El horror en la piel. Evolución del terror racial: el caso afroamericano.
Aspectos socioculturalesEl cine de terror es uno de los más populares y de mayor tradición. El terror, por sí solo, es un género recurrente también en la literatura, la tradición oral, la pintura y otras disciplinas. Hay algo esencial en nuestra especie que nos lleva a los relatos de esta naturaleza. Está quizá en nuestra propio instinto de conservación pero también en el impulso de curiosidad que otorgó la inteligencia durante la evolución de nuestra especie. En su vertiente más difundida el terror se transforma constantemente, según los contextos sociales aparecen nuevas amenazas y preguntas ante lo desconocido o imprevisible. Nuestros temores también están delimitados por aspectos socioculturales: siempre tendremos miedo a la muerte, por ejemplo, pero durante la historia, determinados grupos sociales sometido a otros configurarán su miedo al exterminio u otra forma de atentado contra su integridad.
Dentro de ese espectro aparece un subgénero del terror denominado terror racial cuyos protagonistas y narrativas se centran en personajes de comunidad vulneradas, siendo la variante más abundante aquella referida a la diáspora africana en Europa y América. Los siglos de colonización, esclavismo y segregación constituyen el marco histórico para construir múltiples y variados relatos de las comunidades afroamericanas y los horrores que han enfrentado durante este tiempo. Desde las primeras películas que tuvieron a afrodescendientes como personajes incidentales, extras hasta asumir protagonismo, su rol y perspectiva ha cambiado conforme a los cambios sociales, culturales y políticos. Es importante reconocer las diferentes etapas de su evolución:
- Una primera, centrada en la colonización y el esclavismo (los personajes accesorio u objeto)
- La segunda, en el marco de la lucha contra la segregación y reconocimiento de los derechos civiles (personajes en rebeldía).
- La tercera, de asimilación al orden establecido (protagonistas según estereotipos externos).
- Una cuarta y última - hasta la fecha -, de empoderamiento y revisionismo (protagonistas establecidos).
1. África mía. Los horrores de la colonización y el esclavismo
Southern trees bear strange fruit
Blood on the leaves and blood at the root
Black bodies swinging in the southern breeze
Strange fruit hanging from the poplar trees"Strange fruit" (1939). Intérprete: Billie Holliday
El Nacimiento de una Nación (1915) de David W. Griffith, ambientada en la Guerra Civil estadounidense, muestra a los esclavos afroamericanos como una de las tantas amenazas para el orden del sur del país. Los caricaturiza como esperpentos sexualizados sumidos en impulsos casi bestiales. Sin ser una película de terror manifiesta la sensibilidad de su tiempo: el miedo hacia los afroamericanos basada en prejuicios. Desde la mirada esclavista, la abolición del esclavismo significa la subversión del orden y paz, por lo tanto la génesis de un temor.
Las siguientes cuatro décadas mostraron una continuidad de este temor y, por equilibrio, tentativas de erradicación de estos miedos. White zombie (1932) y I walked with a zombie (1943) se ambientan ambas en un Haití idílico - vale decir, colonial - y ven a los afrodescendientes de la isla como telón de fondo y objetos de intercambio. En ambas películas se manifiesta una primera versión del cine de zombies, cuando estaba relacionada con la práctica el voodoo y el control sobre los cuerpos. Los afrodescendientes son tratados aquí como en la colonia, como objetos vacíos sin alma ni decisión sobre sí mismos, son una propiedad más, igual de descartable como de negociable.
Son of Ingagi (1940) es una de las primeras películas con afroamericanos como protagonistas, con una historia propia. Si bien el guionista también fue un afroamericano - el destacado Spencer Williams -, fue dirigida por Richard Kahn (quien no lo era). La historia combina suspenso con terror, aludiendo que la felicidad de los afroamericanos se ve impedida por el lastre de su legado africano. La criatura que aterra a los protagonistas procede de ahí como lastre de una herencia que resulta dolorosa y los persigue e impide su asimilación al modelo de vida estadounidense.
2. El horror no será televisado. La lucha por los derechos civiles y la sobrevivencia a la segregación.
I put a spell on you
Because you're mineYou know I can't stand it
You're running around
You know better, daddy
I can't stand it 'cause you put me down“I put a spell on you” - Intérprete: Screamin' Jay Hawkins
La década de los sesenta estuvo marcada por las lucha por los derechos civiles de diferentes colectivos: feministas, jóvenes, afrodescendientes, librepensantes, etc. La comunidad afroamericana tuvo sus primeros liderazgos masivos del siglo XX, en un crisol amplísimo que incluía a Martin Luther King Jr., Malcolm X, Maya Angelou, las Panteras Negras, Toni Morrison, James Baldwin y muchos más. En ese contexto cambia la representación del afroamericano en la sociedad estadounidense. Dejan de ser omitidos o reemplazados por obra y gracia del blackface, ahora su presencia es visible e incómoda. El cese de la segregación en mucho estados del país ocasionó olas de rechazo ligadas a violencia contra ellos. La respuesta del mainstream fue un drama romántico edulcorado titulado Adivina quién viene a cenar (1967), con una actuación notable de Sidney Poitier, pero que representaba una asimilación reduccionista de las contradicciones sociales del momento. En las antípodas se encuentra La Noche de los Muertos Vivientes (1968), la película fundacional para los zombies actuales. George Romero decide que uno de los protagonistas sea afroamericano. Sin ninguna motivación reivindicatoria, esta elección de casting es la semilla para el fenómeno cultural venidero: el blaxploitation.
Fue a finales de esa década y, principalmente, en la posterior década de los setentas donde estalló la onda afroamericana en la cultura popular estadounidense. Si los blancos se apropiaron del rock, los negros se apropiarían del cine. Géneros como el drama, la comedia, el cine de acción y artes marciales, las películas de gángsters, películas sobre esclavismo, el cine musical y, por supuesto, el cine de terror fueron tomados por los afroamericanos para configurar un fenómeno cultural vigoroso, ligado al bajo presupuesto y la serie B, es verdad, pero con la suficiente fuerza para movilizar a la comunidad afroamericana, construir sus propios símbolos al mismo tiempo que aceptaba otros impuestos por el establishment . Cumbres de esta época son títulos como Blackula (1972) y Blackenstein (1973), que se apropian de dos de los monstruos top del imaginario occidental. Pero hay también dos grandes obras maestras en este período: Ganja & Hess (1973) y Sugar Hill (1974). La primera es una película de vampiros protagonizada por Duane Jones (el mismo de La Noche de los Muertos Vivientes), una historia sofisticada que se apropia del vampirismo asimilándolo al imaginario cultural afroamericano. Ya no se trata de un calco de relatos hegemónicos, sino de su reinterpretación para cotejarlo con su idiosincrasia y sus propios temores. Sugar Hill, en cambio es una curiosidad adscrita a los zombies que, aquí también se encuentra asimilados en la historia afroamericana, presentándolos como esclavos de siglos pasados. Se subvierte la imagen de la etapa anterior, viéndolos como un vestigio de las atrocidades del pasado.
3. El poder de la calle. Pandillas, hip hop y estereotipos
I really hate to trip, but I gotta loc
As they croak, I see myself in the pistol smoke
Fool, I'm the kinda G the little homies wanna be like
On my knees in the night, sayin' prayers in the streetlightBeen spendin' most their lives
Livin' in a gangsta's paradise"Gangsta paradise" - Intérprete: Collio
Las décadas de los ochentas y noventas fueron un descanso de la efervescencia del blaxploitation. Convertidos en íconos de la cultura popular, la presencia afroamericana en medios hegemónicos permitió ocultar los miedos de la comunidad, pero no eliminarlos. Si bien en la música, la televisión y el cine se mostraban referentes de aceptación general (Michael Jackson, Richard Pryor, Eddie Murphy, Diana Ross, Bill Cosby, Will Smith), se trataba más de modelos aspiracionales que de una realidad tangible. En el mundo real, los problemas del narcotráfico y consumo de drogas estigmatizaba a los afroamericanos y los reducía al ghetto. De ahí surge la subcultura del gangsta, el delincuente armado, hipersexualizado, ataviado con bling-blings y oyente de rap y hip hop. Una imagen que segrega, pero que al mismo tiempo empoderó a algunos marginados. Mostrados como presencias incómodas, el cine los devuelve al rol de amenazas latentes. Candyman (1992) retorna a los fantasmas del esclavismo, como si una constante que determina el carácter demoniaco y revanchista de los afroamericanos. Tony Todd deja una interpretación memorable como el espectro del pasado invocado a un presente donde a pesar de lo sucedido sigue siendo un marginado.
Historias más revisionistas como Tales from the hood (1995) y la notable Eve's Bayou (1997) hacen reminiscencias al colonialismo, el Ku Klux Klan y el sincretismo mágico-religioso tan frecuente en los afroamericanos del sur de Estados Unidos se amalgaman como elementos de horror, los fantasmas constantes y recurrentes para una comunidad que no termina de encontrar su lugar en el mundo, sometidos por fantasmas de pasado y temores con lo que conviven diariamente, que los acechan y señalan como culpables de todos los males posibles.
Quizá el punto medio de esta etapa está en Vampiro en Brooklyn (1995), con Eddie Murphy como un vampiro milenario, poderoso e hipersexualizado. Una performance poco usual para Murphy en un relato que es una aspiracional al tiempo que toma elementos del blaxploitation, obras del iconoclasta Wes Craven.
Desde Latinoamérica, los años del esclavismo se han aproximado a esta temática a través del terror tropical. Dos títulos como Pura Sangre (1982) y Carne de tu carne (1983), dirigidas por el colombiano Carlos Mayolo, mencionan brevemente los abusos y la violencia hacia afrodescendientes en clave de vampirismo y apropiación de cuerpos.
4. El futuro será negro o no será. La ilusión del empoderamiento.
We just wanna party
Party just for you
We just want the money
Money just for you (yeah)
I know you wanna party
Party just for free“This is America” - Intérprete: Childish Gambino
Su aparente reivindicación y empoderamiento dentro del mainstream no ha terminado de exorcizar los demonios raciales. Ni la presencia de Obama como presidente de Estados Unidos ni la llamada inclusión forzada de plataformas y estudios cinematográficos han hecho posible una auténtica convivencia. Por el contrario, han vuelto los extremismos y los intentos de segregación por parte de grupos reaccionarios. En tanto el cine de terror ha representado estas regresiones con solvencia, y explorando otras formas de terror. Los miedos ya no son visibles ni afectan directamente la integridad física de los afroamericanos sino que las amenazas son de tipo psicológica y emocional. Jordan Peele es el gran autor de esta etapa con tres películas muy atendibles: Get out (2017), Us (2019) y Nope (2022), que abordan estas nuevas formas de horror con las que conviven los afroamericanos actualmente. Ahora los fantasmas del pasado que regresan no son los esclavos, sino los esclavistas, los supremacistas y sus discursos de otro tiempo que se presentan como reacción natural ante la supuesta imposición cultural de los medios.
Desde el otro lado del mundo, en Europa, el horror ligado a la diáspora africana apenas se está notando en la inmigración legal e ilegal. Películas como His house (2020), que muestran una pareja nigeriana cuya migración ya fue aterradora, llegando a un país ajeno que los repele, al tiempo que escaparon de las atrocidades que ya ocurren en un país de origen. En el viaje inevitablemente los horrores los acompañan disfrazados de tradiciones y miedos inducidos por la violencia política.
En otras variantes de esta etapa vemos experimentos destacados como They Cloned Tyrone (2023), que combina humor con ciencia ficción y elementos terroríficos más cercanos con los códigos del blaxpolitation. Su mensaje también es directo: replicar un solo tipo de individuo, apocado, complaciente y apolítico. Otro cineasta notable de este tiempo es Ryan Coogler, cercano al mainstream pero con un discurso propio que alterna su trabajo en Marvel con obras más personales. Sinners (2025) hace el recorrido de retorno a los miedos de hace un siglo, al sur blanco y salvaje que extermina a los afroamericanos. Cuestionando la aparente convivencia pacífica y mostrando que los temores basados en el prejuicio permanecen aún en estos tiempos.
El terror racial afroamericano es una constante revisión de demonios que persiguen a sus víctimas desde hace siglos y no les dejan descanso. Mientras nuestras diferencias sean utilizadas en los discursos extremistas y segregacionistas, seguiremos siendo azuzados por fundamentalistas que nos incitan al odio recurriendo a nuestros miedos más irracionales. Ahí también estará el cine registrando los temores y advirtiendo del mal que se oculta entre la calma aparente.























Comentarios 15