Tron a través del tiempo
Reseñas generalesCon el correr de los años, Tron se volvió una película de culto y una saga más que interesante pero es evidente que tampoco se encuentra entre las más populares. Su impronta estética y su mirada sobre la tecnología tomaron relevancia y nuevas lecturas con el correr de los años, algo que hoy se puede volver a debatir con el estreno de Tron: Ares.
El comienzo
La primera película fue Tron, del año 1982, escrita y dirigida por Steven Lisberger. Allí nos sumergimos en el mundo de los videojuegos y las megacorporaciones tecnológicas. El protagonista es Kevin Flynn (Jeff Bridges), un joven que trabajaba para la empresa ENCOM y quiere demostrar que una de las nuevas autoridades llegó a ese lugar congraciado luego de robar su trabajo.
El problema es que mientras intenta encontrar pruebas de esto junto a Alan (Bruce Boxleitner) y Lora (Cindy Morgan), Flynn es teletransportado al ciberespacio y allí es donde la película toma su vuelo distintivo.
Una de las primeras cosas que hay que señalar es la capacidad de imaginar un mundo que iba a llegar mucho después del estreno de la película. Con una mirada en retrospectiva es sorprendente asimilar que en ese momento no existía siquiera el acceso a internet tal y como lo conocemos.
Una vez dentro del mundo cibernético, Flynn se encuentra con la representación antropomórfica de los programas. Los dota de una personalidad, identidad y una misión. Aunque luego la película avanza hacia un lugar más lúdico y se desarrolla mayormente una aventura de persecuciones y peleas, de fondo subyacen otros elementos que incluso hoy siguen siendo ideas avanzadas que se retomarán en las siguientes películas con más fuerza, como por ejemplo: la posibilidad de interconectar la conciencia humana al mundo digital.
Pero otro de los aspectos que marcó a esta película es lo icónico de su estética. Si bien es pionera en la utilización de CGI, esto se reduce a algunos minutos puntuales de lo que vemos en pantalla. Luego, los entornos cibernéticos son imaginados con una proyección futurista asombrosa y pregnante. Las luces, el neón y los diseños de espacios se crearon en gran medida utilizando efectos ópticos, prácticos y visuales que hablan de un trabajo más que artesanal. El éxito de la película en ese momento fue moderado aunque recibió algunos reconocimientos.

Una segunda oportunidad
Bastante más adelante, en el año 2010, aparece la segunda película llamada Tron: Legacy. Para este momento el mundo había cambiado mucho y la película asume el desafío de seguir preguntándose por la tecnología de forma un poco más consciente, más profunda y sosteniendo la impronta de entretenimiento y despliegue estético que sentó su antecesora.
En este caso encontramos con un prólogo que nos explica algo de lo que sucedió luego de los sucesos de la primera - que termina bastante abruptamente - y resulta que nos enteramos que Flynn logró ser el CEO de ENCOM y que un día desapareció misteriosamente. Aunque los espectadores nos podemos imaginar dónde está, su hijo Sam Flynn (Garrett Hedlund) creció sin su padre y reniega de su rol como heredero de la empresa, por lo que la descuida un poco, se mantiene al margen aunque es claramente un entendido en el tema.
De pronto un día recibe un mensaje extraño de un dispositivo de su padre y buscando la explicación termina siendo teletransportado tal y como ya le había sucedido a Kevin Flynn. Una vez allí dentro lo primero que podemos observar es una reinterpretación de la complejidad de ese mundo interno, que responde directamente a los avances tecnológicos de este tiempo.
Dentro de ese plano, Sam encuentra a su padre y encuentra un conflicto mayor: un programa quiere encontrar la forma de salir de su mundo y entrar en el nuestro. Además, con el control y el poder que se le dio allí dentro, comenzó a tomar decisiones tiranas en busca de la perfección de la Red. Claro que Sam encuentra a su padre, atrapado desde hace muchos ciclos y juntos deben encontrar la forma de salir y de controlar a este programa.
En esta película se reconocen los enormes cambios que caracterizan al contexto, se bromea sobre la existencia del Wi fi en relación a todo lo que la película había empezado a imaginar años antes. Pero también aparecen nuevos temas importantes para seguir profundizando: se establece una idea de que los programas persiguen una eficiencia y perfección que está en las antípodas de lo que representa la esencia humana, regida por la imperfección misma.
Si bien otras películas ya habían especulado mucho antes sobre la rebelión de los robots, en este caso se aventuran a entender el poder de la extrema autonomía de una “máquina de pensar”.
Estéticamente retoma las bases y las reformula a un estilo más moderno y aprovechando los nuevos recursos para generar imágenes como estas. También llega un momento en que todo el planteo que empieza de forma más compleja, se transforma en una película de aventuras, persecuciones y motos tal y como su antecesora lo hizo. La película tuvo una mala repercusión en la taquilla y centró el nicho de fans a aquellos que específicamente valoraban su relación con la primera, pero no trascendió masivamente esas fronteras.

Tron: Ares
Y ahora sí, llegamos al estreno de una nueva entrega que está fuertemente impulsada por Disney+ como una apuesta comercial clara y consciente. El protagonista ahora es Jared Leto, el director es el noruego Joachim Rønning y la propuesta es verdaderamente ambiciosa. La pregunta es si logra cumplir con las expectativas y continuar por el camino marcado.
La historia nos trae en el tiempo ya mucho después de los Flynn pero aún dentro de ENCOM, ahora en lucha con la empresa rival Dillinger Systems, dirigida por Julian (Evan Peters), nieto de aquel Dillinger con el que lidiaba nuestro héroe antiguo.
Ahora las empresas luchan por conseguir algo que cambia las reglas de juego y vida de todos los humanos: la posibilidad de imprimir en nuestro mundo las creaciones del mundo digital, mientras ENCOM piensa en elementos para el bien común y la prosperidad del humano en la tierra, Dillinger piensa en la industria de armas y guerras. Pero ambos están en la carrera por conseguir un código que permita la permanencia de estas creaciones aquí, de lo contrario, pueden pasar apenas una media hora antes de destruirse.
Definitivamente el diálogo es con los problemas que nos rodean actualmente a escalas aún menores pero que avanzan rápidamente: el control de la inteligencia artificial sobre armas y maniobras de defensa y guerra están hoy mismo en el ojo de la discusión y en el debate diplomático por su urgente regulación.
Otros aspectos son los dilemas alrededor de la IA y esta falsa sensación de que son neutrales cuando, en realidad, están programadas por la mano humana y todos sus sesgos. La película tiene una mirada optimista al proponer un programa que se rebela y decide desobedecer ante el contacto con el mundo humano. Algo de esa naturaleza imperfecta lo impulsa a querer cuidar y conocer lo que nos rodea y oponerse a las órdenes de destrucción… quizás una mirada demasiado ingenua.
No obstante propone también una villana con todas las letras - Jodie Turner-Smith como Atenea - que representa todo lo contrario: la fuerza y la obstinación de un programa que sólo puede arrasar con lo que se interponga a lograr sus propósitos.
Estéticamente cumple y en términos de entretenimiento tiene grandes hallazgos, además de plasmar ideas complejas y actualizadas en la discusión tecnológica. Quizás el arco narrativo de Ares no sea lo suficientemente atractivo, pero la película se sostiene por sobre eso.








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