Léon vs la policia, el Opus Magnum de Luc Besson
Reseñas generalesEscrito por Cristian L. Pires
Jueves 2 de octubre de 2025
A 31 años de esta maravilla de película, la gran mayoría quedó anclada a esta película por la legendaria línea de Gary Oldman: “EVERYONE!”, pero, metido en ese mismo clímax, está para mí la escena que define la esencia de este director francés. ¿Es que siquiera hay una escena de acción que se asome en genialidad a la escena de Léon colgado boca abajo disparando dos pistolas? Escenas como estas están en ese raro panteón donde quizás también esté aquel Arnold en su prime, manejando una moto y recargando su escopeta con una sola mano; pequeños momentos de acción que inmortalizan a los personajes y los hacen verse demasiado bien. Pero ¿puede ser una escena de acción, por sí sola, la responsable de definir a un director? En este caso, la respuesta es sí, pero para entenderlo debemos ir un poco a la historia no solo de Besson, sino del cine hollywoodense en la particular época de los 90s y… el cine joven francés de los 80s, el llamado Cinéma du look.
Con un gusto particular por la transgresión de las viejas normas, la acción y la estética, Besson dio sus inicios en lo que se llamó, de forma despectiva, el Cinéma du look; hoy, una propuesta revolucionaria, pero, por principios de los 80s, un cartel pesado que obligaba a un grupo de directores a probar su valía, que obligaba a mostrar que su cine no solo se veía lindo, sino que tenía algo más. De las figuras que componían este selecto grupo, Besson fue el director más cercano al cine de acción, lo que le abriría paso al cine internacional, o sea, a Hollywood, después de que su cuarta película, La Femme Nikita, lograra sorprender tanto en el viejo como en el nuevo continente.

Cuando se habla de cine de acción en los 90s en Hollywood —el cine con el que muchos treintañeros como yo crecimos— de lo que hablamos es de un rejunte de los 80s: de las figuras como Arnold, Bruce Willis, Stallone, la llegada de Van Damme, la ultraviolencia del joven Quentin Tarantino, pero… poco se menciona la gran influencia del cine hongkonés y del cine de acción europeo, y en este último, este Léon: el Profesional es clave. La mezcla de humanidad, carisma y real tridimensionalidad le devolvió a la audiencia un poco de esos personajes conflictuados del cine de los 70s. La sensibilidad con la que Luc Besson abordaba esta película logró que el clímax, la confrontación final en ese edificio, fuera tan brutal y tan genial.
Volviendo a esa escena particular, Luc Besson no escatimó en sangre, en violencia, y en mostrar a nuestro protagonista como una máquina de matar que ahora estaba acorralada y sacaba a relucir todas sus habilidades. Acá no hablamos solo de la ejecución de esas escenas o de cómo Besson también nos pone detrás de la piel del equipo SWAT para amplificar la expectativa; hablamos de la construcción de la tensión, hablamos de la maravillosa música de Éric Serra, con sonidos totalmente ajenos a todo lo producido en Estados Unidos, y similares a los que escucharíamos en la icónica —también de Besson— Quinto Elemento. Calles sucias, tomas dinámicas y paredes destruidas a tiros: la combinación estética de dos corrientes opuestas daba uno de los mejores enfrentamientos en la historia del cine.

El fatídico y a la vez satisfactorio final de nuestro protagonista fue un éxito tan grande que no solo permitió que este director siguiese experimentando con propuestas más grandes, sino que además sirvió como inspiración para mucho de lo que vino después. Sin Léon, por ejemplo, Matrix no hubiese sido lo que fue: una revolución. En esa compleja transición al nuevo milenio, donde justamente los viejos jinetes de la acción tuvieron problemas para mantenerse a flote, fue este tipo de acción la que sobrevivió. Fue ese Cinéma du look, esas ganas de dar cine pero también espectáculo y sensibilidad estética; probablemente Leon no necesitaba estar colgado boca abajo volviendose blanco facil contra 5 policias pero fue genial que lo hiciera por que no nos olvidemos… el cine tambien es justamente, espectaculo. Todo esto fue la gran apuesta francesa que, con el estilo de una publicidad de perfume, nos dio la historia de una nena y un hombre roto peleando contra todos.











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