El peor final es el que nunca llega. El dilema de series y franquicias cinematográficas.

Industria

Como espectadores no nos gustan los finales decepcionantes en series y películas. Dedicarle parte de tu tiempo a ver una historia en pantalla, y ver un desenlace que no cubre nuestras expectativas. Sin embargo, también ocurre lo contrario: series que se prolongan hasta el hartazgo, películas que se convierten en franquicias y extienden sus narrativas más de la cuenta, reboots que alargan o reviven historias ya concluidas, etc.

El orden cíclico del tiempo nos hace vivir en una década de constante repetición y reinterpretación, atenuado por el uso de tecnologías de réplica inmediata y de conservadurismo económico, que hace que las empresas productoras de contenidos recurran a la inversión segura y de éxito probado. La nostalgia es la nueva sustancia adictiva de intercambio en el mercado, nuestra nueva dependencia. Ante ello, nos queda tratar de entender este fenómeno, el dilema entre el éxito seguro y el riesgo por la novedad. Aquí comparto algunos ejemplos:

1. Deseando un final: Dragon Ball, One Piece y demás animes.

Con la globalización el anime dejó de ser un gusto de nicho y se convirtió en mainstream. Su éxitos de antaño tuvieron que adaptarse a los nuevos tiempos, extendiendo sus historias, creando nuevos personajes antagonistas y repitiendo las fórmulas funcionales a sus narrativas. Gokú ya probó ser el más fuerte de su mundo y su universo, entonces hay que adaptarlo al concepto contemporáneo de los multiversos, mezclándolo con el battle royale y su dosis de nostalgia espolvoreada encima. One Piece, es uno de los tantos animes shonen exitosos de la era post-Dragon Ball. Pese a su popularidad, le falta ese punto alto de impacto cultural. No es su culpa, sino de los tiempos volátiles, pero ante la necesidad de mantener vigente su extensa duración de más de 25 años le da una nueva transformación a Luffy que no llega a cumplir las expectativas y la búsqueda del One Piece se ha convertido en un MacGuffin un tanto tedioso. Otros animes como Naruto, Sakura Card Captor o Sailor Moon han tenido continuaciones o soft reboots más o menos respetuosos de su narrativa previa, pero con menor trascendencia. El caso más grave quizá es Pokemon, con un protagonista atrapado en su propia historia, impedido de crecer y casi también de ganar. Un héroe elegido para una misión pero que no puede ganar un torneo canónico en su propia serie.

2. Déjalo, ya está muerto: De Springfield a Dimmsdale.

La animación en Estados Unidos también adolece de historias que no se resignan a terminar. Las sitcom animadas como Los Simpsons, Family Guy o American Dad (y otras sus similares) han extendido su éxito a un punto donde es imposible verles un final sin que ello implique una afectación económica grave a sus productores. De igual forma, series como Los Padrinos Mágicos o Bob Esponja, poco trascendentes en el último tiempo se resignan a desparecer para mantener vigentes los derechos y las regalías de sus creadores. Ambos casos son muy tristes. El primero, por la banalización de Butch Hartman, cada vez menos respetuoso de su propia obra. Mientras que, en el caso de Bob Esponja, el fallecimiento de Stephen Hillenburg dio carta abierta a Nickelodeon de hacer cuanto quisieran con sus personajes sin considerar la calidad. Caso aparte es el de South Park, todavía con suficiente creatividad de Trey Parker y Matt Stone para darle vigencia a sus irreverentes personajes. Un adiós temporal, sin embargo, no estaría mal.

3. La disolvencia final en vías de extinción

Antes era lo usual que una película terminara con un letrero que indicara el final de la historia. Con el tiempo quedó la disolvencia final o la presencia de los créditos. Desde la década de los setentas, con la aparición de los blockbusters, se hicieron populares las trilogías (Indiana Jones, Star Wars, Volver al futuro, Superman, etc.) que, en la década de los noventas se convirtieron en la norma de la industria cinematográfica. A finales de esa década, se asomaban las franquicias con la segunda trilogía de Star Wars, afianzadas por El Señor de los Anillos y Harry Potter. En 2008 empezó un silencioso cambio de paradigma con el estreno y éxito de Iron Man. Empezó la era de los universos cinematográficos y con ella el retorno de franquicias y trilogías de antaño que buscaron algo de ese éxito y relevancia en el nuevo milenio. Volvió Indiana, los jedi, los monstruos gigantes, los monstruos clásicos, los dinosaurios y tantos otros, cuya rentabilidad y la fiable adicción a la nostalgia de estos tiempos. Despropósitos monumentales en su mayoría, que acaparan la taquilla, las salas y las plataformas.

4. Revival tras revival

Series de notable éxito como Los Soprano, Breaking Bad u otras han intentado ampliar sus narrativas, creando pequeños universos que terminaron siendo irrelevantes (salvo por Better Call Saul). Síntoma de épocas donde la televisión es un ritual de otro tiempo, y ahora nos embutimos una serie en maratones. Casos recientes como Malcolm in the Middle, que volverá en una miniserie son síntomas también de nuestra obsesión por mantener vivas las historias que nos hicieron felices en otro tiempo. Un caso curioso, que salta más como un rumor, pero resulta gracioso es la intención de hacer una nueva versión de El Chavo del 8, con los actores de la serie biográfica de Chespirito. Roberto Gómez Fernández aplicando el reciclaje de igual forma que hizo su padre.

Hay casos de series extensas en el tiempo cuya vigencia era un valor diferencial (desde La Ley y el Orden hasta La Rosa de Guadalupe), pero como pinta el presente esa singularidad se convertirá en una norma de producción. Hurgaremos entre nuestras colecciones, en el historial de las plataformas o en nuestra propia memoria para volver a ver aquellas historias que capturaron parte de nuestro tiempo de vida.

 

Comentarios 3

E
Entertainment Overview27 de noviembre de 2025
Extraño la época cuando podías decir que acabaste de ver una saga. Supongo que es válido seguir expandiendo si tu "final" dejó inconformes a muchos, pero en caso contrario es una simple sobreexplotación de contenido.
L
Lautaro30713 de noviembre de 2025
Creo que los casos animados como Los Padrinos Mágicos son los peores, las series destinadas para chicos deberían durar una generación, unos 8 años, cosa de que uno llegue a ver el final de estas caricaturas antes de pasar a tener otros gustos. Después si quieren seguir exprimiendo la idea podrían quizás hacer un spin-off como lo están haciendo ahora con la nueva serie de los padrinos.
F
Franchesca A. Herrera Piña7 de noviembre de 2025
Monk, Escena del crimen Miami.. etc

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