ENTREVISTA CON GLENN POWELL - por "Chad Powers" (2025).
CelebridadesHay algo innegablemente noble en las ficciones deportivas. El deporte, como subgénero narrativo, siempre termina siendo una excusa para hablar de otra cosa: del fracaso, del orgullo, de la redención, del tipo que quiere volver a sentir algo cuando ya no queda nada por ganar. Desde Rocky hasta Ted Lasso, el deporte se usa como laboratorio emocional, donde los golpes son literales pero las derrotas, simbólicas. Y si Ted Lasso fue una de las mejores series de los últimos años —por su humor cálido, su corazón gigantesco y ese optimismo casi insultante en tiempos cínicos—, Chad Powers llega como su reverso travieso: una comedia que se ríe de la fe en la bondad humana, pero termina encontrando su propio camino hacia ella.
La nueva serie de Hulu, creada por Glen Powell junto al guionista Michael Waldron (Loki, Doctor Strange in the Multiverse of Madness), acaba de cerrar su primera temporada de seis episodios, y aunque todavía no hay confirmación oficial de una segunda, la expectativa está servida. Y en épocas donde las plataformas apuestan por lo seguro, Chad Powers es, paradójicamente, un riesgo: una comedia deportiva sobre identidad, masculinidad y redención en un contexto —la NFL— que suele tomarse demasiado en serio a sí mismo.

La historia sigue a Russ Holliday (interpretado por el propio Powell), una superestrella del fútbol americano que cae en desgracia después de una serie de incidentes tan absurdos como autodestructivos: pierde una final, agrede a un fan y, en el clímax de su decadencia, lesiona a un joven hincha en silla de ruedas durante un evento benéfico. Todo filmado, claro. En un país donde el escarnio público es casi un deporte nacional, el descenso al infierno de Holliday es instantáneo. Pero lo interesante no es la caída, sino lo que hace después: decide reinventarse.
Roba las prótesis de su padre, se muda a Georgia y, bajo una nueva identidad —la del ingenuo y bonachón Chad Powers—, intenta infiltrarse en un equipo universitario para empezar de cero. El disfraz, que en cualquier otra serie sería un chiste pasajero, acá se convierte en una exploración sobre lo performativo del éxito y el mito del “segundo comienzo”. Chad Powers parte de un video viral real —una broma que Powell protagonizó para ESPN en 2022— y lo estira hasta convertirlo en una fábula moderna sobre el tipo que necesita ser otra persona para encontrarse a sí mismo.
La comparación con Ted Lasso es inevitable, pero también tramposa. Donde la serie de Jason Sudeikis abrazaba la empatía y la fe en la humanidad, Chad Powers se ríe de ambas cosas. Su humor es deliberadamente torpe, incómodo, lleno de esa comicidad física que recuerda al cine de principios de los 2000 (Zoolander, Dodgeball, incluso algo del espíritu absurdo de Anchorman). Hay una escena que resume su tono: Chad, ya instalado en el vestuario, intenta bañarse sin revelar que tiene una máscara de látex pegada al rostro. Es ridículo, sí, pero también revela el nivel de absurdo que la serie está dispuesta a abrazar.
Lo grandioso es cómo Powell logra que todo ese disparate funcione. Su Russ Holliday es un idiota encantador, un símbolo de la arrogancia americana que, al esconderse detrás de Chad, empieza a descubrir qué hay debajo del narcisismo. Y en ese proceso, la serie encuentra algo que muchas comedias actuales evitan: vulnerabilidad. Porque, en el fondo, Chad Powers no es solo una sátira del deporte profesional ni una parodia del sueño americano, sino una reflexión sobre lo difícil que es cambiar cuando uno ya se acostumbró a ser detestable.

Hay momentos donde la trama se detiene en esa tensión entre Russ y Chad, como si el personaje no supiera cuál de los dos es el verdadero. Lo que empieza siendo una farsa casi Mrs. Doubtfire —de hecho, la serie cita literalmente a la película— termina transformándose en un juego de espejos sobre identidad y autopercepción. En una época donde todos parecemos construir versiones mejoradas de sí mismos en redes, Chad Powers propone la pregunta más simple y más jodida de todas: ¿podés redimirte si lo hacés desde una mentira?
El trabajo de Powell es sorprendente. No solo porque carga la serie sobre sus hombros, sino porque logra modular su actuación entre la farsa y la tragedia. En una escena puede ser puro slapstick, y en la siguiente, mostrar una grieta emocional inesperada. Su manejo de acentos —esa mezcla entre el “chico del sur” y el atleta mediático de Los Ángeles— se desdibuja a medida que la frontera entre Holliday y Powers se derrumba. Hay una especie de belleza en esa confusión: el disfraz se vuelve identidad, y el personaje se queda atrapado en su propia ficción.

La NFL funciona aquí más como telón de fondo que como tema central. Para quienes conocen las reglas, hay guiños interesantes y referencias al sistema universitario, al scouting, a los rituales masculinos del vestuario. Pero incluso para quienes no pueden distinguir un touchdown de un field goal, la serie mantiene su atractivo. Porque más allá del deporte, lo que Chad Powers propone es una mirada universal sobre la necesidad de reconocimiento y la farsa de la autenticidad.
A nivel formal, la serie es prolija y directa: no hay espacio para la sutileza. Los creadores cortan camino todo el tiempo, conscientes de que el público no necesita largas introducciones para engancharse. El humor se apoya en la incomodidad —en el ridículo, más que en el chiste verbal— y en una cierta nostalgia por el tipo de comedias que Hollywood dejó de hacer cuando decidió volverse “inteligente”. En ese sentido, Chad Powers podría haber sido un desastre, una caricatura de sí misma, pero termina siendo lo contrario: una de esas rarezas que, contra todo pronóstico, funcionan por pura honestidad.
Quizás por eso, la serie resulta tan irresistible. Porque, en el fondo, no quiere ser más lista que su público ni más cínica que el tiempo que le toca habitar. Su mérito está en encontrar ternura en la torpeza, en rescatar el valor del humor simple y en recordar que, incluso disfrazados, todos queremos un poco lo mismo: una segunda oportunidad.
Y si Ted Lasso fue la serie que nos enseñó a abrazar a los demás, Chad Powers podría ser la que nos enseñe a reírnos de nosotros mismos. Algo que, si uno lo piensa bien, también es una forma de redención.

La siguiente entrevista exclusiva con el creador y actor Glen Powell fue realizada de mano del estreno de la serie en Hulu y Disney + , gracias a la invitación del publicista Andrew Thomas y Hulu.
Para empezar, ¿podés contarme cómo nació el proyecto y cuál es tu historia personal con el fútbol?
Crecí en Austin, Texas, y he sido fan del fútbol toda mi vida. Es, de alguna manera, el lenguaje de amor de toda mi familia. Es la forma en que pasamos tiempo juntos, cómo nos reunimos los fines de semana. Jugué al fútbol en la escuela media y en la secundaria, y siempre me encantaron las películas de deportes. Es un género que siento que ya casi no se hace. Así que cuando le presenté la idea del show a Peyton y Eli —porque obviamente me encantaba lo que hacía Eli—, les dije que quería llenar la serie con todos esos sabores de las grandes películas deportivas que crecimos viendo en los 80, 90 y principios de los 2000. Es un género perdido, y queríamos recuperarlo. Estoy realmente orgulloso de todo el espíritu que logramos meterle.
Escuché que sos fan de los Texas Longhorns. ¿Tenés también algún equipo favorito en la NFL?
Sí, los Dallas Cowboys.
Me lo imaginaba.
Sí, los Cowboys. Y mirá, al final del día, estoy viendo un rayo de esperanza real para nosotros. Dak Prescott está teniendo una temporada digna de MVP. Así que veremos cómo nos va este año.

¿Cómo fue interpretar a dos personajes tan distintos entre sí, pero que a la vez dialogan todo el tiempo?
Creo que lo primero que hay que entender es que en realidad no estás interpretando a dos personajes distintos, sino a un mismo tipo que tiene que montar una actuación para el mundo. Hay que recordar que hay una performance encima de todo eso, una máscara que inevitablemente muestra grietas. Esas pequeñas fisuras son las que le dan al público la sensación de que todo podría desmoronarse en cualquier momento, pero al mismo tiempo hay que hacerlo lo suficientemente creíble para que los demás personajes crean que ese tipo es real. Esa es la parte más interesante: jugar con esa doble percepción. Lo divertido es ver cómo el público consume eso, como en Tootsie o Mrs. Doubtfire, mirando a Dustin Hoffman o Robin Williams tratando de sostener la farsa. Ninguna performance es perfecta, pero justamente ahí está la gracia.

Si te gustó el artículo o preferís ver la entrevista completa, podes acceder a ella en el siguiente enlace de YouTube.









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