¿POR QUÉ Avatar 2 es una SECUELA PERFECTA?

Reseñas generales

"El camino del agua no tiene principio ni fin. Nuestros corazones laten en el vientre del mundo. El mar es tu hogar, antes de tu nacimiento y después de tu muerte. El mar da y el mar quita. El agua conecta todas las cosas: la vida a la muerte, la oscuridad a la luz"

 

La continuación de una obra original puede o no ser parte de una saga conformada por más episodios, pero no debería importarnos un panorama mayor que simplemente la película proyectada ante nosotros.

Es difícil que hoy en día se estrenen franquicias sin tener asegurados dos, tres o más capítulos y la épica de ciencia ficción de James Cameron, iniciada en 2009 con “Avatar”, no es la excepción. Pero a diferencia de lo que acostumbra la industria, este realizador se enfoca con especial atención a cada nueva película, aun cuando tiene un plan gigante que conecta todo.

Avatar (2009)

En 2022, cuando estrenó “Avatar: El Camino del Agua”, muchos (sino todos) se preguntaron si sería capaz de repetir el éxito de su obra inaugural. Este escepticismo vino acompañado por el anuncio del mismo Cameron de que esta secuela no sería una mera continuación, sino que efectivamente había tres películas más en producción. 

¿Tanto tiene para contar sobre estos personajes y este universo? 

“Avatar” fue un prodigio de la tecnología al servicio de la narración cinematográfica y el espectáculo en sí de ver una película en pantalla grande, y claro que también fue un triunfo en la taquilla mundial. Yo la considero una obra maestra en este aspecto, pero además es un gran exponente del cine de aventuras, del que pueden desprenderse numerosas y muy interesantes lecturas como simbolismos.

Es básicamente una oda al escapismo que nos produce ver una película, trasladándonos a otro mundo y sentirnos parte o empatizar lo suficiente con otros seres. La trama misma habla de seres humanos transfiriendo su conciencia a “avatares” de alienígenas, que es una manera poética de componer personajes sobre un escenario, que en este caso es una luna llamada Pandora que se asemeja mucho a nuestra Tierra. 

Proteger nuestro hogar, dónde sea que esté.

El relato es clásico y se compone de muchas aristas: la lucha del bien contra el mal, la preservación de la naturaleza, las culturas indígenas, la conexión espiritual entre criaturas y el planeta en que viven, el poder destructivo de las fuerzas militares o la explotación de los recursos naturales con fines económicos. 

Estos temas se exploran en la primera película y se reanudan en “El Camino del Agua”, pero nunca se trató de una repetición barata, como algunos espectadores distraídos se resignaron a opinar sin siquiera intentar entender lo que estaba haciendo James Cameron en esta nueva oportunidad de hacer cine. Él hizo historia en 2009 y volvió a hacerlo en el 2022. Claro, secuelas hubo muchísimas, pero ninguna como esta.

La vida encuentra el camino.

¿Qué hace tan especial a esta segunda parte entonces? Primero, que reemprende el relato naturalmente, con la vida fluyendo como debe ser según el desenlace de la anterior. Jake Sully (Sam Worthington), ya completamente transferido a su “avatar”, forma una familia con la nativa Neytiri (Zoe Saldaña), mientras conviven en armonía con otros humanos científicos que estudian Pandora con intenciones benignas. Pero, efectivamente, el Mal no muere, solo se transforma.

Aquí me detengo para analizar uno de los aspectos más estupendos de la película y tal vez el más incomprendido. Sí, regresa el ser humano con toda su ambición y arsenal para arrasar con el planeta, pero además tenemos de vuelta, como villano principal, a Quaritch (Stephen Lang). El humano coronel, muerto en la primera película, tiene una suerte de resurrección siendo transferido a un “avatar” (un plan B del ejército, en caso de morir en combate), junto a su grupo de soldados. La sorpresa no fue tanto para él, sino al parecer también para el público.

La resurrección del Mal.

Lo que muchos les resultó un recurso tonto de recurrir al mismo personaje, no están viendo el fascinante aspecto argumental de esta vuelta de tuerca. No estamos viendo al mismo personaje, porque aquel está muerto. Aquí tenemos a su conciencia atrapada en un avatar de la especie que él mismo quiso aniquilar. Revivir para vivir en el cuerpo del enemigo, ¿cuántas veces vimos algo así?  Es un arco del personaje que trasciende la vida y la muerte, resultando en grandes interpretaciones.

La escena en que el avatar Quaritch encuentra su cadáver, ya en estado esquelético, y sostiene en sus manos su propia calavera es digna de pasar no solo a la historia del cine, sino a la del arte en general con fines filosóficos o antropológicos. Y esto me conduce a otra “resurrección”, en cierto modo, en “El Camino del Agua” que no es de un personaje sino de una actriz: Sigourney Weaver, quien fue la Dra. Grace en “Avatar” y aquí interpreta a la hija adolescente de su “avatar”, Kiri. 

La vida después de la muerte.

Aquí tenemos otro gran ejemplo de cómo continuar un relato manteniendo ciertos elementos, pero cambiándolos por completo. No es repetir, es mutar. Es utilizar el artificio para justificar el mismo artificio, o bien aprovechar la técnica moderna del cine para narrar la tecnología en la ficción. ¿Cómo hacer para regresar a personajes (y por ende, intérpretes) en una nueva parte? Gracias a la ciencia logramos de algo conocido un resultado totalmente nuevo.

James Cameron y Sam Worthington.

Cameron, dentro del universo diegético, juega a ser Dios y no es castigado por los dioses, porque lo que hace es magia. Con la tecnología al servicio del cine, revive a sus personajes utilizando la ciencia que inventó en la ficción. Por eso no podemos hablar de “repeticiones”, porque es algo completamente novedoso y funcional a la historia. Estamos hablando de la muerte, en la finitud, pero también de otras posibilidades de que la vida evolucione para alcanzar otro estado.

Y si todo esto no fuera suficiente para justificar y confirmar que es una secuela perfecta en cómo aborda la continuación de sus temas como de sus personajes, tenemos la expansión de su mundo. Otras tierras, otras tribus y otras costumbres. Absolutamente todo lo relacionado a miembros de los clanes acuáticos merece y tiene la película a su medida. Nunca se hizo tan buen uso del 3D o la amplitud del lienzo del celuloide como maravillar con las imágenes como con “El Camino del Agua”.  

Otras tierras, nuevos mundos.

Tanto las escenas en el agua, nocturnas o las bien ganadas secuencias de acción son de una espectacularidad apabullante. Si uno creía que Cameron le llevaría trabajo superarse, aquí parece lograrlo con total comodidad. Es increíble pensar que todo fue filmado en un estudio y con actores vestidos en trajes de sensores de movimiento. Es como si volvieran a lo más primitivo del teatro (o mejor dicho, a jugar como niños en un patio) para que, mediante los efectos especiales, nos presenten estas imágenes sin igual.

Como niños jugando.

La lucha del Bien contra el Mal persiste y, sin dudas, no verá un final próximo. Sabemos que vivimos para ver otro día, pero como dicen los personajes: aquí es dónde nos paramos y peleamos. Pero la gran moraleja de “El Camino del Agua” es que si bien los adultos son los responsables de construir como de destruir, el futuro o la salvación está en las nuevas generaciones. Son los hijos quienes tienen el poder de cambiar al mundo.

No es para nada casual que, culminando el gran tercer acto, y con los protagonistas atrapados a punto de morir, sean los hijos quienes los calman y los salvan. Es Kiri quien gracias a espiritualidad superior quien salva a Neytiri y a su hermanita. Es Lo´ak (Briain Dalton), con su templanza adquirida por la tragedia de perder a un hermano, quien rescata a su padre, Jake. Y, no sin un grado de ironía, es Spider (Jack Champion) quien salva a Quaritch, el padre humano con el que nunca tuvo relación.

La vida en otro universo.

Así culmina esta segunda parte. Una grandiosa, deslumbrante y perfecta película que continúa una historia y, a la vez, se sostiene sola por todos sus méritos. Hay preguntas abiertas que tendrán sus respuestas, seguramente, como también personajes cuyos arcos aún están en progreso. Es así el plan maestro de una mente brillante como la de James Cameron. ¿Su objetivo? Llevarnos al cine, dónde los sueños se hacen realidad.

Es, en definitiva, como “el camino del agua”: no hay principio ni final y todo está conectado por el cine, nuestro hogar.

Comentarios 5

C
Clara Migliardo17 de octubre de 2025
¡Amo las películas de Avatar! Y me encanta, más que todos sus otros elementos, el que más se suele criticar, que es este uso de lugares comunes de la narración que mencionas. Creo que son justamente esos tropos los que la hacen atractiva e interpelan a las audiencias ¡Gran artículo!
C
Coronada16 de octubre de 2025
Maravillosamente perfecta ! Cuando vi la primera fue soñar despierta ! Quedé desesperada esperando la próxima, y entonces volver a quedar conmocionada , en la próxima, solo dejarme llevar .Coincido en que es una obra maestra de la tecnologia al servicio del cine.🤓
M
Mari Stocco14 de octubre de 2025
Coincido tanto con lo que decís de Quaritch. Mucha gente lo criticó, pero para mí fue brillante que Cameron lo trajera de esa manera. Ese momento con su propio esqueleto… uff, me pareció una metáfora poderosísima sobre identidad y redención.
J
Jeroo Casco14 de octubre de 2025
Hace unos días hablaba con mi pareja al respecto de Avatar, y ella me dijo: Cameron prepondera la historia, pero más la experiencia como tal. Él ama profundamente ver a la audiencia disfrutar de un grandísimo espectáculo. Muchas veces me he quejado del director al respecto de sus Avatar, pero siempre volví a su cine, hay algo mágico que no puedo explicar. En diciembre estaré allí.
T
Tinta en las rocas14 de octubre de 2025
Debo decir que a mí me gusta más esta que la primera, ya que al existir una predecesora "introductoria" al universo, pude disfrutar mejor todo lo audiovisual sin adentrarme tanto a lo narrativo. Saludos.

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