, dentro de la dinámica cotidiana en el jardín. Allí está el punto inicial del ingreso de McFarlane a un caso que le encastraba perfecto para poner en práctica sus teorías conspirativas, acerca de una red de abuso infantil y satanismo. Las entrevistas a niños y niñas fueron direccionadas con preguntas sugeridas hacia posibles abusos, incluso cuando las respuestas eran contundentes sobre una negativa ante una pregunta si hubo algún acto sexual. El peor de los métodos fue inocular falsos recuerdos, a partir de preguntas y conclusiones después de respuestas dubitativas o que presentaban algún recuerdo difuso, lo que se conoce como FMS (False Memory Syndrome). Un síndrome en el que se manifiesta firmemente el sufrimiento de un hecho traumático que nunca ocurrió.

Image of Indictment: The McMartin Trial

El trabajo de McFarlane no solo perjudicó a los acusados, sino que a las potenciales víctimas porque en muchas de ellas no se pudo determinar si existió verdaderamente abuso, como consecuencia de sus métodos implementados, además de las secuelas psicológicas sembradas en las entrevistas. La película se encarga en aclarar, desde una placa mostrada al inicio, que “las transcripciones y los vídeos reales del juicio son parte de las fuentes usadas para la narración de esta historia” y eso puede conducir a un pensamiento casi natural sugestionado acerca de los hechos actuales. Podremos volver a McFarlane más adelante.

La película

Muchos son los ejemplos ilustrativos de un caso judicial atractivo con una película decepcionante, en Acusados los hechos reales y la película van por un mismo carril de interés. Para 1995, Oliver Stone vivía un presente próspero, si bien había pasado casi una década de su mayor éxito, Pelotón (Platoon, 1986) la década del 90 lo tuvo en el candelero del cine testimonial con JKF (1991) y Nixon (1995), aquí en Acusados oficia de productor o como hoy se puede entender la función de un showrunner. El director elegido fue el británico Mick Jackson, un verdadero laburante de la industria capaz de hacer este telefilm, pero también comedias, dramas y hasta una película de volcanes; sí Volcano (1997) es de él. El guionista es Abby Mann, un viejo conocido de la tele por ser el creador de la serie Kojak, sin embargo, entre sus trabajos más notables está, La nave del mal (Ship of Fools, 1965), El detective (The Detective, 1968) sobre la novela de Roderick Thorpe y Juicio en Nüremberg (Judgment at Nuremberg, 1961).

En su armado, el relato es conducente hacia una duda sembrada alrededor de la acusación sobre esta familia, aunque en simultáneo se presenten las atrocidades y, por consecuencia, provoque una necesidad de señalar culpables. Uno de los mayores méritos de Jackson es tener con las riendas bien tirantes a James Woods, actor de notables cualidades, pero también capaz de sobreactuar un “la mesa está servida”. El logro es aún mayor, porque tratándose de la interpretación del abogado de la parte acusada podría desatar a la fiera que es Woods.

Indictment: The McMartin Trial (1995)

El caso de los McMartin comenzó en }1984 y terminó recién en 1990, con más de 1000 días de juicio y una interminable lista de testigos y peritos. Jackson, de manera hábil, reparte los momentos entre una fiscalía mostrada como un tren imparable cargada de pruebas irrefutables (en apariencia), la defensa abatida en un principio (incluyendo los padecimientos de los acusados en la cárcel), el drama de las víctimas (cooptadas por el método McFarlane) y la histeria generada por los medios de comunicación.

La fiscalía comete un primer gran error al desestimar un cambio en la acusación de la primera víctima. El niño asegura que fue su padre el que abusó de él y no Ray Buckey, por supuesto este volantazo en la causa hubiera tirado el caso como un viento con un castillo de naipes y, por tal motivo, nunca se dio parte a la policía ni se investigó. Un hecho clave a favor de los acusados, el cual también genera un debate, porque si bien se trata del “grado cero” de la causa, también arrastra en un efecto dominó de pensamientos dudosos acerca de la veracidad arrojada por los demás niños y niñas.

El guión de Abby Mann parece enrolarse en el camino discursivo automático de las películas de juicio, sin embargo, muestra cintura en varias oportunidades donde los planteos más discursivos están sintetizados y los fragmentos emotivos moderados. Hay una sólida creencia en el material inicial que representa el caso por sí mismo y, a la vez, un profundo respeto a las partes. Es así, el desprendimiento surgido de forma orgánica en la idea de presentar a los involucrados y dejar al espectador que saque sus propias conclusiones, sin la necesidad de tomar una postura subrayada.    

En términos cinematográficos, Jackson se las ingenia muy bien para sortear los preceptos establecidos tácitamente sobre un telefilm; es decir que deben tener una estrategia visual limitada en cuanto a puesta en escena y presentar muchos diálogos porque el público lo ve en el televisor de su casa y, por ende, potencialmente podría estar haciendo otras cosas además de ver la película.

Indictment: The McMartin Trial | Crave

El satanismo y el abuso infantil

Otro de los aciertos, del tándem Mann y Jackson, es el deslizamiento sobre los cambios de paradigma acerca de la conexión entre los rituales satánicos y el abuso infantil. Uno de los tantos supuestos presentados por la fiscalía, a partir de ciertos testimonios, fue la existencia de túneles en el jardín preescolar de los McMartin. También se enfatizó en los rituales satánicos que incluían sacrificio de animales y hasta un forzamiento a beber sangre de conejo.

En marzo de 1985, un grupo de cincuenta padres con palas y retroexcavadoras se lanzaron a la búsqueda de pruebas, lo encontrado fueron restos de tortugas y algunos juguetes rotos. Lo que en otro escenario podía ser advertido dentro de una normalidad, aquí se lo inclinó hacía el lado de las evidencias concluyentes. Algo completamente irracional… o no, si tenemos en cuenta la distorsión de una posible verdad. Este acto de los padres jugó en contra de la fiscalía, ya que todo lo hallado en esa excavación sin orden judicial no pudo ser admitido en el juicio.

También la Iglesia apareció en los relatos de algunos niños, uno en particular describió la vez en que fue llevado a un altar, rodeado de personas vestidas con túnicas negras. El testimonio más llamativo incluyó un viaje en avión a Palm Springs, donde los acusados llevaron a las víctimas a un gran acto de satanismo donde se sacrificaron diversos animales y se bebió la sangre de ellos.

Ray Buckey fue encontrado inocente, aunque bajo el sistema judicial estadounidense la figura de “not guilty” significa estar exonerado. La presión de los padres en los medios de comunicación y un cambio en la fiscalía de Los Ángeles hizo que Buckey fuera sometido a un segundo juicio, del cual un jurado no pudo acordar un veredicto en los ocho cargos sobre el acusado.

Las secuelas de la causa  

Los casos de abuso infantil en Estados Unidos cambiaron para siempre después del McMartin Trial, las víctimas eran vistas en muchas oportunidades como ventajeras u oportunistas, más en aquellas causas en las que se involucraba algún estrato de poder. Si una acusación de abuso o violación implica un mayor esfuerzo para llevar a juicio a un delincuente sexual, luego de lo sucedido aquí se complicó aún más. Los procedimientos, los artilugios y las maneras de crear una verdad están a la vista en la película de Mick Jackson. 

Picture of Indictment: The McMartin Trial

 

Comentarios 1

S
Susuliter21 de noviembre de 2025
Excelente artículo de un film tan fuerte como su temática! Te sigo, te di mi like e ilumine su camino

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